‘Destruam et aedificabo?’ (Procés constituent, III)

[Tercer lliurament de l’article ¿Un proceso constituyente canario?, del politòleg Jorge Stratós, publicat a Tamamos. Semanario Crítico Canario; anteriors capítols publicats el 24 de març de 2018 i el 14 d’abril de 2018]

Lo material y lo formal. En sentido material, la constitución democrática canaria debe surgir de forma ascendente desde la nación soberana hacia el ordenamiento institucional de la ciudadanía. La sociedad nacional canaria solo será soberana —es decir, libre— si puede ejercer su capacidad de decidir y de instaurar el orden político al que aspire. El ordenamiento político de las relaciones de poder canarias solo será cívico —esto es, civilizado— si el diseño institucional se constituye de forma pacífica, pluralista y democrática. Mientras que la ciudadanía canaria ejerza sus derechos nacionales con toda garantía —con información, deliberación y participación— la nación canaria se expresará en su ciudadanía. Estamos, pues, entremedio y muy retrasados en la tarea democratizadora, que hay que impulsar y acrecentar, siendo como es, además, una tarea siempre —por definición— deseable y a la vez inacabable.
En sentido formal, la constitución canaria debe recoger el conjunto posible y necesario de normas e instituciones democráticas que satisfagan las demandas soberanas de la ciudadanía nacional. Toda democratización soberana se sustenta en dos principios, el de igual libertad para toda la ciudadanía y el de autogobierno de la comunidad nacional. El principio de legalidad no es fundacional, sino derivado, puesto que procede de ambos. Es decir, este último no puede eliminar ni sustituir a los dos primeros. Los cuarenta años de la actual Constitución del Estado español, parece ser que fácticamente irreformable, y los treinta y seis del actual Estatuto de la nación canaria, pendiente de un nuevo maquillaje embaucador, nos han situado al inicio de la tarea democratizadora. Porque el escenario socio-político ha ido degenerando, en su diseño y práctica institucional, convirtiéndose ambos elementos en obstáculos para una mejor convivencia y bienestar.

Un bloque bloqueado. La norma constitucional que Canarias necesita con urgencia no puede surgir como mera derivada del bloque constitucional-estatutario de 1978 y 1982. El pacto constituyente-estatuyente de entonces fue en realidad un acuerdo entre la oligarquía española —con sus casposos poderes económicos, militares y religiosos de entonces— y sus reivindicativas fracciones catalana y vasca. Que por allí pasasen también las élites subordinadas de otras nacionalidades, como la gallega y la andaluza, que fueron aupadas al artículo 151.1, después de que sus pueblos se lo trabajasen y sus élites se subiesen al carro a última hora, no las incluye como protagonistas de aquel pacto. Menos aún lo fueron otras élites sometidas, como la valenciana o la canaria, que aceptaron lo que se les daba y como se les daba sin siquiera haberlo demandado, para su vergüenza. Estas élites no pactaron; simplemente consintieron y se adhirieron. En Canarias fueron muchos los democonformistas que se lo tragaron sin casi rechistar.

De ahí la congénita debilidad reivindicativa de la sociedad canaria comandada por esa casta isleña, muy valiente hacia dentro (para fortificar la desigualdad) y muy cobarde hacia fuera (para no rechazar la dependencia). Así se ha evidenciado de forma penosa hasta estos mismos días en la reciente historia, década tras década. No en vano, el arco parlamentario canario se dispone ahora, de forma tibia y cansina, a solicitar en el Parlamento español, una vez más de espaldas a la población, que se embellezcan el Estatuto y el Régimen Económico y Fiscal, bajo la promesa fáctica de que todo lo que importa seguirá igual por estos pagos de “autonomía ultraperiférica” nacional colonial. Estando así las cosas, siendo tan grave la claudicación de ambos Parlamentos, el del Estado plurinacional español y el de la nación canaria, que bloquean cualquier reforma seria del bloque normativo, el necesario proceso constituyente canario —señores demócratas de la pleitesía apoltronada— habrá de surgir de una ruptura, al menos parcial, del bloqueado bloque constitucional-estatutario, partiendo de las exigencias nacional populares canarias.

