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28 de juny de 2010
General
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SACRESA, ELS SANAHUJA I, PER PRIMER COP, ESTIC D’ACORD AMB “EL MUNDO”

Los Sanahuja o el delirio del dinero
(El Mundo, 28 de juny de 2010)

Desgraciadament, el diari espanyol “El Mundo” (cap dels d’aquí es mulla tant) ha estat l´ùnic que ha explicat part de la veritat d’aquesta família d’ambiciosos que ara, tot i haver deixat penjada a molta gent, seguiran sent rics.

Madrid.- Muchos lo calificaron como una operación descabellada. Más cuando la burbuja inmobiliaria ya daba síntomas de estar a punto de estallar. Pero los Sanahuja no se achantaron. En una nueva versión del ‘pez chico se come al grande’ que tanto disgutos ha dado a los antaño reyes del ladrillo, la familia Sanahuja, desconocida fuera de los límites de Cataluña, saltó en 2006 a los primeros puestos del ranking al hacerse con la mayoría del capital de Metrovacesa.

Hasta entonces, sólo se habían asomado a los medios por la puerta de atrás, como unos accionistas pasivos y sumisos de Metrovacesa. El patriarca, Román Sanahuja, había hecho fortuna en Cataluña en época de Franco con pisos de protección oficial.

“Entre la burguesía catalana nunca estuvieron bien vistos”, narra una fuente que ha trabajado con ellos. “Eran muy prepotentes, soberbios, sólo se les rendía pleitesía porque tenían mucho dinero“.

Ejercían de ‘nuevos ricos’ saltándose muchas veces las leyes no escritas que rigen en la sociedad catalana. “Si lo típico entre las familias de allí es tener dos asientos en el Liceo, ellos tenían que tener para todos los miembros del clan”, afirma la fuente.

Barco de 45 metros atracado en Montecarlo, avión privado para cualquier movimiento, mansión en la mejor zona de Barcelona, casas en Madrid, Londres. Era el poder del dinero.

Aires de grandeza

Román Sanahuja y sus dos hijos mayores, Román y Javier, decidieron entrar en Metrovacesa de la mano de Domingo Díaz de Mera, otro rey del ladrillo venido a menos por sus inversiones descabelladas.

Ambos compraron acciones a la caja sevillana El Monte, anterior Cajasol, en una operación cuando menos irregular que les costó una querella por parte de la Fiscalía Anticorrupción que finalmente fue archivada.

¿En qué momento pensaron que ellos podían dar el salto desde una empresa familiar a una gran compañía como Metrovacesa? Hay quien achaca esos ‘aires de grandeza’ a los dos hijos, sobre todo Javier. “Era un prepotente, creía que por haber hecho un cursillo en EEUU y por hablar inglés era un profesional”, explica otro fuente que convivió con ellos en la gestión de Metrovacesa.

Con esa medida equivocada de sus propias fuerzas, lanzaron en 2007 la famosa opa (oferta pública de adquisición de acciones) por la inmobiliaria, en un órdago contra el anterior presidente, Joaquín Rivero, quien junto a su socio Bautista Soler lanzó otra oferta para contrarrestar la de los Sanahuja. “Si hubieran vendido en ese momento, se habrían hecho millonarios, serían los triunfadores de la burbuja inmobiliaria”, asegura un analista que vivió de cerca la Metrovacesa de aquellos años.

Rodeados de operaciones similares (Fernando Martín comprando Fadesa; Rafael Santamaría, Urbis, etcétera), los Sanahuja no se vieron menos capacitados para engullir una empresa que multiplicaba por varios dígitos su compañía familiar, Sacresa.

La gestión fue otro error. “Pensaron que se podía gestionar una compañía cotizada de la talla de Metrovacesa desde la mesa de camilla de su casa”, añade otra fuente. Las decisiones importantes sobre la gestión de la empresa, sin ir más lejos, se tomaban en la residencia de los Sanahuja, y no en la sede de la empresa, en el Paseo de la Castellana de Madrid.

“Román estaba envenenado por sus hijos, él no era mala persona, y tampoco mal gestor”, narra un ex trabajador.

Tres son las operaciones que llevaron a la ruina la empresa: la compra de la torre del HSBC en Londres por 1.600 millones de euros, de la que tuvieron que deshacerse un año después por 1.000 millones; la entrada en el mnercado alemán, que les supuso otras pérdidas de más de 200 millones, y la Operación Wallbrook, la compra de una superficie de 87.819 m2 alquilables de oficinas en plena City de Londres que nunca llegó a desarrollarse.

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