Josepmiquel Servià: NOTES I POEMES D’UN OUTSIDER

Recull de textos i audiovisuals propis o aliens

15 de març de 2012
General
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TERESA PÀMIES 1975: UNA BELLA I SIGNIFICATIVA ENTREVISTA


TERESA PÀMIES 1975: 

UNA BELLA I SIGNIFICATIVA ENTREVISTA

El meu primer llibre, amics i amigues, no em van permetre publicar-lo en català, la llengua en el qual havia estat escrit. Era l’any 1975. Un tal senyor Brabadillo, des de l’arbitrarietat del seu despatx madrileny de censor franquista —dos anys més tard es deuria fer, com tants altres! “demòcrata de tota la vida”— li va dir al meu editor: Martinez Roca: Esto en catalán, ni hablar! En canvi, van permetre que, d’entrada —sempre tenien la possibilitat posterior de segrestar-lo— que fos publicat en castellà. ”Porqué una cosa es —argumentà enfaticament l’home— decir Viva Cataluña libre y otra muy distinta decir ”Visca Catalunya lliure”, que me conozco el percal!”. Tant l’editor com jo varem convenir que sens dubte, en aquelles circumstàncies, era més important el missatge catalanista i prodemòcrata que transmetia el llibre a través de vint-i-sis entrevistes-retrat amb catalans de diverses generacions i ideologies– que no la llengua en la que aquell missatge podia ser transmès, i vam optar per traduir-lo. corrents i de pressa. al castellà abans que no penedissin del “permís” donat. Malauradament, l’original català s’ha perdut.

Doncs bé, una d’aquestes vint-i-sis persones —totes elles d’un important gruix creatiu, intel·lectual, polític o religiós— era Teresa Pàmies, aleshores una impetuosa dona balaguerina, arribada feia tot just tres anys d’un llarg i difícil exili i que havia guanyat, en autoria compartida amb el seu pare, exiliat també, el premi Sant Jordi de novel·la catalana.

Abans de començar la meva llarga i cordial entrevista amb ella Teresa Pàmies que em demanà —recordo— malgrat el que molts ja sabíem, que no es parlés en cap moment de l’entrevista de la identitat del seu marit i pare dels seus dos darrers fills; entre ells l’admirat Sergi Pàmies— Era l’important dirigent comunista Gregorio Lopez Raimundo, aleshores encara en una activa i punyent clandestinitat, i al qual Raimon dedicaria un dia una de les seves més belles i merescudes cançons.  

Em consta que tant l’ entrevista amb ella —que avui pel seu interès polític i humà, em plau adjuntar-vos— com el llibre en general (que, personalment, em comportà alguns insults i amenaces per part d’una coneguda revista integrista de l’època) varen complaure molt a Teresa Pàmies, la qual, cada vegada que, ja en temps de normalitat democràtica, ens trobàvem en algun acte cultural o social, no s’estava de dir-me “has de tornar a fer un llibre de converses com aquell”. 

—Admirada Teresa! De llibres, després d’aquell n´he publicat ja uns quants, per bé d’un caire força diferent. Ben sovint, però, t’asseguro que he pensat en tornar-ne a fer un “com aquell”, bastit ara amb el material humà de les “tres generacions” que composen la Catalunya del present. I fins havia pensat —t’ho ben juro!—en encapçalar amb tu la llista de la generació dels més grans. O en demanar-te que me’n fessis el pròleg. Ja no podrà ser. 

Et prometo, però, Teresa, que si un dia arribo a confegir un llibre “com aquell”, el dedicaré a la teva memòria, en un doble i ben sincer homenatge: a la magnfíca escriptora, que tant ha fet per les nostres lletres, i a l’esforçada lluitadora que en tot moment has estat.  Gràcies!

*   A)  Entrevista completa

**  B)  Entrevista extractada per temes

  CATALUNYA, 3 GENERACIONS: TERESA PÀMIES 

                                                                                                                                            … D’altres conegueren l’exili i els sus camins.                                                                                                                                                                                            
RAIMON 

Pocas vidas como la de esta simpatiquísima mujer llamada Teresa Pàmies se habrán visto más condicionadas por una circunstancia familiar concreta. Cabe preguntarse al respecto qué hubiera sido de la personalidad de esta conocida escritora catalana de no haber sido hija del vehemente líder comunista de Balaguer. 

Su vida acaso hubiera abrazado derroteros mucho más tradicionales. Hubiera sido, sin duda, más cómoda y más feliz, en el estúpido sentido que a la “felicidad” le da el mundo convencional—burgués, pero hubiera adolecido seguramente de la plenitud y de la dignidad que a través de cincuenta y cinco tensos años ha alcanzado. 

Nace Teresa Pàmies Bertrán en Balaguer, municipio cercano a Lleida, entre la Plaça del Pou y la Plaça de Sant Salvador, dos años despues de estallar en Rusia “la gran revolución”. 

Tomas Pàmies, su padre, ha sido en el pueblo uno de los primeros en celebrarlaa. Conspirador, revolucionario a carta cabal, preso político de continuo, por «Can Pàmies» de Balaguer pasan casi todos los líderes obreristas de la época, unas veces para realizar mítines, otras para esconderse. 

Tomas Pàmies ha sido uno de los fundadores del BLOC (Bloc obrer y camperol), y preside, en el momento en que Teresa viene al mundo, el Grupo de Amigos de la Unión Soviética, de Balaguer. 

[…] Mi padre fué un ejemplo para todos nosotros. Era una persona muy curiosa a la que no le gustaban los cargos públicos, y, en cambio, sí la lucha. Había gente que pensaba incluso que estaba «pagado» por alguien porque no había llegado nunca a cargos importantes ni a ningún comité central. Era una persona muy sólida, humana y políticamente. Y además muy original. ¡Todo un personaje! Las vecinas le decían a mi madre: Amb el teu marit no posaras mai carn a l’olla (con tu marido no tendrás nunca carne en el puchero), pero incluso esto para un niño constituía una satisfacción. 

Mi madre debió de sufrir lo suyo, pero no se le notaba nunca, porque quería mucho a mi padre. Además, esas cosas no las ven los niños, sobre todo cuando se admira al padre, como lo admiraba yo. 

