Jaume Renyer

per l'esquerra de la llibertat

15 d'agost de 2013
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Aitzol Altuna: “Orreaga o la fragua del reino”

Aitzol Altuna Enzunza, historiador basc i membre de Nabarralde, va publicar aqueix article commemoratiu de la batalla d’Orreaga (Roncesvalles, en espanyol) al diari basc Gara el proppassat 4 d’aqueix mateix mes d’agost. El corrent de renovació historiogràfica a la que s’adscriu l’autor d’aqueix article ha desmuntat en pocs anys la versió espanyola sobre la incorporació de Navarra al Regne de Castella. El redescobriment del Regne de Navarra com la institució nacional del conjunt dels territoris euskalduns està posant les bases per un projecte de país superador del bizkaitarrisme del PNB i del socialisme patriòtic d’ETA que probablement aflorarà ben aviat en el terreny polític.

 

“Corría el año 768 cuando el duque aquitano-vascón Waifre murió a manos de los francos. Gobernó desde entonces la Vasconia continental un duque en precaria independencia ante los francos y separado por primera vez de los aquitanos (ríos Garona al Loira). Por su parte, la Vasconia peninsular dejó de ser controlada por los duques vascones del norte y surgieron diferentes buruzagis llamados nauarri, documentados en las crónicas francas desde el año 769. Estos nuevos cabecillas vascones controlaban el territorio ante los asturianos (que pasarán por ser el último reducto «godo») y los musulmanes.

Estos territorios del sur vascón se empezaron a unir de nuevo tras derrotar a un ejército de unos 20.000 francos el 15 de agosto del año 778 en la Primera Batalla de Orreaga-Roncesvalles. En esta batalla, un importante contingente de un ejército ligero y veterano habría derrotado a otro desconocedor del terreno y que venía de una campaña contra los musulmanes y el asedio a Zaragoza. El estímulo vascón pudo ser variado, destacando la venganza por la muerte de Waifre o la quema de Pamplona, pero ante todo, sería una batalla por mantener su independencia y parar el avance del Imperialismo franco que quedará en los anales de la historia como una de las batallas más importantes de la Edad Media europea.

Los musulmanes habían entrado para entonces en la península ibérica por el sur en el año 711 y en tres años acabaron con los godos. Los musulmanes encabezados por Mutarrif ibn Muza de la familia de los Banu Qasi, fueron expulsados nuevamente de Pamplona por los vascones en el año 799 al mando de su caudillo Belasco, dominadores en Álava, Sakana, Burunda, Tierra Estella, el pirineo aragonés y la comarca de Pamplona.

En el año 824 Pipinio, nieto de Carlomagno, armó un nuevo ejército franco al mando de los condes Eblo y Aznar, el cual cruzó los Pirineos con la intención de «restaurar el orden», entraron en Pamplona sin aparentes dificultades, escarmentaron con la horca a muchos habitantes para evitar ser atacados por la retaguardia, nombraron abades y gobernantes fieles de nuevo a los francos. A la vuelta, recorrieron el mismo camino que Carlomagno, por Ibañeta y por Luzaide-Valcarlos. Eblo y Aznar fueron atacados y apresados donde antes fuera derrotado el ejército de Carlomagno.

En esta batalla destacó Eneko Aritza Ximeno, de alrededor de cincuenta años, que contó con la ayuda de los hasta entonces procarolingios Belasco, de su hermano Garçea Ximenez -del que nacerá después la segunda dinastía pirenaica de reyes navarros- y también de sus hermanastros musulmanes del sur vascón, los Banu Qasi, antiguos terratenientes vascones desde época romana que se cambiaron de religión y que harán de tapón con el emir de Córdoba, lo que dio un respiro a los nauarri.

El abuelo de Eneko Aritza, según el códice de Roda, había venido huyendo del poder franco para instalarse de Tierras de Deio sobre el fatídico año 768. Mandarían los Ximeno y Aritza en el Valle de Salazar, Aezkoa, Urraul, el Ronkal, la villa de Cillas en Ansó, el sur del río Argueda, Onsella y el oriente de Sangüesa y Navascués, donde se encuentra el monasterio de Leire, cuna espiritual del nuevo poder vascón.

