La movilitat a Canàries (i 2)

[Segona i darrera part de l’article ‘La mobilidad en Canarias: un tema pendiente’ publicat a Tamaimos, Semanario Crítico Canario]

Alternativas

Ejemplos del uso excesivo de transporte privado hay a montones, desde las islas de La Palma y Lanzarote, con 856,2 y 851,1 vehículos por cada 1000 habitantes respectivamente, siendo las que mayor porcentaje tienen de toda Canarias. Caso curioso es el de Lanzarote, que siendo una isla relativamente fácil de conectar en términos de movilidad, ya que su actividad económica se basa en las zonas turísticas de Teguise, Tías y Yaiza por un lado, y la labor administrativa e ‘industrial’ de Arrecife por otro, con dos o tres carreteras principales y un servicio de transporte público, que si bien podría servir con facilidad a los habitantes de la isla y a los turistas, tienen un servicio de líneas regulares de transporte público que podríamos calificar, de forma buenista, de una tremenda vergüenza sin ningún tipo de justificación. Obligando a la gente a comprar vehículo privado cuando su capital es de los municipios MÁS POBRES de nuestro país10. Una de las mayores empresas tanto de alquiler de coches como de venta de vehículos en Canarias es de Lanzarote. Quizá viene por ahí la motivación de esta situación.

Tenerife tiene una cuestión más compleja, ya que aunque en las dos mayores ciudades de la isla se han ido implantando métodos alternativos de transporte –a través del tranvía- lo cierto es que sólo un tercio de la población de la isla vive en ambos municipios, mientras que la zona norte tiene un número importantísimo de población y su zona turística principal, y muy grande cuantitativamente, está en el sur de la isla. Si pretenden introducir métodos de transporte público masivos tendrán que replantearse si dan primacía al servicio de los turistas –que se concentran mayoritariamente en el sur- o a los trabajadores, que se concentran en el norte de la isla. Está claro que los problemas de la TF-5 no se van a solucionar con más carriles, como proponen los lobbys de la construcción –como es lógico, defendiendo el bisnes propio- ya que su problema principal está en la entrada de La Laguna con la rotonda del Padre Anchieta y a menos que se destruya parte de la ciudad –Patrimonio de la Humanidad, recordemos- para la construcción de más carriles y aparcamientos dentro de la misma, la solución a corto plazo debe pasar por la implantación de un carril exclusivo para guaguas y frecuencias suficientes a precios muy baratos desde los diferentes municipios del norte de la isla para la entrada de esa gran masa de trabajadores y estudiantes a La Laguna, Santa Cruz o la autopista del sur. De todos modos hay que poner en valor los últimos esfuerzos del Cabildo Insular de reconducir la situación con diferentes fórmulas, aunque con varias décadas de retraso vistos los resultados.

Gran Canaria tiene una situación mucho más sencilla y que desarrollaremos en otro artículo. Para empezar, la gran mayoría de su población vive en el corredor que va desde el Polígono Industrial de El Sebadal y El Puerto de La Luz a las zonas turísticas de San Bartolomé de Tirajana y Mogán (fácilmente 700.000 habitantes), donde no sólo se concentra uno de los mayores centros turísticos mundiales, sino que también se sitúan la gran mayoría de las zonas comerciales e industriales, amén del Aeropuerto y el Puerto de Arinaga –con el mayor polígono industrial de Canarias-, lo que obliga ya al inicio de las obras del tren –que repetimos, desarrollaremos en otro artículo-. También tendrá sus críticas, como llevar el tren al casco de Telde, pero esos argumentos vendrán más tarde junto con los costes. También habrá una propuesta de estructuración del transporte público en Las Palmas, pero todo a su tiempo.

