Los españoles quieren más política y menos drama  ​Antón Losada (El pulpito laico)

Más allá de las ganancias y pérdidas de unos y otros, el 26M confirma una tendencia general que ya marcó los resultados de abril. Las españolas y los españoles han dicho en las urnas, aún más claramente, que prefieren la política al teatro y el melodrama. Han crecido los partidos que han apostado por moderar sus formas y sus discursos y han castigado a aquellas fuerzas que han jugado a llevarlo todo a los extremos más desaforados del lío y el conflicto. Las reinas del drama bajan, los líderes políticos suben.

Los datos lo confirman. El PSOE ha superado la barrera del 30% de los votos que no pudo pasar en las Generales. La vuelta al centro del Partido Popular le ha permitido recuperar la barrera del 20% de los sufragios, sumada a la capacidad de resistencia que ha vuelto a acreditar su organización territorial.

Los grandes derrotados de la noche son los apóstoles de la tensión: Ciudadanos y Vox. Los naranjas ven como el PP aleja con claridad cualquier opción de que se les dispute su posición de liderazgo en la oposición en esta legislatura. La derecha extrema española retrocede incluso por debajo de sus expectativas más conservadoras; la reconquista va a tener que esperar y mucho. El caballo que montaba ufano Santiago Abascal se ha quedado en borrico.

Pedro Sánchez puede leer estos resultados como un respaldo a su preferencia por gobernar en solitario y, en cualquier caso, le coloca en una posición muy reforzada para negociar las condiciones de sus apoyos. Pablo Casado va a tener que seguir desenterrando a Mariano Rajoy y olvidarse de nuevo y por mucho tiempo de José María Aznar. Las aspiraciones ministeriales de Pablo Iglesias han quedado seriamente tocadas, aunque no tan hundidas como las prisas de Albert Rivera por hacerse con el título de líder de la derecha española.

El votante de izquierda se ha decantado por la oferta de voto útil socialista y ha demostrado con nitidez su cansancio y su decepción respecto a las divisiones que han marcado los últimos meses de Podemos y sus socios. El votante de derecha le ha vuelto a dar la razón a Mariano Rajoy: prefieren la moderación, aunque sea forzada como en el caso de Pablo Casado, y tienden a alejarse del ruido y el jaleo que han competido por encarnar Albert Rivera y Santiago Abascal. Puede que no les guste mucho Pedro Sánchez, pero parece que les gustan menos los pateos en el Congreso de los Diputados.

 

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