Dir que Estrany riu l’han admirada arreu no és un dir per dir, no és una frase publicitària. En són testimoni els diversos (molts) escrits publicats en mitjans i a les xarxes. Havent recollit les molt autoritzades i entusiàstiques veus de casa nostra que ja s’han pronunciat sobre la pel·lícula (Altres veus: “Estrany riu”, de Jaume Claret Muxart), ara, en aquest apunt aporto ressons que està havent-hi arreu (també aquí) ara i algunes que hi hagué quan es projectà a Venècia i Sant Sebastià.
Nota: estic dedicant molts articles a Estrany riu, de Jaume Claret Muxart, perquè, amics lectors, som davant d’una pel·lícula important, a més a més, d’un cineasta de casa i rodada en català, certament, una òpera prima, que justament ens permet descobrir aquest nou valor del cinema -si no ho havíem fet abans amb els seus curts-.

FOTO: “Estrany riu” (Elastica Films)
Nota: perdoneu que no tots els articles els hagi traduït.
Sergi Sánchez, al seu compte de Facebook: Decía Gaston Bachelard que la liquidez es un principio del lenguaje, “el lenguaje debe estar henchido de agua”, porque “el agua da materia uniforme a ritmos diferentes”. Así las cosas, la vemos pasar entre las primeras imágenes de “Estrany riu”: esa bicicleta que corre veloz dejando atrás los colores de lo real, desdibujando las flores y las hojas de los árboles, haciendo una ráfaga de luz de los cuerpos y las sonrisas, es la forma en que Jaume Claret Muxart, en su precioso debut en el largo, tiene de invocar la sustancia poética de lo líquido, que fluye, moja y humedece la experiencia de una edad que ralentiza y acelera el estado del mundo, y que la cámara transmite en toda su frescura, permitiéndonos sentir el sonido radial del tiempo que pasa, en un último verano / “Estrany riu” participa de esa necesidad sinestésica de cierto cine contemporáneo de transformar las imágenes en la textura de una experiencia física, sensible. La excusa argumental es tan sencilla como un viaje familiar en bicicleta a la orilla del río Danubio, unas vacaciones estivales que tal vez no vuelvan a repetirse en ese formato que es menos idílico de lo que fue cuando los hijos eran más pequeños y los padres más jóvenes. Ahora, para Dídac (notable Jan Monter), el primogénito, la adolescencia empieza a ser esa enfermedad pegajosa y febril, que llega sin avisar, y lo impregna todo de dudas y deseo. La película le atiende como protagonista absoluto de un viaje cuya duración va diluyéndose a medida que transcurre el metraje, como si de la concreción de la acampada y los conflictos familiares nos desplazáramos a un estado próximo a la abstracción, que aspira a retratar la vibración sensual del paso a la edad adulta. En ese tránsito, porque se trata de transitar hacia la otra orilla de las cosas, la película incluye escenas tan extrañas como una noche de cruising en un camping, que podría ser completamente imaginaria, como también lo podría ser la visita que toda la familia hace a la Escuela de Diseño de Ulm, vacía durante el verano, o, mejor dicho, solo habitada por el objeto de deseo de Dídac, que tal vea sea un fantasma / “Estrany riu” alimenta la imaginación romántica de su héroe -advirtamos que la madre de Dídac (Nausicaa Bonnin), actriz de teatro, estudia y recita una obra de Hölderlin- en un tercer acto sin diálogos. Su despertar sexual es un despertar al tacto entre los cuerpos, que es también una reproducción del fluir de la corriente del río y de la noche, de un primer amor que no necesita palabras para expresar su delicado entusiasmo. En este tramo de la película, Claret se muestra tan enamorado como Dídac del misterio del deseo, y acaso el río se detiene en exceso entre los juncos, pero hay que entender esa calma morosa como un cambio de velocidad que exige el propio discurrir de la vida. En este tramo comprendemos que la familia ha desaparecido porque el río tiene que desembocar en solitario, buscando una suerte de horizonte que le es propio. Es cuando “Estrany riu”, que parecía una película naturalista, costumbrista, un relato de iniciación pastoril, se transforma en cine abiertamente fantástico, que siembra dudas sobre la materia de sus imágenes, abriéndose al sueño de un futuro posible. / Lo mejor: Su textura líquida, el modo en que el paso iniciático se traduce en una puesta en escena de lo sensible / Lo peor: En el tercer acto coquetea, revoloteando, con un cierto ensimismamiento.
Marçal Cebrian -guionista-, a X: Això em fa molta Il·lusió! Avui s’estrena *Estrany riu*, una peli fantàstica, sensorial i misteriosa. La dirigeix el @claretjaume. Quan el vaig conèixer, fa 10 anys, vaig conèixer un director.
Endika Rey, a X: ESTRANY RIU es una de las mejores óperas primas del cine español reciente (y una de las mejores películas del año a secas). El modo en que su puesta en escena entrelaza fantasía y realidad, lo físico y lo etéreo, es algo prodigioso. Te agarra y desgarra con una caricia. ¡Al cine!
CNL d’Osona, a X: Tens ganes de cinema que remou? Al @sucrecines Vic arriba “Estrany riu”, un drama intens que explora emocions, vincles familiars i misteris d’estiu. Estrena avui, 3 d’octubre. No te la perdis! T’agradarà sentir-la en català!
