Jaume Renyer

per l'esquerra de la llibertat

27 de maig de 2016
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Rellegint Ben Dror Yemeni: “El Dia de la Nakba y el engaño”

Ben Dror Yemeni és un reputat periodista israelià que va publicar aqueix article explicatiu sobre la “Nakba ” palestina (El País, 27 de maig del 2010) que haurien de llegir els polítics (no solament els de la CUP) i opinadors mediàtics (inclosos molts historiadors, com Josep Sánchez Cervelló) que parlen del conflicte àrab-israelià des de la ignorància i el prejudici antijueu:

Los palestinos ostentan el título de refugiados desde hace más de seis décadas. Se las han ingeniado para crear su propia narrativa histórica peculiar. Este mito se ha ido inflando como una burbuja, por lo que se hace necesario explotar dicha burbuja y presentar los hechos fehacientes: la población palestina era escasa antes de la primera aliá (ola de inmigración judía sionista), cientos de miles de judíos fueron expulsados también de los países árabes y en ningún lugar del mundo hay precedente alguno sobre el derecho de retorno.

La Nakba, la historia de los refugiados palestinos, es el mayor éxito de la historia moderna. Un éxito que es una absoluta impostura. Ningún otro grupo de “refugiados” del mundo disfruta de una cobertura mediática global tan amplia. No hay semana en que no haya una conferencia, otra conferencia, en que se trate la triste situación de los palestinos. No hay campus occidental que no dedique innumerables eventos, conferencias, publicaciones, cada año, o cada mes, para recordar a los refugiados palestinos. Se han convertido en la víctima por antonomasia. Desde que los árabes, y entre ellos los palestinos, declararon una guerra de aniquilación contra Israel, el mundo ha sufrido un millón de calamidades, injusticias, separaciones, movimientos de población, actos de genocidio y masacres así como guerras, pero la Nakba de los palestinos ocupa un lugar privilegiado. Un habitante de otra galaxia que visitara el planeta Tierra podría pensar que esta es la mayor injusticia del universo desde la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, hay que reventar esta mentira. Hay que presentar los hechos tal y como son. Hay que desvelar el engaño.

Los judíos llegaron a la Tierra de Israel, que formaba parte del Imperio Otomano, en sucesivas olas de poca envergadura, incluso antes de la primera aliá. Cabría preguntarse: ¿expulsaron realmente a millones de árabes? Nadie discute que en aquellos años no había “palestinos”, ni “Palestina”, y tampoco existía una “identidad palestina”. Y sobre todo, no existía una frontera real entre los árabes de Siria, Egipto o Jordania. Había un movimiento constante de personas. En los años en que Muhamad Ali y su hijo conquistaron estas tierras, desde 1831 hasta 1840, enviaron a muchos árabes de Egipto a Gaza, a Jaffa y a otras ciudades. Los judíos que llegaron también en aquellos años a Jaffa dieron lugar al desarrollo de la ciudad.

Existe una polémica entre los historiadores sobre el número de árabes que habitaban en esos años en Palestina, que agrupaba de hecho, varios distritos sujetos a Damasco o Beirut, formando parte del Imperio Otomano. La prueba más importante de la situación antes de la primera aliá es un testimonio que ha caído en el olvido, quizá no por casualidad. Se trata de una delegación de investigadores británicos (The Palestine Exploration Fund), que recorrió la parte occidental de Israel entre 1871 y 1878 y publicó un mapa exacto y auténtico de la población, según el cual el número total de habitantes era de aproximadamente 100.000 personas.

Otra cuestión también controvertida reside en la envergadura de la inmigración árabe a Israel a raíz del sionismo. Winston Churchill dijo en 1939: “A pesar de no ser perseguidos, los árabes fluyeron masivamente hacia esas tierras y se multiplicaron de tal manera que la población árabe creció más de lo que habrían podido sumar todos los judíos del mundo a la población judía”.