La sostenibilidad del modelo en Canarias

Este debería ser siempre el argumento principal para cualquier análisis que se haga en Canarias, en todos y cada uno de los campos, aunque entendemos que a la población le interesa más el bolsillo que la sostenibilidad de nuestro sistema económico ya que, como es lógico, si no tenemos casi para comer poco nos va a interesar si el sistema es sostenible o no. Pero hay que cambiar también esa perspectiva y pensar un poco de una forma más amplia y holística, ya que si no estaremos continuamente pensando en los problemas coyunturales –solución de los atascos en la TF-5, cómo ir de mi casa al trabajo cuando la guagua pasa una vez cada hora o cuestiones de simple supervivencia como qué le vamos a dar de comer a nuestros hijos mañana- dejando los problemas estructurales en un segundo plano que son al final, si los cambiamos a mejor, los que nos van a permitir vivir a nosotros y a nuestros hijos de una mejor manera a medio y largo plazo.

Ya sabemos que somos dependientes en múltiples campos y eso no lo niega nadie, pero esa dependencia impuesta no debe ser óbice para reflexionar sobre ello, que es lo que proponen y fomentan los que se forran con la situación actual de las cosas, no pensar en nuestros problemas para solucionarlos, y buscar por nosotros mismos la manera de ser lo menos dependientes posible del exterior y así tener mayores cotas de soberanía que nos permitan tomar decisiones propias para poder vivir lo mejor posible dentro de nuestras posibilidades.

Sólo parándonos a reflexionar nos daremos cuenta que este desarrollismo sin sentido destruye nuestro país con la dependencia que impone; a nuestros paisajes con la destrucción territorial que supone la nueva construcción de carreteras y que sostiene al lobby constructor –para muestra la nueva GC3, que a su paso por Tenoya, en donde no se les ha ocurrido otra cosa que horadar todo un lomo de hasta 30 metros de altura, en lugar de hacer un túnel que no impactara tanto en el territorio (¿Dónde van a utilizar todo ese desmonte, en el Macromuelle de Agaete para continuar la rueda?)-; a nuestra economía familiar obligándonos a la compra de vehículos privados al no tener alternativas de movilidad; y, finalmente, con la salud de nuestra gente debido a la contaminación que a diario emitimos a sabiendas que se pueden buscar formas alternativas mucho menos agresivas para con nuestro medio, un medio como sabemos único en el mundo y que es imperativo cuidar entre todos. No dejemos más que los que han destrozado nuestro pasado obligándonos a emigrar de nuestra tierra cuando nos moríamos de hambre nos destrocen también el futuro, un futuro verde esperanza que traen nuestros jóvenes muy bien formados ávidos de pensar la forma de mejorar su país para que nunca más tengamos que huir por la cerrazón, la ignorancia y la soberbia de los que manejan nuestros destinos de la manera más irresponsable posible.

Busquemos otras formas de desarrollo menos dependientes y más soberanas que prime los intereses de los canarios como pueblo y no de los especuladores tanto externos como internos. El pueblo tiene patria aunque muchos digan que no, los que no la tienen son estos especuladores ya que su único pensamiento y patria es el de amasar cada vez más dinero –el que le devolvemos nosotros después de la miseria que nos pagan- y poder, a través de explotar a nuestra clase obrera a límites inhumanos mientras nos echa a pelear por las migajas, de mantener nuestra economía cautiva sin alternativas eficientes en campos como el transporte público o sin el desarrollo que debería estar teniendo las renovables en nuestro territorio, que tiene la posibilidad del desarrollo en todas y cada una de las energías renovables existentes.
Vayamos a ello, construyamos nuestro futuro de una vez dejando de lado estas rémoras caducas y del pasado. Construyamos como hacían nuestros mayores los bancales en nuestras inmensas laderas que daban vida piedra a piedra. Dejémonos de derrotismo y empecemos a pensar que las cosas sí pueden cambiar. ¿Nos vamos a conformar con la alternativa que nos ofrecen de pedir migajas, como la subvención del 75% en vuelos, para ver a nuestros hijos en su exilio español en lugar de estar aquí construyendo para el bienestar de todos?