Eneko habría sido coronado según la tradición en el valle del Ronkal, ennobleció la villa de Isaba (Ronkal) y fortificó Aibar, Xáseda, Gallipienzo, San Martín de Unx y Uxue, además expandió el reino por tierras riojano-alavesas de la Sonsierra de Nabarra.

En todos estos siglos los vascones fueron independientes gracias a su resistencia al imperialismo godo, musulmán y sobre todo franco. No existe constancia documental de suceso bélico alguno interno entre vascones entre los años 476 y 824 ni posteriores, año de la creación comúnmente aceptada del reino de Pamplona-Nabarra, reino geográficamente horizontal a los Pirineos, por lo que una conciencia nacional y un interés común en la defensa del territorio, riquezas y gentes frente a diferentes invasiones, debieron de ser las razones que nos llevaron a todos los vascones a aunar esfuerzos y crear nuestro Estado de Nabarra.”

Post Scriptum, 28 d’octubre del 2019.

Aitzol Altuna publicà al seu bloc “Lehoinabarra”, el setembre del 2015, l’article “Hasta cuando se habló euskera en Catalunya y Andorra“:

El filólogo y etimólogo catalán Joan Corominas (Barcelona 1905– Pineda de Mar 1997) dejó escrito: “Los vascos han desempeñado un gran papel en el pastoreo pirenaico y no sólo los actuales vascos de Navarra, Soule y Vascongadas sino también los antiguos pastores vascófonos nativos del Alto Aragón y los Altos Pirineos gascones aún quizás del Pallars y el Valle de Arán, donde la muerte de los idiomas prerromanos es mucho más moderna de lo que suele admitirse”.

Corominas, el principal y más refutado investigador de la cuestión, explica que se hablaba euskera en varias comarcas de la Catalunya actual: “los nombres de parentesco vasco en el Alto Aragón y en el noroeste de Cataluña se encuentran en masa. Nos dedicaremos a estas comarcas: Ribagorza, Valle de Arán, Pallars, Alto Urgel, Andorra y Cerdaña. En ellas y en Aragón esos nombres (vascos) aparecen en masas tan grandes que ello nos da una sensación de gran seguridad y nos aporta elementos de comparación lo bastante numerosos para quitarnos a menudo todas las dudas”.

Los Pueblos euskaros que habitaban la Catalunya y Andorra:

El filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal (1868 La Coruña-1969 Madrid) en “Del elemento vasco en la lengua española” dejó escrito sobre el euskera prerrománico: “(…) lo hablan descendientes de Pueblos antiguos como los várdulos y caristios que nunca se confundieron con los vascones. Y no sólo esto; los ilergetes y los cerretanos de Aragón y de Cataluña, ya muy alejados de los antiguos vascones, hablaban una lengua afín a la de éstos”.

Era de la misma opinión el antropólogo Julio Caro Baroja (1914 Madrid-1995 Bera), el cual en su libro “Sobre la lengua vasca” y tras el estudio de distintas inscripciones en monedas, plomos y vasijas llegó a la conclusión de que: “el aquitano, el vasco actual y el idioma de los antiguos ilergetes, cerretanos y hasta mediterráneos de más al sur parecen tener cierto parentesco que no se puede explicar por influencias célticas”.

Ilerdenses: en la Lleida actual, de ahí el gentilicio.

Cerretanos: Al Este de los ilerdenses. Según Silio Itálico en su obra Púnica (s. I) estaban emparentados con los baskones. Pertenecían a este Pueblo los habitantes de los valles actuales de Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel y la Cerdaña.

Andosinos: El griego Polibio en el s. II a. C. habla de andosinos y airenosinos que se relacionan con andorranos y araneses. Julio Caro Baroja en “Vasconiana” comentaba al respecto: “Podéis pensar que Andorra puede venir de anderri, es decir, que en el nombre antiguo entraría el componente “(h)erri” tierra o Pueblo en vasco, con un antropónimo, epónimo o teónimo que podría estar relacionado con “andi”. No de andosino (…)”. Sin embargo, el historiador, filólogo y lingüista Antonio Tovar (Valladolid 1911-Madrid 1985), decía que Vich en Catalunya era del Pueblo de los auscetani de Ausa, andonisini eran los de Andorra y areosioi los del valle de Aran. Las inscripciones en lápidas halladas en Escanau (Valle de Arán, Lleida, al norte de los Pirineos) presentan rasgos aquitanos que contienen al menos dos nombres euskéricos: Ilurberrixo y Anderexo. Andorra se documenta en la Alta Edad Media como: Annorra, Anorra o Annuria. Algunos núcleos pirenaicos dejarán el euskara por el catalán sin pasar por la romanización, es el claro ejemplo de Andorra.