Lo intraestatal, lo estatal y lo interestatal. Un inciso: nuestro problema, el de una comunidad nacional canaria que sea democrática y que se guíe por los principios fundamentales de igualdad política y de autogobierno soberano, y de la legalidad derivada, no se circunscribe —como tantas veces he argumentado— al territorio de las Islas. En efecto, la esfera básica de la cuestión canaria es archipielágica, incluyendo el mar adyacente del que hoy nos privan. Pero sus dimensiones geopolíticas son también más amplias en su escala, pues se proyectan hacia la esfera de la dominación estatal y la esfera de la dominación global. Lo diré de forma sintética puesto que seguir argumentándolo quedará para otro momento: la cuestión canaria es un problema de poder intraestatal plurinacional y un problema de poder estatal español, y además un problema de poder interestatal global. Los simplismos solo sirven para el autoengaño, el peor de los males del pensamiento: la ausencia de autocrítica en el pensar.

Uno, siendo como es Canarias una de las naciones que conforman la territorialidad del actual Estado plurinacional español, su presente y su futuro político están muy condicionados por una intraestatalidad que es políticamente asimétrica no solo en la diferencia geográfica, sino también en la histórica, económica y cultural respecto a las demás naciones de la España-Estado. Porque la nación canaria, a diferencia de las demás, no es la “exótica región de sol y playa” que plantea la mirada displicente y el puño de hierro del Estado, sino, por el contrario, una nación colonial. Con incuestionable derecho a decidir. Lástima que los tabúes mentales presentes en nuestro medroso sistema parlamentario de partidos no les permitan asomarse siquiera a este balcón para contemplar la realidad sin obtusa distorsión. Prefieren incluso la ceguera, que facilita mejor la rendición a los poderes oligárquicos (¡votemos juntos el presupuesto del Estado!). Todo al servicio del más descarado electoralismo (como de nuevo comprobamos a más de un año de las convocatorias electorales). Incluso han renunciado en los últimos lustros a explicar y reivindicar nuestra auténtica situación en la gran metrópoli madrileña y en las avasalladas metrópolis vasca y catalana. La sumisión ideológica, por lo que se ve, no da para tanto (pero a Fitur ni me la toquen).

Dos, siendo Canarias una nación colonial que además tiene fuertes relaciones geopolíticas con Europa, Latinoamérica y África, y teniendo encima como tenemos la permanente mirada con lupa de la superpotencia mundial USAmericana, junto a la de las potencias rusa y china, no se puede olvidar que nuestro presente y futuro están muy condicionados también por el logro de un tácito acuerdo estatal y global: que se nos reconozca el derecho democrático a la autodeterminación para un régimen de autogobierno soberano nacional popular canario. Así es y así será. Porque aunque esta dificultad determina también en parte la solución democrática del problema, para nada justifica las vanas huidas hacia atrás, ni hacia delante (sin exagerar los paralelismos, hasta Nueva Caledonia ha logrado el reconocimiento de su derecho a decidir). Sirva para reflexión de realistas claudicantes y de irrealistas extraviados, que se mueven como pollos descabezados sin saber a dónde van o como ratones enjaulados que corren en sus respectivas ruedas giratorias, hacia atrás y hacia delante, sin avanzar un milímetro, y dejando las cosas del querer y del poder como están: predican que nos dobleguemos ante unas Islas Canarias-Destino turístico, es decir, ante una sociedad de malestar en crecimiento.