‘Estrany Riu’: el hechizo en la mirada, article de Guillermo Martínez Valdunquillo, a Contexto y acción: Notas sobre el estimulante primer largometraje de Jaume Claret Muxart / (..) Una mirada rápida a “Estrany Riu” ya revela la distancia que separa la forma de filmar de Jaume Claret respecto de las tendencias agotadoras que dominan el cine nacional contemporáneo. Esto no quiere decir que la propuesta estética de la película esté a la deriva y alejada de cualquier influencia. De hecho, estas parecen estar bastante claras. En el coloquio, el director explicó la influencia que el trabajo de cineastas como Hou Hsiao-Hsien tuvo en la construcción de la temporalidad de la película. “Estrany Riu” me recordó también al trabajo de João Pedro Rodrigues en “O Ornitólogo” y un amigo me comentó que la película le parecía semejante al cine de Alessandro Comodin, especialmente a “I tempi felici verranno presto” y “L’estate di Giacomo”. Sean estas influencias reales o fruto de nuestra paranoia cinéfila, es estimulante tener la oportunidad de pensar una película española en estos términos y no como una mera extensión del eje representacional ESCAC-ECAM (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya y la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid) que dirige el camino del cine independiente en España. También se puede pensar en películas como “El Agua” de Elena López Riera si uno insiste en trazar una línea que conecte “Estrany Riu” con el resto del cine nacional, pero hacer eso sería menoscabar las posibilidades de una película estimulante y atípica cuya relación con el resto del Nuevo Cine Rural es puramente circunstancial. El punto de partida es común a todas estas películas: una historia sobre la relación de un protagonista y el entorno natural que le rodea. Lo interesante viene después, en la forma de trabajar con estos materiales, cuando la película tiene la posibilidad de desviarse de la norma y lo aprovecha / En “Estrany Riu” se cuenta la historia de Dídac, un adolescente que viaja con su familia en bicicleta por la orilla del Danubio, acampando en las riberas y aguantando una de esas vacaciones familiares que terminan por entretener más a los padres que a los hijos, cuya mente se halla en otra parte, estimulada por el calor estival y el erotismo de lo extranjero. Recorriendo los inacabables márgenes del río, Dídac encontrará entre sus aguas uno de esos objetos de deseo adolescente: la aparición sobrenatural de Alexander, un joven que lo arrastrará consigo hacia un estado misterioso, mitad realidad, mitad ensoñación. La película es, en efecto, tan misteriosa como el chico. A través de un inteligente uso del sonido y las imágenes casi mágicas del río y los espacios, el cineasta desacopla lo real de lo fantástico. Las escenas costumbristas, donde Dídac se pelea con sus hermanos o tiene que aguantar los soliloquios paternalistas de sus padres, se difuminan como si la película le permitiera dejar de prestarles atención pasado un rato. Es difícil saber cuándo termina y comienza algo en “Estrany Riu”, así de sugerente es su hechizo. En una escena bastante larga, el padre le cuenta a toda su familia la historia del edificio vanguardista de una célebre universidad de arte y diseño a la que acuden de visita. Mientras esta escena familiar se despliega, los personajes terminan deambulando por los espacios previamente descritos. La palabra precede a la imagen. La narración del padre, que exaspera a los chicos y a la madre, construye un espacio que atravesarán los cuerpos de los personajes poco después. Dado que ya conocemos ese espacio, aunque sea oralmente, el movimiento que Dídac y su familia despliegan por él nos resulta en cierto modo familiar: vemos clases dedicadas a diferentes artes, pasillos iluminados a diferentes alturas y columnas que construyen y destruyen ambientes. Aparece un espacio ‘irreal’ superpuesto al espacio real de la universidad. Al término de esta escena, la familia se ha desperdigado por el edificio, tal vez atrapados por el dinamismo de su arquitectura. Los dos chicos se encuentran en un aula, se persiguen e interrogan en silencio, transformando la extrema racionalidad arquitectónica en un espacio de juego y descubrimiento / Una de las claves de algunas de las mejores películas de terror de la historia se encuentra en la habilidad del director para construir un espacio aprehensible por el espectador y donde este se pueda orientar para, acto seguido, transformarlo en un espacio de amenaza a través de la aparición, en esos lugares conocidos, de seres como fantasmas, asesinos o monstruos. “Estrany Riu” funciona en varias de sus secuencias de forma más o menos similar, aunque su fin no es provocar miedo en el espectador, sino capturarlo, con intenciones más misteriosas, dentro del espacio que ocupan los personajes. La presencia inexplicable de Alexander por esos espacios es más un deseo inconsciente del protagonista que una amenaza. Es irrelevante preguntarse si Alexander existe o no; si solo es fruto de la imaginación de Dídac o es una presencia sobrenatural en la película. “Estrany Riu” no es tanto una historia de amor como una historia de descubrimiento. El protagonista advierte una realidad mayor, incontenible, bajo las aguas del Danubio. Alexander representa una pulsión afectiva y sexual que Dídac es incapaz de ignorar. Pero la proyección de esa pulsión es ciertamente fascinante. Jaume Claret se desprende casi totalmente de la palabra. Si los padres de Dídac representan una tendencia a la sobreexplicación y a la verbalización de la realidad, la relación del propio Dídac con su hermano y Alexander se construye de forma opuesta: a través de gestos, miradas y movimientos. Su lenguaje se fundamenta en la ocupación del espacio. La existencia de Alexander, indescifrable, queda determinada sólo en el espacio cinematográfico: Alexander existe para Dídac porque ‘ocupa’ la misma dimensión espacial por la que Dídac se mueve, sea esta una dimensión onírica o real / En el coloquio, Jaume Claret explicó la importancia de Biel, el hermano de Dídac, un personaje que siempre se encuentra en el contraplano, dando la réplica con su mirada a los acontecimientos de la película. Biel siempre mira a aquellos que se están mirando, ajenos al mundo. Conforme el protagonista se va sumergiendo en la extrañeza del Danubio, la mirada de Biel se vuelve más perpleja y confusa. Tal vez debido a su juventud, o a lo que conoce de Dídac, no es capaz de comprender la distancia que va manifestándose entre él y su hermano. En un momento dado persigue a los dos enamorados por un pueblo modernista, también exhaustivamente descrito por sus padres. Los callejones, racionalmente diseñados para el paso de los habitantes, aquí se convierten de nuevo en un espacio lúdico. Finalmente, su hermano se pierde y sólo quedan Dídac y Alexander. Un proceso de oscilación entre una realidad y otra; un proceso de inmersión y emersión en las aguas del Danubio / Como “Estrany Riu” no trata explícitamente ningún tema no tiene que justificarse de ninguna forma, ni apuntar a un final concreto. La película termina cuando el río así lo permite. Todas las narrativas tradicionales que se puedan extraer de la película resuenan como un eco sobre la superficie del agua, pero no son los elementos que ‘definen’ la película. Se trata de cine ‘queer’ porque concede a un adolescente homosexual un espacio de existencia y le permite ocuparlo y resignificarlo, pero no trata únicamente sobre la homosexualidad de Dídac. Es cine romántico porque cuenta la historia de dos chicos enamorados, pero al plantear continuamente la incógnita de si lo que vemos es real o un sueño, surge la pregunta de si lo que siente el protagonista es algo terrenal o es fruto del hechizo del agua transparente del Danubio, y por lo tanto se siempre queda flotando la incógnita de la propia existencia de Alexander, el objeto deseado de Dídac. Su amor es real, pero el origen del amor es indeterminado. Para cuando terminamos de plantearnos estas preguntas, cuya respuesta la película guarda con celo e inteligencia, nos encontramos navegando en mitad del Danubio, montados en un enorme barco; y en el que es acaso el plano final más hermoso visto en todo el festival, nos damos cuenta de que la respuesta es irrelevante y es mejor no conocerla nunca, si es que esta existe. Tal vez la belleza del hechizo sea precisamente su habilidad para eludir lo concreto y lo verbal, y quedarse como un recuerdo abstracto en el fondo de la memoria; un catálogo de miradas y gestos que podrían haber sido los nuestros en algún verano añejo de nuestra vida, cuando todavía no comprendíamos lo suficiente.