El profesor y lingüista especializado en temas vascos Jacques Allières (1929 Toulouse-2000 Saint-Gaudens), en “Les Basques. Que sais-je?” señalaba que en la “Chanson de saint Foy” escrita en el siglo XI dice que: “Cisclaun`l Bascon que son d´Aran”: “los euskaldunes de Aran aúllan”(…) para añadir: “Efectivamente son euskaldunes estos vascones que se oponen a los gascones”.

El Valle de Aran pertenecía al Pueblo de los “ausko”, cuyo plural “auski” da lugar a la región de Aquitania. En este valle nor-pirenaico se pierde el euskara en el siglo XIII, en el Pallars se perdió en el siglo XI-XII (Corominas y Ferrán Soldevilla lo ratifican), así como en Noguera (Lleida, condado de Urguel en los s. XI-XII, capital Balaguer, entre Ribagorza y Pallars). En la zona de Cerdaña se habría perdido probablemente para el siglo V de la caída del Imperio Romano Occidental.

Los últimos lugares de Catalunya en hablar euskera, junto con el valle de Arán, serían Ribagorza (Baja Ribagorza pertenece a Zaragoza y Alta Ribagorza a Lleida) y el Pallars en Lleida, el cual está bañado por el río Nogueira y tiene su capital en Sort. Sobre estos territorios dice J. Caro Baroja en su libro “Sobre la toponimia del Pirineo aragonés”: “En el territorio de Sobrarbe, como en el de Aragón, se señaló un último reducto de los dialectos ibéricos, que llegaría a Ribagorza y Pallars, y que estaría representado por una serie de nombres de tipo vasco, los cuales sufrieron los efectos de una tardía influencia romance”.

J. Caro Baroja en el último libro mencionado explica que: “los nombres considerados vascos, los cuales fueron reunidos por don Ramón Menéndez Pidal con tanta escrupulosidad y rigor expositivo que pocos son los que han dejado de admitir su tesis. Se hallan éstos en zonas pirenaicas, de Huesca y Lérida, en donde se documenta una diptongación de o y e en nombres en que se veía el adjetivo gorri por un lado, el adjetivo berri por otro y unos sufijos -toi y -oi, abundanciales o de tendencia.

También se tenía muy en cuenta, como punto de partida, la terminación -otz, -otze = frío. Con relación a berri y gorri diré algo por mi cuenta luego. Ahora quiero recordar que en los abundantes sufijos en -ués y -ós relacionados con -otz, yo me atreví a ver, a veces, un elemento de tipo patronímico, y Rohlfs vio, también, un sufijo -ossus, unido a nombres latinos, galorromanos, etc. Los nombres son tan abundantes que es imposible enumerarlos ahora”.

Joan Corominas lo concretaba y nos da el porcentaje de topónimos en euskara:

Comarca del Valle de Aran: 33% o 40%.
Comarca del Alto Ribagorza: 35%.
Comarca del Bajo Ribagorza: 15%.
Comarca del Alto Pallars: 54%.
Cuenca de Tremp o Bajo Pallars: 24%.
Cerdaña: 57 topónimos vascos.

Es decir, las zonas Pirenaicas más al norte conservaron mejor el euskara que las conquistadas por los hispano-musulmanes, donde tampoco se perdió del todo. Siguiendo al historiador ronkalés B. Estornés Lasa (1907-1999), tenemos al menos esta toponimia euskaldún:

– Del Ronkal al valle de Arán (en Lleida):