Los estudios de primera enseñanza le serán dados a Teresa Pàmies en la Escuela Comunal de Balaguer. Es una niña enormemente traviesa, a la que castigan cada dos por tres. Quizá por ello sus padres deciden que aprenda el oficio de modista. Tomas Pàmies lleva siempre a su hija a cuantos mítines da a lo largo de la geografía leridana; la hace subir sobre la mesa de un café y desde allí recitar unas poesías políticas, importadas de Argentina, del calibre literario de la que sigue: 

¡Salve Rusia de sol refulgente! 

Baña al mundo en tus bellos fulgores 

y germina con tus resplandores 

Ideales de Santa Igualdad! 

Tal es el grado de romanticismo que suele distinguir los planteamientos revolucionarios de la época y Teresa Pàmies los recita y recita y no se cansa de recitar, y cose, y cose y no se cansa de coser. 

Recita hasta un día en que, ya mujer, es sustituida en tal cometido por su hermano menor, y cose y cose hasta que, a punto de ser oficiala primera de modistería, estalla la guerra civil del año 36. Entonces la modista Teresa Pàmies se convierte en capitana: 

[…] Sí, a principios del 37 asistí a una conferencia de estas que llamábamos «nacionales». Me quedé en Barcelona porque los chicos se iban todos al frente, y, de grado o por la fuerza, teníamos que ocupar sus puestos. Fue por ello que me vi promovida, por decido de algún modo, a la dirección de las Juventudes Socialistas Unificadas. Entonces, hacer la guerra desde un sitio de dirección como éste, que era una de las organizaciones más defendidas por la República, era algo así como ser un Capitán. Mi misión consistía principalmente en organizar el esfuerzo de las chicas para ayudar a los soldados y para mantener la moral de la retaguardia. 

[…] Es evidente que nuestra ambición era ir mucho más allá de la República del 31, a la que considerábamos una República de matiz liberal-burgués, aunque curiosamente se autollamara «República de Trabajadores de todas clases». Nosotros pensábamos en otra cosa, en una cosa que quizá no estaba bien definida. Ahora bien, de lo que se trataba era de ganar la guerra. Planteamos el carácter que tendría el régimen que saldría de nuestra victoria no era entonces una cuestión excesivamente importante. 

[…] Bueno, yo creo que si hubo un fallo importante de nuestra parte fue la desunión. Hubo una gran desunión en el campo republicano. No hay que olvidar empero que el contexto mundial nos era adverso. Todo ello facilitó enormemente el camino de la derecha, la cual sí estaba muy unida. La respuesta que en principio dimos los republicanos al 18 de Julio fue una respuesta de unidad, pero esta unidad se fue degradando paulatinamente y ello constituyó, creo, el fallo principal de nuestras filas. Esta desunión tuvo evidentes repercusiones en la ineficacia de nuestro ejército, de nuestra industria de guerra, en la desmoralización de ciertas capas medias, las cuales al principio eran claramente republicanas, pero que ante la actitud de algunas fuerzas, se fueron replegando en banderías opuestas a la República. […] Bueno, cabe decir que el descontrol apareció durante la guerra, no antes, si bien hay que reconocer que anteriormente había un estado de tensión. Revisando documentos de la época —las mismas Actas del Congreso de Diputados—, uno recibe la impresión, de que si bien el diálogo entre derecha e izquierda en el Parlamento se había hecho feroz y belicista, no obstante, cuan— do estalló la guerra, no se habían agotado todavía las posibilidades de diálogo” de un diálogo incluso, yo diría, más sereno. […] Sí. Yo creo que la conflagración que ensangrentó al Estado español podía haberse evitado. Nunca debió de llegarse a las armas. […] Si una culpa tuvo la izquierda fue quizás un exceso de fe, de triunfalismo, justificado en parte, por el exitoso resutado de las elecciones del 16 de febrero, que habían sido una victoria auténticamente aplastante. […] Yo creo que los mismos que se sublevaron contra el gobierno de la República, no tardaron mucho en darse cuenta de que aquello que habían hecho era una cosa muy grave. 

Y viene la derrota, y viene el exilio. Si hay un día particularmente triste en la vida de Teresa Pàmies es éste del 26 de enero de 1939, en que las tropas de ejército sublevado entran y ocupan Barcelona. Teresa precipitadamente ha de despedirse de su madre, a la que no volverá a ver jamás. 

[…] Mi madre era muy devota, pero de una forma sincera, de las que iban a misa a las 6 de la mañana, y no a las 11 para lucir la mantilla. No, yo no tuve nunca problemas religiosos porque mi padre era un menjacapellans (comecuras), y yo sentía una verdadera admiración por mi padre. También la tenía por mi madre, pero… No sé, a mí me parecía que esto de Dios … y la verdad es que no he tenido nunca problemas de ruptura religiosa. Yo lo que he necesitado alguna vez es creer en mí misma. Y creer si aquellas cosas que me pasaban era capaz o no de afrontadas yo sola. No le negaré que también he conocido momentos de pánico. Quizá si hubiera tenido fe religiosa me hubiera podido aferrar a Dios y rezar y ayudarme, pero jamás he tenido este apoyo. No lo he tenido ni he necesitado fingido, y le digo esto porque hay mucha gente que no lo tiene, pero finge tenerlo. Conozco gente que ha pasado unas crisis religiosas de miedo; algunos han necesitado inventar a Dios. Yo no. Ello no obsta para que sea una mujer enormemente sentimental, incluso muchos me lo echan en cara, porque me dicen que soy una revolucionaria sentimental y que si yo, en Checoslovaquia, por ejemplo, me he puesto al lado de Dubcek ha sido más por sentimentalismo que por otra cosa. Ahora bien, mi padre también decía que un revolucionario sin sentimiento no es un revolucionario. Él decía que lo primero que. tenía que ser un revolucionario era un buen hombre, o sea, saber sentir las desgracias de los otros, ser capaz de llorar, capaz de rabiar; la otra condición que él le ponía era ser trabajador. «Un obrero que en la fábrica donde trabaja es un gandul no hará nunca nada en el campo de la revolución», decía. Sí, yo soy muy sentimental. Yo no he escrito nunca un verso, pero los grandes poetas, los buenos poetas, me hacen llorar. Mi clase de sentimentalismo es ése. También cuando veo una manifestación de obreros lloro. Un desfile militar, en cambio, no me dice absolutamente nada. […] Mi código, o mis principios, son mi única religión. La militancia para la consecución de un mundo mejor es la única trascendencia en que creo. La persona que tiene que vivir para alguna cosa —hay gente que vive para la música, que no es una religión ni una ambición, sino un sentimiento—, sacrificará todos sus sentimientos personales y todo lo que quiera por esta devoción, por este demonio que lleva dentro. Ahora bien, la gente común y corriente, la gente que cada día tiene que ir a trabajar, que tiene un trabajo embrutecedor, y que después llega a casa, y su mujer no tiene una conversación interesante, o viceversa, la mujer que tiene un marido que no pesca ni una, esa gente a lo mejor viven a gusto con las cosas más sencillas, más peregrinas y más insignificantes … Yo no me meto en ello. Pero cada individuo llega algún día a preguntarse, ¿qué tengo que hacer de mi vida? Y a mí me han ayudado mucho a hacerme esta pregunta, desde pequeña, porque cuando veía a mi padre defenderse de todos aquellos que le acusaban de sacrificar a la familia, que le acusaban de que su mujer tenía que ir a lavar para los otros, porque él siempre estaba en la cárcel, yo me planteaba qué tenía que hacer un hombre en la vida. Después hubo una guerra civil que nos hizo preguntar a cada uno: ¿qué hago?, ¿qué hay que hacer? y tuvimos que responder decidida, inmediata, radicalmente. Pero eso ya es otra cuestión. En fin, yo creo que hay mucha gente que, empleando un lenguaje de Castilla del Pino, se realiza en la militancia. 

