Saturn també és per als xiquets

La decisión presa per la Conselleria d’Educació de la Generalitat Valenciana de suprimir Astronomia de l’ESO continua generant protestes. D’aquest fet ja en vaig parlar en un post anterior on deia que els ensenyants de Física i Química de la Societat Marie Curie van fer un comunicat.Avui, al diari Levante-EMV, el periodísta científic i astrònom aficionat, Vicente Aupí en parla extensament i ens mostra l’absurditat d’eliminar Astronomia del curriculum d’ESO pel seu valor pedagògic i a les portes de celebrar l’Any Internacional de l’Astronomia.

Vicente Aupí és autor de diversos llibres d’astronomia.

Per suposat, subscric totalment les opinions de l’article.

Segueix …

Saturno también es para los niños

El debate acerca de Educación para la Ciudadanía ha eclipsado —nunca mejor dicho— la decisión de la Conselleria de Educación de suprimir la astronomía como asignatura optativa de la ESO para el curso 2008-2009. El momento elegido por la Generalitat para borrarla del mapa educativo es un notable desacierto, ya que 2009 ha sido declarado por la Unesco como Año Internacional de la Astronomía, iniciativa que se adopta tras la petición formulada en ese sentido por la Unión Astronómica Internacional (IAU).La fecha elegida no es ninguna casualidad, ya que tanto la IAU como la Unesco consideran que 2009 es un momento excelente para impulsar la ciencia que ha permitido al ser humano comprender cuál es su lugar en el Cosmos, ya que el año próximo se celebra el 400 aniversario de las primeras observaciones telescópicas realizadas por Galileo, que abrieron la puerta a los conocimientos actuales sobre el Universo.

En realidad, estoy convencido de que renunciar a la astronomía como materia optativa en la ESO es un craso error que va mucho más allá de la falta de visión que ha supuesto suprimirla justamente coincidiendo con el Año Internacional de la Astronomía. Es difícil pensar de otra forma tras ver cómo chavales de 13 y 14 años se quedan maravillados al observar, a través de un telescopio, lo que Galileo descubrió 400 años antes. El impacto que causa la visión telescópica de los cráteres que bordean las polvorientas llanuras grisáceas de los mares de la Luna —que, evidentemente, no son de agua— suele dejar unos segundos sin palabras al niño — y al adulto— que observa por primera vez esa estampa celestial. Y si después seguimos emulando a Galileo y orientamos el telescopio hacia Júpiter, el espectáculo de este planeta gigante y la danza de sus cuatro satélites mayores —Europa, Ganimedes, Io y Calisto, las lunas galileanas—, ocultándose tras él o proyectando su sombra sobre la superficie joviana al pasar por delante, no defraudará a nadie.

Si eso parece poco, cualquier niño que observe los anillos de Saturno lo recordará el resto de su vida. Todo eso se puede ver en los libros o en internet gracias a la multitud de galerías fotográficas existentes, pero nada es comparable a la experiencia de observar nosotros mismos un planeta a través del telescopio. Internet nos ofrece algo virtual, la observación astronómica es una forma de viaje, porque aunque no estemos lo vemos con nuestros propios ojos. Es una imagen real, no una fotografía.

Lo importante, en cualquier caso, es que, a diferencia de muchas otras asignaturas, la
función educativa de la astronomía se da la mano con una experiencia apasionante. Mediante la diversión logra aportar a los niños de la ESO una comprensión global del Universo que sin esta materia no será posible. Podremos comprender muchas cosas sobre el mundo, pero no entenderemos lo que es el mundo en el contexto del universo del que forma parte.

Hay pocas certezas que nos den una medida tan exacta de la realidad como saber que el Sol, al que llamamos astro rey y nos da calor y vida cada día, no es más que un pequeño ejemplar de los más de 200.000 millones de estrellas que, seguramente, tiene la Vía Láctea, nuestra galaxia. O que la Galaxia de Andromeda, una de las más cercanas y de características similares a la nuestra, la vemos por el telescopio no como es ahora, sino como era hace 2,9 millones de años.

Pese a que comparativamente es una de las galaxias más próximas, está tan lejos que su imagen nos la muestra como era entonces. Está a una distancia de 2,9 millones de años luz, lo que equivale a decir que la luz, viajando a 300.000 kilómetros por segundo a través del espacio, tarda 2,9 millones de años en llegar desde allí hasta aquí para que podamos verla. Tal vez hace un millón de años ocurriera algo allí y aún no nos hayamos enterado.

Todos estos datos conducen a la evidencia de que el Universo es enorme, y ésta a la inapelable deducción de que sería ridículo pensar que somos sus únicos habitantes. ¿Podemos sustraer toda esta información a los chavales de la ESO o, por el contrario, debemos introducir en la programación materias que, como la astronomía, pueden suponer un extraordinario estímulo para la curiosidad y el conocimiento?

Vicente Aupí, Levante-EMV
17 d’agost 2008

Foto: Dibuix de Saturn de la pàgina de la NASA dedicada a la missió Cassini-Huygens per a ús infantil.

2 pensaments a “Saturn també és per als xiquets

  1.          He estat impartint Astronomia des del 1990  a l’IES Joan Fuster de Sueca i
    també proteste per la decisió de la Conselleria d’Educació i a més a més cara l’Any Internacional de l’Astronomia (2009).

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