Reflexionemos, canarias y canarios, que podemos con la inteligencia de todas y todos, sólo tenemos que quitarnos los complejos y pensar en cómo mejorar las cosas sin que otros nos dicten lo que debemos o no hacer. Como hasta hace poco nos hacían los caciques, que hasta nos humillaban obligándonos a llamarles amos.

[Primera part de l’article publicada el 22 de setembre; imatge: recreació del tren a Gran Canària, en projecte; eldiario.es]

 

La mobilitat a Canàries (1)

[Amb motiu de la Setmana de la Mobilitat, reprodueixo l’article d’opinió ‘La movilidad en Canarias: un tema pendiente’, signat pel col·lectiu Pleiomeris i publicat el 6 de juliol de 2018 a Tamaimos, Semanario Crítico Independiente]

Como sabemos, Canarias es un país que debido a su naturaleza volcánica y su corta historia geológica comparada con el resto del planeta, es un lugar con déficit extremo de combustibles fósiles. Lo poco que teníamos, en forma de madera, fue talado salvajemente justo tras la finalización de la conquista para proveer de estos recursos a la incipiente agricultura colonialista de exportación que en ningún momento tenía en cuenta la capacidad de regeneración del territorio. En un primer momento, para el alimento de los ingenios azucareros que requerían grandes cantidades de esta materia para su funcionamiento y que sufrieron principalmente los bosques termófilos de las islas mayores del archipiélago, posteriormente con los ciclos del vino, cochinilla y el hambre de tierras para la producción de los cultivos de subsistencia (millo y papa principalmente) lo que acabó con buena parte de los bosques de laurisilva (especial atención a Gran Canaria y los pleitos de décadas alrededor de la Montaña de Doramas), terminando con los usos de los pinares en zonas altas, también abusivo y que casi acaba con los pinares en Gran Canaria, para la construcción, reparación y calafateado con la pez de las naves que iban a las colonias de la metrópoli española en América, y el carboneo propio de la población local para calentar su casa y la comida.

Hoy esto por suerte es cosa del pasado. Por un lado por la repoblación y reforestación que han llevado a cabo las diferentes administraciones públicas desde los años ’50 del siglo XX y la repoblación natural que se ha producido en las antiguas tierras de cultivo que, a partir de los ’60 a causa del éxodo rural primero y en los últimos 25 años debido a nuestra entrada salvaje en la Unión Europea, que obligó a muchos agricultores al abandono de sus tierras, el bosque ha tenido vía libre para su expansión. Por otro lado, la importación masiva de materias primas de energía fósil, primero carbón y luego petróleo, han posibilitado esta recuperación de la foresta canaria debido a la menor presión sobre el medio que se da en el sentido de extracción de energías fósiles.

Dependencia de combustible

La dependencia, como sabemos todos, no es gratis, ya que ese petróleo importado no sólo debe producir la electricidad, y la desalación y depuración de agua de los 2,16 millones de habitantes que residimos en estas pequeñas islas y los 394.521 turistas que son población flotante constante, y que soporta nuestra biota día tras día, sino que también debe mantener a los 779,4 vehículos por cada 1000 habitantes que circulan por Canarias según el ISTAC –¡Multipliquen cuántos vehículos son esos!-. Si quieren compárenlo con cualquier ciudad europea, se van a sorprender de la diferencia que hay en Canarias con respecto a las ciudades de esas latitudes. Es paradójico tener estas cifras, propias de países muy ricos, en un territorio con el 45% de pobreza según la AROPE1. ¿Cuánto porcentaje de nuestro PIB se nos va simplemente en la compra de combustible? Hagan cuentas y luego pregúntense el por qué del no desarrollo de las renovables –¡Cuando sólo la implantación efectiva de la eólica marina podría, según estudios de la profesora Schallenberg y la ULPGC, cubrir 22 veces nuestra demanda energética!2– con esos beneficios que sacan en un mercado cautivo como el canario, ¡como para soltar la teta! Lo del gas va por el mismo camino y lo decimos como aviso a navegantes, por cierto, en los albores de la tercera revolución industrial, la tecnológica, cuya fuente energética primordial va a ser la renovable. Pero ya sabemos que en las colonias estas cosas van siempre más tarde, primero hay que consumir los excedentes que la metrópoli no necesita, por algo será… Por si fuera poco, empresas como DISA aprovechan el oligopolio en la distribución de hidrocarburos para saquear a canarios, como están sufriendo los canarios de La Gomera y El Hierro, cuyas estaciones de servicio están monopolizadas por esta empresa –los que quieren implantar principalmente el gas-, con unas tarifas por el combustible similares a la España metropolitana, con muchos menos impuestos especiales y, por si fuera poco, ¡una bonificación del 100% del transporte marítimo!3 ¿Es esto un aviso a navegantes al pueblo canario por su enérgica negativa a la introducción del gas que NO HA PEDIDO NADIE?

El tema de la energía es muy importante para nuestro territorio y lo abordaremos en otro artículo, porque no tiene sentido seguir quemando combustibles fósiles en un territorio que tiene posibilidad de desarrollo de manera importante en TODAS las formas de energía renovable que existen. Por ello les emplazamos a que esperen un poco.

La cuestión macroeconómica de la movilidad

Este es uno de los puntos más importantes del tema de la movilidad y se refiere a la cantidad de vehículos que Canarias compra a la industria europea del automóvil año tras año, mes tras mes, día tras día. Sólo en 2017 el número de vehículos nuevos vendidos en Canarias alcanzó los 75.723 vehículos, de los que 60.216 fueron automóviles turismos4, lo que supone un 25,47% más que el año anterior. En vehículos usados, sólo turismos y todoterrenos, las ventas se elevaron hasta 88.923 unidades, un 11% más que el año anterior5.

En 2010 el coste medio por la adquisición de un vehículo nuevo en Canarias estaba en 19.587€6 –no hemos encontrado cifras de precio medio posteriores, que creemos que deben ser superiores por la relativa mejoría económica-, pero teniendo en cuenta esta cifra como aproximativa y sólo en 2017, en Canarias se transfirieron a la industria europea del automóvil 1.179,5 millones de euros sólo por vehículos turismos, y si aplicásemos la misma cifra al total de vehículos vendidos la cifra ascendería a 1.483,2 millones. ¡Sólo en un año y con cifras de precio medio presumiblemente inferiores en el cálculo! Y todo esto sin contar los pingües beneficios que se llevan los bancos europeos con los intereses de los préstamos efectuados. Pero esto que lo calculen los economistas, que nosotros somos geógrafos.

Si contamos también los vehículos de ocasión, que en 2017 tuvieron un precio medio de 12.954€7, el gasto de las 88.923 unidades asciende para las familias a un total de 1.151,9 millones de euros.

La cuestión microeconómica: La más importante

Primero tenemos que hacer una operación y es la de quitarle a esa estadística de vehículos por cada 1.000 habitantes a los menores de edad que no pueden conducir. El INE sólo ofrece datos en grupos quinquenales, así que sólo sumaremos tres quintos al grupo que va de los 15-19 años de edad para hacer la operación. Con esta operación y a fecha de junio de 2018 nos quedaríamos con 1.808.755 habitantes y 1.642.975 vehículos según el ISTAC. Con esta operación (restados los menores) aumenta hasta los 908 vehículos por cada 1000 habitantes, o lo que es lo mismo 9,1 vehículos por cada 10 habitantes.

Con estas cifras y teniendo también en cuenta que muchos de nuestros mayores no conducen, podemos deducir que la casi totalidad de la población TIENE NECESIDAD de adquirir un vehículo para acudir a su puesto de trabajo diariamente y a los centros de ocio –playas, instalaciones deportivas, centros comerciales o el monte-. Estos son datos que dejan a las claras la deficiencia EXTREMA de un servicio de transporte público de calidad que sufre este pueblo que paga mes a mes sus impuestos, ya sean transportes de baja densidad o masivos.

Estamos obligando a nuestro pueblo a comprar un vehículo privado que financia y sostiene directa y mayormente a la industria del automóvil principalmente europea (que como sabemos no fabricamos ni los espejos retrovisores), a la banca europea con los intereses de los préstamos y a los concesionarios que se reparten por las islas como hormigueros y que, al final de todo el coste, se quedan con míseros márgenes que se justifican con las altas ventas de vehículos. Y esto lo soporta el pueblo canario con los sueldos más bajos del Estado8. Ojalá todo el coste fuese el de la venta del vehículo. A esto las familias tienen que sumar los costes de los intereses de los préstamos, los impuestos de matriculación y municipales, el combustible, las revisiones, las reparaciones, los cambios de neumáticos y por si fuera poco las zonas azules. Esto último es un caso sangrante en ciudades como Las Palmas de Gran Canaria, donde desde los diferentes consistorios de distinto color político han actuado, como modus operandi, minando absolutamente toda la ciudad de zonas azules porque no caben más coches. Y eso sin haber puesto alternativas eficientes, baratas, viables y atractivas para la población después de décadas de políticas de movilidad dirigidas hacia el transporte privado y no público. Lo raro no es que hagan esto, lo más raro es que la población haya dejado hacer de esta manera tan deshonesta a los diferentes grupos de Gobierno del ayuntamiento capitalino, máxime cuando algunos en época pre-electoral se quejaban de su expansión, su finalidad recaudatoria y la desatención a las reivindicaciones vecinales y sociales de la ciudad9.

Siguiendo con eso, pregúntese usted, lector de este portal: ¿Cuánto se gasta usted anualmente, sumando todos los costes, sólo para poder moverse? ¿Y sus vecinos? ¿Cuánto cobra? ¿Qué porcentaje de su renta tiene que dedicar a algo que debería ofrecerle de forma imperativa la administración pública de forma barata? ¿Cuánto dinero le queda para el alquiler o el pago de la hipoteca? ¿Y qué come usted y sus hijos? Como decía una frase de esas que se viralizan en internet: “Me sobra la mitad del mes al final del sueldo”. No en vano Canarias es uno de los países del Estado en donde peor comen sus habitantes y con mayores problemas de salud debido a estos hábitos obligados. Si no me creen vean el vídeo del doctor Benito Maceira que podrán encontrar aquí debajo. Normal que alimentemos a nuestra prole con lo más barato que haya en el supermercado –no nos da para alimentos frescos- si tenemos la cesta de la compra más cara con diferencia con respecto a nuestros sueldos, si para poder conseguir el dinero para alimentar a los nuestros, aparte de la explotación laboral que sufrimos con bajísimos sueldos, tenemos que gastar en muchos casos un tercio e incluso más para ir hasta el centro de trabajo.

(Continuarà)

[Imatge: autopista a Tenerife; datuopinion.com]

De veritat és preferible un mal acord a un bon plet? (Procés constituent, i IV)

[Concloem la sèrie d’articles de Jorge Stratós sobre un procés constituent canari, publicats al setmanari digital canari Tamaimos]

Preferencias irracionales. La indefinición cultural canaria podría expresarse a partir del añejo refrán “Más vale un mal arreglo que un buen pleito”. Me lo decía hace no mucho un joven amigo (Edmundo Ventura se llama). Opinaba, con razón, que es un dicho profundamente interiorizado en las Islas, que solo se usa por corrección política y por conservadurismo, por calculada ambigüedad y por miedo… En el fondo —me decía con coraje— es un lema que arrastra una torpeza suicida, porque la actitud de consentir malos acuerdos no se pueda sostener a lo largo del tiempo, más allá de que sea inevitable en algunos momentos. Así es, no puedo estar más de acuerdo.

Los “malos arreglos” —tanto como los “malos pleitos”, claro está— traen de suyo consecuencias muy negativas de largo recorrido. La componenda de un sistema electoral cuya base sea continuar con la desproporción existente es un ejemplo de mal arreglo apoyado por la mayoría parlamentaria canaria*. La bronca entre elites insularistas para garantizarse prebendas es un ejemplo de mal pleito impulsado por poderes fácticos divisionistas. Ambos casos ilustran bien lo que siempre serán pactos desventajosos y pugnas dañinas, preferencias irracionales donde las haya.

