UNS QUANTS ARTICLES MÉS

Ací us deixe alguns articles més llegits fa algun dia a la premsa escrita. Considere que tots tenen el seu suc per a entendre millor la realitat que ens envolta.

Fallas sí, abusos no

El
conflicto por la instalación abusiva de la iluminación fallera en la calle de
Sueca reabre el debate sobre el uso de la fiesta

DIEGO BARCALA  –  Valencia

 

EL
PAÍS – 25-02-2007

¿Hay vida después de la política?

La
política es hermosa pese a sus sinsabores. Te da madurez, sabiduría y una
visión más amplia. Pero no hay por qué eternizarse en ella. Millones de
ciudadanos son felices sin ruedas de prensa ni coches oficiales

MANUEL PIMENTEL

 

EL
PAÍS  –  Opinión – 21-02-2008

 

Otro día histórico más

Slavenka Drakulic

 

EL
PAÍS  –  Opinión – 20-02-2008

 

Per parlar sempre en català
5/1/08

AVUI
Isabel-Clara Simó

DE FIL DE VINT

Des de València

Isabel-Clara Simó




Fallas sí, abusos no

El
conflicto por la instalación abusiva de la iluminación fallera en la calle de
Sueca reabre el debate sobre el uso de la fiesta

DIEGO BARCALA  –  Valencia

 

EL
PAÍS – 25-02-2007

Apuestan por la seguridad y contra los abusos. Los vecinos de
Russafa no quieren ser calificados como antifalleros, folloneros
o aguafiestas. Consideran que las incomodidades sufridas anualmente
durante los meses de febrero y marzo suponen un abuso. La instalación de la
iluminación, los cortes de las calles, la seguridad o el ruido, son aspectos
regulados por el libre albedrío de las comisiones falleras que, en muchas
ocasiones, se exceden. El Ayuntamiento niega el conflicto y asegura que en las
reuniones con los vecinos ya han atendido las quejas. Sin embargo, un pequeño
conflicto entre un portal y una comisión fallera ha desatado un torrente de
quejas y ha abierto el debate sobre si es necesario poner coto a la fiesta.

Las voces pidiendo límites a los
abusos sólo se oyen en Russafa. Este multicultural barrio aglomera 23
monumentos falleros en una superficie relativamente pequeña. Los vecinos de
este barrio tocan a un monumento por cada 1.000 habitantes (En Russafa viven
25.600 personas). Cada comisión conlleva su iluminación, chiringuitos, carpas,
música y, por supuesto, gente. Muchos de los miembros que participan y
organizan las verbenas no viven en la zona. Es un dato que molesta
especialmente a los vecinos. Las aglomeraciones, durante los días importantes
de la celebración, obligan a dedicar varias horas para poder atravesar apenas
dos edificios. Las luces han crecido tanto en los últimos años, que la
iluminación de las diferentes fallas se suceden calle a calle.

En el centro de la polémica, la
competición. Los miembros de la falla de Sueca-Literato Azorín no han cedido ni
un ápice en su empeño de poner las luces. Temen que la multimillonaria falla de
Nou Campanar les arrebate el gustazo de ser los mejores. No lo ven así los
vecinos. “El monumento, la música y los petardos. Pero esto de la iluminación
no es siquiera tradicional”, señala un camarero.

“Yo me largaré”. El éxodo
de los vecinos durante los días colindantes a la festividad de San José es ya
una tradición creciente. Los habitantes de las calles de Sueca, Literato
Azorín, Cádiz, Puerto Rico o Buenos Aires no quieren asumir que durante un mes
no podrán aparcar en sus plazas de garaje, que las normas de tráfico se
suspenderán y que su casa estará sobre la pista de baile de una discoteca,
luces incluidas, en forma de carpa. “Pagaba 50 euros por una plaza de
aparcamiento en la calle de Buenos Aires. Después de tener que pelearme año
tras año por entrar, he decidido alquilar una más alejada. Encima pagó 30 euros
más”, explica un vecino.