Cuando huyen de Catalunya a su paso por Vallcarca, se encuentran en plena carretera con un nutrido ejército de heridos y lisiados procedentes del hospital de dicha población, los cuales intentan subir a los camiones que trasladan a los fugitivos, alegando tener, dada su condición, mayor derecho. Los camiones, empero, continúan su camino. Esta escena marcará profundamente a Teresa Pàmies. Un horror más entre los innúmeros horrores de una derrota y una victoria militar. Y comienza en este mismo día el exilio, un exilio que habrá de hacerse, entre el dolor y la esperanza, triste, duro, largo. Treinta y dos años nada menos 

Mi padre, afortunadamente para mí, y quizá también para él, era un combatiente, un verdadero combatiente. Un hombre plenamente consciente de su misión de lucha es un hombre que no inspira nunca ni piedad, ni remordimiento; un hombre así sólo puede inspirar admiración. Recuerdo que cuando lo visité en el Hospital de Cervera, en el cual se curaba, hinchados los pies y enfermo todo él, tras haber pasado el Segre en misión de sondeo, de información de la parte contraria, cuando yo le veía con aquellos pies hinchados pero con aquella moral tan y tan alta no podía causarme más que una gran admiración, y naturalmente me inyectaba una fuerza considerable. […] No. Mi padre estaba destinado a un batallón de ametralladoras que se formó cuando los últimos, desesperados días; él era voluntario, porque ya no tenía la edad. […] Sí. Comenzaba ya a prepararse la evacuación. Desde que se perdió Barcelona comenzamos a preparar la evacuación. No había ya prácticamente ninguna esperanza, pero el hecho !le que allí donde llegábamos nos organizáramos era una manera de no abandonado todo. […] Sí, los hombres que organizaron la retirada, pero que siguieron luchando, sabían que lo habían perdido todo. Nosotros, quizá porque éramos más jóvenes y teníamos otra manera de abordar la guerra, no lo veíamos así, pero hombres como Companys, como Negrín, como el gobierno de la Generalitat y el de la República, que estaban reunidos en Figueres, ésos sí lo sabían. Yo creo que ellos se daban perfecta cuenta de que estaban perdidos. Por ello yo considero que la historia les tendrá que reconocer que aquella obstinación en defenderse, en defenderse con los dientes, ciudad por ciudad, aquella inalterable voluntad de resistir, no sólo constituye una actitud muy humana, muy viril y muy valiente, sino que era la única actitud que permitía al pueblo, a un pueblo que no estaba en el secreto de los dioses, aceptar aquella derrota con dignidad. Imaginemos lo que habría pasado si a los primeros indicios de derrota en Barcelona el gobierno de la República, y el de la Generalitat, se hubieran trasladado inmediatamente a Francia diciendo: arreglaros como podáis. Esto hubiera sido un hecho vergonzoso. Pero no, ellos no lo hicieron así, ellos se fueron organizando, ellos prescindieron de su pesimismo y organizaron los «bunkers», unos pobres «bunkers», ciertamente, pero lo hicieron de una manera que yo estimo la única digna. Estoy segura que esos grandes hombres que se veían obligados a replegarse no estarían precisamente muy alegres, sobre todo teniendo dentro la amargura del secreto, de un triste secreto que no podían ni querían divulgar. 

[…] No, no podían actuar distintamente, ni podían defraudar a un pueblo que había luchado durante más de 32 dramáticos meses. Yo creo que esto en la Historia de España es algo que contará. Cuantos vivimos esta resistencia fuimos honestos. Me parece que nadie puede decir que lo hicimos por ambiciones personales, porque salimos pobres y pobres hemos vuelto, pero yo creo que a esos 32 meses nadie los podrá ya borrar de la historia de nuestros pueblos. 

[ … 1 ¿Tarradellas? Bien. Me merece un gran respeto como persona, como republicano, como hombre de Catalunya que ha sabido poseer una tenacidad asombrosa, en defensa de sus ideales y de los de Catalunya, pero yo considero personalmente que lo que hoy él representa en el exilio ya no corresponde a lo que Catalunya necesita, a lo que Catalunya es. Hecha esta precisión no niego ni a Tarradellas ni a ningún catalán, el derecho a dar su opinión sobre lo que conviene a Catalunya y sobre la política de Catalunya. Todos sabemos que él, por más membrete de «President de la Generalitat» que use en sus cartas, ya no es de hecho «president». Desgraciadamente, hace ya muchos años que no hay presidente de la Generalitat. Ahora bien, por otro lado también sería muy triste que, de golpe, lo que queda de aquella institución, que fue elegida democráticamente por los catalanes, un buen día fuese abandonada sin más explicación. Yo creo que esa insistencia en no abandonar no perjudica a nada ni a nadie, aunque en el plano de la eficacia política sea algo a todas luces discutible. Como símbolo, no obstante, me parece válido. 

