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Libia: ?y t? qu? propones?
Por Jos? Luis Gordillo

Cartas desde mi retiro
Por Pedro de la Llosa

Cuaderno de crisis / 27
Por Albert Recio Andreu

El 23 F en la reescritura de la transici?n
Por Juan-Ram?n Capella

Al compa?ero Taibo y otros anticapitalistas de buena voluntad
Por Armando Fern?ndez Steinko, Jorge Garc?a Casta?o, Carlos Mart?nez, Rafael Pillado, Juan Torres, Roberto Viciano

Sin permiso de (casi) nadie
Por Agust?n Moreno

Caj?n Desastre
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N?mero 115


Número 90
Abril de 2011

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 Libia: ?y t? qu? propones?

Jos? Luis Gordillo

El pasado 22 de marzo, la inmensa mayor?a de los diputados del Congreso vot? a favor de la participaci?n de Espa?a en la guerra de Libia, la cuarta en la que se ve involucrado el Reino de los Borbones en los ?ltimos diez a?os. Mientras IU y el BNG se opusieron, ERC e ICV apoyaron dicha decisi?n. Asimismo, CC.OO., UGT y significados escritores e intelectuales de izquierdas (lo que incluye a renombrados investigadores por la paz) se mostraron favorables a considerar justificado el uso de la fuerza en esta ocasi?n. Entre las personas mencionadas, muchas lo han hecho movidas, sin lugar a dudas, por sentimientos nobles y generosos. No en vano los promotores de la acci?n b?lica la han presentado como el medio m?s eficaz para proteger a la poblaci?n civil libia. ?Y qui?n se puede mostrar insensible ante un prop?sito tan bueno y loable? Claro que estas posturas se adoptaron a partir de las noticias o rumores difundidos por los mass media. En las semanas previas a la intervenci?n occidental, se ha dicho o sugerido que en Libia se estaba produciendo un genocidio, que m?s de 10.000 personas hab?an sido masacradas o que Gadafi pose?a armas qu?micas ?Sarkozy y Cameron dixit? y que estaba dispuesto a utilizarlas contra su poblaci?n. Sin embargo, el representante de la India en el Consejo de Seguridad de la ONU dijo que no exist?a pr?cticamente ?ninguna informaci?n cre?ble? sobre la situaci?n en Libia que pudiera justificar las medidas militares propuestas (cit. por Philippe Leymarie en ?Guerre en Libye: la ?furia? fran?aise?, http://blog.mondediplo.net), lo cual justificaba su abstenci?n. Es un punto de vista que hay que tener en cuenta, pues no ser?a la primera vez, precisamente, que se manipula a la opini?n p?blica para obtener su apoyo a una guerra mediante exageraciones, medias verdades, medias mentiras o mentiras redondas.

La votaci?n en el Congreso de los Diputados se produjo tres d?as despu?s de que se iniciara la intervenci?n para crear una zona de exclusi?n a?rea en Libia, seg?n lo autorizado por la Resoluci?n 1973. Cuando en el Congreso se debat?a la participaci?n de Espa?a en su aplicaci?n, dicho objetivo pr?cticamente ya se hab?a alcanzado. No obstante, el presidente del gobierno solicit? autorizaci?n para desplazar tropas, aviones y barcos a la zona del conflicto por un per?odo de tres meses como m?nimo.

Dicen los peri?dicos que, de entrada, la acci?n militar ha servido para impedir una masacre en Bengasi, ciudad donde se encontraban acorraladas las fuerzas opositoras al r?gimen establecido. Puede ser cierto, aunque eso no deja de ser un supuesto contraf?ctico (tambi?n se hubiera podido producir una huida en masa, por ejemplo). Lo que es seguro es que el sufrimiento de la poblaci?n civil va a aumentar debido a la escalada de la violencia desencadenada por la intervenci?n militar occidental. Pocos d?as antes del inicio de los bombardeos ?aliados?, miles de personas abandonaron la ciudad mencionada, agravando de esta forma el problema de los refugiados. Los ataques a objetivos situados en zonas urbanas siempre provocan p?nico y terror entre los civiles, con independencia de d?nde caigan finalmente las bombas. Y el lanzamiento de proyectiles con uranio empobrecido comporta contaminaci?n radioactiva de car?cter indiscriminado. Desde 1991, EE.UU. siempre ha utilizado ese tipo de proyectiles en todas las guerras en las que ha participado. En este caso sabemos que se han disparado misiles de crucero Tomahawk. Esta arma fue utilizada tambi?n en Kosovo en 1999. Entonces, el Ministerio de Defensa italiano elabor? un dec?logo dirigido a sus soldados en el que les ordenaba no tocar ni aproximarse a cualquier objeto atacado con dichos misiles (v?ase M. Zucchetti, ?Cruise: uno studio di impatto ambientale e sulla salute?, en http://www.ilmanifesto.it). A pesar de esas advertencias, cientos de soldados de la OTAN contrajeron diversos tipos de c?ncer (leucemia, entre otros). Es m?s que probable que suceda algo parecido en Libia en los pr?ximos a?os. Y ocurrir? en nombre de la protecci?n de la poblaci?n civil, lo que no dejar? de ser una cruel iron?a. Tal vez se puede pensar que se trata de un mal menor, pero si nos afectara a nosotros o a las personas que m?s queremos, ?lo calificar?amos del mismo modo? Toda discusi?n sobre intervencionismo armado realizada a miles de kil?metros de distancia de donde caen las bombas ?humanitarias? tiene algo de repulsiva.