La decisión de un barrio de Tenerife
de llevar a los tribunales el ruido provocado por los carnavales canarios, ha
despertado el miedo a una denuncia entre los responsables municipales. La
tensión entre unos vecinos de la calle de Sueca y una comisión fallera, por la
instalación de 750.000 bombillas agarradas a un andamio, ha sobrepasado los
límites de tensión de años anteriores.

Los vecinos están convocados el
próximo 9 de marzo en la sede de la plataforma Salvem Russafa, en la calle
DÉnia, para decidir si toman medidas legales. Es una decisión que tomaron el
pasado viernes, cuando cerca de 50 habitantes de la calle de Sueca protestaron
con una cacerolada contra los abusos. Bajo los inmensos arcos que la
empresa de iluminación terminaba de colocar las protestas se sucedían. “El
año pasado tardé tres cuartos de hora para recorrer 10 metros“, explica
Amparo, una joven vecina. “Cuando llevas varios años viviendo en el barrio
te das cuenta de que esto es invivible”, añade.

Un poco de mano izquierda de los
vecinos, mezclado con una modificación de la licencia de obra municipal por
parte del consistorio y el gasto de la retirada de la obra a cargo de los
falleros han servido para el acuerdo puntual del andamio. Después de una semana
de litigios y reuniones la solución ha supuesto un pequeño alivio para el
concejal de Fiestas, Félix Crespo. Sin embargo, los vecinos están en pie de
guerra. “El seguro de la falla nunca cubre los desperfectos de las
fachadas”, reclama Andreu Toborra. Lleva “toda la vida viviendo en el
barrio” y cree que es el primer año que la gente se ha atrevido a salir a
la calle.

El equipo de la alcaldesa Rita
Barberá ha intentado capitalizar la defensa de las Fallas. Para los
socialistas, forma parte de su plan de captación de votos que tradicionalmente
ha tenido Unión Valenciana entre las comisiones falleras. Para Esquerra Unida,
simplemente se trata de la politización de los problemas causados por los
abusos.

“Todos los años se repite la
riada humana pero un día va a pasar algo”, augura un comerciante de la
zona mientras recuerda junto a unos clientes algunos momentos delicados sobre
la seguridad en los últimos años. Describen los problemas de evacuación que
tuvo un enfermo hace unos años y el caso concreto de una mujer minusválida que
tiene dos opciones durante las fiestas: o se va o no sale de casa en cuatro
días.

Los que no participan en el debate,
ni en las protestas son los numerosos inmigrantes que habitan el barrio (5.000
extranjeros). Los comerciantes de las pequeñas tiendas de alimentación no
encuentran tantos problemas en la celebración de las fiestas. “Esto se
llena de gente. Es brutal”, describe admirado un comerciante en un
castellano casi imposible de entender.

A pesar de los problemas denunciados
repetidamente por la vecindad, el concejal dice estar “sorprendido”
ante las dudas de seguridad. “Siempre se deja un espacio de evacuación y
un acceso por el que se pueda llegar a cualquier punto de la calle”,
afirma. Los afectados no son tan optimistas. En menos de trescientos metros se
juntan tres monumentos falleros. Cada uno con su respectivo río humano.
“Que me expliquen cómo puede entrar una ambulancia”, describe molesto
Tobarra.

El Ayuntamiento aboga por la
excepcionalidad de las fiestas para “blindar” las Fallas. Los vecinos
no saben de qué las protege. Ellos sólo quieren una opción: poder disfrutarlas.

¿Hay vida después de la política?

