Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

UNES DADES MÉS AL VOLTANT DE LA REALITAT SOCIAL DEL PV

Fa uns dies feia referència a la pobresa al PV. I ahir el Liante tornà a dedicar dues pàgines a aquesta realitat. Vull sols destacar unes dades:

  •  567€ és la xifra que marca el llindar de pobresa al PV, és a dir 6.810€ l’any.
  • Càritas ha atés unes 38.000 persones durant l’any passat.
  • Aturats de la construcció, mares solteres i persones grans soles formen el perfil principal de l’exclusió.
La conselleria d’Educació que “duu” el forense Alejandro Font de Mora aixecarà acta als instituts que es negaren a impartir Educació per a la ciutadania en anglés. No cal comentaris.

I us vull recomanar la lectura de tres articles:

  • Jesús Navarro, ¿Dónde está el cielo republicano? (LEVANTE-EMV)
  • Josep Torrent, Más circo que pan (EL PAÍS)
  • J.J. Pérez Benlloch, Pedagogía belicosa (EL PAÍS)

Els trobareu a continuació. Bona vesprada.



JESÚS NAVARRO ALBEROLA, ¿DÓNDE ESTÁ EL CIELO REPUBLICANO? (LEVANTE-EMV)

A Rafael Pérez Cantó lo fusilaron en el
cementerio de Alicante el 3 de octubre de 1940. Tenía 24 años,
cultivados de amor hacia sus padres, amigos por todo el pueblo y siendo
un trabajador ejemplar. Su acta de defunción no dice mucho: solamente
que murió por orden del Juzgado Militar nº 1. Sin un cómo ni un porqué.
Su madre se enteró de la muerte de su único hijo cuando al día
siguiente fue a llevarle, como todas las semanas de un año de calvario
y terror, comida y consuelo. Lo reconoció por uno de los jerséis de
lana que con tanto amor le había hecho sin pensar que iba a ser su
mortaja. Diez años después, Aurora, aquella madre, pudo enterrarlo en
el cementerio de Novelda. Diez años suplicando el traslado de una fosa
común, diez años después otra vez el jersey; gracias a él sabía que ese
esqueleto era su hijo, su amado y único hijo Rafael.

Manuel
Valero Alberola corrió la misma suerte. El 2 de enero de 1938, bajo una
fuerte nevada, Manolito, gran deportista y aficionado a la fotografía,
se encontraba en el frente de Teruel y fue malherido en una pierna.
Operado, con la pierna amputada, aún mantenía fuerzas para regresar a
casa con los suyos. Las emocionantes cartas que escribió en el frente
así lo atestiguan. Pero el día 14 de ese mismo mes, la aviación
nacional bombardeó un tren sanitario en la estación de Rubielos de Mora
y allí murió Manuel. Terminada la guerra, Encarnación, su madre,
comprueba desesperada, día tras día, que su hijo no se encuentra entre
los jóvenes que van regresando al pueblo. Al no saber leer, una vecina
la ayuda a buscar, en vano, el nombre de su hijo en las listas
oficiales. Finalmente, en 1941, llegó la baja de defunción al
Ayuntamiento, pero la familia todavía desconoce dónde fue enterrado.

Sus
historias, junto a la de otros dos chicos noveldenses, pudieron leerse
en la revista de fiestas “Betania” del año 2006 (www.betania2006.com).
Esas madres, Aurora y Encarnación, y sus hijos desaparecidos,
simbolizan las decenas de miles de madres de la Guerra Civil que
sufrieron el dolor de perder a sus hijos en una guerra fraticida. Su
angustia no conoce de pueblos, lugares o fronteras, y ha de ser
reconocida de una vez, honrada, aceptada y respetada. La humillación
que tuvieron que sufrir durante esos años es muy difícil expresarla con
palabras.