Director Jaume Claret Muxart Is Hooked on a Feeling After Exploring First Crush in ‘Strange River’: ‘I’m Not Done With Love’, article de Marta Balaga, a Variety: After Venice premiere “Silent River,” Catalan director Jaume Claret Muxart will keep on talking about love – also in his upcoming project / “It might end up feeling like a sequel to ‘Strange River,’ because I want to keep on exploring this feeling. I’m not done with love,” he says / “I would like to take a look at what it means to be romantic – today. I don’t think it’s that fashionable, but I cannot stand cynical cinema. Some could say that what I show in this film is some kind of utopia, that this family is too kind to each other. But that’s what we should strive for!” / In his feature debut, 16-year-old Dídac (Jan Monter) goes on a cycling trip with his brother and parents. Summer days go by unnoticed, until he falls for a boy / “We used to go on these trips along different rivers all throughout my childhood and my adolescence. The first time, it was the Danube. It’s such a peculiar way of traveling – you have to figure out so many things, set up the tents. You really need to work for it,” recalls Claret / Sold by Films Boutique, the drama is produced by Xavi Font for ZuZú Cinema in Catalonia, Andrea Vázquez for Galicia’s Miramemira and Sophie Ahrens, Fabian Altenried and Kristof Gerega for Germany’s Schuldenberg Films / Despite references to his own life, “Strange River” is not autobiographical / “It’s really not; it just comes from a familiar place. When I was writing, I was looking at old photos from these trips. I could take my memories and transform them into something completely different. I loved that process.” / He adds: “There’s a scene when everyone’s fighting and that’s how it went down also in real-life. My family was here for the premiere and they were laughing, because they could remember this situation so clearly. We also shot another scene when the film’s fictional family met my own. I ended up cutting it, but I might save it for the next project.” / While his protagonist undergoes the biggest change in the story, Claret wanted to focus on his loved ones as well. / “I get so bored of all these coming-of-age films that don’t leave their main character alone even for one minute. I wanted to get to know them all. It’s a family that has to educate their sons about love, but these boys are educating them too. At one point, Dídac says to his dad: ‘I don’t like boys – I like him.’ This sentence, for me, is really political.”/ Coming out – or at least accepting desire for someone of his own gender – isn’t a source of devastating turmoil for Dídac. / “This new generation is more fluid. First love and adolescence, it’s a whole genre in itself. I didn’t want to repeat certain things and make another film about someone discovering their homosexuality and it causing a stir,” he stresses. / “The conflict is here, sure, but it’s all internalized. Dídac is growing up, he’s making his own decisions. I don’t want to reveal too much, but his imagination is such a big part of this growth. If you really believe in something, it can become real.” / With the help of intimacy coordinator and cinematographer Pablo Paloma, Claret had to figure out how to approach sex in his film. “I thought a lot about respecting their bodies. I didn’t want to be a voyeur,” he says. Figuring out where to place the camera was key. “You don’t want to get too close – you also don’t want it to feel like you are invading someone’s privacy.” / Shot in Catalan – “It felt right to hear my own language in my first feature” – “Strange River” is an unmistakable summer film. But it can’t shake off some autumnal melancholia. / “I admire many filmmakers, like Mia Hansen-Love for example, who are extremely melancholic. And romantic, because these two things go together so well,” says Muxart./ “I love ‘summer films’ and I have this theory that as a young teen, that’s when you do the most of your growing up. You return to school in September and everyone looks completely different. It’s a moment of change and yet time stops. You never know how many hours have passed in the summer. I want the audience to feel this way too.”.

Alejandro G. Calvo, a X: Molt a favor d’ESTRANY RIU, el debut al llarg de Jaume Claret Muxart, que avui s’ha estrenat a Venècia. ‘Coming-of-age’ tel·lúric i sensible, enorme en el seu retrat segmentat dels cossos i fascinant en el seu ús del fantàstic per abraçar la metàfora del despertar sexual.
Diego Lerer, crítica per a Micropsia: La família d’en Dídac té un hobby, o una manera de vida, una mica particular. Si bé mai no s’explica del tot clarament a la pel·lícula, semblen passar les vacances recorrent diferents zones d’Europa amb bicicleta, en pla esportiu/turístic, sempre a prop d’algun riu. La família, catalana, està composta per un pare arquitecte, una mare actriu i tres fills: el gran, Dídac (Jan Monter), un adolescent de 16 anys; seguit d’un de 14 i un altre de més petit. I un dels seus viatges, al voltant del Danubi, a Alemanya, és l’eix d’ESTRANY RIU, notable òpera prima del realitzador català Jaume Claret Muxart / El recorregut del film és més emocional que geogràfic, més interior que una altra cosa. Si bé la família està en moviment constant i la pel·lícula s’organitza, almenys fins a cert punt, amb la lògica de la ‘road movie’, els veritables girs dramàtics són interiors, passen pels canvis que es donen en els personatges, més que res en en Dídac. Un adolescent de sexualitat fluida, enamorat d’un noi encara que no sap si és correspost o no, el malenconiós Dídac sembla estar una mica present al passeig i una mica amb la ment en una altra part, cosa que els seus pares noten. I el seu germà de 14, també / Així, mentre avancen veloçment per les rutes amb bici, es fiquen al riu, descansen, suporten la pluja, visiten fites arquitectòniques que interessen al pare, ajuden a assajar la mare, paren en carpes o en hostals, van apareixent alguns insospitats moviments interns, d’aquells que només noten els perspicaços i que existeixen en una zona entre la realitat i la fantasia. Així, en Dídac veu o creu veure un noi que el segueix –o que fa un recorregut similar al seu–, mentre que els seus familiars intenten trobar els seus camins propis i per moments contradictoris / ESTRANY RIU és una pel·lícula en moviment, en flotació, que s’uneix a la natura i flueix amb ella, un relat en forma de riu que funciona gairebé com un ‘coming of age’ familiar, mostrant canvis en gairebé tots els personatges. El desig és, sens dubte, el motor d’aquests canvis i es nota més que res en en Dídac, que a l’última part del film encara un recorregut personal i potencialment arriscat. Però no és l’únic a sentir aquests canvis a flor de pell. D’alguna manera –la mare ho diu en un moment– fa la impressió que aquest pot ser l’últim viatge d’aquest tipus que fan com a grup familiar / Un film de bicicletes, de rius i aire lliure, de pluges i vespres a la llum de la lluna, STRANGE RIVER s’organitza com una deriva geogràfica i també narrativa, arribant a un punt a prop del final on realitat i fantasia es barregen i potser es perdi una mica la tensió que sosté la història. Però no del tot, ja que el món real –o almenys com un ho entén des de l’adolescència– sempre és al final del camí, per confrontar-nos amb això que ens passa interiorment i amb què pot o no tenir punts en comú / Una pel·lícula bella, malenconiosa, amb una banda sonora cinèfila que cita possibles referències de la ‘nouvelle vague’, el film de Claret Muxart té alguns dels elements del nou cinema espanyol recent però remesclats des d’un punt de vista molt personal, més intimista i menys pendent dels temes o tòpics de moda. ESTRANY RIU és una d’aquelles pel·lícules que busca aprofundir en les emocions confuses d’un adolescent explorant aquell moment en què un sent que se separa de la resta del grup familiar i comença a prendre, amb els riscos que això implica, un camí propi.