Dos elementos constituyentes irrenunciables. Volviendo entonces al argumento inicial, cabe ahora hacer la pregunta que algunas lectoras y lectores perspicaces esperan que haga: ¿por qué motivos una constitución democrática canaria que diseñe un autogobierno soberano con igual libertad para la ciudadanía no puede surgir como una simple continuidad jurídico-política del actual bloque constitucional-estatutario? O formulado de otra manera: ¿por qué lo que debe recoger una constitución canaria, para que sea democrática e impulse el bienestar ciudadano, no es admitido por el bloqueo de los actuales textos jurídico-políticos? ¿Tanto asusta la democracia real, legítima y efectiva? Dejo a un lado ahora las recientes experiencias vasca (de 2004 y 2005) y catalana (de 2016 y 2017), que siguen siendo experiencias nacionalitarias abiertas, como es obvio no solo en Catalunya, sino también en Euskadi. No deben ser olvidadas, porque son una adecuada ilustración de cómo las más corrompidas fuerzas de la derecha autoritaria del Estado españolista (junto a parte de las izquierdas, aunque con otros procederes), en colusión todas con los poderes fácticos interestatales, bloquean el más mínimo avance en las libertades nacionales (marchitadas, además, por las meteduras de pata que conocemos de parte de los otros nacionalismos excluyentes).

Nuestra constitución, es decir, nuestra constituyente, no puede dejar de recoger dos elementos políticos fundamentales en la tarea democratizadora: primero, la definición de la sociedad canaria como una nación soberana de origen colonial y, segundo, el reconocimiento del derecho de la ciudadanía canaria a decidir de forma pacífica, democrática y pluralista el régimen de su autogobierno soberano y su relación con el Estado español y la Unión Europea. Quiere esto decir que nuestra constituyente debe facultar el poder de elegir de modo democrático entre un ramillete plural de opciones políticas, revisables y renovables en períodos de tiempo acordados, que se mueven a lo largo de la combinación de dos ejes, cuyos extremos son: dependencia versus no-dependencia y unionismo versus separacionismo. Son muchos los formatos viables para las opciones mayoritariamente preferidas, más allá del unionismo que tenemos y del separacionismo conocido, ambos formando el consabido bucle retroalimentado que soportamos. Destruam et aedificabo. Esto es, punto y aparte y suma (¡y resta!) y sigue.

Coda. Hay ya propuestas sobre la mesa. Como propuestas, en democracia son legítimas. Pero su imposición las hace ilegítimas. Sin ir más lejos, cada uno de los partidos parlamentarios de las Islas tiene en este momento su propia “Constitución” canaria, que no es otra que el Estatuto de Autonomía enmendado que han depositado en las Cortes madrileñas, para someter allí sus enmiendas a debate, votación y aprobación, sin consulta ni antes ni después a la ciudadanía canaria. Una maravilla. Porque una cosa es proponer… y otra imponer. Imponer su entreguismo —zurcido a base de realismo claudicante—, con la única voluntad de legitimar de nuevo el dependentismo unionista, no es ya una política legítima. También hay otros partidos no parlamentarios que han puesto sobre la mesa por su cuenta y riesgo una Constitución separacionista, separacionista y dependentista, que recoge sus aspiraciones exclusivistas y excluyentes. Otro prodigio. Pura ensoñación, cargada de irrealismo extraviado que, además, genera dudas sobre su voluntad de que los canarios transitemos únicamente por el camino democrático para mejorar nuestra existencia. Por tanto, lo dicho: destruam et aedificabo. Crítica valorativa de lo que hay y reconstrucción hacia el logro de una sociedad canaria de bienestar.

[Continuarà]

La llengua de les llengües (Galdós i Catalunya, i 2)

Galdós va mantenir entre 1884 i 1915 una sincera amistat personal i literària amb Narcís Oller, que es traduí en un interessant intercanvi epistolar on els dos escriptors confrontaren les visions de les seves respectives llengües i nacions. Si bé Galdós qualificava, com ja vam veure, de “poble admirable” el català, els seus sentiments eren més distants cap al catalanisme, la Renaixença i la nostra llengua, que jutjava apta per a la poesia però no per a la novel·la. La relació amb l’escriptor vallenc s’inicià quan aquest li envià la seva novel·la La papallona i set mesos després Galdós li respongué això:

“Lo que sí le diré es que es tontísimo que usted escriba en catalán. Ya se irán ustedes curando de la manía del catalanismo y de la renaixensa . Y si es preciso, por motivos que no alcanzo, que el catalán viva como lengua literaria, deje usted a los poetas que se encarguen de esto. La novela debe escribirse en el lenguaje que pueda ser entendido por mayor número de gente. Los poetas que escriben para si mismos, déjelos usted con su mania, y véngase con nosotros. Le recibiremos a usted, en el recinto de nuestro Diccionario, con los brazos abiertos.”