Aquellas madres, religiosas y creyentes, iban a misa a
diario para comprobar, desalentadas, que en la cruz de la fachada de la
iglesia no aparecía, entre los nombres de los caídos por España, el de
sus hijos. La mayoría de esas mujeres vivieron con la pena de no saber
dónde se encontraban los cuerpos de sus hijos, de sus hermanos o de sus
padres y, lo que es peor, vivían con la indiferencia, el olvido y el
desprecio de la mayoría de sus paisanos. El bando republicano merece
ese reconocimiento. Es la deuda histórica que tiene este país con
aquellos que también murieron por España, pero no por la España que
ganó, sino por la que estuvo perdiendo durante cuarenta años. Esos
cuarenta años sirvieron, entre otras cosas, de reconocimiento y
homenaje para el bando nacional, homenajes merecidos, ya que los
crímenes fueron igual de brutales. Años más tarde, durante la
Transición, se decidió no tocar el tema, quizá por el miedo de todos a
que volviera la guerra. Más años de paciencia, de olvido, de silencio.
Por ello, ahora es el momento de rendirle cuentas al pasado, cerrar la
herida y como las historias de Rafael y Manolito, ponerles nombres y
apellidos a los restos que aún siguen en las cunetas, que todavía
esperan, en las fosas comunes de los cementerios, una familia que los
entierre dignamente. Esa es la manera, como dice Julián Casanova,
catedrático de Historia Contemporánea, de “reparar una injusticia
histórica”.

El Partido Popular, que inicia ahora con un valiente
Mariano Rajoy a la cabeza un nuevo camino rompiendo las ataduras con un
PP más anclado en el pasado, tiene la oportunidad inmejorable de
demostrar con hechos que ya no tiene nada que ver con la derecha
española de la Dictadura, de demostrar que es un partido liberal, de
centro conservador, pero sin querer conservar en el olvido lo que pasó
en aquellos desgraciados años. Nadie quiere reabrir heridas, nadie
desea desenterrar el hacha de guerra.

Y si en algún momento la
iniciativa del juez Garzón derivara a esto, sería un grave error y una
gran equivocación. Lo único que pretenden las familias de los
desaparecidos y muertos del bando republicano es poder quitarse el luto
eterno de sus corazones, poder recibir el consuelo que nunca tuvieron.
Tener, por fin, pena de duelo y no la tristeza amarga del abandono y
del olvido.

Hoy en día, la cruz con los caídos por Dios y por España
perdura en algunas iglesias como triste señal de lo que nunca tuvo que
ocurrir. En Novelda la quitaron de la parroquia en los años 80. Sin
embargo, no es suficiente para una reconciliación verdadera, ya que el
olvido, el pasar página, como dice Paul Preston, no es la
reconciliación. Hace falta un homenaje a todas las víctimas de nuestra
Guerra Civil, a todas, sin distinciones, ni bandos, ni excusas. Sin
debates huecos ni nuevas venganzas. Sólo así conseguiremos que en
nuestro país muera el rencor y el triste invento de las “dos Españas”.

No
hubo dos Españas. Únicamente había una, disparándose a sí misma balas
cargadas de vacío. Por su parte, la Iglesia católica española debe
también hacer un ejercicio de autocrítica para no perder el tren del
futuro. Es verdad que, dentro de toda esa barbarie atroz que supuso la
guerra, se quemaron iglesias y se asesinaron sacerdotes y párrocos,
pero eso no justifica de ningún modo lo que ocurrió después: obispos
que, tras dar la bendición, se quedaban con la palma hacia abajo, brazo
derecho en alto, bajo un palio de camisas azules, águilas, cabezas
engominadas y el brillo metálico de las pistolas, todos con el orgullo
indeleble de quien sabe que no había llegado la paz, sino la victoria.
Y entre aquellos feligreses, Aurora y Encarnación, las madres de Rafael
y Manolito, y las miles y miles de madres en toda España que no podían
hablar, que no podían confesar su dolor, que murieron con esa
desgarradora tristeza en la garganta que les impedía gritar, que se
ahogaban en las lágrimas que destilaba sin parar su enorme soledad.

La
Iglesia debe reconocerlo con valentía, entregando toda la información
que disponga y admitiendo sus errores, para que al fin, aunque hayan
transcurrido más de setenta años, aquellas madres que perdieron sus
hijos en una guerra absurda sepan, desde su cielo provisional, dónde
está el cielo republicano.


Jesús Navarro Alberola es empresario.