La
política es hermosa pese a sus sinsabores. Te da madurez, sabiduría y una
visión más amplia. Pero no hay por qué eternizarse en ella. Millones de
ciudadanos son felices sin ruedas de prensa ni coches oficiales

MANUEL PIMENTEL

 

EL
PAÍS  –  Opinión – 21-02-2008

Estamos inmersos en la recta final de unas elecciones generales
y andaluzas. Las urnas decidirán quién gobierna y quién calienta los fríos
banquillos de la oposición. Mientras los ciudadanos deciden su voto, cientos de
candidatos sueñan con alcanzar el escaño deseado. Algunos repetirán en el
asiento que ostentaron en anteriores legislaturas, mientras que otros se verán
forzados a abandonarlos. Entramos en un periodo de mudanza. Habrá quien
ascienda a los cielos y quien se vea arrastrado hasta los profundos infiernos.
Desasosiego para casi todos, a la espera del veredicto final. Todos esperamos
conocer a los elegidos… mientras que ya hemos empezado a olvidar a los que
atrás se quedaron. La memoria es frágil, y entierra rápido nombres y caras.
¿Quién se acuerda de ministros y diputados pasados cuando a la mayoría de los
actuales ni siquiera se les pone cara? Pues nosotros sí lo haremos.
Precisamente, esos que ya no serán, son nuestros protagonistas.

Se habla mucho de la vida política,
pero muy poco de la vida de las personas tras un paso intenso por sus mieles y
sus hieles. La política se vive con tal intensidad que apenas se piensa en el
día después. Algunos creen que, como en la canción de Rocío Jurado, el invierno
nunca les llegará hasta que lo tienen encima. Y mientras unos pueden encontrar
un refugio caliente, a otros nos les queda sino el tiritar y el crujir de
dientes. ¿Puede ofrecer la vida a un ciudadano corriente las oportunidades y
los alicientes que se encontraron mientras se ostentaba el cargo público? Pues
depende. Para unos sí y para otros no. Pero no adelantemos argumentos.
Estábamos en la campaña electoral. A estas alturas, ya existen los que han dado
sus primeros pasos fuera de la política. Son los que no repitieron en las
listas. Que nuestro sistema de listas cerradas y bloqueadas tiene estas cosas.
Desde arriba se señala a quién se coloca en puestos de salida y a quién se
relega a los testimoniales o al olvido. Y eso otorga mucho poder a quien lo decide.

Un porcentaje significativo del
aparato de nuestros partidos está constituido por personas que echaron los
dientes en la política. Se afiliaron jóvenes al partido de sus ideales y le
dedicaron los mejores esfuerzos de su juventud. Con estudios universitarios o
sin ellos, la mayoría nunca tuvo un oficio fuera de los cargos de partido o
institucionales. Nada saben de la vida de la empresa, ni de las cuitas de los
trabajadores o de los funcionarios. La calle les da miedo y sufren el horror al
vacío del exterior. Sin el partido no son nada, son dependientes de su
estructura. Ofrecen docilidad y trabajo a cambio de continuidad. Alfonso Guerra
entendió a la perfección esa dinámica cuando pronunció la frase que tan célebre
resultaría: “El que se mueva no sale en la foto”. Obedecen al que
manda para poder continuar. Y la dependencia también es social y afectiva.
Muchos apenas tienen amigos fuera del partido. Cuando la política los deja,
caen en un abismo vacío.

Para el que sienta una vocación
pública, la política es hermosa, a pesar de sus frecuentes sinsabores. Por eso
les cuesta tanto abandonarla. La mayoría de los políticos suelen reengancharse
de una u otra forma al presupuesto público hasta constituir verdaderas
gerontocracias. Basta echar un vistazo a la política europea para comprender
hasta qué punto sus efectivos pertenecen a las viejas glorias. Ese aferrarse a
los cargos impide la entrada de sangre nueva. Aunque algunos cargos siguen
aportando con su valía y experiencia, muchos se limitan a vegetar, vencidos por
el cinismo de la realidad. A éstos deberíamos recordarles que existe vida fuera
de la política, donde se afanan millones de ciudadanos corrientes, sin otros
privilegios que el de sus propios derechos constitucionales.

