‘Destruam et aedificabo?’ (Procés constituent, III)

[Tercer lliurament de l’article ¿Un proceso constituyente canario?, del politòleg Jorge Stratós, publicat a Tamamos. Semanario Crítico Canario; anteriors capítols publicats el 24 de març de 2018 i el 14 d’abril de 2018]

Lo material y lo formal. En sentido material, la constitución democrática canaria debe surgir de forma ascendente desde la nación soberana hacia el ordenamiento institucional de la ciudadanía. La sociedad nacional canaria solo será soberana —es decir, libre— si puede ejercer su capacidad de decidir y de instaurar el orden político al que aspire. El ordenamiento político de las relaciones de poder canarias solo será cívico —esto es, civilizado— si el diseño institucional se constituye de forma pacífica, pluralista y democrática. Mientras que la ciudadanía canaria ejerza sus derechos nacionales con toda garantía —con información, deliberación y participación— la nación canaria se expresará en su ciudadanía. Estamos, pues, entremedio y muy retrasados en la tarea democratizadora, que hay que impulsar y acrecentar, siendo como es, además, una tarea siempre —por definición— deseable y a la vez inacabable.
En sentido formal, la constitución canaria debe recoger el conjunto posible y necesario de normas e instituciones democráticas que satisfagan las demandas soberanas de la ciudadanía nacional. Toda democratización soberana se sustenta en dos principios, el de igual libertad para toda la ciudadanía y el de autogobierno de la comunidad nacional. El principio de legalidad no es fundacional, sino derivado, puesto que procede de ambos. Es decir, este último no puede eliminar ni sustituir a los dos primeros. Los cuarenta años de la actual Constitución del Estado español, parece ser que fácticamente irreformable, y los treinta y seis del actual Estatuto de la nación canaria, pendiente de un nuevo maquillaje embaucador, nos han situado al inicio de la tarea democratizadora. Porque el escenario socio-político ha ido degenerando, en su diseño y práctica institucional, convirtiéndose ambos elementos en obstáculos para una mejor convivencia y bienestar.

Un bloque bloqueado. La norma constitucional que Canarias necesita con urgencia no puede surgir como mera derivada del bloque constitucional-estatutario de 1978 y 1982. El pacto constituyente-estatuyente de entonces fue en realidad un acuerdo entre la oligarquía española —con sus casposos poderes económicos, militares y religiosos de entonces— y sus reivindicativas fracciones catalana y vasca. Que por allí pasasen también las élites subordinadas de otras nacionalidades, como la gallega y la andaluza, que fueron aupadas al artículo 151.1, después de que sus pueblos se lo trabajasen y sus élites se subiesen al carro a última hora, no las incluye como protagonistas de aquel pacto. Menos aún lo fueron otras élites sometidas, como la valenciana o la canaria, que aceptaron lo que se les daba y como se les daba sin siquiera haberlo demandado, para su vergüenza. Estas élites no pactaron; simplemente consintieron y se adhirieron. En Canarias fueron muchos los democonformistas que se lo tragaron sin casi rechistar.

De ahí la congénita debilidad reivindicativa de la sociedad canaria comandada por esa casta isleña, muy valiente hacia dentro (para fortificar la desigualdad) y muy cobarde hacia fuera (para no rechazar la dependencia). Así se ha evidenciado de forma penosa hasta estos mismos días en la reciente historia, década tras década. No en vano, el arco parlamentario canario se dispone ahora, de forma tibia y cansina, a solicitar en el Parlamento español, una vez más de espaldas a la población, que se embellezcan el Estatuto y el Régimen Económico y Fiscal, bajo la promesa fáctica de que todo lo que importa seguirá igual por estos pagos de “autonomía ultraperiférica” nacional colonial. Estando así las cosas, siendo tan grave la claudicación de ambos Parlamentos, el del Estado plurinacional español y el de la nación canaria, que bloquean cualquier reforma seria del bloque normativo, el necesario proceso constituyente canario —señores demócratas de la pleitesía apoltronada— habrá de surgir de una ruptura, al menos parcial, del bloqueado bloque constitucional-estatutario, partiendo de las exigencias nacional populares canarias.

Lo intraestatal, lo estatal y lo interestatal. Un inciso: nuestro problema, el de una comunidad nacional canaria que sea democrática y que se guíe por los principios fundamentales de igualdad política y de autogobierno soberano, y de la legalidad derivada, no se circunscribe —como tantas veces he argumentado— al territorio de las Islas. En efecto, la esfera básica de la cuestión canaria es archipielágica, incluyendo el mar adyacente del que hoy nos privan. Pero sus dimensiones geopolíticas son también más amplias en su escala, pues se proyectan hacia la esfera de la dominación estatal y la esfera de la dominación global. Lo diré de forma sintética puesto que seguir argumentándolo quedará para otro momento: la cuestión canaria es un problema de poder intraestatal plurinacional y un problema de poder estatal español, y además un problema de poder interestatal global. Los simplismos solo sirven para el autoengaño, el peor de los males del pensamiento: la ausencia de autocrítica en el pensar.

Uno, siendo como es Canarias una de las naciones que conforman la territorialidad del actual Estado plurinacional español, su presente y su futuro político están muy condicionados por una intraestatalidad que es políticamente asimétrica no solo en la diferencia geográfica, sino también en la histórica, económica y cultural respecto a las demás naciones de la España-Estado. Porque la nación canaria, a diferencia de las demás, no es la “exótica región de sol y playa” que plantea la mirada displicente y el puño de hierro del Estado, sino, por el contrario, una nación colonial. Con incuestionable derecho a decidir. Lástima que los tabúes mentales presentes en nuestro medroso sistema parlamentario de partidos no les permitan asomarse siquiera a este balcón para contemplar la realidad sin obtusa distorsión. Prefieren incluso la ceguera, que facilita mejor la rendición a los poderes oligárquicos (¡votemos juntos el presupuesto del Estado!). Todo al servicio del más descarado electoralismo (como de nuevo comprobamos a más de un año de las convocatorias electorales). Incluso han renunciado en los últimos lustros a explicar y reivindicar nuestra auténtica situación en la gran metrópoli madrileña y en las avasalladas metrópolis vasca y catalana. La sumisión ideológica, por lo que se ve, no da para tanto (pero a Fitur ni me la toquen).

