Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

19 d'abril de 2012
1 comentari

Intelectuales católicos y no creyentes llaman con su ejemplo a dialogar (LA VANGUARDIA)

Llevan existencias paralelas, los unos empeñados en creer en Dios contra la corriente cultural dominante, y los otros quejosos de que Dios sea invocado por instituciones religiosas para promover sus criterios. Dos maneras de ver el mundo transitan por la sociedad occidental, cada vez más secularizada, que en España ofrece en Semana Santa una visión impensable hace cuarenta años: la gente se va a la playa, a la montaña o al extranjero, y los ritos pascuales quedan para irreductibles de la fe y para turistas de la cultura.

Creyentes -que en este país es hablar de católicos– y agnósticos -aquellos que ven imposible conocer si Dios existe o no- se miran a menudo con desconfianza, contaminados por siglos de historia desdichada, y se muestran poco proclives a colaborar a cielo abierto, es decir, con sus respectivas etiquetas puestas. Los agnósticos suelen navegar en el mismo barco que los laicistas, defensores del Estado laico, pero no siempre, pues en el laicismo militan también los ateos, negadores de la existencia de Dios. La Iglesia católica considera agresivo el laicismo que impera en España.

Así como en otros países europeos, el diálogo entre creyentes y no creyentes está presente en la sociedad, poco de eso hay aquí a nivel práctico. Y, sin embargo, el diálogo es posible, como sostienen y ejemplifican las personas que pueblan este reportaje, que colaboran entre sí pese a pertenecer a distinto bando. “Por fortuna, la cuestión religiosa ha perdido la centralidad y virulencia que había llegado a tener en el debate político y social; no creo que haya colisión entre creyentes y agnósticos, sino actitudes más distendidas, que pueden ir del respeto a la ignorancia de ese componente”, sostiene el periodista y escritor Vicenç Villatoro, director del Institut Ramon Llull, que acaba de publicar junto al filósofo católico Francesc Torralba el libro Amb Déu o sense. Quaranta cartes creuades (ed. Fragmenta).

Al sentirse culturalmente agredidos, en algunos ámbitos católicos ha crecido una actitud asertiva, incluso retadora, respecto del talante laicista de la sociedad actual. “No soy partidario de una cultura reactiva -afirma Torralba, corresponsal de Villatoro en el libro-. Los católicos debemos presentar lo que creemos de modo claro e inteligible, prudente y razonable, sin perder de vista que es una opción libre y voluntaria, y a la vez un don recibido que deseamos comunicar a todos”. Según Torralba, “es esencial hallar ámbitos de intersección y cooperar activamente en la construcción de un mundo y una sociedad genuinamente humana”. Pero Villatoro -que se declara “agnóstico amigo de las religiones”- admite que creyentes y no creyentes hablan poco de estos temas, y cuando lo hacen hay dos riesgos: “La confrontación por contestador automático y la tendencia a la síntesis prematura, a considerar que se trata de una diferencia sin importancia práctica”.

Sobre la convivencia entre creyentes y agnósticos se muestra esperanzada la periodista M.ª Ángeles López Romero, redactora jefe de la revista cristiana 21, que se sintió muy honrada cuando la agnóstica Victoria Camps, especialista en Ética y catedrática de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), presentó en la librería Claret su libro Morir nos sienta fatal (ed. San Pablo). “Otra cosa es lo que ocurre a nivel, digamos, oficial, donde las posturas suelen ser más monolíticas e impermeables -concede López Romero-. Es algo incomprensible en un tiempo en que la diversidad de creencias y escenarios intelectuales y espirituales debería obligar a mantenernos en actitud de permanente diálogo. Pero son cada día más las experiencias que buscan tender puentes”.

Por su parte, Victoria Camps apela a los talantes de unos y otros. “Hay creyentes dogmáticos con los que es imposible discutir, porque de entrada se oponen a todo aquello que la doctrina o la jerarquía eclesiástica prohíbe; suelen ser temas relativos a la sexualidad, y origen y fin de la vida -arguye-. En cambio, los creyentes con sentido común y razonables se prestan a entrar en cualquier discusión y, a propósito de tales cuestiones, se distinguen poco de los agnósticos”. Respecto a los agnósticos, no cree Camps “que haya mucho militante antirreligioso y que se oponga a todo lo que huele a religión por principio; los radicales antirreligiosos suelen llamarse ateos”.

Según el escritor y ensayista Albert Chillón, director del máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades de la UAB, “buena parte de la ciudadanía pone en entredicho a la jerarquía católica, más que a la Iglesia en conjunto, por su tradicional connivencia con poderes terrenales, tan palpable y perniciosa en la historia de Occidente y particularmente de España”. Pero similar reproche hacen muchos católicos, recalca: “Hay un buen número de católicos de raíz genuinamente evangélica que se muestran muy críticos con una jerarquía eclesial a la que con razón perciben como dogmática, tendencialmente despótica y desespiritualizada casi por completo”.

Por admiración intelectual, el ateo Chillón empezó a colaborar con el antropólogo y monje de Montserrat Lluís Duch, “un genuino maestro, una de las voces más singulares, independientes y sabias del orbe intelectual hispánico; alguien que ayuda a pensar, preguntar y dudar, en vez de conformarse con fáciles y unánimes dogmas”, alaba. Los dos llevan el blog Areté, firman juntos artículos en La Vanguardia y otros medios, y acaban de publicar el libro Un ser de mediaciones. Antropología de la comunicación, vol. I (ed. Herder). Sobre si creyentes y no creyentes son refractarios a colaborar, dice Duch que “a menudo, al menos de entrada y en términos muy generales, ha habido en nuestro país un fuerte desinterés de los unos por los otros, casi siempre fruto del desconocimiento por ambas partes, y ese desinterés ha llevado con frecuencia a confrontaciones”. A su juicio, “la situación está cambiando, quizá como consecuencia de que, según dijo alguien, en todo creyente hay un ateo, y en todo ateo, un creyente”. Una actitud de sabio.

 

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  1. No sé de quina mena de periodista deu ser l’autor d’aquest artícle de La Vanguardia, però escriure “Creyentes -que en este país es hablar de católicos-” ho trobo de mal gust, i d’una ignorància supìna (encara que crec que és més cosa de mala fe que d’indocumentació). Més que res perque vol deixar fora de la existència a un munt de creients que no som “católicos [romanos, se sobreentiende]”. Deu ser cosa de la invisibilització que patim els creients que no combregem, o potser és l’ecumenisme que molts “catòlics” (a dreta i a esquerra, en espanyol i en català) voldrien… Bé, sort que els Sants Oficis no hi són! (si més no, no al nostre pais). El què sí hi ha és la [vergonyant] genuflexió dels mitjans de comunicació/opinió públics davant el catolicisme romá (ara, per Catalunya Ràdio surt un capella progre que contradiu el sermó dit per un altre capella a la TV pública espanyola fa uns quants dies).

    Atentament

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