Oller (esquerra) no es va estar de replicar-li d’aquesta manera:

“Escribo la novela en catalán porque vivo en Cataluña, copio costumbres y paisajes catalanes y catalanes son los tipos que retrato, en catalán los oigo producirse cada día, a todas horas, como usted sabe que hablamos aquí.”

A la vegada que s’estranyava que un escriptor realista com Galdós no defensés l’ús del llenguatge de cada lloc per descriure la seva realitat. Pérez Galdós insistí en la seva particular convicció que Oller havia de passar-se literàriament al castellà, i ho féu fent gala d’un cert jacobinisme lingüístic. Després que el vallenc li fes arribar la seva Vilaniu, Galdós li manifestà el seu desconsol “al ver un novelista de sus dotes, realmente excepcionales, escribiendo en lengua distinta del español, que es, no lo dude, la lengua de las lenguas”. La darrera carta d’Oller a Galdós, comentant-li la més famosa de les seves novel·les, Fortunata y Jacinta, inclou un irònic comentari final pel que fa a la llengua:

“Sólo siento una cosa: que no está Fortunata y Jacinta escrita en francés para su mayor publicidad y provecho del autor. Un separatista.”

Que don Benito menystenia el català (i, de retruc, el catalanisme) queda de nou clar en aquest article que publicà (1886) a La Prensa de Buenos Aires, parlant precisament de Narcís Oller com un novel·lista “producto de un catalanismo dominado por los resentimientos regionales, algunos no injustificados, escribe en catalán cuando lo podía hacer magistralmente en castellano, pese a que la novela contemporánea requiere una dicción extraordinariamente rica y flexible, a la que no se presta el catalán, porque el catalán no tiene construcción propia, la sintaxis es la castellana y sólo varían las voces”.

Seria injust considerar Galdós com un intel·lectual obertament anticatalà o un bel·ligerant contra la nostra llengua. S’ha dit que la “respectava” però que no la “sentia”. Amb el naixent catalanisme (llavors conegut per tothom com regionalisme) tampoc el sentia però sí feia un esforç de comprensió. En un article del 1886 es preguntava si el regionalisme era un mal o un bé, i es responia així:

“Yo creo que el regionalismo aun cuando se manifieste con formas tan vehementes como las de los catalanes en su última protesta contra el modus vivendi [es referia de ben segur al “Memorial de Greuges”], no es en realidad otra cosa que una propaganda a favor de la descentralización , y una señal històrica de que se aproxima el descrédito total de nuestro actual sistema administrativo”.

I referint-se als greuges del “poble admirable” contra la centralització administrativa espanyola, Galdós opinava que “sus quejas son fundamentadísimas”. Ja fa 130 anys d’això.

[Informacions d’Adolfo Sotelo Vázquez: “Benito Pérez Galdós y Cataluña” i Nueva Historia, núm. 24; imatges: wdl.org, tinet.cat i conversacionesenlabiblioteca.wordpress.com]

 

El poble admirable (Galdós i Catalunya, 1)

Dijous dia 10 va fer 175 anys del naixement de Benito Pérez Galdós a Las Palmas de Gran Canària. Tot i que aquesta capital presumeix amb orgull de ser el bressol de l’autor de Fortunata y Jacinta o els Episodios Nacionales (hi té dedicats un carrer, dos monuments, un teatre i un institut, a més de la casa natal), el cert és que l’escriptor estigué poc temps vinculat a les illes. Va estudiar al col·legi de San Agustín, al barri de Vegueta de Las Palmas, i a l’institut de La Laguna, a Tenerife. L’arribada d’una cosina seva (Sisita) el transtornà emocionalment, fet que està en l’origen, segons sembla, de la decisió de la seva mare d’enviar el jove Benito a Madrid per estudiar Dret. A mla capital espanyola desenvoluparia la seva extensa producció literària i la seva carrera política  (diputat per Las Palmas des del 1914), prou sabudes.