Más circo que pan






JOSEP TORRENT



EL PAÍS – 21-09-2008


El pasado martes el presidente de la Generalitat anunciaba la
licitación de tres nuevos hospitales en Ontinyent, Vall d’Uixó y
Torrent en menos de tres meses y, con gesto de anunciar una noticia de
gran importancia, dijo: “El 40% de los presupuestos del año próximo se
destinarán a Sanidad”. Cualquiera diría que un porcentaje así evidencia
la preocupación del gobierno valenciano por la salud pública y el
esfuerzo que sus responsables hacen por el gasto social en tiempos de
crisis. Pero si se compara con las cuentas actuales, se comprobará cuán
relativa es la noticia. Este año, la Consejería de Sanidad consume el
39,4% del total de las cuentas generales de la Generalitat. Conclusión:
Si se tiene en cuenta el incremento del IPC, la inversión en la sanidad
valenciana, en porcentajes reales, disminuirá varios puntos. Tal vez el
presidente disimuló con esa retórica expansiva que tanto gusta de
utilizar un hecho en consonancia con los tiempos que corren: Los
próximos presupuestos serán austeros, muy austeros. Si todo el mundo se
aprieta el cinturón, la administración más endeudada de España no puede
quedarse atrás.


Claro que también es posible que el presidente, lejos de querer
anticipar la austeridad que parece exigible y que, por cierto, para
nada se ha visto en la reciente remodelación del Consell, creyera
firmemente que su anuncio era una gran noticia. No sería nada de
extrañar. El desahogo con que se muestra Francisco Camps desde que
arrasara en las últimas elecciones autonómicas demuestra no sólo que
hace lo que cree, sino que cree lo que dice. Y no es buen síntoma, por
sorprendente que parezca, que un político se crea a pie juntillas que
todo lo que dice sea verdad. Porque se puede pensar que mantener una
inversión del 40% en sanidad es un gran logro y, al tiempo, negar que
la pobreza o el fracaso escolar sean una realidad lacerante en esta
Comunidad Valenciana donde, si hay que hacer caso al triunfalismo
oficial, los valencianos no atamos los perros con longanizas porque no
nos da la real gana.


El pasado viernes se celebró con gran éxito de público y crítica, como
diría un gacetillero de antaño, la ceremonia inaugural de la Volvo
Ocean Race. Y una de las asistentes, orgullosa, comentó: “Mis impuestos
los veo muy bien empleados”. Los políticos, de haberla oído, habrían
llorado de emoción. Por fin, alguien que les reconoce el esfuerzo y la
buena gestión. La vecina de Alicante en cuestión lleva razón. La Volvo
servirá para darle un buen repaso a la ciudad, supondrá unos ingresos
nada desdeñables y creará puestos de trabajo. Nuestras autoridades
autonómicas han sido muy precisas a la hora de ofrecer los datos del
evento: 70 millones de euros de inversión pública, 1.500 empleos y
1.800 millones de espectadores seguirán un aprueba que, en opinión de
sus inventores, representa “el último desafío humano”.


El espectáculo, pues, ha comenzado y la empresa puede felicitarse: Es
rentable. No en términos económicos, que es cosa miserable medir estas
apuestas que harán por unos días de Alicante el ombligo del universo en
vil metal, pero si en esos intangibles tan gratos a nuestro gobierno.
El circo nos entretiene y nos distrae de esa pesadilla que es la
hipoteca, el colegio de los niños, la letra del coche o la carestía de
la vida. Todas esas desgracias que, como es bien sabido, nos abruman
gracias a o por culpa de un tal Rodríguez Zapatero que, cómo va a
gestionar bien la crisis, si ni tan siquiera la reconoce.


Tenemos circo. ¿Pero tenemos pan? Decididamente, no. En esta tierra de
la luz y del color hay 840.000 almas, el 16,8% de la población, que
viven por debajo del umbral de pobreza. Se supone, claro. Porque ese
Consell tan puntilloso, tan preciso, a la hora de ofrecer cifras sobre
la Volvo, la Copa del América, la visita del Papa (no pregunten lo que
costó, no sean mediocres, ni miserables) todavía no ha tenido bien
hacer un estudio serio y riguroso sobre la realidad social valenciana.
Y si lo ha hecho lo guarda bajo siete llaves, no sea cosa que se le
rompa el espejo. Y la Ley de Renta Mínima que debería echar una mano a
tanto pobre es un hermoso papel que no se cumple porque no hay dinero.
Y no lo habrá en el futuro. Entiendo que el consejero de Bienestar
Social, Juan Cotino, no sea la persona más feliz de un Consell
rebosante de autosatisfacción.