Lo que tambi?n es seguro es que, a pesar de esas acciones militares, los combates terrestres han continuado y, en consecuencia, las bajas de combatientes y no combatientes. La ?nica forma de proteger eficazmente a la poblaci?n civil es poner fin a los combates de manera inmediata. Gadafi decret? un alto el fuego el d?a despu?s de que se aprobase la Resoluci?n 1973, pero nadie le hizo el m?s m?nimo caso a pesar de que se pod?a presentar como una consecuencia exitosa de la acci?n militar autorizada por la ONU. Por consiguiente, es leg?timo preguntarse si los dirigentes occidentales desean cumplir el cese del fuego y el fin de la violencia que exige la misma Resoluci?n 1973 en el primer punto de su parte resolutiva. En vista de la confusa mezcla de argumentos sobre la necesidad de proteger a la poblaci?n civil y, al mismo tiempo, acabar con el tirano, lo que parecen querer, m?s bien, es algo tan contradictorio como proteger a la poblaci?n civil y, simult?neamente, apoyar la guerra contra el r?gimen desp?tico de Gadafi. Pero no se pueden hacer tortillas sin romper unos cuantos huevos. Inevitablemente, la continuaci?n de la guerra, por m?s justa que se la quiera presentar, aumentar? el sufrimiento de la poblaci?n civil. Por otra parte, la Resoluci?n 1970 decret? un embargo de armas a toda Libia, el cual en principio deber?a afectar por igual a los dos bandos en liza. Sin embargo, la misma resoluci?n instituye un ?Comit? de Sanciones? que tiene la potestad de permitir la entrada de armas si as? lo considera oportuno. Dado que la intervenci?n occidental coincidi? con el momento de mayor debilidad de los insurgentes, la posibilidad de que ?stos lleguen hasta Tr?poli depende ahora de las armas, el asesoramiento y el entrenamiento militar proporcionados, supervisados y/o controlados por las potencias occidentales. Eso obliga al bando rebelde a subordinarse a sus proyectos pol?ticos. Por una simple cuesti?n de poder, a partir del momento en que se produce la intervenci?n occidental, la funci?n de la oposici?n armada a Gadafi pasa a ser subalterna y su futuro pol?tico-militar ser? semejante al de la guerrilla kurda en Iraq, el ELK en Kosovo o la Alianza del Norte en Afganist?n. Todos estos datos justifican utilizar el calificativo de ?imperialista? para caracterizar la intervenci?n de la OTAN.

Puede ocurrir que todo vaya muy r?pido y que en el momento de publicar esta nota el s?trapa y su familia haya huido de Libia. Si eso ocurre, ?significar? tambi?n el final de la guerra civil? Eso depender? de la naturaleza real del conflicto y de los proyectos de Par?s, Londres o Washington. Respecto a lo primero, la guerra civil puede finalizar si realmente se trata de un conflicto entre la inmensa mayor?a de la poblaci?n y un peque?o ej?rcito de mercenarios al servicio del dictador. Pero proseguir? si Gadafi cuenta con el apoyo de una parte significativa de la poblaci?n. Respecto a lo segundo, el final de la guerra tambi?n depender? de si las potencias han intervenido por motivos altruistas y filantr?picos o para pescar ventajas econ?micas y geoestrat?gicas en las aguas revueltas del conflicto libio. En este ?ltimo caso har?n todo lo posible para implantar una ?democracia? como las de Afganist?n o Iraq, lo que puede llevar a una guerra civil permanente o a la partici?n del pa?s, as? como al establecimiento de bases militares desde las que amenazar o atacar a otros pa?ses del norte de ?frica y de Oriente Pr?ximo con el objetivo ?ltimo de no perder su influencia en la zona (Libia se encuentra justo entre T?nez y Egipto, los dos pa?ses en que han sido derrocados dos dictadores que les cuidaban la vi?a a las potencias occidentales).