Jonathan Romney, ressenya a ScreenDaily: El captivador drama sobre el pas a la maduresa del director català Jaume Claret Muxart es presenta a Horitzons de Venècia. Les històries de vacances d’estiu sempre han estat un subconjunt fiable del drama sobre el pas a la maduresa, amb totes les possibilitats narratives i temàtiques que aporten: joves que trenquen amb la disciplina parental, descobrint la seva sexualitat emergent en escenaris que són desconeguts, fins i tot perillosos, per al jo adolescent. Aquestes pel·lícules poden ser certament formulistes, però el guionista i director debutant català Jaume Claret Muxart mostra una astuta consciència dels trops, donant-los una reelaboració fresca i sensible en el seu primer llargmetratge, “Strange River” / Tendra, enigmàtica i magníficament rodada en 16 mm, aquesta història del viatge de descobriment d’un adolescent està ambientada en un viatge familiar en bicicleta al llarg del Danubi (anteriorment l’escenari del curtmetratge “Die Donau” de Claret Muxart del 2023). Barrejant sensualitat i atmosferes líriques amb un marc de referència descaradament intel·lectual (drama romàntic alemany, arquitectura modernista), aquesta proposta elegant i segura de si mateixa hauria d’atreure un fort interès del món de l’art i l’assaig, sobretot entre els mitjans LGBTQ+, seguint el seu pas per Venice Horizons / La pel·lícula comença amb cinc turistes que van en bicicleta pel bosc, amb el fullatge parpellejant hipnòticament davant dels nostres ulls. Són una família catalana: l’actriu Monika (Nausicaa Bonnín), l’arquitecte Albert (Jordi Oriol), el fill de 16 anys Dídac (Jan Monter) i els seus germans petits Biel (Bernat Solé) i Guiu (Roc Colell). L’escenari és el paisatge al llarg del Danubi, tot i que, de manera provocadora, la pel·lícula no ens diu específicament on som fins a relativament tard en l’acció. Durant gran part del temps, veiem la família en moviment, rient o discutint entre ells. Cal destacar que veiem en Dídac reaccionant amb irritació als seus germans o retirant-se de mal humor; potser és massa conscient que, com li diu la Monika, aquestes podrien ser les últimes vacances de la família com a unitat completa / Hi ha diverses parades de camí, una en un càmping on en Dídac s’adona que gran part del passeig té lloc després de la nit, però no només, com sembla presenciar, entre homes gais. Més tard, la família visita l’Escola de Disseny d’Ulm, on l’Albert s’entusiasma amb entusiasme per l’arquitectura; i més tard, un altre lloc modernista, una mena de jardí en miniatura on la Monika coneix una actriu alemanya que hi viu, i les dues dones s’uneixen gràcies a l’obra ‘La mort d’Empèdocles’, del poeta romàntic Hölderlin, en què la Monika ha d’aparèixer / Tot el trajecte d’en Dídac està sent sacsejat per una figura enigmàtica: un noi (Francesco Wenz) vist per primera vegada nedant nu sota l’aigua, com una encarnació actual dels mítics esperits fluvials alemanys. L’home apareix més tard, entrevist inquietantment en la foscor boscosa o vagant pels espais cavernosos i plens de llum de l’Escola de Disseny, en gran part deserts durant l’estiu. És real o una creació de la libido creixent d’en Dídac? És potser una versió desplaçada del noi que en Dídac desitja a casa? La figura misteriosa finalment emergeix en primer pla en una seqüència extensa que, de nou, pot ser real o fruit de la fantasia d’en Dídac, fent ressò, possiblement inspirada, pels propis records d’amor i fugida de la Monika / Al llarg de tota l’obra, *Strange River* manté el seu ambient de misteri i suggeriment, i la interacció natural i estimulant entre els actors –especialment els germans joves i enèrgics– evoca amb força les tensions, els ressentiments i les tendreses entre els membres de la família; sobretot en la relació amb el taciturn Dídac, interpretat en un debut atrevit i magnètic pel taciturn nouvingut Monter / El treball de càmera de Pablo Paloma és alhora cinètic i tranquil·lament contemplatiu, així com densament texturitzat, tant si explora l’arquitectura com la sensació de la terra i el fullatge. La paleta de colors alterna entre blaus i porpres fumats i de tardor i verds d’estiu intensos, amb una atenció especialment sensual a l’aigua i la pell. El disseny de so fa un joc ric amb les veus, el silenci i els sons naturals, amb música també utilitzada amb imaginació, des de l’esclat eufòric inicial de Penguin Café Orchestra, tot i que Claret Muxart segurament juga amb coneixement de causa amb un element kitsch quan una escena de masturbació culmina amb una vigorosa onada de “Daphnis i Chloé” de Ravel.
