Els Papers de Santa Maria de Nassiu

EDUQUEU ELS XIQUETS I NO HAUREU DE CASTIGAR ELS HOMES (PITÀGORES)

1 de maig de 2007
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Avui a EL PAÍS

He llegit aquest article de Suso del Toro a EL PAÍS d’avui. Sé que el que denúncia és cert. Però també sé que, tret que el PSOE és un partit totalment democràtic, algunes de les actuacions que pot tindre sobre la realitat de l’Estat s’assemblen totalment a les del PP. No vull ofendre a ningú. Que s’ho facen mirar!!!!

L’article:

Que no nos roben Madrid


SUSO DE TORO


EL PAÍS
 – 
Opinión – 01-05-2007


Desde luego una buena teoría vale mucho, si es pesada mejor, pero más
vale aún una experiencia bien comprendida porque de ella puede uno
sacar dos o tres teorías de mediano peso. La experiencia de un escritor
conocido por mí ilustra en varios aspectos tanto la evolución del mundo
literario y editorial como corrientes de fondo de nuestro país.


Este hombre tuvo la desagradable experiencia de chocar con el poder
político hace unos años en su Galicia por practicar la libertad de
expresión, como le había ocurrido a otros periodistas antes. Pasaron
los años y pasó lo que pasó, la derecha perdió allí el poder y todo se
fue temperando, dentro de lo que cabe. Hay cosas mucho peores, como que
te persigan para matarte, pero como fuente de conocimiento la
experiencia no estuvo mal: padecer a un poder autoritario utilizando la
"información y turismo", abusando del poder de los medios de
comunicación para liquidar paradójicamente la libertad de expresión.
Para liquidar la realidad con una asfixiante pesadilla mediática.


Mientras tanto, este hombre podía ver editados ocasionalmente textos
suyos en prensa de Madrid o Barcelona. Incluso vio publicadas sus
opiniones sobre literatura en alguna cabecera manifiestamente de
derechas, donde por entonces también se daba fluida cuenta de la
publicación de sus libros. Él creía que eso era un derecho o cosa
natural, pues era lo que se hacía habitualmente con libros de parecida
índole de autores semejantes a él. Pero posteriormente descubrió que lo
que creía un derecho era en realidad un privilegio que le podía ser
retirado y que lo ocurrido antes en Galicia, el estrangulamiento de la
opinión libre y la caza de la disidencia, ya empezaba a ocurrir en
Madrid. Y lo que para la división es la "prueba del nueve" lo es para
la democracia que uno pueda expresar sus ideas y no sufrir castigo por
ello. La libertad de expresión es el papel de tornasol de la
democracia, de la libertad.


Si unos años antes había podido publicar en una cabecera madrileña un
artículo titulado "Por un Madrid federal y abierto" constató entonces
que el curso del tiempo y de la política habían hecho sus ideas cada
vez menos populares, nunca mejor dicho, y que la sospecha ideológica
planearía sobre él. Así, cuando nuestro hombre presentó, hace tres
años, un libro sobre su idea de España se tropezó con que de las cuatro
cabeceras de prensa de la capital tres se negaron a cubrir la
presentación. Su pesadumbre fue amargura cuando vio que la única que
acudió tardó veinte días en publicar una columna con la noticia. Se le
hizo evidente que no sólo su idea de España no gozaba de simpatía en
aquellos medios sino que él mismo estaba en un claro y delicado fuera
de juego. Algo había cambiado por debajo en el curso de unos años en el
ambiente y en la actitud de los medios; no era algo manifiesto, nadie
lo reconocería públicamente, pero era algo profundo. Las viejas ideas
de la derecha nacionalista española impregnaban el ambiente y habían
enraizado también en los medios, como ideas "naturales".


Aun así, creyó que quizá ese estigma sólo alcanzase a sus opiniones
pero que su obra literaria, que era autónoma de sus querencias como
ciudadano, estaría a salvo del sectarismo ideológico y seguiría siendo
tratada como antaño. Pero con su nueva novela comprobó, ya sin
sorpresa, que esta vez dos de las cuatro cabeceras de prensa de la
capital, que siempre habían cubierto las presentaciones de sus libros,
también se negaban a acudir a la presentación de la novela. Aún vio con
pasmo que uno de los dos periódicos que se habían negado a dar cuenta
de lo que el autor tenía que decir del libro dedicaba en cambio más
tarde una página entera, y con foto en colores, a una reseña corrosiva
hacia libro y autor. A la fuerza ahorcan y alcanzó a ver cómo se
trabaja la división social, no se respeta la autonomía de nadani de
nadie. Todo estará connotado faccionalmente, o conmigo o contra mí. Una
división que si prosperase destruiría no sólo la convivencia sino
incluso la coexistencia. Y en la que los medios de comunicación son el
instrumento decisivo, el bisturí que utilizan los estrategas de la
división para cortar y separarnos.


