Llorenç Villalonga en els anys de la Guerra Civil

Villalonga en los años de la guerra
Llorenç Villalonga es hoy uno de los escritores en lengua catalana más reconocidos. Sin embargo, durante años combatió ferozmente el catalanismo y la izquierda.

Per Amaya Michelena, periodista

La novela Una Arcàdia feliç, de Miquel López Crespí, que se ha alzado con el Premio de Narrativa Pare Colom 2010, ofrece un retrato del escritor Llorenç Villalonga que puede sorprender a algunos. Estamos en la Guerra Civil en Mallorca, en el verano de 1936, los meses más duros de la represión fascista contra el pueblo. Villalonga –a punto de cumplir 40 años, clase media con sueños de aristocracia, enemigo de la cultura catalana- se hace falangista y colabora con el Movimiento salvador de España. Tanto que algunos creen que sus conversaciones con su amigo, el fundador y jefe de la Falange mallorquina, Alfonso de Zayas, y con el escritor francés Georges Bernanos pudieron influir en la redacción del libro de éste Los grandes cementerios bajo la luna, obra que desvela los crueles métodos de la ultraderecha mallorquina de la época.
Miquel López Crespí ahonda en esta novela –primera de una trilogia- en la figura de Villalonga, que años más tarde sería encumbrado por la generación de escritores catalanes de la década de los 70 como uno de los grandes autores en lengua catalana, cuando en realidad lo que él deseaba era ser un escritor reconocido en español. Bien al contrario, en la Palma de los años 30, 40 y posteriores, Villalonga hizo gala de un talante profundamente reaccionario, incluso contrario al espíritu aperturista que vivía la Iglesia católica en los 60.
El escritor que se consagró con Bearn es, en opinión del autor, “un auténtico personaje d enovela, capaz de transfigurarse como un camaleón según las conveniencias de cada momento”. López Crespí recuerda que Villalonga nunca alcanzó el éxito con su literatura en castellano y, en cambio, sí lo consiguió al acercarse ya en los sesenta a un catalanismo que había combatido ferozmente en los tiempos de la represión franquista, cuando paseaba con el uniforme azul de Falange y la boina roja de los requetés. De aquellos días se conservan artículos en los que afirmaba cosas como ésta: “Nos cabe el orgullo, a mi hermano Miguel y amí, de haber representado siempre la resistencia anticatalanista en Mallorca”.
Efectivamente, Villalonga se ceba desde los años veinte contra dos frentes: el catalanismo y la izquierda. Mientras tienen lugar los episodios más oscuros de la represión, con la muerte del entonces alcalde de Palma, Emili Darder, y de tantos otros destacados militantes progresistas –muchos intelectuales, escritores y periodistas- que fueron asesinados en los primeros meses de la contienda civil, él pública artículos ensalzando la labor de Falange.
Escribir esta historia, verídica y ya lejana en el tiempo, “no ha sido tarea fácil –confiesa López Crespí- porque parece que todavía hay gente interesada en ocultar o minimizar el pasado falangista, anticatalanista y franquista de Villalonga. Como si aún estuvieran presentes los poderes fácticos culturales que en los años 60 decidieron ‘crear’ en Villalonga a un escritor catalán en la postguerra antes de que surgiera la generación de los escritores mallorquines de los 70”.
Villalonga, admite López Crespí, siempre fue un buen escritor, un magnífico fabulador de historias, autor de grandes novelas, y por eso logró convertirse en el escritor mallorquín de mediados del siglo XX capaz de emular con su obra cumbre, Bearn, al siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, con El Gatopardo. No en vano ambas novelas narran el ambiente decadente de una aristocracia isleña culta, liberal, de espíritu afrancesado y casi masónica. “Una aristocracia –puntualiza López Crespí- que jamás ha existido en Mallorca”. En consecuencia, el autor de Una Arcàdia feliç cree que entre la década de los 60 y los 70, Villalonga fue “convertido” en un intelectual catalán y liberal porque al negocio editorial de la época le interesaba.

Publicat en el diari Última Hora (12-XII-2010)

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