‘L’ULL GAUDÍ’ PREST SERÀ AL CARRER

Deconstruyendo a Gaudí

El articulista de este diario Biel Mesquida, el artista Jean Marie del Moral y la historiadora del arte Mercè Gambús desvelan los detalles de la reforma del arquitecto catalán en la Catedral, estudiada de manera exhaustiva en cuatro tomos

15.02.2015 | 01:59

Jean Marie del Moral, Mercè Gambús y Biel Mesquida, el pasado jueves, frente a la cátedra episcopal de la Catedral.

Jean Marie del Moral, Mercè Gambús y Biel Mesquida, el pasado jueves, frente a la cátedra episcopal de la Catedral. guillem bosch

Las frases

  • “Gaudí era como un maestro del Renacimiento que no separaba los saberes y que se adelantó a todo lo que iba a venir después: el surrealismo, el expresionismo abstracto…”
    Biel Mesquida
  • “El Gaudí de la Catedral de Mallorca es el Gaudí de ningún otro lugar; es un Gaudí que fue arquitecto en la primera fase y artista en la segunda”
    Mercè Gambús
  • “El catalán es un ejemplo de libertad creativa extraordinaria no sólo en la arquitectura, sino también en la forma de contemplar y apreciar la Naturaleza”
    Jean Marie del Moral
  • “Miquel Barceló supo absorber perfectamente a Gaudí en su intervención en la capilla del Santíssim; creó una piel cerámica con la herencia del torno de Gaudí”
    Biel Mesquida
  • “El diálogo tenso que mantuvo el catalán con la Seu y el hecho de que no prosperara la reforma de la capilla de la Trinitat le permitieron hacer de la Catedral su laboratorio”
    Mercè Gambús
  • “Cuando miras Mallorca, Cataluña o la zona de Tarragona te das cuenta de que conforman el ADN de Gaudí. Para mí es evidente que Gaudí es Cataluña”
    Jean Marie del Moral

M. Elena Vallés Palma

Las palabras de Biel Mesquida, Jean Marie del Moral y Mercè Gambús en esta entrevista a tres bandas son los fragmentos de un trencadís o mosaico que nos devuelve un retrato de Antoni Gaudí justo en el tiempo que intervino en la Catedral. DIARIO de MALLORCA citó a los tres protagonistas de esta conversación esta misma semana en la Seu para hablar del proyecto editorial en cuatro tomos que se presentará el próximo día 20 en el templo, “una polifonía de miradores sobre la obra de Gaudí en la Catedral que supondrá un antes y un después”, considera Mesquida. El cuarto volumen, L’ull Gaudí, es un diálogo entre la escritura mesquidiana y la fotografía de Del Moral. El libro, coordinado como el resto del proyecto por Gambús, también se presentará en Comerciants de Núvols coincidiendo con una muestra de las imágenes del francés que tendrá lugar los días 12, 13 y 14 de marzo.

–¿Es L’ull Gaudí una nueva manera de explicar y leer al arquitecto?

–Mercè Gambús: Sí. Es un experimento. No se lo habría propuesto a nadie más que a Biel Mesquida. Él era la persona adecuada para escribirlo por su conocimiento de la Seu, de la isla, porque desde el principio ha formado parte del Grup d’Investigació i Conservació del Patrimoni Artístic Religiós de la UIB, porque estuvo implicado en la intervención de Miquel Barceló en la Capella del Santíssim y porque tiene formación en comunicación, biología, es un humanista y un creador experimental, como Gaudí. Creo que este diálogo entre Mesquida y Jean Marie será fundamental para todo aquel que quiera entrar en el mundo Gaudí. Es una obra diferente y única en la historiografía sobre la reforma de Gaudí en la Catedral. Ambos han creado un nuevo documento en el que muestran cómo procede el universo creativo de un artista, en concreto el de ellos dos, a partir de la obra de otro artista, en este caso Gaudí. Han sabido trabajar muy bien la realidad mental del catalán.

