Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

25 de desembre de 2009
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Entrevista al P. Abat del Monestir de Montserrat (La Vanguardia)

Ací teniu l’entrevista apareguda a La Vanguardia avui.

 

“Catalunya
presenta signos de vigor, hay que defender el Estatut”

A pesar de
la crisis, el abad Josep Maria Soler ve signos de fortaleza en Catalunya.
“Veo una sociedad civil fuerte, con ganas de preparar el futuro”

 

ENRIC
JULIANA
 | Barcelona | 25/12/2009 

 

El martes
por la mañana, Babilonia apenas era visible desde la montaña de Montserrat. La
neblina tenía la densidad del algodón en el Anoia y el Vallès. Apenas se
divisaba la torre de Collserola, el signo más visible de la Catalunya babilónica.
Sobre Babilonia versa esta entrevista con el abad Josep Maria Soler, que no evita la
sonrisa ante el símil bíblico. La quietud de la montaña frente a la entropía
urbana. El espíritu ante la política. Partiendo de la base de que la montaña
siempre ha estado muy bien informada.

“Babilonia
–arranca el abad Soler– está en crisis económica y vive desconcertada ante el
futuro. Y si usted entiende por Babilonia la sociedad catalana, la crisis y el
desasosiego, hay que añadir sendos interrogantes sobre el Estatut y las próximas
elecciones al Parlament. Con todo, veo signos de fortaleza”.

¿Cuáles? 

Veo una sociedad civil fuerte, con ideas, con ganas de preparar el futuro, con
una cierta esperanza ante ese futuro, puesto que una crisis también es una
oportunidad para mejorar las cosas. Veo a gente dispuesta a luchar por nuevas
oportunidades. Y si pregunta sobre el papel de la Iglesia en esa Babilonia
catalana, le diré que veo una capacidad de diálogo queDéu n’hi do.

La percepción dominante no es tan optimista.
Desafección es hoy la palabra de moda en Catalunya. ¿Desde el observatorio de
Montserrat resulta visible tanta desafección?
 

En la medida en que Montserrat pueda ser un observatorio de la sociedad
catalana, sí, observamos desafección política y tentaciones abstencionistas que
podrían acarrear consecuencias negativas en un futuro próximo.

¿Vigor y desafección? 

No deja de ser un diagnóstico contradictorio. Sí, vivimos un momento de
contradicción. Desorientación y vigor se cruzan hoy en Catalunya.

¿En qué se manifiesta ese vigor que ustedes creen
detectar en la sociedad catalana?
 

Una de las muestras de vigor de la sociedad civil ha sido el reciente editorial
conjunto de los diarios catalanes sobre el Estatut. Es una iniciativa positiva
y meritoria, que no debió ser fácil de gestar. También el Cercle d’Economia
acaba de hacer público un interesante documento sobre la crisis y el momento
político. Y hay otras iniciativas interesantes. Creo que todas ellas darán su
fruto en el momento en que empecemos a superar la actual situación de
desconcierto.

Y cuál es la posición de Montserrat al respecto? 

En Montserrat se está de acuerdo con el editorial conjunto de los diarios
catalanes. Podemos estar más o menos conformes con la complicada gestación de
la nueva ley de Catalunya, pero en estos momentos desde Montserrat queremos
apoyar el Estatut, desde luego que sí.

Ha habido estos días reaccionesmuy abruptas y
desconsideradas ante la defensa catalana del Estatut. Otros, con mayor tiento y
finura, señalan una supuesta ficción catalana. Hablan de superestructura
política, cívica y periodística desvinculada de las preocupaciones reales de la
gente.
 

Por lo que podemos observar desde Montserrat, yo le diría que ese divorcio no
existe. Nosotros no lo palpamos. Puede que haya sectores sociales menos
expresivos que otros, pero la preocupación social por Catalunya es amplísima.
Desde luego se formula de muchas maneras: desde el nacionalismo, desde un
catalanismo de contornos más difusos, desde el independentismo, también: pero
la defensa de la identidad, de la lengua, de la cultura y de la garantía de
unos recursos adecuados para gestionar el país de una manera correcta y justa,
forman hoy la gran corriente mayoritaria en Catalunya.

¿Qué pasará si finalmente el Estatut recibe un hachazo? 

Habrá una decepción. Una decepción fuerte. No sé con qué consecuencias, pero la
decepción será muy fuerte.

¿Más independentismo? 

Creo que hay un sector social de un cierto relieve que ha interiorizado la
independencia de Catalunya como meta, y hay otro sector que se adhiere al ideal
independentista como reacción a acontecimientos adversos como el retraso en la
sentencia del Tribunal Constitucional, o ante determinadas actitudes agresivas
respecto a Catalunya. El factor reactivo pienso que es importante a la hora de
valorar el fenómeno. Con todo, no creo que el independentismo sea hoy un
sentimiento mayoritario en la sociedad catalana; por lo menos en el momento
presente.

