Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

27 de novembre de 2007
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NIVELL EDUCATIU

Ahir vaig tenir ocasió de seguir el debat sobre fracàs escolar i ensenyament al programa del Canal 33 (mentre en camps no ens en prive). Em va agradar. Quasi subscriuria tot el que es va dir. Amb el representant de l’Administració és amb qui menys d’acord estic, però així i tot haig de dir que digué coses que van a missa… Ara bé, si els centres ja estan com estan, sols falta que posen en marxa la "nova" manera de gestionar-los que han pensat. Si ho fan, al meu modest entendre, ja podem tancar el llum i anar-nos-en en pau.

I ahir, casualment, publicava EL PAÍS aquest article d’En Cayetano López, ¿Le importa a alguien nuestro nivel educativo?. Pense que a molt pocs. A continuació el podeu llegir. En Cayetano López és catedràtic de la UAM i director adjunt del CIEMAT. Alguna cosa deu saber-ne. Gràcies.

¿Le importa a alguien nuestro nivel educativo?


CAYETANO LÓPEZ


EL PAÍS
 – 
Opinión – 26-11-2007


Sabemos, gracias a los informes PISA y otros estudios similares, que el
nivel educativo de nuestros jóvenes en el tramo de educación secundaria
se sitúa entre los últimos de los países de la OCDE en materias que se
consideran básicas para su maduración intelectual, en particular
matemáticas y lengua. En el mismo sentido cabe entender otros
indicadores como el número de repetidores en ESO y Bachillerato.
Entiéndase, el nivel medio de nuestros jóvenes ha mejorado
considerablemente respecto del de épocas en las que los alumnos con el
título de bachillerato eran una minoría; y las diferencias entre los
que tienen mejores calificaciones y los que las tienen peores no son
elevadas, si las comparamos con el resto de los países analizados. El
sistema educativo español ha sido eficaz en dotar de un nivel mínimo a
todos los estudiantes de secundaria, con independencia de su
procedencia social o territorial, pero muy poco eficaz en estimular a
los mejores de ellos, en proporcionarles medios para que avancen en la
medida de sus posibilidades y no se sientan sumergidos y arrastrados
por la mediocridad general. Y no olvidemos que los resultados de los
estudios del tipo PISA dependen de las prestaciones de estos últimos
(del mismo modo que los premios Nobel, la innovación tecnológica o los
descubrimientos que abren nuevos campos del conocimiento).


Ante esta situación de medianía generalizada se hacen diagnósticos
sobre lo que ocurre en nuestras escuelas y se intenta buscar remedios.
Normalmente, se piensa en modificaciones en la estructura de los
centros de enseñanza, desde los planes de estudios a las pautas de
actividad docente, el encuadre de los alumnos en grupos siguiendo tal o
cual criterio, o nuevas técnicas y actitudes del profesorado que
incorporen una atención más personalizada según gustos y aptitudes. Sin
embargo, pienso que todos estos esfuerzos, meritorios como son, e
imprescindibles, tendrán poco éxito porque hay fuerzas profundas en la
sociedad española que militan en dirección contraria.


En nuestra sociedad, los estudiantes con capacidad, motivación y ganas
de estudiar no tienen el menor incentivo. Todo les induce a ocultar
esas cualidades y no desarrollarlas, mientras que gozan de un ambiente
más receptivo los que son ingeniosos a la hora de evitar el esfuerzo en
la escuela y consiguen esquivar o ignorar las tareas que proponen los
profesores. No es infrecuente que los padres de un muchacho estudioso
se preocupen por los posibles inconvenientes que éste pueda sufrir si
se conocen sus buenas notas, mientras que es más infrecuente que se
preocupen por lo contrario. Todos los mensajes que los jóvenes reciben
del entorno social, y especialmente de quienes más influencia tienen
sobre ellos, van en el sentido de jalear las actitudes que se asocian
tradicionalmente al pillo, al que se "fuma" las clases, al que hace
"chuletas" o consigue puntuaciones que no merece. Cuando un cantante
con gran predicamento sobre los jóvenes cuenta en televisión que este
tipo de conductas es lo propio de esa edad y que él (o ella) así lo
hacían en sus tiempos, y que les ha ido divinamente en la vida sin dar
golpe en la escuela o el instituto, están reduciendo a escombros los
esfuerzos de miles de profesores. Y quien dice cantantes, dice también
deportistas, actores, presentadores u otros personajes con presencia
pública (cada cual puede hacer su lista particular) que se muestran
solidarios y hasta entusiastas con conductas poco recomendables en
términos de aprovechamiento escolar. En resumen, personas que ejercen
una enorme fascinación sobre las mentes más jóvenes, y con frecuencia
se convierten en ejemplos a imitar, proponen justamente el modelo de
comportamiento en la escuela que garantiza el fracaso en cualquier
evaluación de nivel académico.