Durante los años que duró el mandato británico había aquí dos poblaciones: la judía y la árabe. El territorio del mandato original, en virtud de la Declaración Balfour, incluía la ribera oriental del Jordán.La zona, como se ha señalado, estaba escasísimamente poblada. El establecimiento de un hogar para el pueblo judío no representaba injusticia alguna, porque no había aquí un Estado ni había aquí un pueblo. Este era el verdadero fundamento de la Declaración Balfour.

Al mismo tiempo que la ONU se pronunciaba sobre la propuesta de partición, los Estados árabes declararon una guerra de aniquilación contra Israel. El resultado es conocido por todos. La declaración de la guerra implicó que cientos de miles de árabes se vieran obligados a marchar a los países vecinos. Muchos de ellos huyeron. Muchos testificaron que se vieron obligados a salir bajo la presión de los dirigentes. Hubo también quienes fueron expulsados en el fragor de las batallas y la guerra. Unas 600.000 personas se convirtieron en refugiados.

La experiencia vital por la que pasaron los árabes se convirtió en la Nakba, cuya historia se fue inflando con los años. Se convirtieron en los únicos expulsados de todos los países y conflictos. Y no hay mayor mentira que esta. En primer lugar, porque al mismo tiempo sucedía también la Nakba judía: con el mismo telón de fondo, el mismo enfrentamiento, más judíos de países árabes, más de 800.000, fueron desposeídos y expulsados. Ellos no declararon una guerra de aniquilación contra los países de los que procedían. En segundo lugar, y lo que es más importante, más de 50 millones de personas han pasado por la experiencia de los movimientos de población como consecuencia de conflictos nacionalistas o al crearse nuevos Estados-nación. No hay ninguna diferencia entre los árabes de Palestina y los demás refugiados, incluidos los judíos. Solo en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial, y solo en Europa, fueron más de 20 millones las personas que pasaron por la experiencia de un movimiento de población. Esto ha sucedido también posteriormente, durante el conflicto entre griegos y turcos en Chipre, entre Armenia y Azerbaiyán, entre los países que se crearon como consecuencia del desmembramiento de Yugoslavia, y en muchas otras zonas de conflicto en el mundo.

Ahora, son solo los palestinos, los únicos entre todos esos grupos, los que ostentan el título de refugiados desde hace más de seis décadas. Ellos han conseguido crear su propia narrativa histórica peculiar. Este mito crece progresivamente incluso con la ayuda de UNRWA, un órgano dedicado exclusivamente a tratar la cuestión de los refugiados palestinos, por separado del resto de los refugiados del mundo. La tragedia es que si los palestinos hubiesen recibido el mismo trato que los otros refugiados por parte de la comunidad internacional, su situación hoy por hoy sería mucho mejor.

En muchos de los debates en los que he participado, he preguntado a mis colegas, defensores de la narrativa palestina, ¿desde cuándo los expulsados que han declarado la guerra, y la han perdido, pueden beneficiarse del “derecho de retorno”? ¿Hay algún grupo de las decenas de grupos, alguna de las decenas de millones de personas que han pasado por la experiencia de la expulsión durante el siglo pasado, que se haya beneficiado del “derecho de retorno” causando con ello la destrucción política de un Estado-nación? Hasta hoy no he recibido respuesta. Porque ese derecho no existe.

La referencia más seria sobre la cuestión del derecho de retorno la encontramos en el Acuerdo de Chipre, a instancias del anterior secretario general Kofi Annan. El acuerdo no reconoce el derecho de retorno, a pesar de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reconoció los derechos de los peticionarios griegos de la parte turca al retorno y a la devolución de sus bienes. Es decir, no todo precedente legal se puede convertir en una realidad política o de Estado. El acuerdo recibió el beneplácito de la comunidad internacional en general y de la Unión Europea en particular. No es casualidad que los palestinos no mencionen el precedente de Chipre. La razón reside en que el derecho de retorno fue limitado en ese caso, de manera que la mayoría turca se mantuviera siempre en un mínimo del 80%.