Avui poden ser més interessants algunes notícies biogràfiques seves, menys conegudes, que el relacionen amb Catalunya. Per exemple, opinava que el català era un poble admirable, sobri però també esplèndid, que té el doble mèrit de saber treballar i saber viure. Opinava que Espanya tenia la mateixa opinió del poble català que la que té Europa de l’anglès, “pero todo ello, bien mirado, es puro amaneramiento de la opinión, sin consistència nacional”. 

L’escriptor canari (a la dreta, dibuix de Casas) visità Barcelona per primera vegada amb ocasió de l’Exposició Universal del 1888. Conegué escriptors com Narcís Oller, Josep Yxart o Josep Pin i Soler i quedà fascinat per la ciutat, pel luxe dels seus edificis, pel paviment i l’enllumenat elèctric dels seus carrers i pels tramvies que els recorrien. Passejant i contemplant Barcelona i els llavors municipis de Gràcia, Sants i Hostafrancs augurava un futur de metròpoli comparable a Londres o Nova York.

El 1896 visità Reus el març i de nou Barcelona el juny, per a l’estrena de Doña Perfecta. Fou en aquesta segona estada barcelonina quan conegué Mossèn Cinto Verdaguer, a qui anà a visitar al seu domicili dels Penitents acompanyat d’Oller. Galdós certificà posteriorment el judici serè i l’equilibri psíquic de Verdaguer, contradient les acusacions de bogeria que contra ell s’havien llançat. El descriví d’aquesta manera: Fue un varón recto y puro, raro ejemplo de la fusión del hombre y el artista, modelo de sacerdotes, gran poeta, sin otro modelo que Cristo. Imitador de Cristo en la moral y en la poesia, ha sido el último y más visible de sus discípulos“.

Es va dir en algun moment que la figura de Mossèn Cinto Verdaguer va inspirar el personatge de Nazario Zaharín, el protagonista de la novel·la galdosiana Nazarín, un capellà visionari barreja de l’idealisme de Don Quixot i del misticisme de Jesucrist. El mateix autor va assegurar que, a mig escriure l’obra, l’havien influït els detalls que li arribaven dels problemes personals i eclesiàstics de l’autor de L’Atlàntida. Tot és possible, però els especialistes en Galdós es decanten més aviat per buscar Tolstoi i els místics castellans com els referents de Nazarín.

Tornaria a Barcelona el 1903, el 1917 (any en què assistiria a la representació de la seva obra Marianela per part de Margarida Xirgu, a la dreta) i 1918. Galdós estava contentíssim de l’afabilitat dels barcelonins, tant al teatre com a les innombrables visites que rebia a totes hores a l’Hotel Continental de la Plaça Catalunya, on s’allotjava.

[continuarà]

[Informacions de Viquipèdia, Historia y Vida, núm. 106 i Adolfo Sotelo Vázquez: “Benito Pérez Galdós y Cataluña”; imatges: museoreinasofia.es, snipview.com, visat.cat i Viquipèdia]

 

 

 

 

El misteri del canonge

Hi ha alguna manera de relacionar les Canàries, Catalunya, el carlisme i uns fets misteriosos, dignes de “Cuarto Milenio”? Recargolant una mica les coses, sí. Presentarem avui la biografia d’un singular català que va fer bona part de la seva carrera eclesiàstica a les Canàries: Josep Roca Ponsa. Nascut a Vic el 1852, ingressà al seminari d’aquesta ciutat, però ben aviat (1872) passà al de Canàries, on seria ordenat de sacerdot, on exerciria la docència en diferents càtedres i d’on seria nomenat rector (1890). Canonge de la catedral (1876), presidí l’any següent, en nom del bisbe Urquinaona (que ho seria després de Barcelona), una peregrinació a Roma dels eclesiàstics canaris. El 1892 passà a Sevilla i l’any següent guanyà les oposicions de canonge magistral d’aquella arxidiòcesi andalusa, funció que exerciria fins a la seva mort, esdevinguda a Las Palmas el 1938.