Dos, siendo Canarias una nación colonial que además tiene fuertes relaciones geopolíticas con Europa, Latinoamérica y África, y teniendo encima como tenemos la permanente mirada con lupa de la superpotencia mundial USAmericana, junto a la de las potencias rusa y china, no se puede olvidar que nuestro presente y futuro están muy condicionados también por el logro de un tácito acuerdo estatal y global: que se nos reconozca el derecho democrático a la autodeterminación para un régimen de autogobierno soberano nacional popular canario. Así es y así será. Porque aunque esta dificultad determina también en parte la solución democrática del problema, para nada justifica las vanas huidas hacia atrás, ni hacia delante (sin exagerar los paralelismos, hasta Nueva Caledonia ha logrado el reconocimiento de su derecho a decidir). Sirva para reflexión de realistas claudicantes y de irrealistas extraviados, que se mueven como pollos descabezados sin saber a dónde van o como ratones enjaulados que corren en sus respectivas ruedas giratorias, hacia atrás y hacia delante, sin avanzar un milímetro, y dejando las cosas del querer y del poder como están: predican que nos dobleguemos ante unas Islas Canarias-Destino turístico, es decir, ante una sociedad de malestar en crecimiento.

Dos elementos constituyentes irrenunciables. Volviendo entonces al argumento inicial, cabe ahora hacer la pregunta que algunas lectoras y lectores perspicaces esperan que haga: ¿por qué motivos una constitución democrática canaria que diseñe un autogobierno soberano con igual libertad para la ciudadanía no puede surgir como una simple continuidad jurídico-política del actual bloque constitucional-estatutario? O formulado de otra manera: ¿por qué lo que debe recoger una constitución canaria, para que sea democrática e impulse el bienestar ciudadano, no es admitido por el bloqueo de los actuales textos jurídico-políticos? ¿Tanto asusta la democracia real, legítima y efectiva? Dejo a un lado ahora las recientes experiencias vasca (de 2004 y 2005) y catalana (de 2016 y 2017), que siguen siendo experiencias nacionalitarias abiertas, como es obvio no solo en Catalunya, sino también en Euskadi. No deben ser olvidadas, porque son una adecuada ilustración de cómo las más corrompidas fuerzas de la derecha autoritaria del Estado españolista (junto a parte de las izquierdas, aunque con otros procederes), en colusión todas con los poderes fácticos interestatales, bloquean el más mínimo avance en las libertades nacionales (marchitadas, además, por las meteduras de pata que conocemos de parte de los otros nacionalismos excluyentes).

Nuestra constitución, es decir, nuestra constituyente, no puede dejar de recoger dos elementos políticos fundamentales en la tarea democratizadora: primero, la definición de la sociedad canaria como una nación soberana de origen colonial y, segundo, el reconocimiento del derecho de la ciudadanía canaria a decidir de forma pacífica, democrática y pluralista el régimen de su autogobierno soberano y su relación con el Estado español y la Unión Europea. Quiere esto decir que nuestra constituyente debe facultar el poder de elegir de modo democrático entre un ramillete plural de opciones políticas, revisables y renovables en períodos de tiempo acordados, que se mueven a lo largo de la combinación de dos ejes, cuyos extremos son: dependencia versus no-dependencia y unionismo versus separacionismo. Son muchos los formatos viables para las opciones mayoritariamente preferidas, más allá del unionismo que tenemos y del separacionismo conocido, ambos formando el consabido bucle retroalimentado que soportamos. Destruam et aedificabo. Esto es, punto y aparte y suma (¡y resta!) y sigue.

Coda. Hay ya propuestas sobre la mesa. Como propuestas, en democracia son legítimas. Pero su imposición las hace ilegítimas. Sin ir más lejos, cada uno de los partidos parlamentarios de las Islas tiene en este momento su propia “Constitución” canaria, que no es otra que el Estatuto de Autonomía enmendado que han depositado en las Cortes madrileñas, para someter allí sus enmiendas a debate, votación y aprobación, sin consulta ni antes ni después a la ciudadanía canaria. Una maravilla. Porque una cosa es proponer… y otra imponer. Imponer su entreguismo —zurcido a base de realismo claudicante—, con la única voluntad de legitimar de nuevo el dependentismo unionista, no es ya una política legítima. También hay otros partidos no parlamentarios que han puesto sobre la mesa por su cuenta y riesgo una Constitución separacionista, separacionista y dependentista, que recoge sus aspiraciones exclusivistas y excluyentes. Otro prodigio. Pura ensoñación, cargada de irrealismo extraviado que, además, genera dudas sobre su voluntad de que los canarios transitemos únicamente por el camino democrático para mejorar nuestra existencia. Por tanto, lo dicho: destruam et aedificabo. Crítica valorativa de lo que hay y reconstrucción hacia el logro de una sociedad canaria de bienestar.

[Continuarà]

La llengua de les llengües (Galdós i Catalunya, i 2)

Galdós va mantenir entre 1884 i 1915 una sincera amistat personal i literària amb Narcís Oller, que es traduí en un interessant intercanvi epistolar on els dos escriptors confrontaren les visions de les seves respectives llengües i nacions. Si bé Galdós qualificava, com ja vam veure, de “poble admirable” el català, els seus sentiments eren més distants cap al catalanisme, la Renaixença i la nostra llengua, que jutjava apta per a la poesia però no per a la novel·la. La relació amb l’escriptor vallenc s’inicià quan aquest li envià la seva novel·la La papallona i set mesos després Galdós li respongué això:

“Lo que sí le diré es que es tontísimo que usted escriba en catalán. Ya se irán ustedes curando de la manía del catalanismo y de la renaixensa . Y si es preciso, por motivos que no alcanzo, que el catalán viva como lengua literaria, deje usted a los poetas que se encarguen de esto. La novela debe escribirse en el lenguaje que pueda ser entendido por mayor número de gente. Los poetas que escriben para si mismos, déjelos usted con su mania, y véngase con nosotros. Le recibiremos a usted, en el recinto de nuestro Diccionario, con los brazos abiertos.”

Oller (esquerra) no es va estar de replicar-li d’aquesta manera:

“Escribo la novela en catalán porque vivo en Cataluña, copio costumbres y paisajes catalanes y catalanes son los tipos que retrato, en catalán los oigo producirse cada día, a todas horas, como usted sabe que hablamos aquí.”

A la vegada que s’estranyava que un escriptor realista com Galdós no defensés l’ús del llenguatge de cada lloc per descriure la seva realitat. Pérez Galdós insistí en la seva particular convicció que Oller havia de passar-se literàriament al castellà, i ho féu fent gala d’un cert jacobinisme lingüístic. Després que el vallenc li fes arribar la seva Vilaniu, Galdós li manifestà el seu desconsol “al ver un novelista de sus dotes, realmente excepcionales, escribiendo en lengua distinta del español, que es, no lo dude, la lengua de las lenguas”. La darrera carta d’Oller a Galdós, comentant-li la més famosa de les seves novel·les, Fortunata y Jacinta, inclou un irònic comentari final pel que fa a la llengua:

“Sólo siento una cosa: que no está Fortunata y Jacinta escrita en francés para su mayor publicidad y provecho del autor. Un separatista.”

