Literatura catalana moderna - Illes

Blog de l'escriptor Miquel López Crespí

2 de setembre de 2025
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La situació política actual (per la revista marxista La Aurora)

 

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Un orden de sangre y fuego
 

   Las bombas no dejan de caer sobre la ciudad de Gaza. El gobierno israelí continúa con su limpieza étnica, obligando a la población que queda a hacinarse en el 14% del territorio mientras la mata por hambre, sed y enfermedad. Contra semejante barbarie, partió el domingo de Barcelona la Global Sumud Flotilla. La forman 30 barcos y 350 activistas a los que se sumarán en su recorrido hacia Gaza otros 40 navíos y no menos de 400 personas.

La flotilla constituye una expresión amplísima de solidaridad, compuesta por activistas de más de 40 países. Se trata de la única fuerza multinacional que acudirá en apoyo del pueblo palestino. Los gobiernos de las principales potencias, empezando por las “democráticas”, apoyan y protegen al agresor (EEUU, Alemania, Francia, Gran Bretaña), miran para otro lado (China), callan (gobiernos árabes) o se quedan cortas (Irlanda, España).

Las armas de la flotilla son las de la protesta pacífica en nombre de la justicia y los derechos de las personas y los pueblos. Sus exigencias se repiten en las cada vez más vastas y numerosas protestas que se dan contra el genocidio: fin de la masacre, entrada y reparto de la ayuda por rutas seguras, terminar con la ocupación, retirada del ejército israelí y levantamiento del bloqueo. También la exigencia de la imposición de sanciones, boicot económico y político y ruptura de toda relación con Israel, junto al juicio y castigo a los responsables del genocidio, comenzando por Netanyahu.

La brutalidad que sufre Gaza no oculta la que exhibe Putin en Ucrania. También aquí las principales potencias callan, otorgan y tapan al agresor, mientras esperan saber a qué parte de riquezas de dicha república pueden hincarle el diente. Tanto Trump como Putin tratan de rendir a Kiev. El primero, por deuda, el segundo, por guerra. Una rendición que esperan que les garantice un control sobre los recursos y el territorio. Los jefes de la UE, con Alemania a la cabeza, pero con Francia y Gran Bretaña pisándole los talones, se rearman y declaran estar dispuestos a desplazar tropas sobre el terreno para “garantizar la paz”. Son como buitres esperando su trozo en cuanto toque hablar del despiece.

En ese clima de guerra, inestabilidad y crisis del orden establecido por las potencias que ganaron la Segunda guerra mundial, se celebrará este mes la octogésima sesión de la Asamblea de Naciones Unidas en Nueva York. Una asamblea a la que, de entrada, Trump no deja asistir al presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen, ni a buena parte de su delegación. El desorden mundial crece y lo hace de la mano de una reorganización general del tablero pos globalización.

El orden, que ahora se está quebrando, el de una supuesta paz que nunca fue tal, es, en realidad, la raíz el desorden que hoy vivimos. Forjado por las potencias vencedoras siempre ha perseguido garantizar los privilegios de las principales empresas de dichos estados sobre los recursos técnicos, humanos y materiales del planeta. Una relación desigual, que se hace fuerte a través del derecho de veto y de la capacidad armamentística.

La incapacidad de la ONU de ir más allá de la denuncia, pone sobre la mesa la vergüenza en la que se edifica este orden que ya no le vale a quienes más ganan con él. Es hora de pensar que necesitamos uno nuevo, no nacido del expolio y la opresión, sino de la liberación de la explotación de los trabajadores y los pueblos.

Ayudar a la resistencia, base de la victoria, de pueblos como el ucraniano o el palestino y movilizaciones como la flotilla y la solidaridad que se ha levantado en todo el orbe representan el mejor medio para ir dibujando el futuro que nos puede liberar.

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