El problema no és l’ocupació

Extracte de La crisis que viene, del col·lectiu Observatorio Metropolitano, editat sota llicència creative commons per Traficantes de sueños:

“(…) Por empezar: el problema no es el empleo. El problema no es cómo generar un mayor número de empleos de mierda, mal pagados y cada vez más cercanos a condiciones de subordinación y explotación decimonónicas. El problema es que el empleo sea, en última instancia, el único medio de obtención de renta legítimo para la inmensa mayoría. Los juegos del capitalismo popular, el keynesianismo inmobiliario español, lo que hemos llamado «financiarización» de las economías domésticas, la propensión a acudir al endeudamiento como medio temporal y perentorio de acceder al consumo y a la vivienda han funcionado como cantos de sirena y promesas de evasión del destino fijado en todo cuerpo proletario: «Vive de tu trabajo, aun cuando éste no te pertenezca ni tengas control sobre lo que produzcas». Esta compleja ingeniería financiera generó una alternativa peligrosa y tramposa que durante unas pocas décadas permitió soslayar, de forma muy parcial, la precarización del empleo y el deterioro de los derechos sociales.

Una vez, no obstante, que todas las ficciones de la democracia financiera se han hecho añicos, desvaneciéndose en la niebla de la crisis y dejando sólo una vulnerabilidad acrecentada para la inmensa mayoría, la única pregunta que parece pertinente, es la de ¿por qué hay que aceptar que el empleo sea el único medio de acceso a la renta? Y al mismo tiempo ¿por qué hay que aceptar la pretensión de las finanzas de que los títulos de propiedad y el dinero sean la forma de acceso a la Riqueza (en mayúscula), cuando esto sólo redunda en su concentración en un puñado de agentes económicos, que además realizan poca o ninguna función productiva? ¿Por qué, en definitiva, debemos someternos a la esclavitud de un trabajo depauperado y precarizado, y al mismo tiempo al gobierno improductivo de los rentistas financieros? Ante estas preguntas, la insistencia socialdemócrata en el empleo es sencillamente una mala respuesta. La solución a la ecuación debería situarse en el mismo lado que la sitúan las elites económicas de todos los países: en el lado de la riqueza, no en el del empleo.

Por decirlo de otra forma, si se quiere seguir siendo fieles al viejo adagio socialista de a «cada cual según su trabajo» (por estrecho que éste sea) habrá que desprenderse al menos de la identificación entre trabajo y empleo, y reconocer que el trabajo socialmente útil no corresponde ni de lejos con lo que habitualmente llamamos empleo. La nueva economía moral debería apuntar directamente sobre el reparto de la riqueza. Y para ello es necesario admitir: (1) que la riqueza presente es mayor que en cualquier otra época histórica; (2) que ésta se distribuye no según criterios de mérito laboral, sino de acuerdo con la capacidad de apropiación financiera de determinados agentes económicos; (3) que el trabajo asalariado parece condenado cada vez más a quedarse con las migajas o los restos de la voracidad financiera; y (4) que una parte sustancial del trabajo socialmente útil no tiene reconocimiento económico de ninguna clase. (…)”

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