Més interessant que el seu aparatós currículum eclesiàstic és la seva posició ideològica i el seu activisme polític, i és que Roca era un destacat tradicionalista, un carlí del morro fort. Entre el 1873 i el 1888 publicà articles en diversos periòdics de Las Palmas (El Triunfo, La Tregua, El Gòlgota, EL Faro Católico de Canarias Revista de Las Palmas), on defensava vehementment l’Església catòlica i els seus pontífexs. El 1878 publicà un llibre per refutar els errors racionalistes de pamflets que en aquell moment corrien per la capital canària, en la línia antiliberal del papa Pius IX, que llavors acabava de morir.

A la seva arribada a Sevilla es manifesta ja obertament tradicionalista, continuant amb el seu zel propagandista i incorporant-se a l’activitat política (articles a El Correo Español, fundació del setmanari El Radical, director espiritual de la Juventut jaumina sevillana, participació en assemblees tradicionalistes i en el Consell de Cultura que presidí Víctor Pradera. El 1919 participà, convocat pel pretendent Jaume de Borbó, a la Junta Magna de Biarritz (a la imatge, tercer per l’esquerra de la primera fila).

Indiscutiblement havia de ser un home de fortes conviccions i d’excepcional caràcter. Es parlava d’ell en aquests termes: “Gusta de recias lides y las decisivas batallas, a las que aporta todo el fuego de su corazón y toda la poderosa energía de su inteligencia, formada al calor de los grandes maestros de la escolástica cristiana, con quienes ha convivido y convive en larga e íntima familiaridad. Es un gigante al que no sabrían rendir ni vencer los más fieros golpes de los enemigos, y que aun lleno de heridas se levantaría de nuevo abrazando su escudo y corriendo a probar una vez más sus armas con los que le hubieran derribado por tierra“. “Vibrante, enérgico, fogoso, sus palabras tienen sonoridades de clarín de guerra, y su voz estampidos como de ametralladora o de cañón. Al hablar, su alma entera asoma a sus labios y se derrama sobre el auditorio, comunicándole sus estremecimientos y poderosas palpitaciones”. Déu n’hi do, especialment això de les sonoritats de clarí de guerra i l’ànima vessant sobre l’auditori…

Falta lligar aquest personatge amb els misteris a què fèiem referència al principi de l’apunt. Roca Ponsa, una vegada destinat a la seva plaça de canonge magistral de Sevilla, s’instal·là a la Casa Santa Justa (que després seria coneguda precisament com la Casa del Magistral, imatge de la dreta), una hisenda de dues plantes situada a Villanueva del Ariscal, a 15 quilòmetres de la capital andalusa. Allí vivia amb una serventa, de nom Dolores Sánchez, que un dia desaparegué misteriosament sense deixar cap rastre. Les xafarderies de la gent, que sempre posa més formatge que pa, parlaven d’una relació sentimental entre ells dos i van concloure que el primer féu emparedar la segona, potser per gelosia, en una cambra secreta del soterrani de l’edifici. Molts anys després, a la dècada dels 70 del segle passat, els nous estadants de la casa van començar a referir estranys fenòmens: sorolls, presències paranormals, moviment d’objectes… L’aura de misteri que envoltava aquell lloc va fer que es tingués per encantat i que les mares amenacessin els nens que no es portaven bé dient-los “et tancaré a la casa del magistral”, com si fos l’home del sac. Avui en dia, l’edifici està semiabandonat amagant, qui sap, algun secret inconfessable d’un capellà, vigatà, carlista i canari, tot a l’hora.

[Informacions extretes de Viquipèdia i de josemanuelgarciabautista.wordpress.com; imatges: Viquipèdia (1), sevillaciudaddelembrujo.blogspot.com (2 i 4) i everipedia.org (3)]