–Biel Mesquida: Escribir este libro ha supuesto todo un reto. Desde el principio sabía que no tenía que ser ni una obra de divulgación, ni informativa, ni que perteneciera a ningún género determinado. L’ull Gaudí debía ser un artefacto, una invención, algo nuevo y distinto. En los albores del proyecto, padecí una crisis porque no sabía cómo acometerlo. Comencé leyéndome toda la investigación de Mercè Gambús. Además de la lectura de las fuentes históricas, busqué también a poetas y escritores que me conectaran con aquello que yo sentía cada vez que contemplaba la intervención de Gaudí. Ese sentir fue lo que me condujo a una suerte de estado de gracia muy especial, y entonces pensé en una de las formas que aparecería en el libro, el dietario, el diario del escritor. Ahí es donde vierto mis pensamientos, problemas y vacilaciones con el proyecto. Otra parte del libro, de estructura fragmentada, son las distintas entradas del Trencadís [Mesquida señala la parte superior de la Capilla de la Trinitat, donde Gaudí comenzó precisamente un trencadís, inacabado], donde a través de distintos lenguajes celebro las invenciones de Gaudí en la Seu. El último texto de este mosaico es el monólogo de Gaudí. Me dije a mí mismo que Gaudí debía hablar mi catalán de Mallorca, quería hacerle hablar a mi manera y no usar un lenguaje historicista. Para conocer sus opiniones y pensamientos, navegué en las pocas entrevistas que le hicieron y en lo que decían de él estudiosos y discípulos. También consulté el clásico Restauración de la Catedral de Mallorca del canónigo Mateu Rotger. Con todo este material, fui construyendo desde el pasado mes de octubre mi Gaudí. Lo hice fent-ho, siguiendo el concepto gaudiniano.

–Jean Marie del Moral: Yo me sumé al proyecto a finales de noviembre.

–B. M: Estaba en la Colònia de Sant Pere y fue como una iluminación. Yo leía a Philippe Jaccottet y de repente vi a Jean Marie, sus fotos, aquellas rocas de la Colònia que parecen esculturas. Le conté en qué consistía el proyecto y se apuntó.

J. M.M: Me pareció muy interesante la idea: mirar a Gaudí con nuestros propios ojos. Me pasó algunas páginas de lo que había escrito y un día después de lo sucedido en París en Charlie Hebdo, me fui al Santuari de Lluc a hacer una excursión. Yo tenía en la mente el texto de Biel y la catástrofe de Hebdo y empecé a caminar y a darme cuenta de que todas aquellas piedras, rocas y árboles estaban relacionadas con el texto de Biel y la obra de Gaudí. Y me dejé llevar, ya tenía la mirada condicionada para sacar fotos. Se produjo una especie de magia aquel día. Gaudí también caminaba mucho, era un gran observador. Cuando él pensaba en un edificio, se daba un paseo por la Naturaleza para coger ideas. Cuando miras Mallorca, Cataluña, la zona de Tarragona, Montroig por ejemplo, te das cuenta de que conforman el ADN de Gaudí. Para mí es evidente que Gaudí es Cataluña. El Parc Güell de Barcelona es único como concepto, por su fuerza poética pero también por su sencillez. Porque al final Gaudí es sencillo. Gaudí sintió fascinación tanto por el mundo grande de la naturaleza como por lo pequeño, y lo que hizo fue jugar con ambas escalas. Esto es lo que yo también he intentado con mis fotografías. Ordenando el libro con Biel, cuando confrontamos las fotografías con el texto, nos dimos cuenta de que algunas veces las imágenes coincidían con el tema del que estaba hablando Biel, y te aseguro que ha sido casualidad. Al final se ha producido lo que en francés llamamos hasard objectif (azar objetivo).

–B.M: Además, creo que es un libro abierto, que tampoco está acabado, como esta Catedral. Podríamos haber añadido más secuencias. [En este punto, Biel extrae de su maleta varias libretas de notas gaudinianas y admite que aún continúa escribiendo sobre el artista catalán].

–¿Qué supuso la figura de Gaudí por encima de todo?

–J. M. M: Es un ejemplo de libertad creativa extraordinaria no sólo en la arquitectura sino también en la forma de ver y apreciar la Naturaleza. Gran parte de mi trabajo como fotógrafo ha consistido en seguir las huellas de la creatividad. Me interesa mucho el estudio de un artista como espacio mental. Creo que cada objeto que está colocado en el estudio de un artista revela muchos datos acerca de la obra que se está elaborando en ese taller. Por ejemplo, el taller de Miquel Barceló es como una representación física de una parte mental del pintor. Lo mismo sucede con Miró. Éste tenía una relación con el objeto y la Naturaleza igual que la que tenía Gaudí.