El exilio de Teresa Pàmies se caracterizará por un constante y forzado nomadismo. Tras pasar cierto tiempo concentrada en el campo de Magnachaval se escapa de éste y es detenida por in documentada, en 1940. Hecha prisionera un tiempo, es expulsada posteriormente del Estado francés. Unos amigos le consiguen visado para la República Dominicana, donde pasará una corta temporada; corta debido a que el señor TrujilIo y su incontable colección de hijos naturales se entretienen en hacer la vida imposible en la isla a todos los fugitivos del franquismo. Será entonces México la nación que no reconoce ni habrá de reconocer en el futuro al nuevo régimen implantado en el Estado español, quien acogerá hospitalariamente a una inmensa cantidad de refugiados. Entre ellos a Teresa Pàmies Bertrán. En 1946 le nace a Teresa Pàmies su primer hijo. Se llamará Tomas. Igual que el abuelo. 

Créame, amigo Servia; en la vida de una mujer es mucho más importante el nacimiento de un hijo que el propio casamiento. […] Mire usted, el primer hijo para una mujer —yo tenía veintisiete años cuando lo tuve—, me parece, puesto en una balanza, mucho más importante que el ligamen afectivo con un hombre. El primer hijo, o sea, el descubrimiento de la maternidad, es algo extraordinario. Después vienen los otros hijos, a todos los quieres igual, porque todos suponen un momento distinto de tu vida, ahora bien, el primer hijo es algo trascendental, incluso es una meta, un objetivo en la vida de toda mujer. A partir de este primer hijo, la vida de una mujer debe orientarse ya de otra manera completamente distinta. Esa vida tiene mucho más contenido. Una se siente mucho más madura, con un motivo más, un motivo muy importante para seguir adelante en la lucha del vivir. 

[…] Sí, yo soy partidaria del aborto. Estoy contentísima que en Francia recientemente se haya aprobado dicha ley. Mire usted, hay una gran hipocresía en esto del aborto. Se dice: ¡oh!, es que se trata de una vida … Pero yo creo que cuantos hablan así no han estado nunca en la piel de una mujer que se encuentra en el vientre a un hijo que no desea. Yo creo que antes de emitir cualquier opinión sobre el aborto, uno tendría que hacerse esta composición de lugar. Nadie, absolutamente nadie, puede obligar a una mujer a traer a un hijo al mundo, y ya no digamos cuando esa voluntad de no tener hijos está compartida por la pareja. Hablando en términos de vida, debe plantearse esta cuestión: hay miles de mujeres que mueren abortando, en tanto que el aborto legalizado permitiría la seguridad de muchas madres. Ahora bien, ¿es que todo el mundo debe poder abortar cuando quiera? Evidentemente, yo matizaría; no sé cuáles son las condiciones legales para el aborto en Francia, no las conozco aún, pero conozco las de Checoslovaquia. Allí está legalizado el aborto, si bien debe ser autorizado por una comisión de médicos. Es decir, cuando una mujer está embarazada, si quiere abortar no tiene más que acudir a la Policlínica que le corresponda —la medicina allí está socializada— o al médico de su lugar de trabajo, y hace una solicitud de aborto, rellena unos papeles y explica sus motivos. Los motivos pueden ser varios: entre ellos, la propia salud de la madre, las condiciones familiares … Por ejemplo, si una mujer tiene ya muchos hijos tiene una razón para abortar. Otro motivo puede ser las condiciones en que ha sido engendrado el futuro hijo, por ejemplo, si ha mediado violación, o incesto, y si este incesto naturalmente no ha sido querido, sino provocado, forzado. En fin, si se estiman existentes todos los requisitos que la ley dispone, esta mujer ingresa en clínica y se le hace el aborto con todas las reglas y la máxima seguridad. […] No. Yo no soy partidaria de plantear la cuestión del aborto en términos malthusianos, entre otras razones porque considero que en el año 2000 se habrá impuesto una distribución más justa de los bienes de la tierra que dará pan suficiente a todos los seres humanos. Mire usted, cuando yo defiendo el derecho de abortar, hablo en términos humanos, pensando en las mujeres, en la pareja … ¿Cuántas familias no son verdaderamente desgraciadas porque les ha nacido un hijo al que no quieren? Todo ello, ya le digo, al margen de otros importantes motivos socioeconómicos. Estimo que cada uno tiene derecho a organizarse la vida como quiera. Si en un país no existe una ley del aborto entonces, desgraciadamente, se recurre a toda una serie de procedimientos peligrosísimos, o bien a toda una magia de comadronas, pseudocomadronas, etc., cuando no a un tinglado de clínicas lujosas para que las mujeres ricas puedan abortar. Las ricas, ésas sí, ¡ésas pueden abortar! Se van a Suiza, se van a Londres, ¡y tan campantes! Siempre son las clases medias y las clases pobres las únicas perjudicadas. ¿Cuántas parejas no se han tenido que casar porque ella ha quedado embarazada? ¿Usted cree que es justo que una niña de dieciséis años y un chico de dieciocho que todavía no ha hecho el servicio militar se tengan que casar por este motivo? […] Sí, la Iglesia en los últimos años ha expresado su punto de vista al respecto. La posición de la Iglesia, que yo no comparto, es perfectamente coherente. Después de Juan XXIII la Iglesia ha dado muchos saltos adelante. Ahora ya se puede comer carne en viernes, ya se puede ir a misa el sábado para poder salir de excursión el domingo, en fin, se han ido dando una serie de concesiones; ahora bien, respecto al aborto, y a la natalidad en general, yo estimo que la Iglesia no puede ceder, y no puede porque se negaría a sí misma, negaría su papel en la tierra y su papel ante lo que ella llama «el pueblo de Dios». Yo estimo que la posición de negativa de la Iglesia al aborto es muy coherente. Cuando la Iglesia dice «no» al aborto es perfectamente consecuente con su doctrina. No creo que pueda hacer otra cosa. No se le pueden pedir peras al olmo. […] Los católicos sinceros tienen un gran conflicto con esto, la Iglesia les plantea un problema de conciencia, y este problema no pueden resolvérselo sino los propios católicos, ellos mismos, los afectados. Yo estoy convencida de que muchos católicos lo resuelven abortando. Muchos, no diré todos. Yo creo que a la hora de la verdad muchos se encomiendan a Dios y al santo de su mayor devoción, y a abortar se ha dicho. ¡Si pueden, claro! Posiblemente después harán penitencia, se comprarán un escapulario y lo llevarán durante dos años, pero el gran problema lo habrán resuelto, porque hay cosas en la vida que deben ser resueltas. […] Por fortuna, todos los hijos que tengo han sido plena— mente deseados por mí. 