Que don Benito menystenia el català (i, de retruc, el catalanisme) queda de nou clar en aquest article que publicà (1886) a La Prensa de Buenos Aires, parlant precisament de Narcís Oller com un novel·lista “producto de un catalanismo dominado por los resentimientos regionales, algunos no injustificados, escribe en catalán cuando lo podía hacer magistralmente en castellano, pese a que la novela contemporánea requiere una dicción extraordinariamente rica y flexible, a la que no se presta el catalán, porque el catalán no tiene construcción propia, la sintaxis es la castellana y sólo varían las voces”.

Seria injust considerar Galdós com un intel·lectual obertament anticatalà o un bel·ligerant contra la nostra llengua. S’ha dit que la “respectava” però que no la “sentia”. Amb el naixent catalanisme (llavors conegut per tothom com regionalisme) tampoc el sentia però sí feia un esforç de comprensió. En un article del 1886 es preguntava si el regionalisme era un mal o un bé, i es responia així:

“Yo creo que el regionalismo aun cuando se manifieste con formas tan vehementes como las de los catalanes en su última protesta contra el modus vivendi [es referia de ben segur al “Memorial de Greuges”], no es en realidad otra cosa que una propaganda a favor de la descentralización , y una señal històrica de que se aproxima el descrédito total de nuestro actual sistema administrativo”.

I referint-se als greuges del “poble admirable” contra la centralització administrativa espanyola, Galdós opinava que “sus quejas son fundamentadísimas”. Ja fa 130 anys d’això.

[Informacions d’Adolfo Sotelo Vázquez: “Benito Pérez Galdós y Cataluña” i Nueva Historia, núm. 24; imatges: wdl.org, tinet.cat i conversacionesenlabiblioteca.wordpress.com]

 

El poble admirable (Galdós i Catalunya, 1)

Dijous dia 10 va fer 175 anys del naixement de Benito Pérez Galdós a Las Palmas de Gran Canària. Tot i que aquesta capital presumeix amb orgull de ser el bressol de l’autor de Fortunata y Jacinta o els Episodios Nacionales (hi té dedicats un carrer, dos monuments, un teatre i un institut, a més de la casa natal), el cert és que l’escriptor estigué poc temps vinculat a les illes. Va estudiar al col·legi de San Agustín, al barri de Vegueta de Las Palmas, i a l’institut de La Laguna, a Tenerife. L’arribada d’una cosina seva (Sisita) el transtornà emocionalment, fet que està en l’origen, segons sembla, de la decisió de la seva mare d’enviar el jove Benito a Madrid per estudiar Dret. A mla capital espanyola desenvoluparia la seva extensa producció literària i la seva carrera política  (diputat per Las Palmas des del 1914), prou sabudes.

Avui poden ser més interessants algunes notícies biogràfiques seves, menys conegudes, que el relacionen amb Catalunya. Per exemple, opinava que el català era un poble admirable, sobri però també esplèndid, que té el doble mèrit de saber treballar i saber viure. Opinava que Espanya tenia la mateixa opinió del poble català que la que té Europa de l’anglès, “pero todo ello, bien mirado, es puro amaneramiento de la opinión, sin consistència nacional”. 

L’escriptor canari (a la dreta, dibuix de Casas) visità Barcelona per primera vegada amb ocasió de l’Exposició Universal del 1888. Conegué escriptors com Narcís Oller, Josep Yxart o Josep Pin i Soler i quedà fascinat per la ciutat, pel luxe dels seus edificis, pel paviment i l’enllumenat elèctric dels seus carrers i pels tramvies que els recorrien. Passejant i contemplant Barcelona i els llavors municipis de Gràcia, Sants i Hostafrancs augurava un futur de metròpoli comparable a Londres o Nova York.

El 1896 visità Reus el març i de nou Barcelona el juny, per a l’estrena de Doña Perfecta. Fou en aquesta segona estada barcelonina quan conegué Mossèn Cinto Verdaguer, a qui anà a visitar al seu domicili dels Penitents acompanyat d’Oller. Galdós certificà posteriorment el judici serè i l’equilibri psíquic de Verdaguer, contradient les acusacions de bogeria que contra ell s’havien llançat. El descriví d’aquesta manera: Fue un varón recto y puro, raro ejemplo de la fusión del hombre y el artista, modelo de sacerdotes, gran poeta, sin otro modelo que Cristo. Imitador de Cristo en la moral y en la poesia, ha sido el último y más visible de sus discípulos“.

Es va dir en algun moment que la figura de Mossèn Cinto Verdaguer va inspirar el personatge de Nazario Zaharín, el protagonista de la novel·la galdosiana Nazarín, un capellà visionari barreja de l’idealisme de Don Quixot i del misticisme de Jesucrist. El mateix autor va assegurar que, a mig escriure l’obra, l’havien influït els detalls que li arribaven dels problemes personals i eclesiàstics de l’autor de L’Atlàntida. Tot és possible, però els especialistes en Galdós es decanten més aviat per buscar Tolstoi i els místics castellans com els referents de Nazarín.

Tornaria a Barcelona el 1903, el 1917 (any en què assistiria a la representació de la seva obra Marianela per part de Margarida Xirgu, a la dreta) i 1918. Galdós estava contentíssim de l’afabilitat dels barcelonins, tant al teatre com a les innombrables visites que rebia a totes hores a l’Hotel Continental de la Plaça Catalunya, on s’allotjava.

[continuarà]

[Informacions de Viquipèdia, Historia y Vida, núm. 106 i Adolfo Sotelo Vázquez: “Benito Pérez Galdós y Cataluña”; imatges: museoreinasofia.es, snipview.com, visat.cat i Viquipèdia]

 

 

 

 

El misteri del canonge

Hi ha alguna manera de relacionar les Canàries, Catalunya, el carlisme i uns fets misteriosos, dignes de “Cuarto Milenio”? Recargolant una mica les coses, sí. Presentarem avui la biografia d’un singular català que va fer bona part de la seva carrera eclesiàstica a les Canàries: Josep Roca Ponsa. Nascut a Vic el 1852, ingressà al seminari d’aquesta ciutat, però ben aviat (1872) passà al de Canàries, on seria ordenat de sacerdot, on exerciria la docència en diferents càtedres i d’on seria nomenat rector (1890). Canonge de la catedral (1876), presidí l’any següent, en nom del bisbe Urquinaona (que ho seria després de Barcelona), una peregrinació a Roma dels eclesiàstics canaris. El 1892 passà a Sevilla i l’any següent guanyà les oposicions de canonge magistral d’aquella arxidiòcesi andalusa, funció que exerciria fins a la seva mort, esdevinguda a Las Palmas el 1938.

