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POSDEMOCRACIA LEGIONARIA

El sistema político que le va mejor al capital para gestionar este mundo es cualquier mutación del autoritarismo, sea en forma de populismo americano o de autoritarismo postdemocrático europeo. Ante el triunfo de la globalización económica, cultural y política habíamos llegado a pensar que la democracia, que según Aristóteles es el mejor sistema político siempre que se busque el bien común, se esparciría por todo el mundo como evolución más natural. Pero resulta que no, se ve que con el sistema liberal global hemos generado un fundamentalismo económico que más bien favorece a muy pocos.
El neoliberalismo es el fundamentalismo del capitalismo financiero. El modelo a seguir sería la China, donde la economía se alía con mucha comodidad con el partido único. Hay una tendencia global hacia un modelo político más autoritario. En Europa, donde las democracias liberales no tienen ni cien años, apenas se empezaron a implantar después de la Primera Guerra Mundial y especialmente de la Segunda, vamos hacia el autoritarismo postdemocrático, como le he oído explicar al filósofo Josep Ramoneda. Quiere decir que hay una democracia que evoluciona no hacia mayores cuotas de libertad o participación política, sino hacia formas de control más restrictivas. El vínculo entre la democracia social y el capitalismo se ha roto. En el mejor de los casos nos encontramos con una democracia demagógica radical donde hay un abuso de poder que no vela por la comunidad, sino que genera un incremento de las desigualdades y favorece los intereses de élites económicas, de castas políticas y arribistas de ambos lados.

En todo el mundo se vive con miedo la emigración, la precariedad laboral, los robots, la falta de futuro. Ante el temor y de la incertidumbre, se ve como solución un poder más fuerte, llamadle autoritarismo, totalitarismo o dictadura – no me gusta hablar de regreso del fascismo porque cada época tiene su contexto histórico. Son palabras gruesas, pero siempre me he sorprendido de la infinita voluntad de sumisión que manifiesta la condición humana. Es más fácil dejarse dominar, dejarse guiar, dejarse llevar por el poder que llegar a participar en él. “El instinto de sumisión, un ardiente deseo de obedecer y de ser dominado por un hombre fuerte es tan fuerte como el deseo de poder”, nos decía la politóloga Hannah Arendt al libro Sobre la violencia, 1970.

En la misma España bipolar del siglo XX, que vivió cuarenta años de dictadura fruto de una rebelión contra un gobierno legítimo, seguidos de cuarenta de democracia de fachada moderna del siglo XXI, la democracia liberal ha colapsado. Siguiendo los aires totalitarios planetarios, el autoritarismo constitucional con corona, que se desvive por la unidad nacional, ha sacado en procesión su modelo de cosmovisión más incívica y excluyente.
España repite el lado más oscuro y perdurable de su historia: capaz de expulsar moriscos, judíos, perder colonias y declarar enemigo a cualquier que no hable su lengua imperial. Decía el filósofo Walter Benjamin “Cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fallida”. Si adaptamos las plegion-ministros-acompana-cristo-buena-muerte-1_galabras del pensador a la actualidad española tendríamos que decir: la quiebra de la Transición nos devuelve al autoritarismo ruin. La responsabilidad no es de la corrupción política sino del separatismo catalán que ha despertado la fiera totalitaria; sólo estaba en hibernación bajo el vuelo de azuladas gaviotas. Y, poco a poco, la piel de toro se va tiñendo de naranja por la acción del sol hispánico abrasador que alegra tanto la vida de Ciudadanos.

El filósofo esloveno Slavoj Žyžek, muy influido por el derrumbe de los países del este y el paso hacia el capitalismo, dice en Pedir lo imposible, 2013 que “si las cosas no cambian, se derrumban”. No lo veo tan claro, aquí desde hace cincuenta años cantamos que “l’estaca” debe de estar carcomida y que seguro que caerá. Y cada Semana Santa, como la prueba más clara de la evolución hacia la modernidad y voluntad de fraternidad entre los pueblos de España, oímos “el novio de la muerte” de la cual os presento una libérrima adaptación desde el alma catalana:
Soy de un pueblo a quien la suerte
hirió con zarpa de alimaña,
soy un novio de la muerte
que se levantó con lazo amarillo y fuerte
contra tal infiel compañera.
Auf Wiedersehen, España.