PER A LA REFLEXIÓ (I JA NO ESTEM EN CAMPANYA ELECTORAL)

Encara que ja no siga campanya electoral i les eleccions ja queden a quinze dies lluny, us deixe algun article dels que llig a la premsa escrita.

PETIT OBSERVATORI

JOSEP MARIA ESPINÀS

Lectura: càstig o premi (EL PERIÓDICO DE CATALUNYA)


Indignat?

Marc-Antoni Adell (LEVANTE-EMV)


Pirómanos peligrosos

JAVIER PÉREZ ROYO

 

EL
PAÍS  –  España – 29-09-2007


Militante

MANUEL VICENT

 

EL
PAÍS  –  Última – 14-10-2007



Los 12 de octubre

Luna Miguel Santos,
(estudiante de segundo de Bachillerato)  –  Almería

 

EL
PAÍS  –  Opinión – 14-10-2007




 

PETIT OBSERVATORI

JOSEP MARIA ESPINÀS

Lectura: càstig o premi

Turquia ha condemnat dos lladres a una pena ben original: mentre siguin a la
presó, hauran de llegir tres hores cada dia, i fer resums dels llibres. De fet
són uns lladres poc perillosos, no han matat a ningú. A la presó s’hi hauran de
passar cinc mesos.
El que em sorprèn és que el jutge ha decidit que el llibre que han de llegir,
per començar, és Crim i càstig, de
Dostoievski. Jo no veig gaire
clar que la tria sigui bona, potser hauria estat millor una novel.la menys dra-
màtica, més pacificadora. Però ignoro què es vol aconseguir amb la lectura.
¿Volen un llibre que sacsegi? ¿Un llibre que introdueixi en el plaer de
compartir amb l’autor una complicitat agradable?
Si ja no se sap quin ha de ser el paper de la lectura en els lectors lliures de
diversa condició, els criteris amb els quals s’han de programar els llibres per
als presos no me’ls imagino. M’espantaria que a la llista de llibres triats
haguessin de figurar els que en aquest moment són ben vistos per una elit que
està molt contenta de fer de jutge.
Una presó no és una càtedra de literatura. S’han d’oferir als presos diversos
models de literatura. Un crític que havia dedicat bona part de la seva feina a
analitzar les obres de
Dante, i que va arribar a ser una autoritat en la
matèria, va fer la se- güent confessió poc abans de morir als estudiosos que
l’acompanyaven en aquella última hora: “Em carrega el
Dante”.
Aviat farà set anys,
Manuel Vázquez Montalbán va publicar un article
molt dur contra
Harold Bloom, el canonista que dictava sentències
sobre quines obres mereixien la classificació d'”excel.lència”.
Bloom
havia dit: “¿Què es pot escriure després de
Proust, Joyce o Beckett?”.
Afortunadament, deia
Vázquez Montalbán, els escriptors van continuar
escrivint, i així hem pogut llegir
Kafka, Camus, García Márquez, Faulkner,
etcètera.
La literatura i la lectura són territoris de llibertat. I penso que als presos
de Turquia se’ls hauria d’informar sobre diversos llibres i consultar les seves
preferències. Encara que, de tota manera, en el fons no deixa d’haver-hi un
problema: que la imposició de la lectura s’entengui com un càstig.
Uns amics, pares lectors, em van explicar que un dia van descobrir que era molt
eficaç actuar al revés. A un nen que no s’havia portat bé li van dir:
“Avui no et deixarem llegir”. La criatura va veure que no podia fer
el que als pares els agradava. La prohibició de llegir com a estímul de la
lectura.


INDIGNAT?

El govern del sr. Camps ha fet saber urbi et orbe que
està molt indignat. Per què? Perquè el posen en evidència, ara en l´exposició
de l´Institut d´Estudis Catalans, a l´edifici del rectorat de la Universitat de
València. I és que el títol de l´esdeveniment és «Un segle de cultura i ciència
als Països Catalans». Vade retro! L´excusa és la referència als Països Catalans
i ja ens dirà el sr. Camps com cal anomenar als territoris que parlem la
mateixa llengua. Perquè nosaltres no ens indignem pel mot de «Païses de habla
hispana». Natural, com cal. Aleshores el sr. Camps hauria de deixar de fer
l´hipòcrita.


O pot ser el que li cou és que altres -forasters vindran…- se n´ocupen de la
cultura i de la ciència dels valencians, mentre ell les menysprea olímpicament
-especialment la llengua- i no viu més que per promoure els negocis
immobiliaris depredadors del territori, l´America´s Cup i la Fórmula I?