Alfonso Rivera, crítica a Cineuropa: El debut de Jaume Claret Muxart és un bell i sensible viatge físic i mental cap al descobriment del desig sexual i els primers cops d’individualitat, és a dir, de llibertat / Hi ha pel·lícules que, de mica en mica, fotograma a fotograma, van seduint l’espectador, el porten a un univers únic però reconeixible i l’acaben subjugant de manera que el seu record queda impregnat a la memòria durant setmanes, fins i tot mesos. “Extraño río” / “Estrany riu”, primer llargmetratge dirigit per Jaume Claret Muxart, n’és una: ja ho està comprovant el públic del 82è Festival de Venècia, a la secció Orizzonti del qual s’ha estrenat mundialment, com ho farà després l’espanyol, ja que s’estrena en cinemes del país el 3 d’octubre de la mà d’Elastica / I serà aquell moment, el començament de la tardor, un moment excel·lent per rememorar l’estiu que ja va passar o els molts que van alegrar la nostra infància i joventut. L’estiu amable i plaent, amb els seus sons harmoniosos, la seva enganxosa calidesa capaç de mutar en una tempesta explosiva o aquella presència constant de l’aigua, aquest element beneït que ens salva dels excessos de la calor. En aquesta època de l’any, intensa en esdeveniments, però alhora que sembla encallada en el temps, on gairebé tot és possible, transcorre l’acció d’aquest llargmetratge rodat en un orgànic, alegre, colorista i proper 16 mm amb una sensibilitat extrema i un halo poètic subtil / El seu argument és senzill, però hi ha espai de sobres per a l’empatia i el somieig: en Dídac (personatge encarnat per un magnètic descobriment, Jan Monter), de setze anys, viatja amb bicicleta per les vores del Danubi amb la seva família, integrada per una mare actriu que prepara un paper/projecte (Nausicaa Bonnín), un pare arquitecte que els obliga a visitar edificis en el seu periple (Jordi Oriol) i els seus dos germans petits. Però una trobada inesperada canvia el rumb del viatge: un misteriós noi apareix entre les aigües del riu. La seva presència enigmàtica no només desperta alguna cosa nova al protagonista, sinó que comença a alterar la relació amb la seva pròpia família / Si les bicicletes, com deia Fernando Fernán Gómez al títol de la seva obra mestra, són per a l’estiu, aquí també les trobades fortuïtes i l’adveniment de la sexualitat prenen protagonisme en els mesos de més hores diürnes, com passava a “Call Me by Your Name”. Figures esmunyedisses que desfermen fogonades de desig, persecucions instintives i una nova manera de mirar el món alimenten el misteri d’aquesta pel·lícula que també mostra com la germanor es construeix a base d’abraçades i baralles, de mirades furtives i de admiració rendida / Aquest film –que vessa veritat ja que està narrat des de la pròpia vivència, amb el cor del seu autor obert en canal– parla de tot això i de més: cada persona l’omplirà amb els seus records familiars i de vacances, dels disgustos i dolçors de la pubertat i, com al final de la cinta, amb les seves cançons melòdiques preferides, siguin aquestes franceses, italianes o espanyoles (..).
Manu Yáñez, crònica per a Fotogramas: Des de la seva enèrgica i impressionista seqüència d’arrencada –on la càmera segueix el trànsit ràpid amb bicicleta d’una família que estiueja per la ribera del Danubi–, ‘Estrany riu’ (‘Extraño río’) posa de manifest la capacitat del cinema per capturar les fluctuacions del món. Aquesta exuberant obertura, l’acompanyament musical de la qual porta a la memòria les fanfàrries wagnerianes, no només il·lustra l’ímpetu sensorial de l’encomiable òpera prima de Jaume Claret Muxart –l’enquadrament es deixa embriagar pel pas de les arbredes i el moviment dels cossos–, sinó que també perfila el nucli conceptual. Perquè no hi ha una altra etapa vital en què les emocions s’arremolinen amb aquesta intensitat, o en què les certeses i els dubtes intercanviïn els seus rols amb la mateixa prestesa. En la més tendra joventut, la dels primers amors i les incerteses més grans, tot oscil·la amb enorme celeritat, i Claret Muxart assumeix el repte de representar l’essència d’aquestes transformacions amb lucidesa, sensibilitat i fins i tot un cert assossec / Sobre el paper, la proposta d”Estrany riu’ –centrada al despertar romàntic i homosexual d’un noi anomenat Dídac (Jan Monter, una revelació)– convidaria a imaginar una pel·lícula líquida, centrada en la qualitat vaporosa de les emocions i les experiències adolescents. En aquest sentit, el treball de Claret Muxart s’adhereix al corrent naturalista del cinema europeu contemporani, liderat per autores com la francesa Mia Hansen-Løve i les catalanes Carla Simón i Meritxell Colell –aquesta darrera figura com la coguionista de ‘Estrany riu’–. La càmera del director barceloní recorre els cossos dels seus personatges buscant indicis de goig i malenconia, mentre que el muntatge s’accelera puntualment per portar al cinema el concepte de la “fuita musical”. A més, quan es tracta de fonamentar un nucli temàtic, com pot ser la idea del ‘coming of age’, la pel·lícula aconsegueix expressar-se gairebé sense paraules. La idea del “creixement” pren la forma dels típics mals de cames de la infància, les masturbacions d’amagat, o un passeig nocturn en què la mà d’en Dídac es desprèn de la de la seva mare (Nausicaa Bonnín) / Tot el que s’ha apuntat anteriorment perfila ‘Estrany riu’ com una obra física, sensual i evanescent. Tot i això, els millors passatges de la pel·lícula apareixen tocats per una poderosa gravetat, una robustesa molt més germànica que francesa. Aquest crític va gaudir especialment d’una seqüència en què la família protagonista fa parada en una antiga escola d’art i disseny del sud d’Alemanya. El pare (Jordi Oriol) instrueix la resta de membres del clan a les meravelles del racionalisme arquitectònic, amb les seves línies senzilles, la seva funcionalitat i la seva renúncia a una ornamentació excessiva. Aquestes qualitats també afloren en els enquadraments i el desenvolupament narratiu de ‘Estrany riu’, que s’estructura a partir d’una sèrie de blocs que van presentant variacions sobre els temes centrals de la pel·lícula: el primer amor, la sexualitat, la necessitat d’allunyar-se de la família quan encara se la necessita, i finalment el misteri de la creació artística, en les seves formes arquitectònica, literària, actoral… Sense abandonar mai del tot el naturalisme eteri de Hansen-Løve, ‘Estrany riu’ troba el seu millor aliat en el formalisme poètic de l’alemanya Angela Schanelec / I posats a reivindicar l’alè germànic d”Estrany riu’ –un film amb forma de ‘bildungsroman’ (la novel·la d’aprenentatge teutona)–, res millor que vincular el vessant al·legòric de la pel·lícula amb el romanticisme alemany. Abraçant la passió dels romàntics per la figura de la nimfa –que Christian Petzold va recuperar fa no gaire a “Ondina”–, Claret Muxart embriaga la seva òpera prima amb unes pinzellades de fantasia que aviven la relació entre l’obra i l’espectador. A la pel·lícula, un vell record de joventut de la mare es transmuta en un viatge fantasmagòric, en què en Dídac viu la seva particular iniciació a la llibertat i el desig, una mica a la manera de l’escapada insular d’“Un estiu amb Mònica” d’Ingmar Bergman / I és que el Danubi, amb la seva presència imponent i alhora inasible, es converteix en l’escenari d’aventures que confronten amb els límits de la realitat. A ‘Estrany riu’, tot flueix i tot sedimenta, i ho fa esquivant contínuament la idea del “conflicte dramàtic”, cosa en què Claret Muxart sintonitza amb el treball de la directora francesa Céline Sciamma, que a ‘Petite maman’ va conquistar una cimera del cinema al·legòric, espectral i profunda. Aquest sembla ser el cim cap al qual s’encamina Claret Muxart, que amb el seu prometedor debut inicia una trajectòria que caldrà seguir de ben a prop.