Yo he escuchado a un locutor de radio, no especialmente insensato,
reírle las gracias a un chico que contaba cómo evitar el aburrimiento
de estudiar algo tan absurdo como matemáticas y otras materias, "pues
claro, chaval, eso es lo que hemos hecho todos a tu edad", decía,
mientras un coro de risas cariñosas de otras personas presentes en el
estudio, igualmente sensatas, acompañaba estas palabras. Así, el chico
en cuestión se sentía importante y justificado en su conducta, y
recibía la complicidad nada menos que de personas admirables que habían
triunfado en la vida. Por cierto, la palabra "chaval" se suele utilizar
siempre en contextos de comprensión y justificación de conductas
supuestamente típicas de la adolescencia o juventud, nunca en contextos
negativos o reprobables (como quemar mendigos o apalear inmigrantes, en
cuyo caso se habla de "menores" o "adolescentes") así que cuando esa
palabra aparece ya puede saberse que, sea cual sea la acción que se
comente, contiene una indicación para justificarla o incluso
aplaudirla. Lo frecuente es que los "chavales" se ufanen de sus trucos
y habilidades para no estudiar, y sean "comprendidos" por los adultos
en una actitud de halago que en realidad oculta la falta de confianza
en las capacidades y en la responsabilidad de los más jóvenes. Por el
contrario, resulta un poquito embarazoso, incluso cargante, el chico o
la chica (normalmente no "chaval") estudioso, trabajador e
intelectualmente inquieto. Nuestra sociedad, sobre todo en los ámbitos
con más glamour
juvenil o en los que se quiere dar una imagen desenfadada que se asocia
a lo juvenil, prefiere la astucia del aprovechado a la inteligencia o
al esfuerzo del buen estudiante.


En estas circunstancias, ¿cómo extrañarse de que nuestros alumnos
obtengan calificaciones mediocres en los estudios comparativos de
ámbito internacional? Es más popular, y no sólo entre los amigos del
barrio, el estudiante que hace gala de ignorar los más elementales
conceptos del cálculo o un léxico que vaya más allá de media docena de
términos de jerga supuestamente juvenil, que aquel que ha conseguido
cierta destreza en matemáticas o en lenguaje. ¿Qué pueden hacer miles
de profesores que se esfuerzan en inculcar a sus alumnos el gusto por
el saber, o legiones de sesudos expertos ministeriales que debaten cómo
mejorar la situación, ante unos minutos de convincente y desenfadada
disuasión por parte de personajes públicos admirados por los jóvenes?
Se puede y se debe estudiar la organización de la escuela en Finlandia
o Japón, que son casos de países con un envidiable nivel educativo,
pero quizá las mayores diferencias estén fuera de la escuela y no
dentro. En esos países, por poner un ejemplo, es sencillamente
inimaginable la sola idea de copiar en un examen, mientras que sabemos
que esa actividad ha generado entre nosotros una pujante industria que
suscita la admiración de la sociedad adulta.


Quizá muchas de las personas que contribuyen, en muchos casos sin
proponérselo, a la buena conciencia de los aprovechados, se les llame
"chavales" o de otro modo, confrontadas a los resultados no del todo
admirables de nuestro sistema educativo, se muestren preocupadas y
comprendan su trascendencia, pero no acierten a establecer relación
alguna con lo que dicen cuando hablan de "otras" cosas, como por
ejemplo lo muy divertido que es ser joven y no dar golpe.




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