Los años 45, 46, 47, son años de desesperada esperanza para los exiliados del Estado español. Los regímenes nazi y fascista de Alemania e Italia repectivamente, muy vinculados en cuanto a ideología y propósitos políticos a los imperantes en la península Ibérica, se han derrumbado estrepitosamente al socaire de su derrota bélica, ante los ejércitos aliados de Francia, Inglaterra y EE.UU. A los exiliados catalanes, vascos, castellanos, gallegos, andaluces… les asisten razones poderosísimas para esperar un inminente cambio político en el suelo que un día dejaron. Muchos son los que tras caer el Eje comienzan a disponer con esperanza sus maletas. 

[…] Sí. Sólo teníamos una obsesión: Europa —la Europa ya liberada del fascismo—, y desde Europa saltar muy pronto a España. […] Los que habéis nacido después no podéis haceros la idea de lo que representaron para nosotros aquellos años, 45, 46, 47 … , lo que significaron la batalla de Stalingrado, la liberación de París, la caída del Eje. Sí, yo estaba convencida; yo era una de las tantas que estaba convencida de que la caída del nazismo nos abría las puertas de España. Nadie podía concebir que cayendo Hitler y Mussolini, las cosas en España seguirían igual; era inconcecible. Solamente le diré que en México, cuando se conoció la noticia de que la guerra había terminado, hubieron unos mítines fenomenales. Muchos españoles se lanzaron a la calle haciendo discursos eufóricos. Se cuenta que uno de ellos, tras oír a los exaltados oradores le dijo a su esposa: «¡Qué lástima que hayas mandado hoy la ropa a la tintorería! Podríamos haber salido mañana mismo.» Era la euforia. Naturalmente, cuando llegamos a Europa ya nos dimos cuenta de que la cosa no era tan fácil, y entonces vino la terrible decepción, la dolorosa decepción. La guerra fría estaba a punto de empezar. […] Nosotros nos quedamos muy defraudados. Terriblemente defraudados. Pero mucho más que nosotros todavía lo quedaron aquellos hombres, de fuera o de dentro de España, que tenían una especie de fe ciega en la democracia occidental; hombres como Santiago Nadal, por ejemplo, como Maurici Serrahima, como tantos otros liberales y antifascistas. Para ellos la decepción fue mucho mayor que para nosotros, los revolucionarios, que ya tenemos una especie de intuición anticapitalista que nos hace desconfiar de estas pretendidas democracias. 

Es 1948. En Francia se hace difícil trabajar. Los exiliados españoles, procedentes de la América Latina, son fichados y requetefichados. ¿La guerra fría? Teresa Pàmies y los suyos, con las alforjas cargadas de dolor, parten hacia un incierto destino: Checoslovaquia. Buscando ¿qué? Buscando tan sólo una cosa: seguir viviendo. Allí pasarán diez largos años de su vida. 

Si de algo me sirvió el exilio, es para poder conocer, a veces muy de cerca, a los grandes personajes de la política republicana. No tan sólo catalanes, también españoles. Así he podido conocer a Dolores Ibarruri, «la Pasionaria», a José Díaz, a Pedro Checa. También a grandes militares como a José Tagüeña, a Líster, al Campesino, a Modesto. […] No. A Andreu Nin no le conocí, porque Andreu Nin era dirigente del POUM. Aquí nadie sabe dónde le mataron. Según Zumazagoita, a Nin le mataron en Madrid, después de secuestrado en Barcelona. A mí personalmente, e incluso políticamente, me gustaría que algún día se aclarase la muerte de Andreu Nin. ¡Caiga quien caiga! […] Sí, se dice que fue la policía de Stalin, pero claro, ahora a Stalin se le atribuye todo. Yo creo que la culpa de toda aquella situación, no solamente de lo de Nin, sino de todo lo que pasó en mayo del 37, no es de Stalin, ni de unas personas concretas, sino de una concepción completamente falsa que tienen muchos comunistas de lo que es, y de lo que entonces era, el trotskismo, al cual, en lugar de considerado una corriente dentro del marxismo, lo consideraban y le consideran una banda de provocadores. Este es un gran error histórico de los comunistas en general, y de los catalanes y castellanos en particular. […] En fin, esta es mi opinión y la asumo plenamente, sabiendo que muchos compañeros míos no la comparten. A mí me parece que es así como hay que verlo. 

[…] Mi experiencia checoslovaca ha sido realmente importante. Allí pude ver lo que es el socialismo en todas sus dimensiones. No hay que olvidar que en Checoslovaquia el socialismo llegó democráticamente, por voluntad popular. Y allí pude vedo nacer, desarrollarse. Me di cuenta de las fabulosas posibilidades del socialismo en cuanto a movilización de fuerzas vivas, de entusiasmo de payeses, de obreros y de intelectuales. Fue una experiencia riquísima, sobre todo teniendo en cuenta en que yo, en aquel entonces, apenas tenía treinta años. […] Bueno, yo creo que «la primavera de Praga» llegó porque el socialismo se había ido desvirtuando. El socialismo debe ser continuamente revisado, renovado, haciendo constantemente la revolución dentro de la revolución. Lo importante para mí no es haber llegado a ver sus deficiencias, sino el haber podido ver que funcionaba, porque yo lo he visto funcionar, y funcionar como una auténtica democracia del pueblo. En lo esencial ha funcionado siempre. Lo esencial del socialismo es la socialización de los medios de producción, de la cultura, de la economía, de la medicina, y todo esto, incluso en momentos de deformaciones, ha funcionado. Por ello estoy convencida de que, al margen de cuestiones morales, lo importante es evitar a todo trance el que venga un golpe de Estado por parte de un grupo de militares, como ha ocurrido tristemente en Chile. 