Ja està bé de fer electoralisme barroer, des de les institucions i les
plataformes oficials, que paguem els contribuents. Això sí que és
indignant.-Marc Antoni Adell. València



 

Pirómanos
peligrosos

JAVIER PÉREZ ROYO

 

EL PAÍS  –  España –
29-09-2007

La Monarquía ha sido siempre una
institución polémica en la historia constitucional española. En el origen de
todos nuestros ciclos constitucionales está una crisis de legitimidad de la
institución monárquica. En 1808, la abdicación de Carlos IV y la transmisión de
la Corona a la
familia Bonaparte. En 1833, la muerte de Fernando VII sin descendiente varón.
En 1868, “La Gloriosa“.
En 1931, las elecciones municipales que trajeron la Segunda República.
En 1975, también. La aceptación o no de la Monarquía “restaurada” por el régimen
del general Franco era el primer problema constituyente con el que tenía que
enfrentarse la sociedad española. Ese problema se resolvió antes de la convocatoria
de las elecciones del 15 de junio de 1977, que no se habrían celebrado si todos
los partidos no hubieran aceptado que la Monarquía no se pondría en cuestión por las
Cortes que nacieran de dicha convocatoria.

El poder constituyente
del “pueblo español” no se extendió, pues, a la Monarquía. Se
extendió a la configuración de la
Monarquía
como parlamentaria y a la posición de la Corona en la arquitectura
constitucional, pero no a la institución de la Monarquía en cuanto tal.
Para poder acudir a las urnas el 15 de junio, los partidos habían tenido que
aceptar que no se plantearía la alternativa Monarquía-República en el debate
constituyente. Como contrapartida se diseñó la arquitectura constitucional más
republicana de toda nuestra historia, en la que el principio de legitimación
democrática del poder se expresa de forma más diáfana.

El compromiso
constituyente: no poner en cuestión la Monarquía con la condición de que no interferiría
en la expresión del principio de legitimidad democrática del poder, ha funcionado
de manera mucho más que satisfactoria. Creo que ha sido uno de los compromisos
más fructíferos de los que se alcanzaron en la Transición.

En mi opinión, ha sido
un compromiso interiorizado por la sociedad española. Quienes cuestionan ese
compromiso son minorías muy reducidas, cuyas acciones tienen un impacto me
atrevería a decir que insignificante. La caricatura de El Jueves o la
quema de fotos del Rey por jóvenes gerundenses no va a poner en cuestión el
compromiso constituyente de 1978 entre Monarquía y Democracia. No le hace ni un
rasguño.

Lo que no puede soportar
dicho compromiso es la utilización del Código Penal para defenderlo. O dicho
con otras palabras: no es la caricatura de El Jueves sino la reacción de
la Fiscalía
lo que puede acabar poniendo en cuestión la Monarquía, de la misma
manera que no la ponen los jóvenes que queman las fotos del Rey, sino el juez
Grande-Marlaska.

El compromiso
Monarquía-Democracia soportaría perfectamente un debate frente a la alternativa
republicana en la sociedad española en este momento. Lo que no puede soportar
es que a la gente se la meta en la cárcel para proteger dicho compromiso. Un
debate de naturaleza política es soportable. Un debate de naturaleza penal no
lo es.

¿Por qué no puede un
joven, o un no joven, expresar su preferencia por la República quemando una
foto del Rey? Es una manera inocua de expresar el rechazo de la Monarquía. No quiero
que el señor cuya foto estoy quemando sea el Jefe del Estado de mi país, porque
no acepto una magistratura hereditaria, sino únicamente magistraturas elegidas.
Eso y nada más que eso es lo que están diciendo los jóvenes que queman las
fotos.

Frente a eso no debe
haber ni reacción penal, ni reacción de condena de los partidos, como ha pedido
el presidente del Gobierno. Sobre esa conducta no hay que abrir ni un debate
penal ni un debate político institucionalizado. Los jóvenes gerundenses han
ejercido su libertad de expresión de manera pacífica y se podrá estar o no de
acuerdo con ellos, pero no hay nada que reprocharles.

Los pirómanos peligrosos
no son los jóvenes gerundenses, sino los fiscales y los jueces. Ellos son los
que están convirtiendo las quemas de unas fotos en un incendio.


