AVES MIGRATORIAS, d’Esteban Tabares

 

A Reyes García de Castro, fundadora de Sevilla Acoge

“Hay una luz en el mundo, un espíritu balsámico más fuerte que cualquier oscuridad con la que nos podamos topar. A veces dejamos de ver esta fuerza cuando hay demasiado sufrimiento, cuando hay demasiado dolor. Pero de repente este espíritu resurge en la vida de personas normales que escuchan su llamada y responden de manera extraordinaria”  (Jeannette y Anne Petrie).

 

 

Las aves migratorias que huyen de los fríos inhóspitos

y buscan cada año lugares más cálidos para anidar,

son imagen y símbolo de la misma condición humana

cuando, con ansias infatigables, buscamos también

los imaginados lugares donde lograr paz y felicidad,

allí donde cimentar seguros el nido de nuestro hogar.

Como peregrinos, errantes y emigrantes,

se tejen y se deshacen nuestra vidas a la vez,

queriendo atrapar el tiempo y las cosas

en un vano intento por permanecer,

aferrados a cuanto queremos, hacemos o tenemos.

Nuestro caminar llega hasta una frontera

imposible de pasar con tanto equipaje a cuestas;

al abandonarlo para dar el salto nos sentimos morir,

la pena y el dolor nos embargan, nos resistimos a partir

cegados por un espejismo que confunde

viaje y viajero, pasaporte y pasajero.

Se mueren los cuerpos, pero no se muere la vida,

la vida viene al cuerpo y se va del cuerpo, pero sigue la vida,

la vida vive sin el cuerpo como la música vive sin el instrumento,

la vida es un río inagotable que ningún dique puede embalsar,

si con el amor encendemos el leño de la vida, jamás se hará cenizas.

Has comprobado ya que también tú vives sin ese tu cuerpo

con el que tanto has gozado, luchado y finalmente sufrido.

De tanto interpretar la sinfonía inacabada del compromiso

con quienes emigran buscando aquí derechos y dignidad

se gastó tu instrumento, pero no tu música;

tus partituras escritas con ritmo de acogida y generosa humanidad 

vibran para siempre en cuantos recibieron y recibimos

tu ayuda y ejemplo, tu fuerza y tu coraje.

Es verdad que “Vivimos despidiéndonos siempre” (Rilke)

y aunque ahora vivas escondida y sin voz, 

el silencio no eclipsará tu palabra encendida,

tu semilla sembrada seguirá floreciendo

en la rosa abierta de una sociedad nueva

cuando emigrar sea un placer y no un dolor.

Recuperaremos el don perdido del silencio,

volveremos a hablar calladamente, amiga,

de todo lo que aún soñamos en un cielo sin huellas,

de todas las utopías que en la brega diaria

nos iluminan y guían como en la noche las estrellas.

Hoy, cuando tu tiempo comienza,

hoy, más allá de las cenizas, cuando el Amor Pleno te invade,

ahí estás, en el mejor de los sitios:

en el abrazo y el regazo del Dios de todos y en todo,

en el amor del Dios de los mil nombres invocado en mil idiomas;

no quedas en el polvo, en la nada y el olvido

sino en las palmas abiertas del Clemente y Misericordioso,

del Dios Padre maternal, Único y Vivo.

“Y aunque ese Dios lleve tantos nombres

como lenguas y pueblos hay en la tierra,

su boca no es más que la boca de quienes se unen en el beso;

y su mano no es más que la mano de quienes se juntan en la vida;

y su verdad la única sinceridad que la bendición del amor otorga

a quienes aman a los demás”  (Drewerman).

Afegeix un comentari

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *