La movilitat a Canàries (i 2)

[Segona i darrera part de l’article ‘La mobilidad en Canarias: un tema pendiente’ publicat a Tamaimos, Semanario Crítico Canario]

Alternativas

Ejemplos del uso excesivo de transporte privado hay a montones, desde las islas de La Palma y Lanzarote, con 856,2 y 851,1 vehículos por cada 1000 habitantes respectivamente, siendo las que mayor porcentaje tienen de toda Canarias. Caso curioso es el de Lanzarote, que siendo una isla relativamente fácil de conectar en términos de movilidad, ya que su actividad económica se basa en las zonas turísticas de Teguise, Tías y Yaiza por un lado, y la labor administrativa e ‘industrial’ de Arrecife por otro, con dos o tres carreteras principales y un servicio de transporte público, que si bien podría servir con facilidad a los habitantes de la isla y a los turistas, tienen un servicio de líneas regulares de transporte público que podríamos calificar, de forma buenista, de una tremenda vergüenza sin ningún tipo de justificación. Obligando a la gente a comprar vehículo privado cuando su capital es de los municipios MÁS POBRES de nuestro país10. Una de las mayores empresas tanto de alquiler de coches como de venta de vehículos en Canarias es de Lanzarote. Quizá viene por ahí la motivación de esta situación.

Tenerife tiene una cuestión más compleja, ya que aunque en las dos mayores ciudades de la isla se han ido implantando métodos alternativos de transporte –a través del tranvía- lo cierto es que sólo un tercio de la población de la isla vive en ambos municipios, mientras que la zona norte tiene un número importantísimo de población y su zona turística principal, y muy grande cuantitativamente, está en el sur de la isla. Si pretenden introducir métodos de transporte público masivos tendrán que replantearse si dan primacía al servicio de los turistas –que se concentran mayoritariamente en el sur- o a los trabajadores, que se concentran en el norte de la isla. Está claro que los problemas de la TF-5 no se van a solucionar con más carriles, como proponen los lobbys de la construcción –como es lógico, defendiendo el bisnes propio- ya que su problema principal está en la entrada de La Laguna con la rotonda del Padre Anchieta y a menos que se destruya parte de la ciudad –Patrimonio de la Humanidad, recordemos- para la construcción de más carriles y aparcamientos dentro de la misma, la solución a corto plazo debe pasar por la implantación de un carril exclusivo para guaguas y frecuencias suficientes a precios muy baratos desde los diferentes municipios del norte de la isla para la entrada de esa gran masa de trabajadores y estudiantes a La Laguna, Santa Cruz o la autopista del sur. De todos modos hay que poner en valor los últimos esfuerzos del Cabildo Insular de reconducir la situación con diferentes fórmulas, aunque con varias décadas de retraso vistos los resultados.

Gran Canaria tiene una situación mucho más sencilla y que desarrollaremos en otro artículo. Para empezar, la gran mayoría de su población vive en el corredor que va desde el Polígono Industrial de El Sebadal y El Puerto de La Luz a las zonas turísticas de San Bartolomé de Tirajana y Mogán (fácilmente 700.000 habitantes), donde no sólo se concentra uno de los mayores centros turísticos mundiales, sino que también se sitúan la gran mayoría de las zonas comerciales e industriales, amén del Aeropuerto y el Puerto de Arinaga –con el mayor polígono industrial de Canarias-, lo que obliga ya al inicio de las obras del tren –que repetimos, desarrollaremos en otro artículo-. También tendrá sus críticas, como llevar el tren al casco de Telde, pero esos argumentos vendrán más tarde junto con los costes. También habrá una propuesta de estructuración del transporte público en Las Palmas, pero todo a su tiempo.