Es 1958, el mismo año en que, llamado por los partidarios de mantener a la independentista Argelia bajo el Estado francés, vuelve al poder Charles De Gaulle, cuando Teresa Pàmies se traslada con sus hijos a París . Allí, durante catorce años, trabajará como vendedora en una tienda de artículos deportivos, en un taller de jerseys y hasta haciendo faenas, sin dejar de militar.

[…] Los franceses tienen la gran suerte de haber hecho una revolución. El francés y la francesa son ciudadanos libres. ¿Qué entiendo yo por «libre»? Pues libre es aquella persona que tiene el derecho a “rouspéter”, como dicen ellos, a todos los niveles. Otra característica de los franceses es que han tenido todos una muy buena educación en la Escuela Primaria. ¡Todos! Y la Escuela Primaria o «Communale», obligatoria hasta los doce años, es algo muy serio. Ello determina que todo francés o francesa —incluidos los hijos de nuestros emigrados— te escriban unas cartas fabulosas. Y empezando por la persona socialmente más atrasada, como puede ser un empleado de ferrocarril, o un portero, saben expresarse con una soltura, una elegancia y una lógica impresionantes.

[…] ¿Militar en París, qué es? Pues mire, Servia, militar en París no es ir con bombas por las esquinas, como cree mucha gente. Militar en París, o en Francia, o no importa dónde del extranjero, es seguir siendo catalán, o seguir siendo español. Para nosotros, los catalanes, militar es una autodefensa, la autodefensa del apátrida, que consiste en no dejarse diluir en el país que te acoge, porque nunca serás como ellos, y porque, a pesar de todo, uno no quiere desarraigarse de su propio país. Yo he tenido la suerte de participar en toda una serie de manifestaciones en— caminadas a tal fin: conferencias en la Sorbona, celebraciones de «Jocs FIoraIs» en la Sorbona. […] Yo no sé cómo militan los de ETA, porque nunca he militado con ellos, pero sí sé cómo lo hemos hecho nosotros. Piense que en todas las manifestaciones de Francia siempre había nuestro grupo de exiliados republicanos. íbamos, cantando nuestras canciones, y a los chiquillos les obligábamos a ir —ahora no irían, claro—, y el 14 de abril los vestíamos de catalanes con la barretina y una bandera catalana. Les hacíamos desfilar por las calles del centro de París, y luego nos íbamos todos a vender churros para recaudar fondos para los presos y para otros fines políticos y humanos. […] Ser emigrado, créame, es la cosa más triste de este mundo. Ya lo seas por motivos políticos, ya lo seas por motivos económicos. La cosa más triste de este mundo es un exiliado en domingo. Si usted se va un domingo de invierno a la estación de Étoile, del metro de París, allí verá a manadas ingentes de españoles que no tienen a nadie, que solamente van allí para oír hablar español. Y se pasan allí toda la tarde, sentados en las escaleras, sin decir ni una palabra muchas veces, como almas en pena. Es la enfermedad del desarraigado, la peor de todas, créame. 

Y será en París, en ese París polícromo y bullicioso, luminoso, mitificado y perennemente joven, que siempre es una fiesta, al decir de Hemingway, y en el que siempre existe un rincón para la esperanza, donde Teresa Pàmies vivirá la ilusión hecha juventud de unos días violentos, rebeldes, poéticos, e inolvidables para cuantos tuvimos la suerte histórica de vivirlos. Es en mayo del año 1968 cuando la juventud de París, y la juventud del mundo, se echa a la calle a un solo grito pidiendo libertad, justicia, amor, imaginación; cambiar el mundo en definitiva. 

[…] La desestalinización fue como un cubo de agua fría. No vino de golpe, fue una toma de conciencia gradual. Y aunque parezca curioso, el punto culminante de este proceso, al menos para mí, fue vuestro mayo francés. El mayo francés ha sido para mí la experiencia más revolucionaria que he vivido. Fue un atronador toque de campana a cuantos nos habíamos creído que poseíamos la verdad. […] Yo he escrito un libro sobre el mayo francés, que me publicará pronto «Nova Terra». Creo que se titulará Si vas a París, papá. Es el diario de mayo. Hice un diario de la revolución de mayo, día a día. Es voluntariamente subjetivo. Sí, tiene usted razón, desde el mayo francés nada es igual. Ciertamente puede hablarse de un mayo francés, y de un mayo mejicano, y de un mayo alemán, y de un mayo checoslo— vaco, etc. Es algo que se debe a una generación. También de un mayo londinense, porque lo de Ali Tarik fue el mayo londinense, o británico, fue el grito de una juventud que había tomado con— ciencia de muchas cosas, ante el estrepitoso fracaso de un Imperio. […] Mi primera reacción fue casi adversa; personalmente creía que aquellos mocosos, que aquella juventud de los liceos y de las universidades no tenían que enseñarme absolutamente nada. «Todo esto lo mueve la CIA», decía yo. El mayo francés fue una revolución no sólo política, iba mucho más allá, era una revolución global, una decidida voluntad de cambio total. Aquella chiquillería no estaba en condiciones de hacer más que de detonadores, pero lo hicieron de forma admirable. […] La fuerza que ocupó las fábricas no era la que creó el mayo. La revolución de mayo la hicieron los inconscientes. Fue una maravillosa inconsciencia de la juventud, la pura rebelión contra todo lo establecido. 

