Hola, Raúl. Quiero enviarte un beso fuerte. Este post transmite de una forma sincera la tristeza que sentís en Catalunya. Es hiriente por lo descarnado. Tanta manipulación mediática de las posiciones, opiniones y lecturas tan electoralistas de las posturas que defendéis a veces os hacen parecer soberbios, irracionales, separatistas.
Y sin embargo, aquí te vemos dolido y si me lo permites, un tanto desesperanzado.
Yo personalmente me considero una apátrida: sin patria, bandera ni rey. Quiero a los que se lo merecen, y adoro a los que se empeñan en pelear por un mundo más justo. Si tienen la misma sangre, idioma o gustos culinarios es algo que me resulta absurdo por circunstancial y carente de significado humano.
Pero aquí no hablamos de eso. De lo que se trata es de respetar la voluntad de un grupo de ciudadanos. En este caso, os queréis denominar nación: pues si queréis, ya está hecho para mi. Como si decidís pintar todas las fachadas de vuestra preciosa tierra de verde fosforito. Esto es lo importante.
El único límite para la voluntad de un pueblo es la agresión -en cualquiera de sus formas- a otro. Y aquí no se produce, de ninguna manera que podamos imaginar.
Ayer escuché a Joan pedir a los catalanes y catalanistas el apoyo para la manifestación del sábado 10. Ahí estaremos, mi niña y yo. Iremos desde Madrid a gritar fuerte y claro que lo que el pueblo decide, tiene que ir a misa. Se presenta un escenario difícil, me preocupa que se os entienda mal y se reaccione peor -que se os vuelva contra vosotros toda esta coherencia democrática-, no te miento.
Mucho ánimo a todos los compañeros de ICV-EUIA. Estamos con vosotros, no estáis solos. ;)
Quiero enviarte un beso fuerte. Este post transmite de una forma sincera la tristeza que sentís en Catalunya. Es hiriente por lo descarnado. Tanta manipulación mediática de las posiciones, opiniones y lecturas tan electoralistas de las posturas que defendéis a veces os hacen parecer soberbios, irracionales, separatistas.
Y sin embargo, aquí te vemos dolido y si me lo permites, un tanto desesperanzado.
Yo personalmente me considero una apátrida: sin patria, bandera ni rey. Quiero a los que se lo merecen, y adoro a los que se empeñan en pelear por un mundo más justo. Si tienen la misma sangre, idioma o gustos culinarios es algo que me resulta absurdo por circunstancial y carente de significado humano.
Pero aquí no hablamos de eso. De lo que se trata es de respetar la voluntad de un grupo de ciudadanos. En este caso, os queréis denominar nación: pues si queréis, ya está hecho para mi. Como si decidís pintar todas las fachadas de vuestra preciosa tierra de verde fosforito. Esto es lo importante.
El único límite para la voluntad de un pueblo es la agresión -en cualquiera de sus formas- a otro. Y aquí no se produce, de ninguna manera que podamos imaginar.
Ayer escuché a Joan pedir a los catalanes y catalanistas el apoyo para la manifestación del sábado 10. Ahí estaremos, mi niña y yo. Iremos desde Madrid a gritar fuerte y claro que lo que el pueblo decide, tiene que ir a misa. Se presenta un escenario difícil, me preocupa que se os entienda mal y se reaccione peor -que se os vuelva contra vosotros toda esta coherencia democrática-, no te miento.
Mucho ánimo a todos los compañeros de ICV-EUIA. Estamos con vosotros, no estáis solos. ;)