¿Qué opina de las consultas soberanistas? 

Creo que es legítimo pedir la opinión de la gente y que la gente que quiera, la
exprese. Son iniciativas que ayudan a valorar lo que piensa la gente. Es en
este sentido que a mí me parecen bien. Si el referéndum fuese oficial,
evidentemente la participación y los resultados serían distintos.

Hace un par de años, en una anterior entrevista con ‘La Vanguardia’, usted
observaba falta de liderazgo político en Catalunya. ¿Mantiene esa opinión?
 

En estos momentos se observa un poco más de liderazgo político, sobre todo en
lo que se refiere a la defensa del Estatut. El president Montilla ha actuado
con firmeza. En lo que respecta al Gobierno tripartito, por lo que leo en los
periódicos, parece que sigue costando hallar un nivel adecuado de cohesión.

Si no le interpreto mal, usted valora bien al
presidente y no tan bien a su Gobierno.
 

Dicho así… Sí, en principio, sí.

¿Por lo tanto no sería usted partidario de un tercer
gobierno tripartito en el 2010?
 

Sobre este punto quizá sea conveniente que el abad de Montserrat no se pronuncie.
En el supuesto de que esa fórmula de gobierno se repitiese creo que sería bueno
que hubiese más política de coalición.

Sin embargo, las relaciones de la coalición catalana de
izquierdas y la Iglesia
católica no han sido malas estos años.
 

Ha habido un deseo de buena colaboración, diálogo, buen entendimiento e incluso
de valoración de la aportación del cristianismo y la Iglesia católica a lo
largo de la historia de Catalunya. Pienso concretamente en el discurso que
pronunció el president Montilla en la Facultat de Teologia de Catalunya, hace un par de
años, en el que habló de las raíces cristianas del país. Diría que,
ciertamente, hay un diálogo correcto y respetuoso.

No ocurre lo mismo entre el Gobierno español y la Conferencia Episcopal. 

En Catalunya nos movemos en otros parámetros. Tanto por parte de la Generalitat, como por
parte de la Iglesia.

¿Una
demostración más de la esfera nacional catalana?
 

Sí.

¿La religión se diluye en la moderna Babilonia? 

No hay menos sentimientos religiosos que antes; lo que ocurre es que los
sentimientos religiosos se expresan ahora de otra manera. Las grandes preguntas
continúan estando presentes en la vida de las personas, en unos casos con un
mayor registro intelectual, en otros, en un plano intensamente existencial.
Puede que muchas personas no expresen estas inquietudes yendo a misa todos los
domingos, pero no son pocos los que las manifiestan participando en una
procesión o encendiendo una vela en un santuario. Ese gesto sencillo de
encender una vela es, en sí mismo, una vivencia religiosa.

Ante esa realidad, ¿los católicos han de replegarse
para formar la minoría más influyente, o aún existe margen para la Iglesia como marco amplio?
 

Yo diría que la Iglesia
debe moverse en ambas direcciones. Por un lado, la Iglesia y los cristianos
no podemos dejar de anunciar el Evangelio de Jesús. Lo que no podemos hacer es
imponerlo. Por otro lado, creo que la Iglesia debe disponer de un generoso espacio de
diálogo. El pasado martes, en su discurso a la curia, el papa Benedicto XVI se
refirió al atrio de los gentiles del antiguo templo de Jerusalén. El atrio de
los gentiles era un patio al que podía entrar todo el mundo, aunque no fuese
judío. El Papa dijo a la curia que la Iglesia sebe redescubrir ese patio de los gentiles
para que exista una generosa zona de diálogo con la gente que no se considera
de la Iglesia
o con la gente que duda. Lo que no podemos hacer es quedar encerrados sobre
nosotros mismos.

Usted se definió en una ocasión como montiniano. Para
un entusiasta de Pablo VI (Giovanni Montini) quizá el pontificado de Benedicto
XVI no sea una etapa fácil.
 

Hay diferencias, por supuesto, entre los papas Montini y Ratzinger. Pero hay un
aspecto muy importante para mí del pensamiento de Benedicto XVI que es la voluntad
de diálogo con el pensamiento moderno. Ahí hay un nexo con Pablo VI. Esa
voluntad de diálogo con el mundo moderno pienso que es uno de los puntos
fuertes del pontificado actual. Evidentemente, hay otras ideas y otras
actitudes que están lejos del pensamiento montiniano.

El fuerte apego a la tradición, por ejemplo. 

Sí. Seguramente Benedicto XVI acentúa mucho la tradición y en tiempos de Pablo
VI había un deseo de dejarse impactar por las novedades de la modernidad. Sigo
viendo posible un equilibrio entre ambas actitudes.

La tradición, como columna vertebral de la identidad,
vuelve a estar en el centro de muchos debates contemporáneos.
 