La política es una experiencia
extraordinariamente enriquecedora. Quien ha pasado por ella tendrá que
reconocer que le modificó como persona. Se sale mucho más maduro y sabio de lo
que se entra. Desde la política se disfruta de la visión más amplia de la
sociedad. Se descubre que todo es más complejo y más rico. Esa sabiduría
adquirida le servirá en su vida futura. Y no tan sólo por los contactos
adquiridos -que siempre son temporales y con plazo caduco-, sino por la
experiencia y el conocimiento.

Las democracias se preocupan por el
futuro de sus presidentes. En España garantizamos un sueldo vitalicio y unos
gastos de oficina a nuestros presidentes de Gobierno una vez finalizados sus
mandatos. Es una buena medida. Esta seguridad económica evita, por una parte,
que los presidentes tengan que preocuparse por su futuro mientras estén
gobernando. Así ganan independencia frente a los intereses de todo tipo. Por
otra parte, también les evita el tener que ponerse a trabajar en lo primero que
salga. Nuestros ex presidentes nos siguen representando, y deseamos que lo
hagan de la forma más digna posible.

“Lo bueno que tiene ser
ministro” -te dicen el mismo día de tu nombramiento- es que ya serás ex
ministro para toda la vida”. Lo de ex ministro es un grado, una
distinción, que, aunque no conlleva prebenda económica alguna, adorna y
perfuma. Hasta la democracia, quedaba el sueldo vitalicio de ministro.
Afortunadamente, ese privilegio pasó a la historia como tantos otros. En la
actualidad, el ex ministro cobra durante dos años un porcentaje del sueldo que
se tenía como ministro y, creo, que, tras la jubilación, la pensión máxima que
concede la Seguridad
Social.

Recuerdo los debates que tuvimos en
torno al derecho a la prestación de desempleo para los alcaldes y concejales.
Se quejaban de que después de muchos años de intenso trabajo, cotizando como
cualquier hijo de vecino, se veían en la calle sin ningún colchón que le
amortiguara la salida. Tenían razón. Si cualquier trabajador que ha cotizado
tiene derecho al paro, ¿por qué no los alcaldes y concejales?

Para muchos ex políticos no resulta
fácil adaptarse a una vida laboral ordinaria. Acostumbrado a salir en los
medios de comunicación, se sienten ninguneados si los flashes no
disparan en su honor. Quien basó su prestigio y su éxito personal en el poder,
no logra adaptarse a las circunstancias de la normal ciudadanía. Se siente
despreciados, minusvalorados por el resto. No logra encontrar su hueco en un
trabajo ordinario. El mal de las alturas no les abandonará en mucho tiempo. El
inefable Pío Cabanillas afirmaba que lo que más notaba cuando perdía el poder
era que “los teléfonos no suenan”. Esa invisibilidad afecta su
autoestima.

Existen tantas formas de dejar el
poder como de acceder al mismo y ejercerlo. Depende de la naturaleza de cada
persona y sus circunstancias. No tiene nada que ver la tranquilidad con la que
encamina su futuro quien lo tiene resuelto -funcionarios o profesionales por
ejemplo- con aquellos que no tienen red de seguridad a su salida. No es lo
mismo haber sido ministro, lo que te confiere una alta notoriedad, que
cualquier otra responsabilidad inferior. Los consejos de administración y la
participación en conferencias y congresos de variada naturaleza suponen una
fuente de ingresos para los “ex” más demandados.

Todo aquel que tiene responsabilidad
política trabaja bajo presión motivada tanto por la responsabilidad como por el
estar expuesto a la opinión pública. Cuando la abandona, necesariamente tiene
que pasar un periodo de descompresión. Recuerdo que cuando dejé el ministerio
me hice la pregunta: “Y ahora, ¿qué?”. Tenía que encontrar una
actividad que me motivase de igual manera. Afortunadamente, la encontré en los
libros.

Existe vida después de la política,
aunque a algunos les cueste creerlo.

