Aterrido y fijo en un barrizal

Sangriento día de lluvia, de Roberto Bolaño:

Ah, sangriento día de lluvia,

qué haces en el alma de los desamparados,

sangriento día de voluntad apenas entrevista:

detrás de la cortina de juncos, en el barrizal,

con los dedos de los pies agarrotados en el dolor

como un animal pequeño y tembloroso:

pero tú no eres pequeño y tus temblores son de placer,

día revestido con las potencias de la voluntad,

aterido y fijo en un barrizal que acaso no sea

de este mundo, descalzo en medio del sueño que se mueve

desde nuestros corazones hasta nuestras necesidades,

desde la ira hasra el deseo: cortina de juncos

que se abre y nos ensucia y nos abraza.

 

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