Agus Izquierdo, a X: El resseguiment fluvial de Jaume Claret Muxart proposa una resignificació de la roadmovie i un exercici de contemplació activa no només del paisatge, sinó també del món interior. Cinema de mirades, de microdetalls, de gestos. Hipnòtica i indòmita. L’estrena catalana de l’any. Crònica danubiana que es vesteix de coming of age per abordar temes com la volubilitat de la relació amb la família, la isolació, l’autoacceptació i l’entrada abrupta i confosa a l’adultesa. Debuta també Jan Monter, protagonista absolut. Una interpretació imantada i indiscutible.
Article publicat a Mindies: (..) El director catalán, que ya había mostrado interés por los paisajes fluviales en su cortometraje Die Donau, construye aquí un relato que entrelaza recuerdos personales, referencias literarias y ecos cinematográficos europeos. La película se inscribe en una tradición que vincula el tránsito vital con el desplazamiento físico, y lo hace con un pulso pausado, apoyándose tanto en la imagen como en el sonido / El arranque sitúa al espectador en pleno movimiento: bicicletas que avanzan a través de arboledas, risas entre hermanos y la cadencia de un verano que todavía conserva la promesa de aventuras. Esa primera secuencia marca la pauta del resto del metraje, donde el ritmo del pedaleo se convierte en metáfora del crecimiento, con sus aceleraciones, sus detenciones y sus desvíos imprevistos. La familia protagonista, compuesta por un padre arquitecto, una madre actriz y tres hijos, se convierte en vehículo narrativo para observar cómo el tiempo compartido en vacaciones abre fisuras y revela deseos / El personaje central es Dídac, interpretado por el debutante Jan Monter, cuya presencia transmite una mezcla de timidez y magnetismo. A través de su mirada, la cámara captura los cambios de humor, las tensiones con sus hermanos y la búsqueda de un lugar propio dentro de la dinámica familiar. El despertar afectivo y sexual del adolescente aparece ligado a la irrupción de un joven misterioso, Alexander, que surge en el río como figura entre real y fantástica. Su aparición introduce un componente alegórico que conecta con el romanticismo alemán, donde la naturaleza encarna pulsiones ocultas y el agua simboliza tanto el peligro como la promesa de libertad / Claret Muxart combina ese tono evocador con un interés por la arquitectura y la cultura centroeuropea. En una de las paradas, la familia visita la Escuela de Diseño de Ulm, lo que permite al padre exponer su fascinación por el racionalismo y la funcionalidad. Esa secuencia no resulta decorativa: introduce un contrapunto formal que resuena en la propia puesta en escena de la película, articulada en bloques narrativos que recuerdan a variaciones musicales. La atención al espacio construido se entrelaza con la exploración de la naturaleza, componiendo un contraste entre orden geométrico y fluir orgánico / La influencia de cineastas europeos contemporáneos como Céline Sciamma, Angela Schanelec o Carla Simón se percibe en la elección de un registro naturalista, con abundancia de silencios y una apuesta por el detalle cotidiano. Sin embargo, el director imprime a su obra una impronta personal mediante fugas hacia lo fantástico. En determinados pasajes, el relato parece desprenderse de la lógica realista y deriva hacia territorios cercanos al sueño. La aparición de Alexander en lugares insólitos o la evocación de recuerdos de juventud de la madre refuerzan esa dimensión onírica, que nunca se aclara del todo. La ambigüedad se convierte en herramienta para hablar del deseo y de la memoria, más que para proponer enigmas narrativos / El contexto familiar sirve asimismo para abordar el tránsito entre dependencia y autonomía. Dídac se distancia progresivamente de la figura materna, simbolizado en un paseo nocturno donde su mano deja de aferrarse a la de ella. Ese gesto marca el inicio de una emancipación incipiente, todavía vacilante, pero determinante para entender la evolución del personaje. La película se detiene en esos momentos mínimos que condensan cambios irreversibles: una conversación aparentemente banal, una mirada sostenida o un silencio compartido / El trabajo visual de Pablo Paloma resulta fundamental. Rodada en 16 mm, la fotografía combina texturas rugosas con una paleta que oscila entre verdes intensos y tonalidades más sombrías. El agua adquiere protagonismo, con reflejos que multiplican las imágenes y cuerpos que emergen y desaparecen en su superficie. La atención a la piel, al contacto con la luz y a la relación con el entorno refuerza la sensación de tránsito estival, donde cada día parece suspendido en una temporalidad elástica. El sonido, por su parte, aprovecha los ruidos naturales del río, el crujido de las bicicletas y los silencios de los campamentos para crear una atmósfera inmersiva. La música aparece de forma puntual, a veces con un punto irónico, como en la escena en que un tema clásico acompaña la intimidad de Dídac / La herencia literaria también atraviesa el film. En una conversación, la madre menciona su participación en una obra de Hölderlin, La muerte de Empédocles, referencia que enlaza con la tradición romántica y su fascinación por lo sublime. Esa conexión no se limita a una cita culta: articula un diálogo entre el arte dramático y la vida cotidiana, entre el texto escrito y las experiencias en formación de los personajes. Del mismo modo, las alusiones al viaje juvenil de la madre trazan un paralelismo entre generaciones, mostrando cómo el ciclo de descubrimiento se repite con matices distintos / El montaje, firmado junto a Meritxell Colell, evita la linealidad rígida y apuesta por una estructura que alterna escenas de convivencia familiar con pasajes de deriva casi abstracta. Esa decisión genera un vaivén que puede desconcertar, pero que responde a la intención de retratar un estado vital en permanente transición. El ritmo irregular refleja tanto el cansancio del pedaleo como la intensidad de los sentimientos adolescentes. Claret Muxart demuestra confianza en la capacidad del espectador para completar los huecos, sin necesidad de explicaciones explícitas / Más allá del retrato individual, ‘Extraño río’ plantea una lectura sobre la construcción de identidad en un marco europeo marcado por la movilidad. La familia se