Ignatius J. Reilly

Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de restos de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilley miraban a las demás personas que esperban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multidud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia.

La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y
de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el
alma misma del sujeto.
Ignatius vestía, por su parte, de un modo cómodo y razonable. La gorra
de cazador le protegía contra los enfriamientos de cabeza. Los
voluminosos pantalones de tweed eran muy duraderos y permitían una
locomoción inusitadamente libre. Sus pliegues y rincones contenían
pequeñas bolsas de aire rancio y cálido que a él le complacían
muchísimo. La sencilla camisa de franela hacía innecesaria la chaqueta,
mientras que la bufanda protegía la piel que quedaba expuesta al aire
entre las orejeras y el cuello. Era un atuendo aceptable, según todas
las normas teológicas y geométricas, aunque resultase algo abstruso, y
sugería una rica vida interior…

O, si preferiu l’original:

A green hunting cap squeezed the top of the fleshy balloon of a
head. The green earflaps, full of large ears and uncut hair and the
fine bristles that grew in the ears themselves, stuck out on either
side like turn signals indicating two directions at once. Full, pursed
lips protruded beneath the bushy black moustache and, at their corners,
sank into little folds filled with disapproval and potato chip crumbs.
In the shadow under the green visor of the cap Ignatius J. Reilly’s
supercilious blue and yellow eyes looked down upon the other people
waiting under the clock at the D.H. Holmes department store, studying
the crowd of people for signs of bad taste in dress. Several of the
outfits, Ignatius noticed, were new enough and expensive enough to be
properly considered offenses against taste and decency. Possession of
anything new or expensive only reflected a person’s lack of theology
and geometry; it could even cast doubts upon one’s soul.

 

Gran, gran, grandíssim personatge de la literatura americana del segle XX.

Ho sento, no l’he trobada en català…

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2 respostes a Ignatius J. Reilly

  1. Eduard diu:

    Gran novel·la, sí senyor, crec que en català en diuen “Una conxorxa d’enzes”.
    I si no recordo malament, la van publicar quan l’autor ja era mort, per tossuderia de la seva mare, que va anar amb l’original d’editor en editor. 
    Vés a saber quantes obres genials s’han quedat en un calaix i s’han perdut per sempre… 

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