La sostenibilidad del modelo en Canarias

Este debería ser siempre el argumento principal para cualquier análisis que se haga en Canarias, en todos y cada uno de los campos, aunque entendemos que a la población le interesa más el bolsillo que la sostenibilidad de nuestro sistema económico ya que, como es lógico, si no tenemos casi para comer poco nos va a interesar si el sistema es sostenible o no. Pero hay que cambiar también esa perspectiva y pensar un poco de una forma más amplia y holística, ya que si no estaremos continuamente pensando en los problemas coyunturales –solución de los atascos en la TF-5, cómo ir de mi casa al trabajo cuando la guagua pasa una vez cada hora o cuestiones de simple supervivencia como qué le vamos a dar de comer a nuestros hijos mañana- dejando los problemas estructurales en un segundo plano que son al final, si los cambiamos a mejor, los que nos van a permitir vivir a nosotros y a nuestros hijos de una mejor manera a medio y largo plazo.

Ya sabemos que somos dependientes en múltiples campos y eso no lo niega nadie, pero esa dependencia impuesta no debe ser óbice para reflexionar sobre ello, que es lo que proponen y fomentan los que se forran con la situación actual de las cosas, no pensar en nuestros problemas para solucionarlos, y buscar por nosotros mismos la manera de ser lo menos dependientes posible del exterior y así tener mayores cotas de soberanía que nos permitan tomar decisiones propias para poder vivir lo mejor posible dentro de nuestras posibilidades.

Sólo parándonos a reflexionar nos daremos cuenta que este desarrollismo sin sentido destruye nuestro país con la dependencia que impone; a nuestros paisajes con la destrucción territorial que supone la nueva construcción de carreteras y que sostiene al lobby constructor –para muestra la nueva GC3, que a su paso por Tenoya, en donde no se les ha ocurrido otra cosa que horadar todo un lomo de hasta 30 metros de altura, en lugar de hacer un túnel que no impactara tanto en el territorio (¿Dónde van a utilizar todo ese desmonte, en el Macromuelle de Agaete para continuar la rueda?)-; a nuestra economía familiar obligándonos a la compra de vehículos privados al no tener alternativas de movilidad; y, finalmente, con la salud de nuestra gente debido a la contaminación que a diario emitimos a sabiendas que se pueden buscar formas alternativas mucho menos agresivas para con nuestro medio, un medio como sabemos único en el mundo y que es imperativo cuidar entre todos. No dejemos más que los que han destrozado nuestro pasado obligándonos a emigrar de nuestra tierra cuando nos moríamos de hambre nos destrocen también el futuro, un futuro verde esperanza que traen nuestros jóvenes muy bien formados ávidos de pensar la forma de mejorar su país para que nunca más tengamos que huir por la cerrazón, la ignorancia y la soberbia de los que manejan nuestros destinos de la manera más irresponsable posible.

Busquemos otras formas de desarrollo menos dependientes y más soberanas que prime los intereses de los canarios como pueblo y no de los especuladores tanto externos como internos. El pueblo tiene patria aunque muchos digan que no, los que no la tienen son estos especuladores ya que su único pensamiento y patria es el de amasar cada vez más dinero –el que le devolvemos nosotros después de la miseria que nos pagan- y poder, a través de explotar a nuestra clase obrera a límites inhumanos mientras nos echa a pelear por las migajas, de mantener nuestra economía cautiva sin alternativas eficientes en campos como el transporte público o sin el desarrollo que debería estar teniendo las renovables en nuestro territorio, que tiene la posibilidad del desarrollo en todas y cada una de las energías renovables existentes.
Vayamos a ello, construyamos nuestro futuro de una vez dejando de lado estas rémoras caducas y del pasado. Construyamos como hacían nuestros mayores los bancales en nuestras inmensas laderas que daban vida piedra a piedra. Dejémonos de derrotismo y empecemos a pensar que las cosas sí pueden cambiar. ¿Nos vamos a conformar con la alternativa que nos ofrecen de pedir migajas, como la subvención del 75% en vuelos, para ver a nuestros hijos en su exilio español en lugar de estar aquí construyendo para el bienestar de todos?

Reflexionemos, canarias y canarios, que podemos con la inteligencia de todas y todos, sólo tenemos que quitarnos los complejos y pensar en cómo mejorar las cosas sin que otros nos dicten lo que debemos o no hacer. Como hasta hace poco nos hacían los caciques, que hasta nos humillaban obligándonos a llamarles amos.

[Primera part de l’article publicada el 22 de setembre; imatge: recreació del tren a Gran Canària, en projecte; eldiario.es]

 

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