desplaza en bicicleta por Alemania, pero lo que se muestra trasciende lo turístico: se trata de una cartografía íntima en la que cada parada abre una posibilidad de transformación. El Danubio, frontera y nexo de múltiples culturas, se convierte en escenario simbólico de un tránsito entre etapas vitales, entre lo familiar y lo ajeno, entre lo tangible y lo imaginado / El trabajo del reparto contribuye a la solidez del conjunto. Jan Monter, en su primer papel, aporta frescura y una cierta opacidad que alimenta el misterio del personaje. Nausicaa Bonnín transmite serenidad y vulnerabilidad como madre actriz que ensaya sus textos al mismo tiempo que observa el distanciamiento de su hijo. Jordi Oriol aporta entusiasmo en la figura paterna, obsesionado con la arquitectura, mientras los hermanos menores encarnan la energía y la irritación propias de la infancia y la adolescencia. Francesco Wenz, como Alexander, irrumpe con una presencia que mezcla atracción y enigma / (..) ‘Extraño río’ se presenta como un debut que combina naturalismo y lirismo, observación de lo cotidiano y fugas hacia lo fantástico. Su interés no se centra en grandes giros narrativos, sino en la captación de estados de ánimo, en la construcción de un clima que oscila entre la ligereza del verano y la gravedad de las primeras decisiones vitales. La película se abre así a múltiples lecturas, desde el retrato generacional hasta la reflexión sobre el vínculo entre paisaje, deseo y memoria. Claret Muxart se adentra en el cine con una obra que anuncia una trayectoria a seguir, sustentada en una sensibilidad particular para traducir lo íntimo en imágenes.
Venice Review: Strange River Announces Jaume Claret Muxart as a Major Talent, crònica de Zhuo-Ning Su, a The Film Stage: Traveling in a foreign land can be disorienting. Established routines lose their meaning. Unfamiliar sights, sounds, smells may trigger old memories or brand-new desires. Premiering in the Orizzonti sidebar of the 82nd Venice Film Festival, Catalan filmmaker Jaume Claret Muxart’s feature debut Strange River takes you on a road trip with a Spanish family through southern Germany. What starts off a breezy, truthful slice of life gradually loses touch with reality and drifts into a dreamier realm. Occasionally recalling Angela Schanelec’s lyrical minimalism or Apichatpong Weerasethakul’s queer-coded surrealism, Muxart’s deceptively simple film may require multiple viewings to uncover what’s hidden beneath its gorgeous, nonchalant surface / There isn’t much in the way of plot. We join 16-year-old Didac (Jan Monter), his parents, and two younger brothers as they bike along the Danube in Germany. They bicker, take swims, set up camp, travel further. At night, Didac goes through lines from a play with his mother, wrestles with his brothers, or stares into space, stuck in his own world. What little we learn about this family is revealed in throwaway conversations; for example, that both parents know Didac is gay and aching over a village boy who’s been sending mixed signals. Or that mom had travelled the same bike route when she was young and met her first love on that very trip. Such character information is never actively woven into notable plot points but left lingering in the ether of an increasingly sparse narrative as the journey proceeds. One thing that does happen is the arrival of another teenage boy who we first see swimming next to Didac in the river, ethereal and fully naked like a merman. His phantom-like presence would continue to pop up wherever Didac goes, kindling a wordless romance that may or may not be all in the protagonist’s head /Those who rely on full arcs and clear resolutions will struggle with Strange River. Muxart not only cuts back on anything that would lend his script more structure and substance; he purposefully pieces the film in a way to defy basic coherence. Just as you think a scene is starting to take shape, it abruptly cuts to something else entirely. A day’s journey may be reduced to a one-minute sequence sandwiched between prolonged close-ups of sun-tanned bodies or wistful eyes. Cause and effect are thrown out of the window; pretty soon one realizes you’re not even sure how long the characters have been on the road and where they are anymore. The intuitive (if not downright cryptic) editing creates a sense of mundane repetition that would doubtless frustrate many viewers. Yet those who succumb to the film’s trance-like rhythm may come to relish the rush of leaving reason behind and entering the unknown / Strange River‘s second half, in particular, contains many deliciously trippy moments that can’t be explained away. We see Didac roaming what appears to be a gay cruising ground where young men exchange horny, meaningful glances. At the end of his stroll he sees a woman locked in a passionate kiss with one such young man, calls out “mother” to the darkened figure, then runs off in a hurry. We don’t know how Didac found his way to this place or whether the woman he sees really is his mother, and––if so––who she is kissing and why. In the next scene the family has moved on without ever addressing the incident. Are we to think it was all just a dream? Or did this trip down the strange river somehow give a mother of three the chance to step into her past and fix some regrets? Towards film’s end, the incongruity between what’s plausible and what transpires grows ever larger. There would be stretches of time where a character finds themselves stranded and alone or, in the case of Didac, joined by the mysterious, unspeaking boy. Knowing that what you see can’t be actually happening allows one to luxuriate in the gentle, infinite in-between, and for a while it’d seem that everything will be okay / Beautifully photographed by Pablo Paloma and evocatively scored by Nika Son, Strange River has the warm, fuzzy texture of something remembered. For its earthy color scheme, natural lighting, and a prominent visual focus on the human body, it also feels, in a most complimentary sense, impossible to date. Muxart may have yet to prove his strength in narrative storytelling, but this enigmatic, all-around-beguiling debut has certainly introduced us to a filmmaker who understands and has the vocabulary to describe mysteries of the human experience.
