Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

26 de juny de 2007
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DE BISBES I ALGUNA COSETA MÉS

Els bisbes no acaben de trobar el seu lloc a la societat del segle XXI. Per què? Perquè pensen que catòlics i no catòlics hem de seguir-los el pas (igual que passava durant el franquisme). I, si no, mireu què escriu avui Andrés García Reche a EL PAÍS (edició del PV):


El enfado de los obispos


ANDRÉS GARCÍA RECHE


EL PAÍS – 26-06-2007


Ya lo saben, a los obispos no les gusta la asignatura Educación para la
Ciudadanía. Era previsible. Tampoco les gustó en su día el divorcio, ni
el aborto con fines terapéuticos, ni los homosexuales (mucho menos si a
estos les da por casarse), ni el uso de las células madre embrionarias,
ni el condón para prevenir el sida… En realidad, bien mirado, a los
obispos no les gusta casi nada desde que comenzó la Democracia en
España. Es más, a veces da la impresión de que lo que no les gusta es
la Democracia misma.


Naturalmente, los prelados tienen perfecto derecho a decir y opinar lo
que les parezca oportuno sobre cualquier asunto de interés ciudadano.
Faltaría más. Afortunadamente ya no estamos en ese régimen que ellos
tanto apoyaron mientras transportaban bajo Palio, una vez tras otra, al
entonces Generalísimo de todas las Españas. Todo un ejemplo de respeto
a las instituciones que, cuando menos, debería haber tenido continuidad.


Ahora bien, una cosa es opinar, y otra, muy distinta, poner palos en
las ruedas del progreso social, o faltar el respeto a un Estado
democrático cuyas leyes, que nacen del órgano máximo de la
representación popular, son de obligado cumplimiento para todos.
Incluso para ellos mismos. Más aún cuando los demás no nos metemos en
sus asuntos por mucho que nos cueste. Porque, créanme, hay que tener
mucha serenidad y talante democrático para aguantar estoicamente sus
continuas intromisiones, proclamas y amenazas en torno a multitud de
problemas cuya respuesta corresponde exclusivamente al conjunto de los
ciudadanos, sean éstos religiosos o no. Viniendo aquellas además, como
vienen, de un grupo de personas que ni siquiera han sido elegidos por
los componentes de la comunidad a la que dicen servir.


¿Cómo pueden dar lecciones de moral quienes toleran, a través de su
doctrinaria radio, todo tipo de infundios políticos, agresiones
verbales y faltas al respeto más elemental de las personas, abusando de
la libertad que les concede precisamente un sistema del que ellos
parecen abominar?


Opinen lo que quieran, Señores obispos, pero, por favor, dejen de
darnos el coñazo al público en general. Diríjanse más bien a sus
feligreses. Son ellos los que han optado voluntariamente por sus
doctrinas, y son ellos, por tanto, los únicos que están obligados
moralmente a obedecerles. De hecho, es público y notorio que en la
España actual ningún católico se ha divorciado nunca, ni ejerce la
homosexualidad, ni ha usado jamás un condón, aunque todo ello sea
perfectamente legal. Menos aún desde que su jefe, Ratzinger, les
recordara hace poco que el Infierno todavía existe. Pero, para quienes
no formamos parte de su mundo, ustedes no tienen jurisdicción alguna,
por mucho que insistan en ello. Así son las cosas.


Y, por cierto, aunque no seamos creyentes, todos pertenecemos,
afortunadamente, al área de influencia de la cultura cristiana que
aprendimos desde niños. Créanme entonces si les digo que no recuerdo
nada, pero nada de nada, en ningún texto de los Evangelios (tomando los
cuatro juntos) que tenga que ver, ni de lejos, con la doctrina que
ustedes predican. Sinceramente me suena a chino cada vez que se
expresan sobre cualquier cuestión de orden moral. ¿No creen que ya va
siendo hora de que vuelvan a las fuentes y dejen de acumular por su
cuenta tan exótica como infundada jurisprudencia?


