Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

Incremento de suicidios 15.09.2014, RAFAEL PRATS (LEVANTE-EMV)

No se trata de una forma literaria, por mucho que algún escritor romántico se pegara un pistoletazo en la sien, como Mariano José de Larra, o que el joven aristócrata de Lahos Zilahy decida marcharse de este mundo, en Primavera Mortal, por un mal de amores. Hoy el suicidio no es una realidad lejana ni forma parte de la ficción. Por eso hace unos días en el periódico digital de mi pueblo, vivaleliana.com, redacté «un aguijón» sobre el tema.
Decía que los políticos de vía estrecha anuncian a bombo y platillo, como en el circo, que estamos saliendo de la crisis. Para ello nos facilitan unos datos macroeconómicos que nada tienen que ver con la realidad del españolito de a pie. Algunos se permiten decir que los hoteles, restaurantes y terrazas están a tope. Ninguno habla de suicidios, esas noticias que nos llegan „sin buscarlas en la tele, la radio o la prensa„ protagonizadas por gentes de territorios próximos. Son casos que han aumentado en los últimos meses y constituyen uno de los síntomas de que la crisis ni siquiera ha tocado fondo. Más reciente es la información en las páginas de este periódico acerca del aumento del problema en España, según el estudio presentado por el profesor Enrique Echeburúa; estudio que pone de relieve que «el suicidio provoca más muertes que los accidentes de tráfico, los laborales y los homicidios y asesinatos juntos». En 2012 se registraron 3.539 suicidios, que podrían ser entre un 10 o un 30 por ciento más, que no se puede llegar a estimar fidedignamente como tales.
Aunque los científicos sólo responsabilizan de los suicidios a los estados de estrés y de ansiedad, uno observa demasiados temores a su alrededor como para no sospechar de otros factores. ¿Acaso no detectáis que, pese a que la mayor parte de la población parece vivir en el limbo, el miedo flota en el ambiente? Y es que llega sin avisar, mortifica sin explicaciones, impide el razonamiento humano, cambia el carácter del individuo, le convierte en otra persona. Es el miedo a cesar en el trabajo o a seguir en el paro, a perder la casa, a la merma de derechos. Nos hace celosos, envidiosos e insolidarios, nos lleva a padecer una dolorosa soledad, que tortura y destruye a quien la siente y a los más cercanos. Hubo un tiempo en el que los líderes procuraban, cuanto menos, que la sociedad se ilusionara por algún proyecto, por alguna utopía. Aquí y ahora, ni hay proyecto ni existe utopía. Se puede acabar imitando a los subsaharianos, cruzando la frontera hacía países con solvencia; el salto ya se ha iniciado, sólo queda que se incremente. Pero esa no es la solución, claro. Me reconozco impotente. y sólo se me ocurre terminar con un una frase que anoté hace poco, en la que el doctor Luis Rojas Marcos afirma: «Narrar lo que sientes te obliga a organizar tu historia, rebaja la intensidad emocional y alarga la vida».

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