–M. G: Yo creo que Gaudí no sólo hizo de arquitecto en esta Catedral. Y por ese motivo quise que intervinieran en el proyecto tanto Mesquida como Jean Marie. El Gaudí de la Catedral ha sido estudiado hasta ahora como el Gaudí de Cataluña y es algo que siempre me había molestado. Porque en realidad el trabajo que hizo aquí es distinto y único. Gaudí nunca había trabajado antes en un edificio con 600 años de historia, lo que supuso un punto de partida: Gaudí sabía que no podía hacer lo que le diera la gana. El catalán mantuvo un diálogo muy tenso con la Catedral y eso dio sus frutos. En su reforma hay que distinguir dos momentos muy importantes. Una primera parte que empezó con la cátedra, que es el elemento clave. La cátedra era el ordenador neurálgico de toda la limpieza del espacio, que supuso la primera parte de la reforma de la Catedral. Aquí Gaudí no es más que un arquitecto cualquiera dotado de un gran sentimiento religioso y de un conocimiento de la liturgia, un arquitecto que tuvo como promotor de la reforma al obispo Campins, quien jugó un papel absolutamente esencial en este punto concreto del que he hablado. Aquí está también la idea de por qué nosotros queríamos recuperar el concepto de la Catedral como la gran protagonista, pues fue la propia Catedral la que invitó a Gaudí a intervenir. Lo que quiero decir con esto es que no hay nombres que sobrevivan a una Catedral. La Seu es Mallorca, es un pueblo, es un sentimiento y es una vida colectiva. Así, en la primera parte de la reforma, Gaudí hubo de adaptarse a un esquema. ¿Dónde reside la novedad? Una vez Gaudí ha solucionado el tema esencial de la reordenación de los espacios y supera la cuestión litúrgica, florece su proceso más creativo. Su creatividad, a medida que pasaba el tiempo, se desarrollaba con más fuerza porque ya nadie controlaba la situación económica y tampoco se acababan de controlar las decisiones finales. Hay un aspecto que yo quiero reivindicar hasta el final y es que la capilla de la Trinitat, que era el elemento en principio de referencia trascendente, no prosperaba. Y no prosperaba porque había un rey, Alfonso XIII, que no autorizaba la reforma. Hay que señalar que dependía de su jurisdicción como monarca que los mausoleos de los reyes de Mallorca se llegaran a construir en dicha capilla. Necesitaban de su autorización. ¿Qué hizo Gaudí mientras el proceso se dilataba? Buscar soluciones creativas. La Catedral está llena de procesos. Yo creo que el Gaudí de la Catedral de Mallorca es el Gaudí de ningún otro lugar. Y es cuando inyecta libertad creativa que incorpora su universo. Este Gaudí es el que yo creo que no se ha acabado de entender: un Gaudí que es arquitecto en la primera fase y un artista en la segunda. Desde el Grup d’Investigació hemos querido hacer una lectura desde Mallorca de este Gaudí con todo el sentido de la autoestima. Nosotros defendemos que si Gaudí no hubiera dialogado con una Catedral habría sido imposible que al final saliera lo que salió. La Catedral tiene un protagonismo esencial en este punto, porque a Gaudí nunca le habían dejado intervenir en ningún edificio histórico. La Sagrada Família es un ex novo y el laboratorio de ideas es esta Catedral.

–¿Qué novedades se han descubierto a tenor de la documentación hallada en estos años de investigaciones?

–M. G: Gracias a la documentación de los restauradores de la reforma, se conoce mejor la manera de trabajar de Gaudí y sus técnicas colaborativas. Se sabe que Gaudí era muy ordenado dentro del caos. Tenía organizada de manera muy clara la jerarquía de la colaboración, pero daba libertad a sus colaboradores. Gaudí era una especie de coach que sabía transmitir su idea a sus colaboradores. Gaudí ya no escribía, siempre hablaba. Y dibujaba mucho. En realidad, hay una gran cantidad de fondos documentales que han desaparecido. Cuando Gaudí se marchó, se elaboró una relación de los documentos que había en el Museu Diocesà. Recién inaugurado el museo, esta documentación estuvo un tiempo más o menos controlada, pero ha ido desapareciendo. Gran parte de la documentación la hemos podido conseguir a través de los fondos del arquitecto Guillem Reynés Font [trabajó con Gaudí. Fue el arquitecto diocesano entre 1910-1918]. Y por otra parte, hemos podido recuperar dos libros fundamentales que formaban parte de todo lo que había desaparecido. En concreto, son el Llibre d’Obres de Restauració en la Santa Església Catedral. Anys 1903-1929, donde aparecen las facturas, los pagos y las cronologías, o las notas del cronista bibliotecario J. Miralles (1910-1914).