Venice Film Festival 2025: ‘Strange River,’ Jaume Claret Muxart’s Haunting, Lovely, Queer Cinematic Poem, article de Frank J. Avella a Variety: A gorgeous cinematic poem, Jaume Claret Muxart’s haunting, lovely coming-of-age film “Strange River (Estrany Riu)” centers on 16-year-old Didac (Jan Monter), a beautiful young boy on a summer trip along the Danube, with his family, en route to a theatre gig where his mom, Monika (Nausicaa Bonnín), is the lead in a play / The family, who reside in Barcelona, are taking their time, biking and camping and enjoying the bucolic German vistas / The patriarch, Albert (Jordi Oriol), loves to discuss the architecture of the area with Didac and his two younger brothers (Bernat Solé and Roc Colell), much to their disinterest / What does interest the distracted and preoccupied Didac is Gerard, the young boy who kissed him (offscreen). Didac’s progressive parents even discuss the matter with him in an understanding, non-judgmental manner. Didac, rather perspicaciously, labels his own ailment as “the frustration of not being desired.”/ Didac’s burgeoning sexual awakening seems to confuse one of his teen brothers, who follows him around like a shadow / One night at one of the stops, the boy wanders onto a very cruisy area where gay men (and a surprising straight couple) are indulging in…one another. But he does not partake / Didac’s burgeoning sexual awakening seems to confuse one of his teen brothers, who follows him around like a shadow / When we finally meet Gerard, he and Didac embark on a coy, seductive romantic adventure of sorts. But it turns out it’s not Gerard, at all, but a new, rather stunning boy who calls himself Alexander (Francesco Wenz). It’s all very innocent and sensual and mysterious. It’s also a case of narcissistic doubling since both pretty boys resemble each other / Monter is beguiling to watch as is Wenz, and together, they have the kind of gorgeous faces that inspire artists to create, and gay men to swoon / This is Muxart’s feature debut as writer and director, and he displays a wonderful originality in his filmmaking approach and a hypnotic, if sometimes disconcerting, way he films his young male actors / “Strange River” is all about mood, atmosphere and early sexual longing so the screenplay, by Muxart and Meritxell Colell, is deliberately sparse / And while we get many shots of the mysterious and captivating Danube as well as moments of frolic in said river, a more fitting title might have been, “The Strange Behavior of Boys” / In Spanish and German with English subtitles / “Strange River (Estrany Riu)” is part of the Horizons section of the Venice Film Festival.
Luigi Abiusi, l’article a FataMorganaWeb: C’è ancora spazio, c’è ancora tempo per il “cristallo” oggi, per le sue sfaccettature, la sua profondità veggente, come in preda a un rivedersi dentro il fiammeggiare dei propri elementi primevi, nel ronzio costante dei punti costituenti l’immagine, il basso continuo che scandisce i tempi della materia cinematografica. Appare, laconico e vibrante in “Orizzonti” Estrany riu di Jaume Claret Muxart, storia, anzi rapsodia di una famiglia spagnola in gita in Germania seguendo il corso del Danubio, il suo mistero oblungo, tutto acustico, tutto icastico: come un brusio che viene da profondità mitteleuropee, da silenzi ottusi, solitudini refrattarie. La famiglia, padre architetto, madre attrice teatrale e tre figli maschi, procede in bicicletta – salite ripide, lunghi falsopiani, discese rese volatili, lucenti dalla musica, antifona estasiante, sublime di quello che sarà il viaggio – facendo tappa in campeggi e pensioni di fortuna, alla ricerca di luoghi architettonici topici (non certo tipici), apparentemente anonimi, ma che in effetti trasudano plastiche, inferenze tutte iconografiche, qualcosa di simile a quella dialettica che Benjamin rinveniva nelle “rovine” / Siamo dalla parte di Antonioni, per la centralità che la prossemica, l’architettura ha nel suo cinema: tutto un palinsesto di elementi – case, cimase, colonne, strade – di luoghi espressivi (come attanti cinematografici), anche di eterotopoie che brulicano dando vita al cristallo. Immagini dunque viventi sulla base dell’inorganico in cui i soggetti non sono che parte di un’occulta sinfonia, di un’ontologia plastica, estetica. Ma non solo Antonioni, referente fin troppo abusato, spesso anche frainteso: mi viene da pensare a Serra, Bi Gan, a Weerasethakul, all’estetizzazione delle cose ruvide da parte di una regista come Helena Wittmann, autrice di due “viaggi” essenziali nel panorama del cinema contemporaneo come Drift, ammirato a Venezia nella Settimana della Critica di qualche anno fa, e Human Flower of Flesh, passato a Locarno nel 2022, apoteosi di trasparenze inquiete, ipnotismi, apnee interminabili. E di apnee in questo Estrany riu ce ne sono: apnee proprie – di corpi nudi, diafani, levigati che nuotano nel murmure sordo dell’acqua, sullo sfondo torbido del letto del fiume – e apnee in senso più ampio, dentro l’atmosfera immobile e trepidante dell’immagine, del sonoro, in cui si muove o molto più spesso sta fermo a contemplare le cose, il fiume, se stesso, Dìdac, protagonista del film, per quanto in realtà Muxart sembra decentrare in continuazione lo sguardo della macchina da presa, sembra distrarsi come un bambino o un adolescente (della stessa età di Dìdac) che da una cosa passa all’altra e poi ancora a un’altra perdendosi infine sul fiume, nel sogno dell’immagine, nel sopore della propria immaginazione, incontrando sagome, personaggi o semplicemente inventando fantasmi. È un “dispositivo della distrazione” questo film, anzi della divagazione, Deleuze direbbe deterritorializzazione: isole di senso sul Danubio, di sensi, atmosfere che si susseguono trasudando luce, suoni, musica. In una delle sequenze più belle Dìdac si avvicina a suo padre che suona al pianoforte e insieme eseguono l’Adagio dal concerto in re minore BWV n. 974 di Bach, che era il motivo fondante di quel capolavoro che è Undine di Petzold. E non è detto che Muxart non avesse in mente anche questo archetipo del recente cinema tedesco quando ha messo su il suo film magnificamente divagatorio, tanto da spostare alla fine il suo sguardo, dimenticato Dìdac in amore con i suoi fantasmi, sul suo fratello minore – un altro universo, un altro film potrebbe cominciare a partire da questo volto – su un cielo tutto suonato piuttosto che mostrato.

Jara Yáñez i Jaime Pena entrevisten Jaume Claret Muxart a Caimán: Entrevista Jaume Claret Muxart (versión ampliada de Caimán CdC nº 203).
Alfonso Rivera parla amb Jaume Claret Muxart, a Cineuropa.
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FOTO DE L’APUNT: “Estrany riu” (Elastica Films)
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