 

Otro día histórico
más

Slavenka Drakulic

 

EL PAÍS  –  Opinión –
20-02-2008

El 17 de febrero fue un día
histórico, pero no sólo para el pueblo de Kosovo. Los kosovares proclamaron,
por fin, su independencia. El largo proceso -casi veinte años- de secesión de
Serbia se ha visto completado. Pero ha empezado otro periodo de presencia de
otras fuerzas gobernantes en el pequeño país: la Unión Europea, la ONU, Estados Unidos, el Fondo
Monetario Internacional y otras semejantes. El Kosovo independiente parece no
ser más que un espejismo, un Estado sin economía ni instituciones de gobierno
propias; igual que Bosnia, que, en los trece años transcurridos desde el final
de la guerra, aún no se ha hecho verdaderamente independiente.

“Cuánto odio estas
fechas históricas”, dice mi hija, mientras contemplamos juntas una
transmisión por televisión en directo desde el Parlamento de Pristina.
“Hasta ahora”, añade, “cada una de ellas no nos ha traído más
que problemas”. Y tiene razón, porque se acuerda bien de los días históricos
de las secesiones eslovena, croata y bosnia en 1991, y de las guerras terribles
que vinieron después. Ahora, la pregunta es qué vendrá detrás, y por eso el día
17 es importante.

Observo la supuestamente
solemne ceremonia, pero no me parece muy solemne. Los discursos del presidente
y el primer ministro kosovares son demasiado largos y llenos de repeticiones y
fraseología hueca. Por desgracia, me recuerdan las largas sesiones del Comité
Central del Partido Comunista de Yugoslavia de hace treinta años. No hay fuego,
poesía ni inspiración en la proclamación, que debería haberse escrito -creo yo-
con las emociones del histórico sufrimiento de un pueblo. Porque el pueblo ha
sufrido. El mundo no ha olvidado aún las largas colas de gente, cientos de
miles, que huían de Kosovo a las vecinas Albania y Macedonia. Fue un éxodo de
dimensiones bíblicas. Los 2,2 millones de personas que constituían la minoría
albanesa en Serbia fueron víctimas de la brutalidad de sus vecinos, de
Milosevic, su policía y su ejército dedicados a la tarea de la limpieza étnica.
Eso les da derecho moral a tener su Estado, su libertad y su independencia.

Pero su legitimidad para
revindicar un Estado propio, el derecho moral y la justicia, no son lo mismo
que el derecho legal, y ahí es donde comienzan las complicaciones. No sólo para
los kosovares, sino para los demás. Lo primero que hay que saber, por supuesto,
es qué Estados, para empezar, de la Unión Europea van a reconocer esa independencia.
Inmediatamente surge la división: ¿cómo va a reconocerla España, por ejemplo,
cuando tiene a los vascos que están impacientes por hacer lo mismo? ¿O Rumanía,
donde la minoría húngara ya ha exigido su independencia? ¿O Chipre, ya que
estamos? Sí, todos los políticos de la Unión Europea repiten que Kosovo será un
“caso único”, aunque nadie dice por qué ni cómo se va a garantizar.
El mero hecho de que la
Unión Europea
esté dividida entre los 17 países que reconocen
a Kosovo y los 10 que no (porque es evidente que tienen problemas parecidos en
casa) demuestra que la Unión
no tiene la fuerza suficiente para crear una política común. Más importante
aún, esa división crea una sensación de incertidumbre. Sobre todo, porque Rusia
está profundamente implicada en el caso y apoya a un bando, mientras que
Estados Unidos apoya al otro.

¿Y qué pasa con la
propia región de la antigua Yugoslavia y las voces que dicen que la
independencia de Kosovo representa el fin de un ciclo de guerras que comenzó
allí? Sin contar Serbia ni su frustración por la pérdida de la provincia
(aunque es algo que habría que tener en cuenta), toda la región de los Balcanes
parece haber vuelto casi al punto de partida: ¿por qué no van a querer los
serbios en la
Republika Srpska
, los croatas en Herceg-Bosna, los albaneses
en Macedonia… y los serbios de la región croata de Krajina, hacer lo mismo?
¿Quién va a explicarles que ellos no son también un “caso especial”?