[…] Bueno, la cosa no prosperó por parte obrera, porque llegó el momento en que se planteó de una manera muy apremiante si se tomaba el poder o no se tomaba. Yo personalmente creo que aquel no era el momento de tomar el poder. Precisamente la revolución de mayo, sus características, sus consecuencias históricas, estriban más en lo que se hizo entonces, en lo que ha sido permitido hacer después: remover, «regirar» todo lo que estaba podrido, dormido, todo cuanto era falso. Ahora bien, la fuerza que lo movió, en mi opinión no era una fuerza capaz de hacerse con el poder. […] Sí, exacto, fue una revolución más palpable en la superestructura que en lo infraestructural. No olvidemos que se produjo en el país que por entonces estaba más satisfecho materialmente: tenía la moneda más fuerte de Europa, tenía incluso superávit. De Gaulle era un hombre que pensaba que lo tenía todo, que lo había arreglado todo y que los franceses eran felices. Y la cuestiónes que en verdad los franceses se creían felices. Entonces, de golpe y porrazo, la juventud del mundo se echa a la calle y les hace dar cuenta de que no son felices, de que viven un mundo postizo, falso, con una felicidad vacía, sin plenitud. El franco, la moneda fuerte por excelencia, a nivel europeo, verá hundir su fortaleza en muy pocos días. Los franceses contemplan absortos cómo la Sorbona no era el emporio de sabiduría que parecía ser, sino que se había estancado históricamente. Fueron muchas, muchas las cosas que removió el mayo francés. 

[…] Bueno, yo creo que fue un momento muy peligroso. 

Se había podido producir un desastre, algo tremendo, algo que evitó, a mi entender, la discreción de la clase obrera, no porque fuera más consciente políticamente que los jóvenes de la Sorbona, o de Nanterre, sino porque ese vuelco de poder, ese desastre, este salto en el vacío hubiera podido provocar por re— acción la llegada del fascismo al poder. Si el dilema que se le hubiera planteado a la clase obrera hubiera sido Frente Popular o fascismo, la cosa hubiera sido distinta, pero no era esta la opción. […] Sí, al partido comunista francés se le acusó de traicionar la revolución, pero creo que su conducta, paradójica— mente, salvó a Francia de caer en el extremo opuesto. […] Estoy plenamente convencida de que la cosecha del mayo francés ya la estamos recogiendo. En muchas cosas se recogió inmediatamente. En cuestiones sociales, de comportamiento afectivo, sexual, en cuestiones religiosas, ya se recogieron prácticamente en seguida. Ahora bien, la cosecha en lo político ha tardado más, pero ha visto también llegar su hora. Las últimas elecciones presidencia— les lo demuestran. Todo lo que está pasando actualmente, tiene sin duda su origen en aquel mayo de 1968. Si el socialismo en Francia ha llegado a ser lo que es ha sido gracias al mayo francés. 

Durante esos años parisienses Teresa Pàmies ha ido escribiendo y enviando sus obras a diferentes certámenes literarios. En uno de ellos llega a quedar finalista. Su alegría es inmensa y el termómetro de la esperanza alcanza en ella su grado más alto. Continúa escribiendo. Hasta que en 1972 la concesión a su favor del premio «Josep Pla» de literatura catalana acaba de consagrarle. Su obra, que se llama Testament a Praga, es un diálogo literario con la ejemplar persona del padre muerto, a través de sus textos. Y es en 1972 cuando Teresa Pàmies decide abandonar París e instalarse definitivamente en la capital de Catalunya. 

[…] Yo creo que el catalán, y sólo el catalán, tendría que ser la lengua oficial de Catalunya; es decir, la lengua de los documentos a presentar, la lengua de los medios de difusión, la lengua de las escuelas, etc. Ahora bien, no nos engañemos, porque hemos de reconocer una realidad. Y es que existe una población, especialmente trabajadora, inmigrada masivamente a Catalunya, que contribuye a la vitalidad de nuestra tierra, y a la que no se puede exigir, de entrada, como condición para entendemos, el que o hable catalán o no hable nada. Yo creo que esa realidad socialmente bilingüe habría que ser, en principio, aceptada. Hoy, por desgracia, sobre todo a nivel administrativo, está prohibido presentar nada en catalán. Yo he tenido que hacer una petición al Ayuntamiento de Balaguer y he tenido que hacerla en castellano. Naturalmente, he hecho una en catalán y otra en castellano y he adjuntado las dos. Lo ideal, lo lógico, lo civilizado, sería, repito, que la lengua oficial de Catalunya fuese el catalán. El castellano, naturalmente, es la lengua con que se expresan miles y miles de trabajadores que viven en Catalunya, y tienen perfectísima derecho, me parece a mí, de expresarse en esta otra lengua del Estado español. Ahora bien, a sus hijos creo que les correspondería aprender el catalán, porque han nacido ya en Catalunya y son catalanes. Ello no quiere decir que el castellano, no tuvieran también que aprenderlo. En fin, creo que la República resolvió muy bien, y sin problemas, esta papeleta. […] Yo no creo en la cooficialidad de ambas lenguas, porque estamos en Catalunya y la lengua de Catalunya es el catalán. Lo que tiene que haber es el derecho a poder expresarse en castellano y el derecho a poder aprenderlo, naturalmente. En las escuelas de la República se enseñaba también el castellano. 

[…] Yo creo que el programa que se propusieron aquellos hombres de la Generalitat, y de la República, o sea, los programas cruciales del Estado español, la tierra, la enseñanza básica, la alfabetización, la culturización del pueblo, las obras públicas, incluidas las obras de regadío, centrales eléctricas, el trasvase del Ebro, que ya lo tenía planteado Joaquín Costa, la ley de la familia, incluida la ley del divorcio … todas estas cuestiones, que quedan hoy tan tímidas dentro de una Europa avanzada como la actual, son cuestiones que todavía no han sido resueltas, y, por tanto, siguen absolutamente vigentes. Naturalmente, otra cuestión de enorme importancia es, y debe ser incluido destacadamente en todo programa político que se precie, la cuestión del reconocimiento de la personalidad política, cultural y económica de Catalunya, del País Vasco, y de Galicia. […] Yo creo profundamente, al respecto, en todo lo que podríamos sintetizar con la frase «derecho a la autodeterminación». […] No hay que olvidar que el Estatuto de Catalunya fue aclamado masivamente por los catalanes a través de unas elecciones limpias y democráticas, y que con el Estatuto empezó un renacimiento esplendoroso de la cultura y de la política catalana. Hay todavía entre nosotros una generación que fue educada en las escuelas de la Generalitat, generación que tiene una fuerza cultural enorme, una generación formada por individualidades que se notan. ¡Caramba si se notan! 