Més interessant que el seu aparatós currículum eclesiàstic és la seva posició ideològica i el seu activisme polític, i és que Roca era un destacat tradicionalista, un carlí del morro fort. Entre el 1873 i el 1888 publicà articles en diversos periòdics de Las Palmas (El Triunfo, La Tregua, El Gòlgota, EL Faro Católico de Canarias Revista de Las Palmas), on defensava vehementment l’Església catòlica i els seus pontífexs. El 1878 publicà un llibre per refutar els errors racionalistes de pamflets que en aquell moment corrien per la capital canària, en la línia antiliberal del papa Pius IX, que llavors acabava de morir.

A la seva arribada a Sevilla es manifesta ja obertament tradicionalista, continuant amb el seu zel propagandista i incorporant-se a l’activitat política (articles a El Correo Español, fundació del setmanari El Radical, director espiritual de la Juventut jaumina sevillana, participació en assemblees tradicionalistes i en el Consell de Cultura que presidí Víctor Pradera. El 1919 participà, convocat pel pretendent Jaume de Borbó, a la Junta Magna de Biarritz (a la imatge, tercer per l’esquerra de la primera fila).

Indiscutiblement havia de ser un home de fortes conviccions i d’excepcional caràcter. Es parlava d’ell en aquests termes: “Gusta de recias lides y las decisivas batallas, a las que aporta todo el fuego de su corazón y toda la poderosa energía de su inteligencia, formada al calor de los grandes maestros de la escolástica cristiana, con quienes ha convivido y convive en larga e íntima familiaridad. Es un gigante al que no sabrían rendir ni vencer los más fieros golpes de los enemigos, y que aun lleno de heridas se levantaría de nuevo abrazando su escudo y corriendo a probar una vez más sus armas con los que le hubieran derribado por tierra“. “Vibrante, enérgico, fogoso, sus palabras tienen sonoridades de clarín de guerra, y su voz estampidos como de ametralladora o de cañón. Al hablar, su alma entera asoma a sus labios y se derrama sobre el auditorio, comunicándole sus estremecimientos y poderosas palpitaciones”. Déu n’hi do, especialment això de les sonoritats de clarí de guerra i l’ànima vessant sobre l’auditori…

Falta lligar aquest personatge amb els misteris a què fèiem referència al principi de l’apunt. Roca Ponsa, una vegada destinat a la seva plaça de canonge magistral de Sevilla, s’instal·là a la Casa Santa Justa (que després seria coneguda precisament com la Casa del Magistral, imatge de la dreta), una hisenda de dues plantes situada a Villanueva del Ariscal, a 15 quilòmetres de la capital andalusa. Allí vivia amb una serventa, de nom Dolores Sánchez, que un dia desaparegué misteriosament sense deixar cap rastre. Les xafarderies de la gent, que sempre posa més formatge que pa, parlaven d’una relació sentimental entre ells dos i van concloure que el primer féu emparedar la segona, potser per gelosia, en una cambra secreta del soterrani de l’edifici. Molts anys després, a la dècada dels 70 del segle passat, els nous estadants de la casa van començar a referir estranys fenòmens: sorolls, presències paranormals, moviment d’objectes… L’aura de misteri que envoltava aquell lloc va fer que es tingués per encantat i que les mares amenacessin els nens que no es portaven bé dient-los “et tancaré a la casa del magistral”, com si fos l’home del sac. Avui en dia, l’edifici està semiabandonat amagant, qui sap, algun secret inconfessable d’un capellà, vigatà, carlista i canari, tot a l’hora.

[Informacions extretes de Viquipèdia i de josemanuelgarciabautista.wordpress.com; imatges: Viquipèdia (1), sevillaciudaddelembrujo.blogspot.com (2 i 4) i everipedia.org (3)]

 

 

Pensar i adorar el que tu vulguis

La setmana passada parlàvem d’un activista tinerfeny encausat per uns comentaris a les xarxes socials; d’altra banda, les darreres setmanes els carrers de tot l’estat s’han omplert de manifestants amb reivindicacions feministes o protestant per insòlites (per indignants) sentències. La llibertat d’expressió i els drets de les dones, novament en el punt de mira. Serà oportú, doncs, parlar avui d’un personatge poc conegut, estretament relacionat amb aquestes lluites: Mercedes Pinto.

Mercedes Pinto Armas de la Rosa y Clós va ser una escriptora i periodista canària, nascuda el 1883 a La Laguna, remarcable per molts conceptes, però especialment per la defensa dels drets de les dones, de la classe obrera i de la modernització de l’educació. Als dotze anys ja guanyava guardons literaris, motiu pel qual va començar a ser coneguda com la “poetessa canària” (així, per antonomàsia). El 1909 es casà amb un capità de la Marina, Juan de Foronda (cap vincle amb el marquès, que se sàpiga), amb qui va tenir tres fills, que la maltractava i que va acabar internat degut a problemes psiquiàtrics.

Els anys vint es traslladà a Madrid on feu amistat amb Ortega y Gasset i Unamuno i on conegué el seu segon marit, Rubén Rojo, amb qui tindria dos fills més. És l’època en què comença la seva tasca de conferenciant de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas. El 1923 pronuncià a la Universitat de Madrid una conferència sota l’explícit títol d'”El divorcio como medida higiènica”, que provocà que el dictador Primo de Rivera la fes desterrar a l’illa de Fernando Poo (l’actual Bioko).

No hi aniria mai, perquè Mercedes decidí llavors exiliar-se a l’Uruguai, on prosseguí la seva agitada activitat política i cultural: col·laborà amb el govern de Montevideo, fundà la Casa del Estudiante, de promoció cultural, i inicià la revista Vida Canaria. El 1926 escrigué la seva novel·la més coneguda, Él (a l’esquerra), adaptada al cinema per Buñuel, a la que seguirien les obres de teatre Cantos de muchos puertos Un señor cualquiera. Fundà la seva companyia, la Compañía Teatral de Arte Moderno. Inicià llavors una llarga gira per diferents països sudamericans, impartint conferències i participant en jornades en qualitat de feminista, dramaturga i pedagoga, fins a traslladar-se a viure a Xile (1933). Allí conegué Pablo Neruda i continuà la seva activitat (a la imatge de la dreta, en una conferència). Del 1935 al 1943 residí a Cuba, desenvolupant una intensa activitat a favor de la Segona República Espanyola i també a favor dels jueus que, fugint dels nazis, arribaven a l’illa caribenya. El seu darrer país de residència, des del 1943, fou Mèxic on els seus fills es van fer un nom al cinema d’aquell país. També ella participaria en dues produccions cinematogràfiques espanyoles; les seves visites a l’Espanya franquista foren, però, molt esporàdiques. En una d’elles, el 1953, participà en un cicle d’art contemporani al Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife.

