Menaje: “Cocina levantina”

Aqueix passat cap de setmana era festa major a Vilanova de Bellpuig, així que vaig retornar a la casa del pare i gaudir del dinar familiar i el retrobament amb amics i parents. També vaig aprofitar per remenar a les golfes i entre les caixes vaig endur-me uns quants exemplars de “Menaje, revista mensual para la mujer y el hogar”,  editada a Barcelona sota la direcció de Gonzalo Bosch Bierge.

El gruix de la revista està dedicat a les receptes de cuina, (la resta a difondre les pautes de conducta femenina adequades a la disciplina del règim franquista més pur i dur), i concretament el número 155, corresponent al novembre del 1943,  està dedicat a la “Cocina regional española”, reproduïnt a la página 3 un mapa de la península ibèrica dividint-la (a banda de Portugal) en quatre regions gastronòmiques perfectament delimitades: la castellana, la llevantina, l’andalusa i la del nord. Significatívament, els límits de la cuina llevatina són els dels Països Catalans més Múrcia (no pas Albacete).

La presentació d’aqueix capítol de receptes de la cuina tradicional catalana (a la descripció, que no pas al mapa, hi inclou l’Aragó) està continguda en aqueix escrit que mereix ésser reproduït atès que transmet una concepció de la catalanitat subsistent en ple franquisme :

“De las regiones españolas, la levatina es de las que más agradecidas deben estar a Dios por los bienes naturales de que las ha dotado. Bien es verdad que Cataluña no tiene grandes llanuras explotables, pero en los pedazos, muy aprovechados por cierto, de que disfruta, se dan bien todos los productos de la tierra y el Mediterráneo, si no con la prodigalidad que el Cantábrico, da también buenas clases de pescados.

Pescador de Cataluña. Hombre bravo como la “Costa brava”, en que vives, en que luchas y en que mueres, aferrado a tus sanas costumbres de trabajador infatigable, y hasta cuando bailas lo haces abriendo los brazos para envolver a tus hermanos en un inmenso abrazo de paz.

Valencia, tierra de flores y bellas mujeres, eres la más privilegiada de todas; tu huerta ha traspasado los límites de la fama y tu fruta de oro endulza los labios de todo el mundo.

Aragón, la firmeza de tu Agustina, es la de tus tierras fuertes de trigo y aceite llenas. Tus montes dan caza suculenta y abundante.

Murcia alegra su vega con los frutos más diversos, y de Elche nos llegan los dátiles que a Berbería dan envidia.

Las Baleares, remanso de paz, prodigio de ambiente, luz de los ojos y placer de los sentidos, sois también en bienes naturales privilegiadas.

Y en todo ese conglomerado de frutos y productos de la región levantina se asienta una cocina regional variada como pocas y como pocas formáis una alimentación del pueblo sana y fuerte, como respondiendo al clima moderado que no requiere ni el excesivo vigor de los alimentos de una región fría ni los propios de regiones casi tropicales.

Necesariamente, a una región que se ha distinguido siempre por su carácter de austeridad casi brusca y de trabajo, ha de responder una cocina poco floreada pero substanciosa. Comida de trabajador.

De toda su gama destaca, sin embargo, un plato que se sirve en todos los confines del mundo. No hay hotel ni compañía de vapores que lo desdeñe; es, os lo podéis figurar, la Paella valenciana, esa paella que es un cuadro donde apuntan todos los colores de la paleta, tomando por fondo el decorado arroz horneado con pinceladas del verde de los guisantes, el blanco de la anguila, los rojos de langostinos, el dorado pollo, los sangrantes pimientos y otros que va conjugando el paladar en complicidad con los ojos.”

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