En fin, ahora todos esperamos que sus aliados políticos naturales, tan
liberales y católicos ellos (sic), encabezados por Rajoy, salgan a la
calle de nuevo y llamen a la rebelión, esta vez contra una humilde
asignatura, capaz ella sola de dinamitar la institución familiar toda.
No es una mala estrategia. Puesto que el 11-M no da más de sí; Navarra,
según todos los indicios, no parece que esté en venta, y las amenazas
de ETA han desmentido rotundamente las supuestas contrapartidas
políticas de Zapatero, Educación para la Ciudadanía puede ser el gran
chollo político del otoño para los ganadores morales de las elecciones
municipales.


¡A por ellos, entonces! Siempre puede haber un voto más detrás de una
multitudinaria manifestación callejera, adornada con una legión de
bondadosos hombres de fe portando la pancarta principal. Además, para
esta ocasión hasta podrían invitar a Blair que está a punto de pasarse
al bando del Papa. Imagínense la cabecera; Aznar y Toni juntos de
nuevo, esta vez por las calles de Madrid, con el apoyo a distancia del
mismísimo George desde una pantalla gigante en la Castellana. El vello
se me pone de punta con solo pensarlo. ¡Cómo echamos de menos al
cardenal Tarancón!


I ahir també venia a les pàgines de Societat (EDUCACIÓ) un llarg article sobre Jesús Robledo, El profesor novato pasa de curso. Si el voleu llegir, seguiu més avall. Gràcies.



Un día, dando su clase en Canadá a universitarios, el profesor Robledo
se quedó pasmado: uno de sus alumnos se estaba zampando un plato de
espaguetis. Y el chico, entre bocado y bocado, seguía manteniendo el
interés por la explicación. Se le veía en la cara. A la salida, Robledo
preguntó a otros colegas: ¿esto es normal aquí? "Antes no lo era, pero
ahora tienen problemas con los horarios y a veces no tienen tiempo para
comer". Pues nada, como la clase seguía siendo cordial y respetuosa,
Robledo ya no se fijó más en los yogures ni en los bocadillos que
circulaban por allí. En septiembre pasado, ya en España, Jesús Robledo
se enfrentó por primera vez a alumnos de secundaria en el instituto Pío
Baroja de Madrid. El novato de entonces tenía generosas expectativas
sobre lo que sería su relación con los chicos. Incluso utópicas, le
dijo entonces una compañera veterana. ¿Qué ha ocurrido en estos meses?
Se ha llevado trabajo y preocupaciones a casa y algunos días ha
arrastrado hasta el metro la misma imagen apaleada de sus colegas.
Pero, ¿y lo que nos hemos reído?, como decía el chiste de Gila. "Ha
sido muy divertido, son muy espontáneos y muy espabilados, tienen cada
ocurrencia". Este profesor de Lengua y Literatura le pone un nueve a su
paso por este curso.


"Un día me doy la vuelta y descubro a un niño con un peluche, bien
grande, abrazado a él. O aquel otro que sacó una colección de
muñequitos y los puso en fila en la mesa y a jugar. En estos casos
estaba claro que no lo hacían buscando la provocación". Así que Jesús,
paciente -"hay que tener mucha paciencia"-, les hizo ver que el
instituto no es el sitio para eso.


Hacia el mundo adulto


Las anécdotas que cuenta hablan de un alumnado que no ha soltado
amarras de primaria, donde la clase era una prolongación de la casa. De
niños que se molestan porque los muchos profesores que ahora tienen a
diario les obligan a ensayar métodos distintos, relaciones diferentes.
"Yo les he dicho que el mundo adulto es diverso, que cada quien es como
es, que serán mayores y tendrán varios jefes a los que adaptarse y que
la ventaja respecto a primaria es que si un profesor no les gusta sólo
tienen que verlo una hora de vez en cuando, no todo el día".


Jesús ha descubierto una de las grandes verdades de la educación: "Aquí
no sólo se enseña, también se convive, trabajas con personas y hay que
estar dispuesto a darlo todo cada día. Ellos tienen problemas,
frustraciones, alegrías, es una edad muy influenciable. Tengo autoridad
pero estoy a su servicio".


