Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

¿Y quién le pone el cascabel a Rato?, de Fernando de Silva (El pulpito laico)

Sabe demasiado de los actuales dirigentes del PP, empezando por Mariano Rajoy, y acabando por el último de la fila, y si alguien pretende aniquilarle, se llevará consigo a más de uno.
Personaje prepotente y engreído hasta decir basta, tiene su punto de mala leche si los suyos le arrinconan; y es capaz de sacar lo peor de si mismo, que ya es decir, si alguien osa atentar a su “honorabilidad”, o lo que queda de ella. Rato sabe mucho, demasiado, de los actuales dirigentes del PP, empezando por Mariano Rajoy, y acabando por el último de la fila; y si alguien pretende aniquilarle, en el intento se llevará consigo a más de uno. Esa, y no otra, es la razón por la que el PP ha decidido posponer cualquier decisión sobre su expulsión del partido; una manera, como otra cualquiera, de ganar tiempo a la espera de que todo se olvide. Le tienen miedo, él lo sabe, y sacará el máximo provecho de esta situación.
Quienes dicen de Rodrigo Rato que fué un buen Ministro de Economía y Hacienda durante el segundo gobierno de Aznar, se equivocan. Simplemente tuvo la suerte de estar allí en una época de crecimiento económico, y se limitó a remar a favor de corriente. Eso sí, contribuyó con sus polìticas económicas de forma muy decisiva a engordar el boom del ladrillo, convirtiendose en un de los artifices de la burbuja inmobiliaria al apoyar la Ley del Suelo más especulativa que hemos conocido, que desembocó en la grave crisis económica que llevamos años sufriendo, y de la que son víctimas principales las clases sociales menos favorecidas. Eso si, por su contribución al fracaso, fue nombrado Presidente del Fondo Monetario Internacional, de donde huyó con el rabo entre las piernas y una buena paga, en forma de dimisión por “motivos familiares”, cuando vió acercarse la crisis financiera que afectó a medio mundo.
Como premio por sus “éxitos”, Don Mariano le nombró a dedo para dirigir Caja Madrid, la cuarta entidad financiera del país. Con ello le daba un tortazo a Esperanza Aguirre, que se empeñaba en colocar en dicho puesto a su delfin Ignacio González, el del ático de Marbella; y al mismo tiempo eliminaba un potencial enémigo en la carrera hacía la Moncloa. Jugada maestra que nos ha costado a todos un pastón, en forma de rescate a Bankia, sin que nadie hasta ahora nos haya pedido disculpas por un desatino de tal magnitud.
Por lo que ahora hemos conocido en forma de tarjetas opacas, que no es más que la punta del iceberg de un nefasto gestor, eso si con mucha cara, echemonos a temblar solo de pensar la cantidad de barbaridades que habrá hecho cuando era dueño y señor de nuestros dineros; porque lo fue y por varios años. Pero por la cadena de nombramientos de los que ha disfrutado dersde entonces, todos ellos muy bien remunerados, es dácil deducir que hizo muchos favores a mucha gente importante, y ahora se los está cobrando en forma de nombramientos como “asesor” o miembro de consejos de administración de entidades financieras y grandes empresas.
Experto en puertas giratorias, Rodrigo Rato nunca ha dado puntada sin hilo, y lleva en sus genes el tratar de conseguir de la nada la máxima rentabilidad, bordeando el Código Penal, lo que le ha permitido amasar una importante fortuna a costa de percibir sueldos millonarios. Pero le ha llegado su hora, el uso indebido de su tarjeta black le ha convertido en un apestado, y en muy poco tiempo perderá los favores de muchos. Aunque el PP, con el trasero apretado, tendrá que seguir soportandole como militante, para que mantenga la boca cerrada, ni más ni menos. Un nuevo ejemplo de regeneración democrática y de transparencia. La casta en estado puro que diría Pablo Iglesias.

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