Se ha vuelto a sembrar
la semilla del miedo, y ésa es una triste consecuencia de un acto de secesión,
por lo demás, justo y merecido. O ése es, al menos, el sentimiento que me
invade mientras sigo viendo la televisión en este día. Ahí estoy, ambivalente,
contenta de que se haya hecho justicia y, al mismo tiempo, angustiada por lo
que el futuro que comienza ante mis ojos pueda depararnos. ¿Qué otra cosa voy a
hacer en un día histórico más?

 

Els qui teniu l’amabilitat de llegir-me, potser recordareu
que fa pocs dies vaig publicar un article en què us explicava que un ciutadà
ens donava set normes per parlar sempre en català, amb resultats sorprenents.
L’article ha tingut prou ressò, a jutjar per les cartes i e-mails que he rebut,
però hi va haver un error que m’apresso a rectificar: el veritable autor
d’aquest sistema es diu Lluís Bosch, cosa que he sabut perquè és un bon amic
meu, intel·ligent i bondadós. Si voleu, podeu consultar la seva pàgina web, on
us donarà molts més detalls dels que jo, tan resumidament, donava en el meu
article: www.sempre.cat

Ja ens ho advertia Joan Fuster: la llengua no ens la regalarà ningú, l’haurem
de guanyar dia a dia. I ara encara més, amb tants histèrics que a cada passa
que fem ens volen enviar els tancs, marededeusenyor.

Si volem un exemple de l’agressivitat contra el català, l’aporto d’un altre
lector, David Valls, que coneix una línia de cotxes Ford que parlen. Però com
que només ho fan en castellà, s’ha adreçat als fabricants, en la localitat
valenciana d’Almussafes, i els ha preguntat si n’hi ha també que parlin en
català. Temorós que li diguessin “que esto es España”, l’home ha dit
que era andorrà, on la llengua catalana, com sap tothom, fins i tot els
fabricants de la Ford,
és l’única oficial. La resposta és d’antologia: si vol saber-ne la resposta
s’ha d’adreçar a la delegació de Turquia, que s’ocupa d’afers internacionals.
L’adreça és la següent: 11 Bayar cad. Kozyatagi 34742, Istanbul/Turkey, tel: 90
216 362-2370; fax 90 216 3621909. És bo saber-ho, oi?

 

DE FIL DE VINT

Des de València

Isabel-Clara Simó

L’historiador Jordi Bilbeny, que ja va aportar investigacions incontestables
sobre la catalanitat de Colom -davant el silenci de propis i estranys-, ara ha
aportat noves dades que són extremadament interessants. Es tracta del Lazarillo
de Tormes, una obra insòlita en la història de la literatura castellana. I
tan insòlita! Segons sembla, l’anònim autor era un valencià que escrivia en
català, però que, vés a saber per què, va situar l’acció a Castella. Resulta
que l’autor ho tenia confús, això de Castella, i els estudiosos de la
literatura han dedicat moltes hores a entendre algunes impossibilitats
topogràfiques i a esbrinar per què s’hi donen tantes contradiccions, com ara
dir-li “extranjero” a un paio de Castella la Vella. Ella Marina Alta.
mateix títol,
quan parla de Tormes, està al·ludint a un poble de Encara
més: hi ha qui diu que l’autor era Joan Lluís Vives en persona. En qualsevol
cas, estem davant d’un obra d’autoria dubtosa.

El fons de la qüestió és aquest: per què ocultar i negar la catalanitat de
Colom o la del Lazarillo? Quantes obres o autors més estan falsificats?
De quina manera una cultura es pot apropiar de les produccions d’una altra
sense que els erudits en diguin res? Quant temps fa que dura aquesta impostura?
Quins interessos hi ha al darrere? ¿És el Quixot una obra catalana? No
deixaria de ser divertit que els símbols més preuats de la grandesa espanyola
fossin, al capdavall, exclusivament militars. I explicaria per què no volen mai
acceptar la literatura catalana, per por de les comparacions. Quines coses.





 

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