El presidente Camps responsabiliza al Gobierno de España de todos los
males, quiere una nueva financiación que contemple el incremento
poblacional. Nadie le puede discutir tan justa reivindicación. Hasta
los socialistas, que por no estar para nadie, no están ni para ellos
mismos, le apoyan. Aunque en su gobierno hay quien suspira más por una
bajada de medio punto de los tipos de interés que por el nuevo sistema
de financiación. Cosas de la ingeniería financiera y de los créditos
que habrá que empezar a devolver algún día.


Veremos en qué quedan los presupuestos y qué porcentaje se lleva el
área de Sanidad; pero los profesionales del ramo no deberían hacerse
demasiadas ilusiones. La pólvora de rey que se han gastado en la
adjudicación del concurso de resonancias magnéticas no tiene nada que
ver con ellos, más bien con otras cosas.


Pedagogía belicosa






J. J. PÉREZ BENLLOCH



EL PAÍS – 21-09-2008


Tan solo con una buena dosis de cinismo o de ofuscación partidaria
puede negarse el esperpento que ha supuesto la ocurrencia de impartir
en inglés y en el ámbito docente valenciano la asignatura denominada
Educación para la Ciudadanía o Education for Citizenship and Human
Rights, como acaso prefiere que así sea descrita el consejero del ramo,
Alejandro Font de Mora, padrino de la novedad lingüística. Una novedad,
dígase también, que no hubiera prosperado sin el nihil obstat o complicidad del presidente de la Generalitat, Francesc Camps, quien justamente ha de compartir el mérito de la extravagancia.


Estos días, y a propósito de la apertura de curso, ha podido
verificarse hasta qué punto, tal como anunciaban sindicatos del ámbito
docente y asociaciones de padres, carecía de fundamento, medios y de
planificación esta trapisonda que los centros de enseñanza han ido
capeando como han podido -soslayando a menudo las contradictorias y
chuscas instrucciones de la Consejería de Educación- con el fin de
salvar la dignidad de los profesores abocados a ejercer a dúo para que
uno aleccionase en castellano o valenciano y el otro, reputado de
“vehiculador” -¡toma castaña!-, lo repitiese en inglés a un alumnado
ignaro de la lengua de Shakespeare, pero sin duda amenizado por este show
ventrílocuo, tan inútil. Algunos cronistas de estas jornadas
inaugurales han reflejado con pelos y señales la patética comicidad de
estos episodios insólitos.


Es evidente, o así hemos de creerlo, que el citado consejero y el
Consell que lo secunda no alientan ninguna animadversión acerca de la
comunidad docente y discente del país, pero lo cierto es que esta
pedagogía que han fletado es de una hostilidad manifiesta para con un
amplio sector del profesorado y alumnado, como revelan las resistencias
suscitadas y la misma necesidad de movilizar al cuerpo de inspección
para que siente la mano al profesorado reticente que en no pocos casos,
aún queriendo cumplir la norma, le resulta imposible porque no domina
suficientemente el inglés, o no cuenta con el “ventrílocuo” que
destraduzca su lección. Eso, por no mentar a quienes tienen de su
profesión un concepto que les impide degradarla en una escena bufa cual
la diseñada para el caso.


Aún a riesgo de insistir en un lugar común nos parece oportuno subrayar
algunos aspectos definitorios de esta maniobra absurda que ha tomado a
un sector de la comunidad docente como rehén. El primero de ellos
constata que no responde a ninguna demanda social -como diría un émulo
del pasmado Mariano Rajoy-, ni puede camuflarse bajo el pretexto de que
se promueve el trilingüismo, lo que queda desmentido por un
procedimiento que tiene más connotaciones con el trágala autocrático
que con la pedagogía. El segundo, que sí responde, en cambio, a los
propósitos del sector más atávico del PP -en realidad, de todo el PP
indígena, pues no se ha oído una solo voz discrepante- y de la
feligresía católica que se arremolina en torno al episcopado más
belicoso que hemos padecido desde que saludaba brazo en alto a Franco
bajo palio.


Y lo peor del caso es que nuestro molt honorable
y su consejero áulico apuntan la intención de proyectar la fórmula
docente que glosamos a otras asignaturas, lo que delata su índice de
sensibilidad democrática cifrada en los lemas si no quieres una taza
toma dos, mantenerla y no enmendarla o de perdidos al río. Acaso
piensen que estas hazañas pedagógicas pueden inscribirse entre los
grandes eventos que cunden por estos pagos.


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