Es importante recordar también la Resolución 194 de la ONU, en la que se basan los palestinos. La resolución establece las siguientes condiciones: reconocimiento del Estado judío, que deben producirse las condiciones apropiadas y que los que solicitan regresar deben aceptar vivir en paz con sus vecinos. No hace falta recordar que los palestinos insisten en no reconocer al Estado judío, cosa que deja claro que las condiciones apropiadas no se cumplen.

Una de las alegaciones palestinas es que para resolver el conflicto hay que reconocer la Nakba palestina, y sobre todo la responsabilidad de Israel con respecto al problema de los refugiados. Todo lo contrario: la exageración del mito de la Nakba es lo que retrasa una solución al conflicto. Los palestinos están ocupados en magnificar el problema, inflarlo, exigiendo algo que no tiene precedentes internacionales. Fueron ellos los que se opusieron a la partición. Fueron ellos los que incitaron a la aniquilación. Fueron ellos los que declararon la guerra.

Mientras sigan con el mito de la Nakba, haciendo caso omiso de los hechos fundamentales, no hacen sino eternizar su propio sufrimiento. Y a pesar de todo esto, los palestinos merecen respeto, libertad y también independencia. Pero al lado de Israel. No en lugar de Israel. Y no a través de la Nakba que no es más que un fraude político y un fraude histórico.

Post Scriptum, 27 de maig del 2016.

Ahir mateix, el digital francòfon  Europe-Israel oferia la versió francesa de l’article del professor de la Universitat d’Haifa, Israel, Steven Plaut, titulat “La naqba est la preuve que la “nation palestinienne” est une fiction. Origine et sens du mot naqba”, aparegut ariginàriament a Jewish Press que complementa l’article de Ben Dror Yemeni:

Au cours des années passées, le mot naqba (aussi écrit nakba) est devenu l’expression préférée et sans aucun sens du lobby anti-Israélien. Signifiant « catastrophe » en arabe, il a été adopté par tous les antisémites du monde pour désigner la création de l’état d’Israël, lequel aurait infligé une catastrophe aux Arabes palestiniens, les privant de leurs droits. En effet, la vraie catastrophe qui a frappé les Arabes en 1948-49 a été leur échec dans leur tentative d’éliminer Israël et d’exterminer sa population, et c’est le prix qu’ils ont payé.

Entretemps, ce non-sens qu’est la naqba s’est répandu. On trouve dans Google 85.000 pages web où la création d’Israël est appelée « naqba », et encore plus dans Yahoo. Le magazine anti-israélien du webCounterpunch ne peut mentionner Israël sans utiliser ce mot. Même la ministre de l’éducation en Israël, ministre du parti travailliste de gauche A’voda, Youli Tamir, a ordonné que la naqba soit enseignée dans le programme des écoles, où les élèves apprennent à faire le deuil de l’existence de leur propre pays (autrefois professeur d’éducation à l’université de Tel Aviv, Tamir est si étonnante qu’au cours de l’été 1996, elle a publié un article dans Boston Review défendant l’excision des filles dans le Tiers Monde, et dénonçant ceux qui exprimaient leur dégoût devant cette pratique ).

Des professeurs gauchistes des universités israéliennes célèbrent aujourd’hui la naqba et font le deuil de la création même de leur état.

La naqba de la fin des années 1940 et 1950 qui frappa un grand nombre de Juifs vivant dans des pays arabes où ils furent soudain expulsés, persécutés et dépouillés de leurs biens n’intéresse pas ces gens-là. Ces réfugiés juifs qui ont construit un nouveau foyer en Israël dépassent en nombre les Palestiniens qui s’enfuirent. Depuis, une légende forgée sur les origines du mot naqba s’est installée — un conte de fée qui prétend que le mot était la bannière agitée par les Palestiniens, depuis 1948, et que l’usage fait de cette expression montre jusqu’à quelle profondeur la nationalité palestinienne prend racine.