Els darrers anys va continuar la seva activitat periodística, col·laborant a Excelsior, de Mèxic D.F., ciutat on moriria el 1976 amb 93 anys. L’epitafi de la seva tomba (imatge de dalt) són uns versos de Neruda (Mercedes Nieto… enérgicamente sola, urgentemente viva).

Per acabar, un poema seu:

Grilletes en los pies, venda en los ojos;
Prohibidas la acción y la palabra;
En las puertas fortísimos cerrojos
Y castigo ejemplar al que las abra…
Podrán tu cuerpo aprisionar feroces,
Tu boca amordazar como a las fieras,
¡pero no te podrán quitar los goces
de pensar y adorar lo que tú quieras!

[Informació extreta de Viquipèdia; imatges: canarias7.es, loquelaspiedrascuentan.blogspot.com i mujeresquehacenlahistoria.blogspot.com] 

 

El Valtonyc canari

Els atacs a la llibertat d’expressió a l’estat espanyol continuen a cor què vols, i no distingeixen persones, territoris ni ideologies. Potser no ha transcendit a Catalunya el cas del canari Roberto Mesa, detingut per una sèrie de comentaris penjats al seu compte de Facebook contra Felip VI i M. Rajoy, i que han estat considerats injuriosos. Jutgeu: “ALERTA TERRORISTA !!!!!!!!!!!! Mañana domingo 4 de marzo a las 12:30 estará M. Rajoy en el Recinto ferial en S/C de Tenerife“, El miércoles 7 de marzo también tendremos la oportunidad de ver al LADRÓN (21.000€ diarios que nos roba) del Rey Felipe VI heredero del fascismo en el estado espanyol“, “No queremos mafiosos en nuestro archipiélago. FUERA DE CANARIAS !!!” o “En serio vamos a dejarle pasar por nuestras islas sin hacer nada??? Yo me cago en el hijo de putero este y voy a ir a dejárselo bien claro. Que se busque un trabajo el vividor éste“.

Roberto Mesa es un activista tinerfeny vinculat a col·lectius socials com Sahara Acciones o el Centro Social Taucho (un edifici okupat). La seva germana va explicar com va ser detingut per la policia espanyola, “a patada limpia” i dut a comissaria esposat, confiscant-li el mòbil i l’ordinador. Una mostra de la dramàtica escalada de repressió i censura a l’estat espanyol, va afegir. L’advocada de Mesa, Alicia Mújica, ha declarat que el seu client es troba bé però intranquil per les incerteses del cas. En les properes hores (aquest apunt està redactat el dijous 19 d’abril) passarà a disposició del Jutjat d’Instrucció núm. 5 de Santa Cruz de Tenerife, acusat d’un delicte d’injúries a la Corona.

Aquest noi no està sol. Una cinquantena de persones s’han acostat a la comissaria Tres de Mayo, de la capital tinerfenya, per protestar i mostrar-li suport (imatge). També s’hi han acostat els regidors Pedro Fernández (Podemos) y Ramón Trujillo (IU) i el diputat regional Francisco Déniz, també de Podemos.

Les similituds amb els nostres Valtonyc o Hassel son ben evidents. Cançons, versos, tuits, comentaris a la xarxa proferits contra representants del poder són posats rere la lupa i exhibits com a prova per detenir i si és el cas engarjolar els seus autors, autèntics caps de turc com a escarment per a la resta de la població, a veure si així ens estem ben calladets.

Com amb els rapers nostrats, també em solidaritzo amb Roberto. No és que trobi bé el que va dir, potser es va passar de rosca amb els seus comentaris, potser eren de mal gust, però la seva difusió també va ser molt limitada i, en conseqüència, la desproporcionada actuació policial i els possibles càstigs severs no tenen raó de ser. I en tot cas hi ha la llibertat d’expressió, per damunt de moltes altres consideracions, a defensar sempre i en tot lloc.

[Vinyeta de J. Padilla, Informació i imatges extrets de La Provincia, 19/4/2018]

 

 

Un procés constituent canari? (II)

[Continuem la reproducció de l’article del politòleg Jorge Stratós, publicat originalment per la fundació canària Tamaimos]

Requisitos para un futuro de bienestar. Demandar la apertura de un proceso constituyente canario no es recurrir a una llave mágica que abra todas las puertas que a la ciudadanía se le pongan por delante. Máxime cuando algunas están cerradas a cal y canto. Un proceso constituyente canario no puede garantizar de forma ineluctable un futuro de bienestar para las Islas. En cambio, sí puede garantizar —y no es poco— que nuestro mañana deje de ser el futuro de malestar al que hoy nos está abocando la irresponsable y corrupta oligarquía dependentista canaria. Porque si a esas élites se les consiente seguir manteniendo e incrementando el desigual statu quo interno y externo del Archipiélago (que no es otro que el de una sociedad colonizada y minorizada que se deja engañar con una ingenuidad política digna de mejor causa), entonces los problemas se agravarán hasta extremos desconocidos. Es en este sentido en el que decía anteriormente que la urgencia ética (de impugnar la dependencia) debe ligarse a la prudencia política (de hacerlo de modo democrático) pero acudiendo a la razón comprometida (como materia de ese vínculo).

La conquista de una sociedad de bienestar en Canarias se deriva por entero de que se den tres requisitos y un prerrequisito implícito. Primero, la existencia de un sujeto agente adecuado a esa realidad posible; segundo, con la voluntad de lograrla; y tercero, a partir de los principios que de suyo exige. Concretando, el sujeto no puede ser otro que el que resulta de la conversión de las mayorías sociales de las Islas en pueblo canario soberano. La voluntad no puede ser otra que la de dotarse de la capacidad de luchar por un mayor bienestar para toda la sociedad isleña. Los principios no pueden ser otros que los de la democracia como modo de ejercer esa voluntad popular. Pero para que se den estas tres condiciones se necesita satisfacer el ineludible requisito de que ese sujeto-con-voluntad-y-principios exista en sentido político —que es algo que ahora no ocurre en Canarias—, es decir, se necesita que la mayoría social canaria se autoconstruya como pueblo en la demanda y ejercicio de la soberanía nacional canaria. Sin esa lucha política la población no puede ser pueblo, no puede ser sujeto político activo, tan solo será (seguirá siendo) pasivo objeto político.

La constitución como objetivo político. Un proceso de demanda y ejercicio de la soberanía nacional canaria como el recién citado —en el que simultáneamente nuestro pueblo se ha de construir a sí mismo de forma democrática— debe orientarse hacia la constitución de las personas que habitan nuestra comunidad a partir del reconocimiento tanto de sus derechos y obligaciones ciudadanas como de su identidad y pertenencia nacional. Esa constitución, en sentido material, no es ni más ni menos que el ordenamiento político de las relaciones sociales de poder de los individuos/personas que viven en nuestra sociedad/comunidad.