En las Islas los malos arreglos están destinados —no nos engañemos— a bloquear la posibilidad del proceso constituyente e instituyente de la imprescindible soberanía democrática canaria. Están destinados al conformista y sumiso mantenimiento del statu quo impuesto por el bloque de poder hegemónico, esto es, están orientados a que —a cambio de unas pocas migajas y algunos platos de lentejas— no se pueda decidir en democracia, con cultura y libertad, según el interés del bienestar para las mayorías sociales isleñas.

La maldición de los malos arreglos. De ninguna manera dice verdad aquel refrán reaccionario que afirma que “no hay mal que por bien no venga”. Y tampoco su variante retrógrada que cree que “cuanto peor, mejor”. Lo malo es malo por definición (igual que lo peor es peor por lo mismo) y no hay dialéctica seudohegeliana que pueda “arreglar” que lo malo se convierta en bueno y lo peor en mejor. Estamos en plena ideología de la resignación, al estilo de esas insensatas bienaventuranzas que prometen toda clase de bienes a los que lloran, a los que pasan hambre y son pobres, a los que son perseguidos e injuriados, dicho sea al estilo de Lucas el Evangelista (que fue discípulo de Pablo de Tarso, mi “santo” preferido, no es por nada).

La injuria y la persecución, la pobreza y el hambre son males incuestionables que no se pueden convertir por arte de magia (humana o divina) en bienes, en “panes y peces”, por ejemplo. Así, la persona o el pueblo que libremente prefiere arreglos desventajosos, por costumbre o por cobardía, está poniendo su vida entera proa al marisco. De nada sirven los adormecedores cantos de sirenas, las falsas promesas políticas de los nuevos escribas conservadores y también progresistas, que presentan los malos arreglos como importantes avances. Saben que buscan objetivos —como los de la mal llamada “agenda canaria”— que resultan insuficientes e inocuos, máxime cuando los presentan como claves para “los próximos treinta años” nada menos.

¡Tres décadas más sin derecho a decidir sobre nuestro modelo de sociedad, de economía, de cultura y de territorio; sin un concierto económico fiscal y una hacienda propia; sin unas instituciones más democráticas, más pluralistas, más participativas; sin una ley electoral justa; sin unas prestaciones laborales, educativas y sanitarias adecuadas (sobre todo para la infancia, los jóvenes, los mayores y los dependientes)! En definitiva, otros treinta años sin soberanía democrática nacional ciudadana. Con esa irracional preferencia los portavoces de la insignificancia, con todos los instrumentos del poder a su disposición, están apostando por convertir a quienes les escuchan en seres dóciles y sumisos, dependientes y colonizados para el resto de sus vidas. Y fingen no saberlo.

El valor de los buenos pleitos. La pretensión de que sea preferible un “mal arreglo” antes que un “buen pleito” se convierte de esta manera en el colmo de la irracionalidad, que es el presupuesto básico de la interiorización de toda esclavitud, mental y física. De una parte, aceptar malos arreglos implica claudicar, asumir que la condición canaria está condenada a partir siempre en desventaja hacia un destino de injusticia. Pero de otra parte, rechazar buenos pleitos —que es la síntesis de la historia de Canarias resumida en tres palabras— conlleva el considerarse de entrada derrotados, tirando la toalla desde el primer momento, de modo que parezca que de nada sirve plantar cara y rebelarse.

Me gustaría que el lector y la lectora pensase por un instante en el antes y el después de la vida de esos mayores en lucha por sus pensiones y esas mujeres en lucha por sus demandas que, en un momento dado, después de la discriminación y humillación de toda una vida esforzada, han decidido reivindicar con dignidad sus pisoteados derechos. Pregunto: ¿se equivocan, acaso? ¿Deben volver a sus hogares, a rumiar sus penas con amargura? ¿O, al contrario, deben mantenerse a cualquier precio en el pleito por la dignidad? La respuesta parece obvia. Pero no lo es, sin embargo, para aquellos mansos a los que se promete (Mateo 5:5) que poseerán la tierra, en otro ejemplo bíblico de confluencia en las mentalidades mainstream del tradicionalismo religioso con el conformismo político.