Esa experiencia particular muestra antes de nada que la literatura en
España es un espacio roto. El espacio editorial español se caracteriza
por una división polarizada en dos grandes grupos que más allá de
expresar la legítima y necesaria diversidad y competencia empresarial y
cultural tiene sus implicaciones ideológicas. Pero sobre eso se ha
añadido en los últimos años una fortísima ideologización y, sobre eso
aún, el sectarismo extremo de buena parte de los medios de
comunicación; se pasó de la complicidad con el afín a la liquidación
del adversario. La consecuencia para la literatura es clara: en España
no existe un espacio literario común, hay dos espacios separados y
contrarios.


Se dirá que es un caso muy particular, cosa de literatos. Es cierto que
la literatura tiene una relación característica con la ideología que la
hace muy vulnerable a los conflictos ideológicos y sus sectarismos,
pero me parece que esa escisión alcanza ya a otras profesiones, de la
judicatura, ideologizada y faccionalizada, a la medicina. ¿O no es eso,
sajar en vivo, lo que hizo la Consejería de Sanidad de la Comunidad de
Madrid depurando sin causa el servicio de urgencias del hospital Severo
Ochoa de Leganés?


No sabemos de qué modo se saldrá de esta situación, probablemente
cuando la derecha haga su crisis y aparezca una alternativa a la
existente, con verdadera cultura democrática. También entonces habrá
cabeceras de prensa que tendrán que revisar el daño que hicieron. Pero
mientras tanto Madrid, que por las características de la construcción
del Estado es el corazón de muchas cosas en España, y también el
corazón del sistema de comunicación centralizado, es el lugar donde se
da la batalla ideológica.


Es en las calles de Madrid, apropiándoselas, donde la derecha
escenifica su rabia nacionalista y es en sus medios de comunicación
donde se elabora la tremenda visión de España que nos llega cada día.
¿Y acaso no es Madrid en estos momentos una comunidad "robada",
secuestrada políticamente? ¿Acaso no se le robó a la ciudadanía,
utilizando a dos diputados comprados, el Gobierno autonómico para
dárselo a quien ahora lo tiene? Los especuladores inmobiliarios tras la
operación fueron el instrumento de esta derecha que necesitaba poseer
Madrid para transformarlo en un búnker
en el que resistir y desde el que emitir a toda España. Y así tienen a
Madrid, explotándolo, como un corazón forzado al borde del infarto. Y
así se apropian incluso de sus calles. Cualquier desafuero es posible.
Ya hemos visto a todo un señor alcalde de la ciudad y a un ex
presidente del Gobierno cortando el tráfico en manifestación ilegal, en
su desesperación ya no hay límites ni hay que guardar las normas y las
formas, por eso han sacado las viejas banderas. Pero no es el Madrid de
los ciudadanos el que padecía originalmente taquicardia, sino un otro
Madrid que se le superpone y que lo pretende suplantar. Se trata de una
ciudad platónica y levitante, hecha de ideología y encerrada en un
diálogo consigo misma. Esa lucha de la ciudad fantasma contra la
tangible somete de un modo calculado a Madrid a un stress. Ese stress contrae su sistema arterial y venoso, acercándolo a la esclerosis, para que no pueda circular toda la sangre.


Si el Madrid de los ciudadanos no consigue espantar de encima esa otra
ciudad agobiante y fantasmal acabará infartada, perecerá como ser vivo
y libre. Será suplantada por una ciudad de pesadilla, un fantasma
integrista en el que no podrá verse reflejada más que una minoría
sectarizada de la población, y entonces toda la ciudadanía española
tendrá un problema serio. Es preciso recuperar Madrid para todos, que
ese corazón bombee sangre oxigenada y con fluidez, sin distinguir que
la sangre sea azul o roja, catalana, gallega, vasca, canaria,
ecuatoriana… La que sea, toda la sangre, la de todos. Es preciso que
el integrismo retire sus manos arteras del cuello de esa ciudad y la
deje respirar, la deje ser. Nos deje ser. El cuerpo español necesita
que la derecha no reviente el corazón del Estado.


Hoy seguimos deseando lo mismo que hace años, una capital del Estado
que sea para todos, que no excluya a nadie: un Madrid federal y abierto.




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