El momento constituyente debe ser entendido —según ha señalado Maurizio Fioravanti— como el “fundamento más auténtico de la constitución a emanar, en el que se determinan sus caracteres primordiales, a través de la proposición de una serie de normas fundamentales de principio”. Como apunta este pensador, “son estas normas, en su conjunto y con sus equilibrios internos, las que determinan los contornos de la constitución en sentido material, que bajo esta perspectiva coincide, por tanto, con el núcleo fundamental de la propia constitución escrita”, la constitución democrática. Desde este punto de vista, una constitución así no solo se basa en procedimientos, sino también en “principios irrenunciables que representan su núcleo esencial”.

Con principios y procedimientos democráticos que guíen la acción voluntaria de la ciudadanía nacional canaria, erigida en pueblo soberano, la constitución se nos presenta como el modelo de vida y la aspiración de futuro más deseable para la convivencia; en definitiva, como el ideal civilizador y la carta de navegación que debemos querer, tal como piensan los grandes teóricos del Derecho, empezando por Luigi Ferrajoli. Por eso hay que hablar tanto del proceso constituyente como de la norma suprema que ha de regular y garantizar un buen orden de vida ciudadana y nacional. Y hay que hacerlo antes de hablar del diseño institucional, funcional y competencial que debe incorporar el texto de la constitución.

La constitución como política vivida. Por proceso constituyente canario hay que entender entonces el curso democrático de formación de un poder soberano, un poder nacional autocentrado que surja de la ciudadanía empoderada de las Islas. Este proceso habrá de ser contingentemente abierto y deberá luego continuar como curso democrático de realización de ese poder soberano en un segundo proceso, el proceso constituido canario, que igualmente habrá de ser abierto. Así, la constitución democrática ha de ser la bisagra entre los dos procesos, cierre del primero en tanto que su determinada consecuencia y apertura del segundo en tanto que su causa determinante. Sin pasar todavía a analizar con detenimiento el primer curso (la fase constituyente) de ese macro proceso general de la política vivida —de abierta naturaleza histórica, jurídica y moral— que se ha de convertir en constitución democrática, conviene precisar el principal aspecto material a tener en cuenta, su anclaje social.

La constitución no es solo un corpus formal. No solo comprende “los principios jurídicos que designan los órganos supremos del Estado y establecen las pautas para su propia creación, sus relaciones recíprocas, su esfera de acción y, asimismo, la posición fundamental del individuo frente al poder estatal”, como diría Georg Jellinek para definirla desde el positivismo jurídico clásico, presuponiendo la existencia previa de un Estado. Porque no es así. Como argumenta Fioravanti, “un conjunto de individuos puede darse un Estado sólo si ya es un pueblo, es decir, si ya está, en sí mismo, ordenado. Y la medida del orden es la constitución en sentido material”.

En efecto, lo que une y vincula a los individuos —y los ata mucho más que cualquier contrato— es precisamente la articulación conforme a la constitución material. De ahí que la constitución democrática pueda ser considerada, a mi juicio, como política vivida, como proceso político y no solo como estructura jurídica, un proceso y una estructura que conforman las relaciones sociales de poder según el ideal democrático de la igual libertad ciudadana. Es decir, debe haber la conciencia subjetiva de un orden objetivo dado por la experiencia social, que se halle presente en la constitución en sentido material, para que haya leyes constitucionales en sentido formal. ¡Atención, jueces del Supremo, el Constitucional y la Audiencia Nacional, que parecen ignorarlo! ¡Atención, asimismo, policías y fiscales de las altas instancias judiciales españolas, que no parecen tenerlo en cuenta cuando con pretextos arbitrarios reprimen y encarcelan a su antojo a ciudadanos no-violentos!

La constitución como aspiración política. ¿Acaso podemos los canarios prescindir de constituirnos como poder soberano? ¿Cómo, si no, vamos a afrontar los graves retos del presente? Estoy refiriéndome a la necesidad de fundar un patriotismo constitucional republicano que (al margen de la vacía instrumentalización que se hizo de la idea de Dolf Sternberger, divulgada —y en parte modificada— por Jürgen Habermas) nos permita romper con el actual rumbo al abismo y avanzar en una nueva dirección. Avanzar como ciudadanía nacional no-dependentista que lucha —en tanto que pueblo— para construirse, constituirse e instituirse, con el objetivo político vivido de una constitución democrática reguladora y garantista. Y entendiéndola como nuestro ideal civilizador a la vez que como la carta de navegación hacia un futuro de bienestar. El empoderamiento soberano canario es la condición necesaria, aunque —¡ay!— no suficiente, para hacer frente a los retos de los tiempos actuales. De ello también es imprescindible hablar.

El que esto escribe, que sobrevive entre esos retos y medita sobre cómo abordarlos, no llegará a vivir el acceso a una sociedad canaria de bienestar. Nada, pues, de esperanza banal. Todo, sin embargo, de entusiasmo comprometido. Porque hablar de constitución democrática como ideal civilizador y como carta de navegación significa preocuparse y ocuparse de lo que realmente es posible: una mejor sanidad y educación, sobre todo para los niños y mayores de Canarias, al borde de un abandono cada vez más indigno; una formación, trabajo y vivienda que no existen para los sectores adultos más discriminados de la población isleña; una mejora del urbanismo y el medio ambiente, degradados desde lo publico y lo privado; una reversión del desequilibrio y extraversión económica, el histórico lastre dependentista que nos han impuesto las élites de poder; un freno de la colonización cultural…

[Continuará]

 

Un procés constituent canari? (I)

[Sens dubte, el procés sobiranista català estimula el debat més enllà de les nostres fronteres. La fundació canària Tamaimos ha publicat el següent article sobre conceptes com sobirania i procés constituent; n’és l’autor el politòleg Jorge Stratós]

Ante la claudicación política. Desvincular lo real de lo posible, encogiendo y congelando la realidad, es un vicio muy extendido en la política canaria. Conviene alejarse todo lo que se pueda de ese reduccionismo a lo fáctico, por sus nefastas consecuencias. Dicho sea en general y en particular. En general, porque esta no es la vida que realmente queremos (como canta Robert Waters en “Is this the life we really want?”), y necesitamos saber los motivos. En particular, dado que estas no son las Islas que realmente queremos (como muchos pensamos), y precisamos comprender el por qué. La desigualdad social que define a Canarias solo la desea una poderosa minoría ávida de dinero, privilegios y distinción. Es cierto que a su alrededor se acomoda un amplio bloque de poder, canario y no-canario, pero si se descuenta el miedo y la ignorancia inducida, la inmensa mayoría de la población de las Islas no desea tantas arbitrarias desigualdades en todos los terrenos, porque las sufre. Amplios sectores de mujeres y de mayores lo han mostrado recientemente, sin que quepa la menor duda.