–También se sabe que Gaudí trabajó bajo una enorme presión.

–M.G: Sí. Por eso creo que Mesquida y Jean Marie también debían sentir esa presión, la intención era reproducir los ritmos a los cuales se había sometido el propio Gaudí. Cuando Mesquida me explicó la metodología del libro y la idea del trencadís, me pareció perfecta y en comunión con el proceso creativo gaudiniano, que es una especie de caos, una unión de teselas pero que en realidad responden a un plan que no se le desvela al público.

–¿Fue Gaudí un precursor de las vanguardias?

–M. G: La iglesia era antimodernista y Gaudí es libre, creativo, experimental, pero religioso. Fue un hombre de tal libertad que es insultante incluso decir que era modernista. Es inclasificable. Gaudí es Gaudí.

–J. M. M: Es lo que le pasa a todo gran artista. Cuando Miquel Barceló llegó a París entre el 83-84 se reveló como alguien totalmente libre. Es curioso: hay seres humanos a los que les cuesta una vida ser libres y otros lo son enseguida.

–M. G: Cuando llegó a Palma, le dijeron que tenía que recuperar el retablo gótico y que tenía que mantener el corredor dels ciris. Y lo primero que hizo fue decir que se iban fuera. Se montó un lío importante. Pero él fue taxativo. “¿Sí o no? Porque me voy”. Gaudí pasó mucho tiempo en la Catedral cuando preparó el proyecto, también se iba a pasear por el campo, a Lluc, por las calles de Palma, bajaba al Paseo Marítimo, tomaba fotografías, etc. Cuando empezaron las obras, iba y venía de Barcelona.


Mercè Gambús y Biel Mesquida, el pasado jueves, en la Catedral. GUILLEM BOSCH

B. M: Yo a Gaudí lo veo como un gran maestro del Renacimiento. Sabe de arte, ciencia, geometría, etc. Sabe que ha de saberlo todo sin separar precisamente esos saberes para hacer lo que él quería hacer. Era un gran observador. De pequeño ya lo era, padecía reumatismo y siempre fue un gran caminador. Los grandes pensadores siempre pasean. De aquello que ve, desde que era niño contemplaba el bosque del Mas de la Calderera, es de donde extrae su energía y nos enseña a mirar. He de decir también sobre la palabra vanguardismo que la tenemos marcada como una etiqueta de la teoría académica de la pintura del siglo XX. Él fue un visionario, ya vio todo lo que tenía que venir después: el surrealismo, el expresionismo abstracto, etc. Lo que pasa es que lo vio de manera abierta, sin etiquetas. La Catedral fue para él un laboratorio de vanguardias único. Y la tensión que padeció aquí favoreció todo eso.

–M. G: Yo voy a ir un poco más allá. Gaudí lo que tuvo claro es que la tela del cuadro era el espacio de la Seu. Por lo que la pintura de Jujol para él es una mancha de color en el gran cuadro que es la Seu. Y el baldaquino es una forma y otra mancha en ese cuadro. Por eso es vanguardista, porque deconstruye los elementos mobiliarios de la liturgia para crear nuevos artefactos y lo que hace es dinamizar las visuales y la luz. No hay un criterio estilístico para clasificar esto. Lo que hizo aquí forma parte de un laboratorio de experimentación propio de las vanguardias. En este sentido, el vanguardismo de Gaudí en la Catedral es único.

–B.M: Es importante señalar que Barceló también supo absorber a Gaudí en su intervención. Hay un momento en el libro en el que digo que es como si Gaudí hiciera toda su intervención en un torno y de ese torno salieran el baldaquino, la cerámica, etc. Y Miquel, con su trabajo en la capilla del Santíssim, fue al torno directamente y creó esta pieza cerámica precisamente con la herencia del torno de Gaudí.

–M.G: Sí, ésa es la cadena propia de una Catedral. Lo que hizo Barceló debería ser el 5º volumen de esta obra.

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