Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

Palabras viejas para la esperanza, de Josep Torrent (LEVANTE-EMV, 27/01/2015)

Aquest és el veritable PODEMOS… (seguiu llegint…)

 

Al vent / la cara al vent / el cor al vent / les mans al vent». Acababa el mitin de Podemos en el pabellón de la Fonteta de Sant Lluís en Valencia y las 8.000 personas que habían acudido a escuchar a Pablo Iglesias se marchaban camino de casa buscando su plato de paella o lo que fuera que les dieran de comer. La rabia de Raimon sustituyó en esta ocasión a la de la L’Estaca de Lluís Llach. Dos canciones que fueron en su día himnos de jóvenes que se opusieron al franquismo y que los de Podemos han rescatado del baúl para recordarnos a los tenemos los sesenta cumplidos que ellos han venido para acabar con otro régimen. Este, el de la Constitución de 1978, la que devolvió las libertades a este país y a la que, ciertamente, hay que hacerle una puesta a punto; pero no hasta el extremo de cambiarle el motor, como con más retórica que hechos predican algunos de sus líderes.

Pero de eso no se habló en Valencia. A la capital de la Comunidad Valenciana se acercó Pablo Iglesias para arrearle candela al PP, como hace una semana hizo en Sevilla con el PSOE. Y a fe que los intervinientes en el mitin, desde Jaime Paulino, secretario general de Podemos en Valencia, hasta Iglesias, pasando por Ángela Ballester e Íñigo Errejón, se emplearon a fondo en descalificar la gestión de los populares: Palabras como corrupción, saqueo, despilfarro, desigualdad, exclusión, barracones, Canal 9?, resonaron en el pabellón. ¿Dijeron algo nuevo? En absoluto, nada que no hayan repetido hasta la saciedad los partidos de la oposición en las Cortes Valencianas. Nada que no haya estado presente en los discursos de socialistas, Compromís o Esquerra Unida. Decía Errejón que Podemos utiliza palabras nuevas frente a palabras y etiquetas viejas. Si es así, no sonaron en el pabellón valenciano. Hasta Pablo Iglesias habló de «Rescatar gente, no fondos de inversión». Una idea que llevan años defendiendo los de Compromís. El líder podemita también habló de hacer de Valencia el «símbolo del cambio». Tal vez no fuera su mejor frase. Hace años que Rajoy, conFrancisco Camps a su lado, también dijo lo mismo. Y ya ven.

Podemos „en la Comunidad Valenciana al menos„ ha llegado a un lugar en el que se encuentran desde hace años PSPV, Compromís y Esquerra Unida. O ni siquiera tan lejos. En el pabellón de la Fonteta se escuchó un diagnóstico ya conocido del desastre en que el PP ha sumido a la sociedad valenciana; pero ni un solo compromiso, ni una sola idea de cómo sacarla de la postración en que se encuentra. Más allá de decir que «en este país queremos que gobierne el pueblo» no hubo mucho más. Pero ni siquiera en eso fueron muy originales. Lo dijo mucho mejor Abraham Lincoln en su discurso de Gettysburg.

Y sin embargo? Jaime Paulino hablaba de la existencia de un colegio construido íntegramente con barracones, un hecho que se conoce desde hace años, y sonaba como si revelara un gran secreto a los 8.000 asistentes al mitin que se indignaban ante una novedad que no era tal. Esa sorpresa e indignación ante lo ya conocido explica mucho mejor que grandes teorías el éxito de Podemos. Pablo Iglesias descubre el Mediterráneo cada día; pero canaliza como nadie la ira ciudadana, la rabia de quienes han sido estafados por los bancos, desahuciados de sus casas, parados que han perdido toda ilusión por encontrar trabajo. Iglesias y los suyos son, para no pocos, su esperanza. Que su discurso sea una cáscara vacía de compromisos, pero llena de latiguillos y frases comunes no empece para reconocer su capacidad para conectar con el malestar de amplias capas de la sociedad, desencantadas con los partidos tradicionales y con sus comportamientos. Nada en el acto era gratuito. Ni siquiera la recuperación de Gabriel Celaya y su poema «España en marcha»: «A la calle!, que ya es hora / de pasearnos a cuerpo / y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo». Todo el imaginario proyectaba la necesidad de un cambio, de una nueva transición. Y, como algún observador me hizo notar, «alguien tiene que barrer la casa».

Poco más que retórica hubo en el mitin del domingo a mediodía en Valencia. O tal vez sí. Pablo Iglesias y Mariano Rajoy a 350 kilómetros se eligieron el mismo día y casi a la misma hora adversarios el uno del otro ante las próximas elecciones. Podemos y PP han eliminado a los socialistas. Rajoy e Iglesias están unidos en al menos en una cosa: acabar con el PSOE. Y ambos utilizan la misma estratagema. Afirmar, con razón o sin ella, que socialistas y populares pactarán tras las elecciones. Puede funcionar. Miren Grecia. Claro que España es diferente y aquí no puede ocurrir. ¿O tal vez sí? Los 8.000 asistentes al mitin de Valencia, la mayoría exvotantes socialistas, la mayoría en torno a los 50 años, estaban convencidos de que sí, de que podría ocurrir. «¡Sí, sí, sí, nos vamos a Madrid!». El 31 de este mes, claro.

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