Hablo con Borges, que me refiere: “Alguien contó el cuento de dos chicas amigas, una rica y una pobre, las dos de seis años de edad. Cuando supo que la pobre no tenía almohada, la rica le regaló la suya. La abuela de la chica rica quiso regalarle a ésta una almohada para reponerle la que había dado. La chica no la aceptó, porque entonces el regalo que había hecho perdería su mérito”. Borges y yo pensamos que la conducta de esa chica era admirable. La madre de Borges disiente: “Lo importante debió ser para ella que su amiga pobre tuviera almohada, pero la chica rica no pensaba en su amiga, sino en ella. Era una vanidosa, una pedante, una candidata para el psicoanálisis”. Le damos la razón. (Pàg. 1.481. Divendres, 19 d’abril de 1974)