No obstante, la preferencia por los “buenos pleitos” resulta ser una elección sensata y racional desde el punto de vista individual. Y una elección razonable y equitativa desde el punto de vista societal. Una opción de un gran valor poli(é)tico, no me cabe duda alguna. Un valor de justicia y de legitimidad, un valor de democratización y de autodeterminación de las personas y las comunidades. Porque un buen pleito no es más que una lucha (moral) obligada que se basa en una demanda (política) necesaria porque denuncia una situación (social) injusta. Por todo esto, el gran pleito que tenemos pendiente es precisamente el de la apertura contra viento y marea de un proceso constituyente democrático que reconozca la soberanía nacional a la ciudadanía canaria, su capacidad de decidir en todos los órdenes de la vida..

Para terminar sin acabar. Se trata de rebelarse hoy ante la injusticia terrenal, dejando al margen la promisoria justicia divina del mañana. Rebelarse contra los que se erigen en guardianes de esta oligárquica “jaula de hierro”, contra esos que protegen los privilegios de la minoría de poder y deciden en las instituciones siempre a favor de esa casta, contra aquellos que encubren sus engaños a la vez que les halagan… Planteémonos la siguiente cuestión: ¿por qué debemos apoyar sine die un statu quo de desigualdad e inequidad? ¿Por qué hemos de defender un modelo de sociedad que —por ejemplo— mantiene a una cuarta parte de la población sin ingresos suficientes para vivir más allá de un mes, con más del cuarenta por ciento de las personas en situación de pobreza, con el abandono sistemático de las personas dependientes? ¿Por qué, después de casi cuarenta años de régimen unionista autonómico?

Al término de esta serie de artículos sobre Canarias (que más pronto que tarde verán la luz como libro) queda abierta la cuestión de cómo avanzar desde lo inmediato hacia la articulación de un bloque de poder contrahegemónico y decolonial. Una Canarias democrática, pluralista e inclusiva habrá de contemplar la diversidad sociopoli(é)tica como normal, tanto en las esferas en movimiento del poder como en las de la ideología y la identidad. Y a partir de este supuesto, luchar por el “buen pleito” constituyente de convertir en hegemónico a un canarismo soberano y democrático que hoy no existe. Que desde el ejercicio del derecho a la autodeterminación no excluya ni al unionismo autonomista, ni al separacionismo independentista, y tampoco a cualesquiera otras formas histórico-políticas que la nación ciudadana canaria decida darse para sí, en “buenos arreglos” con los poderes intra e interestatales.

Tal vez haya otra ocasión para abordar esta compleja cuestión —la cuestión de cómo construir el núcleo hegemónico del imprescindible tercer relato de una Canarias menos dependiente e injusta— a partir de sus metafóricas y conceptuales coordenadas espaciales, es decir, desde la abscisa de la ideología (con su bipolaridad discursiva izquierda-derecha), desde la ordenada del poder (con su bipolaridad disposicional los de arriba-los de abajo) y desde la cota de la identidad (con su bipolaridad territorial islas-archipiélago), todo ello junto a la unidimensional coordenada temporal, esto es, desde la dimensión del movimiento (con su doble bipolaridad ahora-antes y ahora-después). Pero esto quedará para otro momento.

* En diferentes ocasiones he planteado que se defienda un sistema electoral menos injusto que el que proponen los partidos parlamentarios de Canarias. ¿Por qué no una circunscripción nacional que alcance al cincuenta por ciento de la Cámara canaria? ¿Por qué no una cuádruple paridad (por ejemplo, 30 o 35 diputados más otros 30 o 35 a distribuir entre Islas), con la flexibilidad y las correcciones que se hagan convenientes?