Desvincular la mirada a lo logrado por la sociedad canaria (el “recipiente medio lleno”: lo que tenemos) de la mirada a lo deseado por la mayoría de sus ciudadanos (el “recipiente medio vacío”: lo que queremos) es resignarse a que Canarias vaya a la deriva, perpetuando el dominio que le impone esa minoría oligárquica que todo lo controla a su antojo, con mayor o menor consentimiento-y-engaño. Por eso me pronuncio contra el “realismo claudicante”, ese que pretexta que “otra Canarias no es posible”. Porque es la gran opción ideológico-política desde la que ciertos españolismos y canarismos camaleónicos ceban y cimentan al bloque de poder, mientras fingen que se le oponen (de la misma manera que, entre paréntesis, también me declaro contra las seudoalternativas que rechazan ese colaboracionismo desde un “irrealismo extraviado”, que anda siempre perdido y engañado entre dogmas obtusos sobre la buena canariedad).

Hartos del tacticismo conformista. En concreto, el unionismo autonomista realmente existente es una opción de esas características, siendo como es una preferencia legítima desde el enfoque democrático, pluralista e incluyente que suscribo (al igual que también lo es, por cierto, el separacionismo independentista). En Canarias, la gran opción unionista que ocupa el Gobierno y todo el Parlamento tiende a devaluar valores democráticos como son la participación y la deliberación honesta y transparente para la toma de decisiones en los asuntos públicos. Incurre en el tacticismo, que no es más que un minimalismo partidista, ciego, falto de estrategia de transformación social, es decir, carente de perspectiva emancipadora de largo plazo, como se ha evidenciado en el penoso último “debate de la nacionalidad” (el estrategismo, por el contrario, es el yerro inverso, igualmente rechazable, un maximalismo intransigente, vacío, desprovisto de táctica, esto es, incapaz de comprometerse en la unidad de acción para el cambio real de corto plazo).

Por eso mucha gente, entre la que me cuento, está harta de que solo se le ofrezca —como ciudadanía de una democracia supuestamente avanzada— apoyar el conformismo cortoplacista y electoralero de las instituciones y partidos del actual régimen autonomista canario o adherirse a una quimérica separación canaria del Estado español (pace Catalunya, convertida por el Leviatán españolista en “una especie de protectorado” —según el penalista Joan J. Queralt—, aunque sea una nación objetiva y subjetivamente madura para luchar en la actualidad, entre errores e irresponsabilidades políticas múltiples, por incrementar su autogobierno y soberanía, si es que democráticamente su pueblo lo sigue demandando).

En Canarias, hoy por hoy (y hoy por ayer), los poderes fácticos —no se olvide, intraestatales e interestatales: gubernamentales, económicos, militares, religiosos y mediáticos— convergen sin ninguna dificultad en su negativa voluntad de modificar las injustas desigualdades del statu quo. De forma taimada, y de forma bestial, si se tercia. Muchas lecciones son las recibidas de la dictadura franquista pasada y de la democracia posfranquista actual. Retocar solo lo que haya que retocar para que todo siga como está. Y, erre que erre, esa minoría de poder oligárquico plantea y replantea siempre el mismo chantaje emocional y discursivo: que la ciudadanía canaria se someta al dilema trucado de elegir el “orden” unionista presente si no quiere un “caos” separacionista futuro, dilema maniqueo y prefabricado cuyos extremos se retroalimentan en un continuo bucle paralizante (que al menos se remonta a dos siglos atrás).

Un vínculo político que se llama soberanía. La gente feminista (entre la que, no obstante, se echa de menos una mayor presencia de varones) o la gente pensionista (en cuyo apoyo todavía escasean los jóvenes) es la última en denunciarlo, en Canarias y fuera de Canarias, movilizándose —lo reitero— en proporciones muy estimables. Lo que mujeres y mayores con sus respectivas demandas están planteando es precisamente la necesidad improrrogable de vincular lo que tenemos y lo que queremos, lo real y lo posible, lo logrado y lo deseado, el corto y el largo plazo. En fin, amarrar la política táctica a la política estratégica al materializar la política estratégica en la política táctica, como única manera democrática de acabar con las respectivas brechas, desde ahora y para después. Ese vínculo político se llama soberanía. Soberanía feminista y soberanía pensionista, en los casos citados. Se llama también soberanía energética, soberanía alimentaria, soberanía turística… en los demás frentes cruciales. En resumidas cuentas, soberanía contra todas las brechas de desigualdad. Y generalizando, soberanía política, tanto individual (personal y ciudadana) como societal (comunitaria y nacional). Apliquémoslo a Canarias.

Recuerdo aquí que la soberanía no es más que poder autocentrado (descendente o ascendente) cuya principal facultad es la de constituir e instituir a un sujeto (a una persona o a una comunidad) como autoridad política. Cuando surgió la variante democrática de la soberanía en la Modernidad, se caracterizó por la voluntad de empoderar a los individuos (constituyéndolos en ciudadanos nacionales) y al tiempo empoderar a la sociedad (instituyéndola como nación ciudadana). Como poder democrático ascendente, de abajo arriba, les otorga derechos (y obligaciones) junto a pertenencia (e identidad) de ciudadanía y de nación. Por eso la soberanía ciudadana empodera de forma democrática a todas las personas de un ámbito nacional, al tiempo que la soberanía nacional empodera de manera democrática a toda comunidad de condición ciudadana. La soberanía democrática implica entonces —en tanto que vínculo político entre lo real y lo posible— un proceso histórico-social y ético-jurídico abierto y orientado a la constitución e institución de la ciudadanía nacional y de la nación ciudadana. En síntesis, un proceso constituyente.

Proceso constituyente de una Canarias soberana. Esto es, un proceso constituyente e instituyente de las “las Islas que tenemos” en dirección a “las Islas que queremos”. Porque una Canarias soberana no es una utopía paradisíaca. Es tan solo la construcción decolonial de una nación que pueda autodeterminarse democráticamente para empoderar de forma pacífica, libre e igualitaria a sus ciudadanas y ciudadanos. Que pueda autogobernarse para reequilibrar y desarrollar nuestra economía, para aumentar el bienestar popular y garantizar el ejercicio de los derechos políticos de protección, participación y prestación a todas las personas de Canarias, sin indignas brechas de clase, de género, de etnia, de cultura y de ideología. Un proceso de lucha democrática contra la exclusión, en primer lugar, pero también contra la discriminación, la explotación y la opresión que aguanta la población de las Islas. Es decir, un proceso constituyente e instituyente canario contra la dominación y la dependencia. Si el que esto escribe fuese tan solo un desapegado lector, estaría tal vez preguntándose con impaciencia por el cómo, el cuándo, el quién, etcétera, de este proceso en la práctica. Es entonces cuando me contesto que si la urgencia ética se ha de combinar con la prudencia política, también hay que llamar a este cónclave a la razón comprometida.