Jesús cree que hay dos modelos de enseñanza y cada profesor derrota
hacia el que va más con su persona: está el que opta por infundir
confianza en los chicos, la clase transcurre más a gusto y quizá se
pierde un poco en rendimiento académico; el otro es el que transmite
respeto y desarrolla una clase más tensa pero logra volcar más
contenidos. Él es de los primeros. "Un día me dijeron que íbamos por la
página 70 del libro y sus amiguitos de otra clase por la 100. Acepto la
crítica, no quiero que se desenganche ninguno, dedico parte de mi hora
a estudiar en clase cuando veo que es necesario, y de las
interrupciones, les dije, tenemos todos la culpa". Sin embargo, con
otro grupo iba más adelantado. "Cada clase es un mundo, cada chico
distinto y el mismo grupo cambia si la explicación es a primera hora de
la mañana o un viernes antes de salir".


Este profesor ha experimentado el placer de barruntar en sus alumnos el
germen de lo que serán los adultos del futuro: el talentoso, el
divertido, el creativo, el carismático. "Les falta experiencia, todavía
son inocentes, pero ya se ve lo que van a ser". Se ha encontrado con
una generación de adolescentes con dos grandes virtudes: "Son
absolutamente tolerantes con los diferentes y han aprendido a
reivindicar sus derechos; cuando yo estudié no ocurría eso". Por el
contrario, cree que no han asumido que eso conlleva unos deberes. "Ya
les he dicho que les puedo explicar un día por qué tienen la obligación
de cumplir con sus deberes, pero no a todas horas. Tienen que hacerlo
porque es lo que toca a su edad y en un instituto; les falta la ética
del esfuerzo. A pesar de ello, no he tenido grandes conflictos, creo
que me dieron unos grupos muy buenos, porque era novato", agradece.


Ha lidiado con el absentismo, dialogando mucho con el chaval que no va
a clase, con el que siempre llega tarde adrede para pasar la hora en el
patio. Ha llamado a sus padres, ha enviado cartas, ha seguido los
trámites, lentos y burocráticos… Y ha logrado que alguno de esos
chicos díscolos despegaran por fin en la última evaluación.


"La ayuda de los padres es fundamental, pero también la nuestra para
completar aquí la educación que traen de casa. Los padres que trabajan
de sol a sol no pueden hacer más. El instituto es el sitio donde deben
aprender a hacerse adultos. Y los profesores a veces cometemos el error
de querer que aprendan todo lo que nosotros sabemos. Esto no es la
universidad".


¿Parece un profe
blando? No siempre. "No te puedes reír todo el día, pero tampoco ser un
ogro permanente". Pero quién no se reiría cuando, al volverse de la
pizarra, uno descubre que "las niñas han sacado el kit de belleza y se
peinan y maquillan entre ellas". Jesús les dice: "Ya está bien, podéis
ir cerrando la peluquería".


El profesor ha sentido a veces vergüenza retroactiva. "Ahora me acuerdo
de cuando yo era alumno y hacías cosas pensando que el profesor no me
veía. Y eso que entonces tenían tarima. Aunque los alumnos no lo crean,
el profesor lo ve todo y lo oye todo".


"House no sería un buen maestro"


C. M.
 – 
Madrid


EL PAÍS – 25-06-2007


Su primer año como profesor de instituto y Jesús Robledo ya lo ve:
"Esto da para hacer una serie de televisión, pero de profesores, como House
[el famoso médico de Cuatro] pero con profesores". Si eso fuera así los
planos habría que grabarlos en el pasillo, que es por donde transitan
en un instituto los consejos, las confidencias, los desahogos de los
docentes. "Creo que debería haber más tiempo para que hablemos entre
nosotros, se aprende mucho de las experiencias de otros, me han ayudado
mucho. El carácter del doctor House no le gusta a Robledo para ser un
buen maestro. Sí, salva vidas, pero sería un fracaso de profesor".


Robledo también cree que los profesores han de empezar de verdad a
trabajar en grupo. "Predicamos mucho pero deberíamos alcanzar más
acuerdos. Somos fetichistas y no somos capaces de cambiar nuestros
métodos de enseñanza. Habría que unificar criterios para no marear a
los alumnos".



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  1. Si els sociates hi posaran jacobinisme de pedra picada, por em fa aquesta "assignatura" en mans del PP. La Formación del Espíritu Nacional (ej-panyol, of course) la tenim ja a la cantonada!

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