Benabarre, Zoriza, Quinboa, Lujiarre, Lascuarre, Luparre, Bizberri, Astu, Arbe, Axpe, Arbe, Cenarbe, Javierregay, Achar, Lizarra, Gistain, Eunate, Artaso, Artasona, Barosa, Ayerbe, Bisauri, Loarre, Aisa, Besos, Acon, Larres, Biescas, Escarrilla, Lanuza, Basaran, Bergua, Ara, Ecuain, Yaga, Arazas, Suelza, Barrosa, Yna, Ainsa, Gerbe, Nabal, Arro, Benasque, Ariste, Chia, Serraduy, Isabena, Barasona, Estada, Aren, Barruera, Escuñau, Esera, Bonaigua, Espua, Isona, Gurea, Biscarrués, Ardisa, Erla, Bolea, Arascués, Esquedas, Aniés, Sabayés, Belarra, Hirbike, Mascún, Guarga, Basa, Estron, Escaldes, Engolasters, Esquella, Aranza, Esabol, Escardars, Estana, Nabas, Cuart, Aña, Gurri, Maya, Bascara, Estiche, Jubierre, Ballobar, Escarpe, Algerri, Ibars, Aytona, Asco, Estanga, Urria etc.

– Desde Zona centro y Este de los Pirineos, del Bearne a Perpiñán en Catalunya:

Urgel, Garrotxa, Gurria, Gerri, Esterri, Aran, Illegerri, Muga, Arices, Arrabi, Arbizón, Art, Arudi, Aspe, Bastan, Bigorre, Esterre, Estibete, Irhaxe, Isabe, Ezeste, Laruns, Nabarrenx, Seberri, Sarrance, Urdos, Aramitz, Areta, Lana, Lurbe, Escot, Lescun, Etsaut, Ordos, Bescat, Aubisque, Aucon, Agos, Escubes Coarrece, Benejaco, Izabit, Estam, Aspin, Estarbielle, Estenoz, Ardet, Orla, Sentein, Aucacein, Herran Lacabe, Izaut, Astiz, Lescar, Monein, Meritein, Beárn, Benabarne, Garrotxa (Catalunya y Teruel), Estibeaux, Arzac, Lescar, Lez, Isabarri, Biescas, Maya, Muga, Lecarre, Bizberri, Ysabena, Ainsa, Escuain, Gardesse, Igon, Escaro, Aytua, Algerri, Gerri, Sahorre, Arria, Urbanya, Oix, Oñar, Ares, Belaitus, Ossau, Lourdias, Issor, Buci, Aressi, Lourdes…

– En Catalunya que no sea Pirineo por ejemplo:

Arbós (Figueras), Alós de Balaguer (Noguera), Báscara, Ibars, Araya, Artaj, Ager, Alguerri,Algar, Aldaya, Arteas, Bugarra, Tolosa, Zarra, Algarra, Garrancha, o Caroch (todos hacia la costa) etc. En Girona en la costa, el nombre anterior de Tossa de Mar en poca romana era Iturissa, que al menos tiene reminiscencia vasca.

Estos territorios donde se habló euskera en Catalunya hasta la Baja Edad Media, pertenecían entonces al reino baskón de Nabarra, tal y como lo explica en “Historia del reino de Navarra en la Edad Media” el historiador estellés José María Lacarra (1907-1987) cuando dice que Sancho Garcés I (905-925) contaba con el apoyo del conde Ramón de Pallars, su hermano de madre y de la familia Ximena que reinó en Pamplona-Nabarra en los siglos IX-X. Después sigue Lacarra: “(…) coincidiendo con la incorporación de Ribargorza (al reino de Pamplona-Nabarra), en 1025, algunos documentos aragoneses empiezan a citar Pallars entre los territorios sobre los que dominaba Sancho III el Mayor. Esto puede responder, simplemente, a que algunos territorios de Ribagorza, que el conde Ramón III tenía ocupado, pasaron entonces a depender de Pamplona”.

La condesa de Ribagorza era hermana del conde de Castilla y sobrina de Sancho III, siendo el condado acosado por el conde de Pallars que la había repudiado como esposa y por los musulmanes, pues Almanzor y su hijo Abd Al Malik, había llegado a principios del siglo XI hasta Roda de Isábena (condado de Ribagorza en su parte hoy aragonesa). Sancho III tomó las riendas del condado ribagorzano desde 1018 y la condesa abdicó en 1025 junto al condado de Pallars. Dio Sancho III el condado ese mismo año 1025 a su tercer hijo legítimo Gonzalo.

La pertenencia a Nabarra se mantiene hasta la muerte de Alfonso I El Batallador y la separación de Aragón (1136). Alfonso I El Batallador reinaba, según un documento que él mismo firma en 1131, tanto en el valle de Arán como “desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal”.

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