 

Militante

MANUEL VICENT

 

EL
PAÍS  –  Última – 14-10-2007

Es evidente que el gobierno socialista tiene miedo a la Iglesia. En cambio la Iglesia, lejos de temer al
gobierno socialista, lo desafía abiertamente en su propio terreno. Frente a la Ley de la Memoria Histórica
defendida por la izquierda no sin pudor, la Iglesia militante acaba de lanzarle un órdago a
la cara y con el apoyo de la derecha montaraz se dispone a beatificar de una
tacada en San Pedro de Roma con todo el boato, a 498 religiosos españoles
asesinados durante la guerra civil y a crear en Valencia un oratorio de las víctimas
junto a la ruta turística de la
Ciudad
de las Artes. Esta es la diferencia. Mientras el
gobierno socialista trata a duras penas de sacar de las cunetas y de las fosas
comunes a los asesinados del bando republicano y de reivindicar la inocencia de
cuantos fueron condenados a muerte en juicios militares sumarísimos sin ninguna
garantía, la Iglesia
bajo la divisa de la santa desvergüenza eleva a sus mártires de la guerra civil
a los altares por si aún no tenían bastantes rótulos de calles, monumentos y cruces
en las fachadas de los templos, con lo cual la división de las dos Españas va a
ser consagrada por toda la eternidad en la tierra, en el cielo y en el
infierno. Como si se tratara de un material radioactivo muy peligroso al que
hay que acercarse con trajes de amianto, el gobierno socialista no se atreve a
denunciar el Concordato ni a imponer el estado laico. Se ha dicho que el gran
milagro de la Iglesia
es que exista todavía después de los escándalos que ha protagonizado a lo largo
de la historia. Torturas, hogueras, crímenes, incestos papales, guerras de
religión a sangre y fuego no han sido suficientes para que sus fieles hayan
perdido la fe. No es ningún misterio. Gracias al terror de la gente sencilla al
más allá hoy la Iglesia
conserva todavía un enorme poder en nuestra sociedad y no está dispuesta bajo
ningún concepto a renunciar a esa carta marcada, que en el momento de la agonía
se saca de la manga para jugarla sobre los despojos mortales. En España, frente
a una exigua minoría que prefiere un funeral laico para despedir al difunto con
la lectura de un poema de Rilke o con un lieder de Schubert, son multitud los
que llevan el cadáver al templo donde el cura de turno se lo apropia, en muchos
casos le felicita por haber muerto, le franquea alegremente por su cuenta las
puertas del paraíso y después consuela a la familia anunciándole que el finado
la espera en el otro mundo para comer pasteles todos juntos eternamente. Esa es
todavía su baraja.




Los 12 de octubre

Luna Miguel Santos,
(estudiante de segundo de Bachillerato)  –  Almería

 

EL
PAÍS  –  Opinión – 14-10-2007

El
12 de octubre de 2001 debuté en la diabetes, y desde entonces no hay día en que
no tenga que atravesar mi piel con una fina aguja de insulina. Recuerdo
perfectamente aquel día; el olor de la sala de urgencias y los labios secos de
deshidratación: “Eres diabética, señorita”, aseguró la enfermera. No
me sentí orgullosa, ni patriota, ni española, sino una pobre desgraciada más
con las venas demasiado dulces.

Dos años después, un 12 de octubre, me senté en el
sillón de Ángel y Teresa en Capileira. Mientras miraba al fuego empecé a
escribir en un cuaderno, que horas antes me había comprado en alguno de los
otros pueblos cercanos. Era un cuaderno azul, Made in Nepal, entonces
fue cuando ocurrió: mis primeros versos, mi primer poema; y no me sentí
española, no me sentí patriota, sólo alguien más con la necesidad de deshacerse
del dolor que llevaba dentro.

El año pasado, en Niza, el 12 de octubre a la una
de la tarde me enamoré de un loco, olvidé Nepal y la insulina y dejé que me
hicieran daño. No era española, era extranjera, no era patriota, estaba triste.
Otro año más con el corazón abierto.

Este 12 de octubre no sé qué habrá ocurrido, señor
Rajoy, usted puede salir a la calle con banderas de colores, usted puede gritar
cantos que a mí no me dicen nada. Yo habré celebrado la tristeza, el recuerdo,
el exceso de azúcar, el azul de Niza, y los versos antiguos. No me diga lo que
debo hacer con mi tiempo, señor Rajoy, el 12 de octubre usted tampoco habrá
sido nadie.


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