** A MANERA D’EXTRACTE 

A MANERA D’EXTRACTE 

Ser un revolucionari

Mi padre decia que para ser un revolucionario hay que ser un buen hombre, o sea, saber sentir las desgracias de los otros, ser capaz de llorar, capaz de rabiar; la otra condición que él le ponía era ser trabajador. «Un obrero que en la fábrica donde trabaja es un gandul decia— no hará nunca nada en el campo de la revolución»,

Fe religiosa

No le negaré que he conocido momentos de pánico. Quizá si hubiera tenido fe religiosa me hubiera podido aferrar a Dios y rezar y ayudarme, pero jamás he tenido este apoyo. No lo he tenido ni lo he necesitado 

Ello no obsta para que sea una mujer enormemente sentimental, incluso muchos me lo echan en cara, porque me dicen que soy una revolucionaria sentimental. Yo no he escrito nunca un verso, pero los grandes poetas, los buenos poetas, me hacen llorar. Mi clase de sentimentalismo es ése. 

Tarradellas

¿Tarradellas? Me merece un gran respeto como persona, como republicano, como hombre de Catalunya que ha sabido poseer una tenacidad asombrosa, en defensa de sus ideales y de los de Catalunya, pero yo considero personalmente que lo que hoy él representa en el exilio ya no corresponde a lo que Catalunya necesita, a lo que Catalunya es.

Maternitat i abortament

Créame, amigo Servia; en la vida de una mujer es mucho más importante el nacimiento de un hijo que el propio casamiento. A partir de este primer hijo, la vida de una mujer debe orientarse ya de otra manera completamente distinta. Esa vida tiene mucho más contenido. Una se siente mucho más madura, con un motivo más, un motivo muy importante para seguir adelante en la lucha del vivir. 

Sí, yo soy partidaria del aborto. […] Por fortuna, todos los hijos que tengo han sido plenamente deseados por mí. 

Ser un exiliat

Ser un exiliado o un emigrado, créame, es la cosa más triste de este mundo. Ya lo seas por motivos políticos, ya lo seas por motivos económicos. La cosa más triste de este mundo es un exiliado en domingo. Si usted se va un domingo de invierno a la estación de Étoile, del metro de París, allí verá a manadas ingentes de españoles que no tienen a nadie, que solamente van allí para oír hablar español. Y se pasan allí toda la tarde, sentados en las escaleras, sin decir ni una palabra muchas veces, como almas en pena. Es la enfermedad del desarraigado, la peor de todas, créame. 

Sí, yo estaba convencida; yo era una de las tantas que estaba convencida de que la caída del nazismo nos abría las puertas de España. Nadie podía concebir que cayendo Hitler y Mussolini, las cosas en España seguirían igual; era inconcebible.

Estalinisme i troskisme

A mí personalmente, e incluso políticamente, me gustaría que algún día se aclarase la muerte de Andreu Nin. ¡Caiga quien caiga! […] Sí, se dice que fue la policía de Stalin, pero claro, ahora a Stalin se le atribuye todo. Yo creo que la culpa de toda aquella situación, no solamente de lo de Nin, sino de todo lo que pasó en mayo del 37, no es de Stalin, ni de unas personas concretas, sino de una concepción completamente falsa que tienen muchos comunistas de lo que es, y de lo que entonces era, el trotskismo, al cual, en lugar de considerado una corriente dentro del marxismo, lo consideraban y le consideran una banda de provocadores. Este es un gran error histórico de los comunistas en general, y de los catalanes y castellanos en particular. […] En fin, esta es mi opinión y la asumo plenamente, sabiendo que muchos compañeros míos no la comparten.

[…] La desestalinización fue como un cubo de agua fría. No vino de golpe, fue una toma de conciencia gradual. Y aunque parezca curioso, el punto culminante de este proceso, al menos para mí, fue vuestro mayo francés. El mayo francés ha sido para mí la experiencia más revolucionaria que he vivido. 

Maig del 68

Mi primera reacción fue casi adversa; personalmente creía que aquellos mocosos, que aquella juventud de los liceos y de las universidades no tenían que enseñarme absolutamente nada. «Todo esto lo mueve la CIA», decía yo. El mayo francés fue una revolución no sólo política, iba mucho más allá, era una revolución global, una decidida voluntad de cambio total. Aquella chiquillería no estaba en condiciones de hacer más que de detonadores, pero lo hicieron de forma admirable. […] La fuerza que ocupó las fábricas no era la que creó el mayo. La revolución de mayo la hicieron los inconscientes. Fue una maravillosa inconsciencia de la juventud, la pura rebelión contra todo lo establecido. Sí, exacto, fue una revolución más palpable en la superestructura que en lo infraestructural. No olvidemos que se produjo en el país que por entonces estaba más satisfecho materialmente: tenía la moneda más fuerte de Europa, tenía incluso superávit.

Sí, al partido comunista francés se le acusó de traicionar la revolución, pero creo que su conducta, paradójica— mente, salvó a Francia de caer en el extremo opuesto. […] Estoy plenamente convencida de que la cosecha del mayo francés ya la estamos recogiendo. En muchas cosas se recogió inmediatamente. En cuestiones sociales, de comportamiento afectivo, sexual, en cuestiones religiosas, ya se recogieron prácticamente en seguida. Ahora bien, la cosecha en lo político ha tardado más, pero ha visto también llegar su hora.

Llengua catalana

[…] Yo creo que el catalán, y sólo el catalán, tendría que ser la lengua oficial de Catalunya; Lo ideal, lo lógico, lo civilizado, sería,  que la lengua oficial de Catalunya fuese el catalán. El castellano, naturalmente, es la lengua con que se expresan miles y miles de trabajadores que viven en Catalunya, y tienen perfectísima derecho, me parece a mí, de expresarse en esta otra lengua del Estado español. Ahora bien, a sus hijos creo que les correspondería aprender el catalán, porque han nacido ya en Catalunya y son catalanes. 

Catalunya

Yo creo profundamente quetodo lo podríamos sintetizar con la frase «derecho a la autodeterminación».


  1. Gràcies, Josepmiquel, per haver parlat aquí de la gran Pàmies i per haver reproduït l’entrevista que li vas fer en el teu llibre. 

    És un article llarg… i se’ns ha fet curt!

    T’esperonem a treure un nou llibre “com aquell”. Ah, i vigilarem que l’hi dediquis a ella, tal com has promès públicament. 
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