
Escrit l’octubre de 1946, Roc Llop recorda i lloa García Lorca alhora que ataca durament els criminals que el van assassinar, amb Franco al capdavant.
A García Lorca. Poema en verso
Quisieron matarte:
Frentes charoladas
guiaban tus pasos
por mudos caminos
llenos de sorpresa,
llorosos y tristes
del Crimen cercano
que en la sombra estéril
–estéril y cómplice–
forjaban las balas
para asesinarte.
Los fusiles rígidos
lloraban espanto;
temblaban de miedo
porque en su inconsciencia
la culpa roía la falta
de verse entre manos
sedientas de crimen.
Las malas pasiones,
los bajos instintos,
las negras conciencias,
soplaban un viento
de fieras maldades.
Te iban empujando
hacia el gran Vacío.
Y tú lo medías
con paso sereno;
con el alma recia
sin inclinaciones;
sin mano temblona
que mide y calcula
con torpes compases
el inconmensurable
fondo del Abismo.
Sin miedo en la frente
que no registraba
temores ninguno.
Allí te esperaba
–y tú la veías–
la «novia enlutada»,
la «esposa espantable»
que el Crimen te daba
como compañera.
Pero no lloraste
por su feo rostro;
ni les suplicaste
que te la cambiaran
por otra más bella,
a los «disfrazados»
de tu vil cortejo.
Si acaso llorabas
lo hacías por dentro;
en la carne viva
de tu pensamiento,
por el gran tesoro
que allí se quedaba,
que se perdería
sin que lo gozara,
sin que lo hiciera
su pueblo querido;
tu gitanería
con andrajos bellos,
sublimes y austeros
–como su sonrisa–
que daba su vida
–como tu la dabas–
en muros de pechos
porque las traiciones
no dieran un paso
en sus villanías
si acaso llorabas
por otro no era.
Valor te sobraba
para amar la vida
y afrentar la muerte,
como te sobraba
arrogante genio
para dar el pecho
de tu gran talento,
a cuanta tiniebla
de necia ignorancia,
pariera la estulta,
titulada frente,
de toga ilustrada.
Quisieron matarte…
Como si a muerte
–en honda tiniebla,
cavernosa y fría–
pudiera ocultarte,
como en un eclipse
la luz irradiada.
Los pobres diablos;
los ignorantes
de cerebro ciego.
¿Qué cuentan las fibras
una vez abiertas
por constelaciones
tronando ruidos,
en la hueca boca
de cobardes armas?
Se desplomó el cuerpo;
cayó asesinado
por la COBARDÍA.
Mas allí quedaba
tu espíritu recio,
cual los pedernales
de firmes canteras.
Allí se quedaba
de pie y altanero;
ladeando a la Muerte,
acusando infamias
de los que se dicen
de Cristo al servicio.
¡Hiedras tartufarias
mascando la mies
y otras inmundicias,
en el sacrilegio
de trepar conciencias
de gentes humildes,
de gentes cobardes
para escupir ritos
y hachear becerros;
de mansos al yugo
y al son de la esquila,
con el «alma eunuca»
y dóciles lanas
prontas al esquilo!
¡Burdos mercaderes!
¿Qué sabéis de Cristo,
de su anhelo santo,
y qué de sus ansias?
De sus locos sueños
forjando en quimeras,
mundos más humanos
y santos que el vuestro;
de su amor ardiente,
de sus humildades
envueltas en pajas
de pobres establos.
Vosotros los canes
del «becerro obeso»;
cerberos mitrados,
guardianes celosos
del «dios amarillo».
Qué sabéis de mitos
y parábolas,
si en vuestros suspiros
de ansias celestiales
sólo hay cebada!
Si Cristo volviera
con sus santas manos
para curar llagas
del pueblo oprimido,
trabajo tendría
para buscar cuerdas
que dieran trallazos.
El templo vacío
otra vez dejara
de escribas y jueces,
comprando conciencias,
royendo en la sombra
de la sinagoga
igual que ratones,
falsas escrituras.
La cruz del ladrón
otra vez te dieran;
a ti, regalando
bondades humanas
en divinos sueños.
Ellos que la llevan
de brillante oro
y de perlas finas,
para que se afrente
de ello la pobreza,
para que maldigan
falsos redentores,
vanas santidades
con afeminados
perfumes de incienso.
La tuya merecen
por su falso credo,
por lo que acumulan
sus negras conciencias
que espanta el manto
con el que se invisten
ofreciendo cielos.
¡La cruz para dioses!
Donde faltan brazos
para colgar cuerdas
ajusticiadoras.
Y para tu genio
–de vate querido–
las balas que cosan
la entraña del mártir.
Allí estaban todos
prestos a matarte;
todos con los odios
tiempo acumulados.
Acechando astutos,
tras de las trincheras
de su hipocresía,
soñando jardines
de tu maravilla
–cual los cazadores
de furtivo vedo–
para darle «gracia»
a tu lira hermosa.
Allí estaban todos:
ellos y los otros;
los de espuela y bota
y manga estrellada,
en un firmamento
de viles traiciones;
con honor al cinto,
en sables vendidos
a las ambiciones
de cualquier tirano.
Profanando gestas
–con su villanía–
de invictos y guerreros.
Los militarotes
que odian la miseria
de los laboriosos;
son sus lindos trajes
para las postales.
Y los civilones,
que no perdonaron,
aquel tu romance
que pregonan famas;
que con negra alma
machacan los cráneos
de la REBELDÍA.
No te perdonaron,
como no perdonan
al pueblo que sufre,
que no se somete
a sus crueldades.
Allí estaban todos
para asesinarte
y negar tu obra.
Tu obra sublime,
tu obra gigante
como una pirámide,
en el gran desierto
de la «España caída»;
con solo el oasis
de justa venganza
y de rebeldía,
del pueblo en cadenas
que con viril gesto
–y en el puño ira–
no acepta sumiso,
ni loa con cantos
el hierro que oprime,
de la Tiranía.
Allí estaban todos
–verdugos sangrientos–
con sed de chacales
bebiendo tu sangre.
…………………..
Y allá está tu pueblo
que en verso te reza;
y tu España «Yerma»,
presta a engalanarse
con flores Manolas;
llena de «malezas»
y de hoces nostálgicas
que esperan la mano,
firme del labriego
para degollarlas.
Allí está tu España,
guardando celosa
mártires despojos
de hijo querido
que hoy, «arrepentidos»,
en falsos honores
quieren profanarle.
Allá está tu pueblo
guardando tu tumba
a profanadores;
allá está sangrando
por cien mil heridas,
porque España sangra.
España la mártir,
que el Crimen enluta;
con su gran tragedia
hecha una gran cárcel
que tiene al tirano
como carcelero.
Vestida de andrajos
y de rebeldía,
hecha una gitana
–que maldice viles–
entre sus mendrugos.
Y frente a tu España,
poeta querido,
el mundo que tiene
el gran libro abierto,
escrito de horrores,
para que lo lea
y al par apostrofe
todos los tiranos.
………………………
Y aquí, yo, contigo,
rezandote en verso,
ante la tragedia
que queda en el cáliz!
[París, 30 d’octubre de 1946]
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