[Continuarà]

De com els pubs irlandesos van arribar a Canàries

Ahir va ser Sant Patrici, el patró d’Irlanda (dreta), una commemoració religiosa però també una festa cultural (Saint Patrick’s DayLá Fhéile Pádraig) que aquell país ha sabut exportar a tot el món, envaint-lo pacíficament amb la famosa cervesa negra Guiness i ocupant-lo amb els característics pubs.

Avui la seva presència és habitual a les nostres ciutats, però hi va haver un moment en què els pubs irlandesos eren tota una novetat. També a les Canàries. La gènesi del primer pub a les illes (a Las Palmas, per ser exactes) és curiosa: la idea la va tenir el 1996 un senyor de nom Ismael Mesa mentre es trobava al vàter realitzant les seves necessitats fisiològiques mentre llegia un article sobre el boom dels pubs irlandesos. A Mesa, un emprenedor casat amb una irlandesa i gran amant d’aquell país, se li va encendre la llumeta i va decidir muntar el primer pub 100% autènticament irlandès, allunyat de les imitacions que hi ha al sud, a Playa del Inglés, de banderetes i happy hour.

El lloc elegit va ser un antic karaoke coreà a la cantonada dels carrers Martínez de Escobar i Franchy Roca de la capital grancanària. La decoració del local (inclosos tot tipus d’objectes vintage) va arribar per mar en un contenidor de 20 metres, ocasionant un embús de trànsit al centre de la ciutat. Un mes després s’inaugurava el local, batejat Sheehan’s. Decorat en verd clar, el color nacional irlandès, el local servia cervesa Guiness  en barrils procedents de l’illa, d’on era també la música ambiental que s’hi sentia.

Va ser aquí on es va començar a sentir a parlar del Saint Patrick’s Day. El 1997 es va organitzar per primera vegada, amb assistència de tota la comunitat irlandesa a Canàries, inclòs el cònsol. Amb els anys, anar a aquest pub el 17 de març vestit amb algun detall verd i beure fins l’hora del tancament s’ha convertit en tota una tradició. I tot va començar en la intimitat d’un excusat.[Informació extreta de https://grupomacaronesia.com/396; imatges:  https://www.facebook.com/Sheehans-Irish-Pub, Viquipèdia, poemsandpoderings.wo] 

 

 

Hidalgo, l’artista experimental (1927-2018)

El proppassat 26 de febrer morí a la seva casa d’Ayacata (Gran Canària) Juan Hidalgo Codorniu. Creador multidisciplinar, no hi hagué faceta artística que no conreés, des de la composició musical, on va excel·lir, fins a la fotografia, la pintura (a sota, exposició seva al CAAM de Las Palmas), l’escultura, la poesia o les performances, sempre des del vessant més experimental. Tingué, com veurem, relació amb el nostre país.

Hidalgo va néixer a Las Palmas de Gran Canària el 1927. La primera etapa de la seva vida la dedica a l’estudi de la música fins que el 1945 es trasllada a Barcelona, on ingressa a l’Acadèmia Marshall, la prestigiosa institució fundada per Enric Granados el 1901. Sota la direcció d’un altre músic de primer ordre, Xavier Monsalvatge, Hidalgo estudia piano, música de cambra, harmonia, contrapunt i fuga. La seva formació musical prosseguiria a Madrid, París i Ginebra. El 1957 fixa la seva residència a Milà, però és a Darmstadt (Alemanya) on estrena Ukanga, obra serial-estructural per a cinc grups de cambra, i més tard Caruga, i on coneix John Cage, l’avantguardista compositor conegut sobretot per la seva peça 4’33” (quatre minuts i trenta-tres segons de silenci absolut). Amb la influència de Cage, Hidalgo abandona la seva aposta pel dodecafonisme i abraça la música experimental. Juntament amb altres dos destacats compositors, l’italià Walter Marchetti i el català Josep Maria Mestres Quadreny, s’instal·la el 1960 a Barcelona novament. Per mitjà de Joan Brossa coneix Joan Prats, el secretari de Club 49, una associació privada promotora d’activitats culturals i amb l’ajuda de la qual crearia Música Oberta, organització dedicada a la música contemporània. Malgrat l’èxit del primer concert, Hidalgo i els seus socis han de marxar de Barcelona al no trobar prou suports per difondre unes idees musicals tan avançades per a l’època.

Establert a Madrid, la situació allí és pitjor, sense cap mena d’associació protectora; fou, però, a la capital de l’estat espanyol on el 1964 participa en la fundació del grup Zaj, una iniciativa artística bàsicament musical però que amb el temps es diversifica amb poetes, pintors, escultors (per exemple, el també canari Martín Chirino) i performers, practicant un “teatre musical” (a dalt, programa de mà d’un concert) on els gestos, els objectes, els poemes o les performances cobren protagonisme (un músic menjant-se una poma en una actuació va ocasionar un escàndol al Madrid de 1967). El 1972, avorrits per les pressions de la dictadura franquista, decideixen marxar de l’estat: el grup, que a partir d’ara el formaran només tres persones (Hidalgo i Marchetti, ja esmentats, i la performer Esther Ferrer, a la dreta) seguiria en activitat fins el 1996, quan el Museu Reina Sofía de Madrid li dedica una retrospectiva de la seva producció.

EL 1987 rep el Premi Canarias de Belles Arts i el 2016 el Premi Nacional (espanyol) de Cultura; el jurat destaca la seva trajectòria, innovació i aportació a l’art contemporani espanyol, suprimint tots els límits i encarnant l’esperit de les avantguardes internacionals. Per la seva part, l’historiador de l’art Julio Pérez Manzanares, que dedicà la seva tesi doctoral a l’obra d’Hidalgo definia l’artista recentment finat d’aquesta manera: “un poeta estrany, amb aquesta barreja de llenguatges i una base musical aplicada a tota la seva obra” i afegia que és necessari girar la vista cap a ell i la seva obra com a pioner de l’art experimental a Espanya, tant de forma individual com dins el col·lectiu Zaj.

 

A l’esquerra, dues instantànies recents de la intensa vida de l’artista: entrant en un homenatge que se li va dedicar (a dalt) i al seu casament al Bodegón del Pueblo Canario del seu Las Palmas natal (a sota).

 

 

[Informacions extretes de Viquipèdia, El País (10/11/1987 i 13/5/2015) i La Provincia (27/2/2018); imatges: laprovincia.es, foto Juan Carlos Castro, hundertmark-gallery.com, lavidanoimitaalarte.blogspot.com, foto Andrés Cruz i laprovincia.es]