ARA ÉS HORA

“Triste es pedir pero más triste es robar”.  Qué pido y por qué:

He recibido un encargo editorial para  que redacte, en coordenadas de tiempo-espacio muy limitadas, una especie de informe y/o crónica sobre qué percepción se tiene en Madrid del llamado ‘proceso catalán’. En la petición, se acumulan diversos equívocos:  aunque llevo catorce años viviendo en Madrid, no sé exactamente qué es Madrid, porque las ciudades, como decía el periodista radiofónico Luis Arrribas Castro, “son un millón de cosas”.  Y de este millón, tal vez haya conocido solamente una docena. Machado insistía en que Madrid era el ‘rompeolas de todas las Españas’. Ahora quizá añadiría y de todas las Américas, y de todas las Rumanías, y de algunas chinas, etc.

Tampoco me parece ni definido ni mesurable el sentimiento de mis conciudadanos madrileños sobre Cataluña. Al hablar del ‘problema catalán’, ¿no estamos, entre todos, medicalizando o judicializando dinámicas catalanas que persisten, desde hace siglos, en esos 32.000 km2  frente a los 506.000 de España, con una densidad de población de 7.425.000, y una densidad de 231,3 habitantes por km2,    frente a los 46.440.000, y una densidad de 92, 9, en España?

Aceptando, como hipótesis de trabajo, los supuestos de ‘conflicto’, ¿cuáles cree usted que son las causas que subsisten en el mismo?  ¿Con qué medidas, sociales y políticas, sería posible minimizar y/o resolver las condiciones de posibilidad  de tal problemática? Aun sabiendo que el tema es tan clásico como la seguridad de que todos, al fin, moriremos, ¿cree que en los últimos quince años se ha agudizado?  ¿Por qué causas? ¿Sociales? ¿Políticas? ¿Económicas?

En la actualidad, un segmento significativo de la ciudadanía catalana ‘exige’ la celebración de un referéndum para contabilizar, con cifras oficiales   –en una sociedad democrática–,  cuántas personas se creen con derecho a propiciar un futuro distinto, al menos en lo referente a marco político, en Cataluña. Contra la voluntad de celebrar una tal consulta, han surgido anatemas, prohibiciones, amenazas, anuncios de medidas (contempladas por la Constitución Española de 1978) como la aplicación de su artículo 155, que habla de la posibilidad de adoptar medidas para obligar a una Comunidad Autónoma al cumplimiento forzoso de los mandatos constitucionales.

¿Cómo valora la presión política y judicial, desde la aprobación del nuevo Estatut de Cataluña de 2006? ¿Puede tener encaje un proceso hacia la independencia en la Europa de la consulta en Escocia, o  el Quebec, o la del ‘brexit’ en Gran Bretaña?

Me atrevo a pedir respuesta de más-menos un folio, dirigido a mi e.mail: peusdeporc@telefonica.net   Garantizo no modificar ni una coma del texto remitido. Y  respetar escrupulosamente las indicaciones de la firma de quien lo envíe.

Ignasi Riera

 

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