Aussi, voici un quiz des évènements en cours : quelle est la véritable origine du mot naqba et quel en était le sens ?

Si votre réponse au quiz est erronée – autrement dit, si vous répondez que ce mot se rapporte aux évènements de 1948 – vous êtes en très bonne compagnie. Jusqu’à il y a quelques jours, j’aurais séché, moi-même, sur le quiz. Mais je suis tombé par hasard sur la bonne réponse. Non seulement, il n’y a aucun lien entre le mot insensé de naqba et « la profondeur des racines nationales palestiniennes », mais l’histoire de l’origine du mot prouve en fait le contraire, c’est-à-dire qu’il n’existe pas de nation palestinienne ni la moindre idée de nationalité.

La source faisant autorité quant au mot naqba n’est nulle autre que George Antonius, le premier historien officiel présumé du « nationalisme palestinien ». Comme tant de Palestiniens, il n’était pas en réalité palestinien. C’était un chrétien libano-égyptien qui vécut un temps à Jérusalem, où il composa son plaidoyer-histoire du nationalisme arabe, « le Réveil Arabe », un livre plein d’erreurs, publié en 1938. Bien des années après, ce livre resta le texte officiel utilisé dans les universités britanniques.

Antonius était un représentant palestinien officiel en Grande Bretagne. Il a essayé de défendre la cause d’un état arabe en lieu et place du foyer national promis aux Juifs par la Déclaration Balfour de 1917. Dans les années 1930, Antonius était devenu un propagandiste antisioniste actif, et comme tel, on lui offrit un poste à l’université de Columbia (où certaines choses ne semblent pas avoir beaucoup changé).

Il servit de porte-parole universitaire aux nationalistes arabes xénophobes, cherchant à dénier aux Juifs tout droit d’autodétermination ou d’émigration vers la terre d’Israël. Et il fut étroitement lié au grand Moufti, principal allié islamique d’Hitler, ainsi qu’au bref régime pro-allemand d’Irak, au début des années 1940.

Antonius était si passionnément antisioniste qu’il devint un héros et un exemple pour les juifs antisionistes de gauche, un peu partout. Ainsi par exemple, Baroukh Kimmerling, professeur de sociologie à l’Université Hébraïque, se fia totalement à Antonius pour sa propre pseudo-histoire, « Les Palestiniens ou la fabrication d’un Peuple » (Free Press, 1993).

Voyons comment Antonius nous donne la réponse au quiz des évènements présents relatifs à l’origine du mot naqba ? Le terme ne fut pas inventé en 1948 mais plutôt en 1920. Et il fut forgé non pas parce que les Palestiniens sont soudain devenus nationalistes, mais parce que les Arabes vivant en Palestine se considéraient eux-mêmes comme Syriens et étaient furieux d’être coupés de leur patrie syrienne.

Avant la Première Guerre Mondiale, tout le Levant – y compris aujourd’hui Israël, les territoires autonomes, la Jordanie, le Liban et la Syrie – était inclus dans l’empire ottoman. Quand les forces alliées chassèrent les Turcs du Levant, les deux puissances victorieuses, la Grande Bretagne et la France, se partagèrent les dépouilles entre elles. La Grande Bretagne reçut entre autres la Palestine, y compris la Jordanie d’aujourd’hui, alors que la France reçut le Liban et la Syrie.