Para dialogar con otra realidad es muy importante saber quién eres, dónde estás
y qué bases te sustentan. En este sentido, todo impulso para clarificar la
identidad me parece positivo. La pregunta es con qué intensidad debe efectuarse
esta reafirmación, porque hay asuntos que forman parte de la identidad y otros
pertenecen a la esfera de los gustos personales. La tradición debe ser
depurada; no todo es tradición.

Está de acuerdo en negar la comunión a los diputados
católicos que han votado a favor de la nueva ley del aborto?

Yo estoy a favor de la vida, y en consecuencia, contra el aborto, aunque
entiendo que las leyes de un país no tienen por qué coincidir necesariamente
con todos los criterios de la moral católica. Hay una encíclica del papa Juan
Pablo II en la que se dice lo siguiente: “Cuando no sea posible evitar o
abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario puede lícitamente
ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y
disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la
moralidad pública. Obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a
una ley injusta: antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de
limitar sus aspectos inicuos” (Evangelium vitae. Punto 73).

¿La nueva ley del aborto evita males mayores? 

No lo sé. Puede que algunos de los cambios introducidos tengan como resultado
una reducción real del número de abortos. No lo sé. El presidente del Congreso
de los Diputados sostiene que sí y hay que tener en cuenta su opinión. Pero
algunos obispos y algún estudio que yo he leído piensan que no. Creo que los
parlamentarios católicos estaban obligados a votar de acuerdo con su
conciencia.

Los partidos no concedieron libertad de voto a sus
diputados, excepto Convergència i Unió. Esa libertad ha existido para votar
sobre las corridas de toros en el Parlament de Catalunya. ¡Libertad de
conciencia y voto secreto!
 

Parece bastante evidente que una votación sobre la vida humana debiera ser más
importante para la libertad de conciencia.

¿Está a favor de abolir las corridas de toros?

A mí me cuesta entender el sufrimiento infligido al toro a lo largo de la
corrida. Tuve tíos y abuelos muy aficionados a los toros. Un abuelo que vivía
en Girona viajaba a Barcelona para ir a los toros durante la Mercè…

No me ha respondido. 

En Portugal creo que los torean sin matar al animal.

¿Catalunya, como Portugal? 

Por qué no.

Permítame que retome el argumento de la tradición, ¿es
el cardenal Rouco Varela una reencarnación del cardenal Cisneros, aquel regente
de fortísima vocación política, a caballo de los siglos XV y XVI?
 

Bueno, le da usted un giro muy peculiar al asunto de la tradición. Precisamente
hace unos días en Montserrat hemos estado leyendo la biografía del cardenal
Cisneros durante la comida. El cardenal Cisneros era el cardenal de España. Sí,
quizá se esté dando un cierto paralelismo.

Rouco, ¿Papa de España? 

No, no. Esa figura no existe, ni está contemplada. Cada obispo es el máximo
responsable de su diócesis y no puede ser suplido. Este es un punto sobre el
que Joseph Ratzinger siempre ha insistido.

Teresa Forcades, monja del monasterio de Sant Benet, en
Montserrat, ha adquirido gran notoriedad en Babilonia por sus opiniones y su
sugerente personalidad. ¿La aprueba?
 

Una de las características primigenias del monaquismo era el de salir a la
plaza pública cuando había debates importantes. Quizá se podría considerar que
ha actuado en línea con esta tradición. Fíjese que volvemos a hablar de la
tradición. Probablemente ha llamado la atención por ser monja y poseer una
brillante formación. No entro a valorar algunas de sus opiniones médicas sobre
la gripe A, puesto que es un tema que no conozco bien y me consta que hay
discrepancias entre los profesionales…

¿Sigue la nueva Cope? 

Normalmente no tengo tiempo de escuchar la radio, pero me llegan noticias de
que su agresividad ha menguado. Mantiene una orientación centralista, pero esa
tensión que tanto dañaba a la
Iglesia y a la sociedad ha sido atajad.

¿Sigue al Barça? 

Lo sigo; no soy un gran aficionado, pero lo sigo.

¿Es hoy más importante el Barça que el Govern de la Generalitat? 

Hay quien lo sostiene. Para que Catalunya funcione es mucho más importante la Generalitat que el
Barça. No perdamos el mundo de vista.

¿Conoce a Joan Laporta? 

Hemos tenido poco contacto. Sé que una vez le preguntaron si aspiraba a
presidente de la
Generalitat y respondió que prefería ser abad de Montserrat.

Creo que el abad de Montserrat no puede ducharse con
champán francés.
 

No, por supuesto que no. 
(…) 

Como responsable del Barça se le tiene que felicitar, aunque el mérito
principal es de los jugadores y del entrenador Guardiola. Y si quiere dedicarse
a la política tiene la libertad de todo ciudadano. Lo que yo observo es que a
muchos aficionados no les gusta que ambas cosas se mezclen. Cuando se encabeza
una gran institución, el compromiso con Catalunya es positivo, pero en un
sentido amplio, sin cerrar el foco.

 


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