Metanoia. Conversión

La palabra conversión, en hebreo, procede de la metáfora volverse, que gráficamente quiere decir: volver a dar la cara después de haber estado vuelto de espaldas a la luz que quiebra ciertas cegueras y valores, esto es, volverse a dejar inundar por la luz que nos abre múltiples horizontes de comprensión y valores que anteriormente nos parecían inimaginables, y todo ello no se percibe en un solo acto, sino en múltiples facetas de un proceso. Los griegos calificaban este proceso de metanoia, que aparece en el Nuevo Testamento para decir conversión, cambio de mente, de experiencia interior. Metanoia es la posibilidad que cada uno tiene de darse una buena noticia a sí mismo con la invención comprometida de un proyecto de vida (…) Si metanoia significa cambio de mente, de comportamiento, cabe preguntarnos: ¿qué sentido tiene esta experiencia? Negativamente, podríamos entender lo siguiente: un compromiso para abandonar las formas de cultura y estilos de vida que en nuestro nacimiento hemos recibido y constituyen nuestra condición social. Todo aquello que nos viene de haber aparecido en la historia en una fecha determinada, en una familia, en un país, en una clase social, en un momento histórico y haber participado en virtud de esta condición, en unas instituciones que nos han configurado de una manera fija y determinada, con una identidad sólida y definitiva. Evidentemente, estas condiciones nos han aportado unas posibilidades; pero, a su vez, enormes cegueras para percibir la diversidad y las diferencias de las formas de vida posibles y legítimas, es decir, otras posibilidades y valores que nos resultan extraños.

Cuando nos referimos a la experiencia de otredad, como una realidad extraña a nuestra sensibilidad, no señalamos únicamente a las personas y a su subjetividad, sino también a su mundo material, simbólico, a su modo de percepción estética, a su cosmovisión y a su recreación de la vida cotidiana.

La conversión, en definitiva, nos ha de conducir a una convicción fundamental: toda vida está investida de formas culturales e históricas, las cuales solamente son válidas antropológicamente como punto de partida. La tarea y el quehacer de una existencia auténticamente humana consiste en inventar personalmente una respuesta a su contexto histórico común. Un proceso que conecte con la fuente de novedad y de creatividad que hay en su interior y con ese hilo invisible que desde ahí se radica en la realidad cósmica y nos hace reales. Todo esto emerge de una conciencia viva que nos relaciona de una forma diferente y positiva con nuestro contexto ecológico, histórico y sociopolítico. Es por esto que la experiencia de conversión, en tanto metamorfosis interior, nos deja próximos a lo abierto, a lo indeterminado y a todo aquello que constituye la fuente de la creatividad.

[Ángel Nogueira Dobarro: de “¿Qué significa un vivir poético?”, en Mar Abierto. Símbolo de una actitud. Antología de textos críticos, Bogotá, Nascencia, 2016]