Le problème était que les Arabes palestiniens se considéraient eux-mêmes comme Syriens et était considérés comme tels par les autres Syriens. Les Arabes palestiniens étaient furieux qu’une barrière artificielle fût érigée au sein de leur patrie syrienne par les puissances coloniales infidèles – celle qui séparait les Arabes syriens du Nord des Arabes syriens du Sud, ces derniers étant ceux qui furent nommés plus tard à tort Palestiniens. Le gros des Arabes palestiniens avait en fait émigré en Palestine depuis la Syrie et le Liban au cours des deux précédentes générations, surtout pour profiter de l’amélioration des conditions de vie et des opportunités de travail offertes par l’immigration sioniste et les capitaux affluant dans la région. En 1920, les deux groupes d’Arabes syriens, ceux de Syrie et ceux de Palestine, déclenchèrent des émeutes violentes et meurtrières.

Page 312 du livre « The Arab Awakening », Antonius écrit : « L’année 1920 porte un nom maudit dans les annales arabes, et elle est appelée année de la catastrophe, « A’m al-naqba ». Les premiers soulèvements armés de protestation contre la colonisation d’après guerre, imposée par les Alliés dans les pays arabes, sont survenus cette année-là. Ainsi de graves révoltes ont eu lieu en Syrie, en Palestine, et en Irak« .

Oui, la réponse à notre petit quiz est 1920, et non 1948. C’est en 1920 – alors qu’il n’existait pas d’Etat sioniste, pas de souveraineté juive, pas « d’implantations » ni « de territoires occupés », pas de Forces de Défense d’Israël (Tsahal), pas de missiles israéliens ni d’hélicoptères visant des chefs terroristes, et pas de contrôle juif sur Jérusalem (où une majorité démographique juive remonte à 1850 au moins).

Le mot naqba n’a rien à voir avec les Juifs, et rien à faire avec les exigences des Arabes palestiniens à l’autodétermination, à l’indépendance et à un Etat. Bien au contraire, ce mot est lié au fait que les Arabes palestiniens se considéraient eux-mêmes comme Syriens. Ils se révoltèrent lors de cette naqba – cette catastrophe – parce qu’ils trouvaient profondément insultante l’idée même qu’ils puissent ne pas dépendre de la Syrie et des Syriens. Dans les années 1920, la simple suggestion que les Arabes palestiniens constituaient une nationalité ethniquement séparée suffisait à faire descendre ces mêmes Arabes dans la rue pour tuer et piller avec violence et indignation. Si ces Arabes insistaient eux-mêmes qu’ils étaient de simples Syriens émigrés en terre d’Israël, selon quelle logique peuvent-ils avoir le droit à leur propre Etat aujourd’hui ?

Les Arabes palestiniens ne sont pas plus une nation et n’ont pas plus de titre à leur propre Etat que les Arabes de Détroit ou de Paris. Ils n’ont certainement pas de titre à quatre Etats différents, la Jordanie, le Hamastan, l’Etat de l’OLP en Cisjordanie, et Israël converti en un nouvel Etat arabe si le « droit de retour » est accordé aux réfugiés arabes.

En parlant des Arabes palestiniens comme des Syriens, il est utile de noter ce qu’un des premiers nationalistes Syriens avait à dire. La citation suivante provient de l’arrière-grand-père du dictateur syrien actuel, Bashar Al Assad : « Ces braves Juifs ont apporté la civilisation et la paix aux Arabes musulmans, et ils ont dispensé l’or et la prospérité sur la Palestine sans dommage à quiconque, et sans rien prendre par la force. Malgré cela, les Musulmans ont déclaré la guerre sainte contre eux et n’ont pas hésité à massacrer leurs enfants et leurs femmes… Ainsi un destin terrible attend les Juifs et les autres minorités dans le cas où les mandats seront annulés, et où la Syrie musulmane sera réunie avec la Palestine musulmane« …

Cette déclaration provient d’une lettre adressée par six notables syriens alaouites au Premier Ministre français en juin 1936, en soutien au sionisme (les Alaouites à l’origine très pauvres et très minoritaires en Syrie constituent aujourd’hui la classe dirigeante du pays). L’arrière-grand-père de Bashar était l’un de ces notables.

Steven Plaut, professeur à l’Université de Haifa, contribue fréquemment à The Jewish Press

 

 

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