Esta ?ltima hip?tesis parece la m?s probable dado el contexto en el que se produce la intervenci?n.

Desde 2008, el mundo se enfrenta a la que puede acabar siendo la peor crisis del capitalismo. ?sta estall? como resultado de la quiebra del sistema financiero mundial. Su desencadenante fue la vertiginosa subida de los precios del petr?leo ocurrida durante los cinco a?os anteriores. En agosto de 2008, recordemos, se lleg? a los 147 d?lares el barril. A continuaci?n, las econom?as occidentales entraron en recesi?n y los dirigentes occidentales cogieron las tijeras de podar para recortar prestaciones sociales a diestro y siniestro. Todav?a est?n en ello. Como consecuencia de esas medidas, han tenido que enfrentarse a manifestaciones, disturbios, huelgas y perspectivas electorales muy negras producto de un profund?simo malestar social. Hoy el barril de petr?leo Brent cuesta 116 d?lares y los analistas del mercado del crudo pronostican un incremento del 40% para el pr?ximo a?o. El accidente nuclear de Jap?n ha dejado claro que la energ?a at?mica no es alternativa a nada: es, m?s bien, la mejor receta para convertir el planeta en un estercolero radioactivo. La Agencia Internacional de la Energ?a ya acepta que en el a?o 2006 se alcanz? el pico del petr?leo convencional. Y hay informes de prospectiva, como los elaborados por el ej?rcito alem?n o el Pent?gono, que vaticinan un declive de la producci?n de petr?leo de entre un 2 y un 5% anual en los pr?ximos cinco a?os (v?ase la entrevista a Robert L. Hirsch en el n.? 115 de mientras tanto).

En este contexto, ?la intervenci?n militar en Libia no tiene nada que ver con el aprovisionamiento energ?tico de algunos pa?ses de la UE? ?No tiene nada que ver con la invectiva de Umberto Bossi sobre que ?Francia quiere quedarse con el petr?leo libio que importamos?? ?Tampoco tiene nada que ver con un desesperado, precipitado y descoordinado intento de recuperar el control de una zona vital para las econom?as occidentales tras las revueltas en los pa?ses ?rabes?

Hay una vieja maldici?n china que dice: ??Ojal? vivas tiempos interesantes!?. Los tiempos que vienen ser?n m?s interesantes que los augurados en ella. Deber?amos empezar a prepararnos para estar a la altura de las crisis que nos aguardan a la vuelta de la esquina, comenzando por las derivadas de la inminente emergencia energ?tica. Querido lector, ?t? qu? propones para afrontarlas? ?Muchas guerras imperialistas por el petr?leo y el gas legitimadas en nombre de las santas palabras que tanto te conmueven y tanto te gusta o?r? ?De verdad crees que de ellas surgir? una nueva civilizaci?n amiga de la Tierra? Cada guerra es invocada para justificar la siguiente. Cada guerra tiene un efecto pedag?gico sobre las poblaciones: las educa en la aceptaci?n de las bombas como el medio m?s eficaz para resolver los conflictos. Y conflictos va a haber muchos en los pr?ximos a?os.

 

Cartas desde mi retiro

Pedro de la Llosa

Cinismo y confusi?n: Gadafi vilipendiado por sus antiguos valedores

Hace tres a?os, las autoridades francesas recib?an al s?trapa Gadafi con honores y abrazos. Pero los tiempos cambian y ahora son denuestos lo que recibe este angelito. Sin embargo, hace un mes gozaba todav?a de gran consideraci?n, pues, seg?n nos contaba recientemente Le Canard Encha?n? (8 de marzo), peri?dico sat?rico parisino, un informe del Fondo Monetario Internacional cubr?a de alabanzas la gesti?n de la pol?tica econ?mica del gobierno libio (con alguna reserva: insuficiencia de puestos de trabajo para la juventud, por ejemplo). Tal informe iba acompa?ado de la firma y refrendo de Strauss-Kahn, director de dicha organizaci?n y promotor de la Socialtecnocracia, ?ltima reencarnaci?n de la Socialdemocracia, que ya perdidas las ilusiones acepta, eso s?, las elecciones presidenciales, pero juzga que la econom?a es cosa de t?cnicos, asesores y sabios; est? bien, pues, que el pueblo elija, pero mejor que no gobierne. Tambi?n ocurre que el rey reina pero no gobierna.

Pero volvamos a Gadafi. El terremoto que ha sacudido al mundo de lengua ?rabe, desde Rabat a Bahrein, era tan imprevisible (incluso para los sabios del Fondo Monetario Internacional) que se lo consider? en sus principios una tormenta pasajera. Y sucedi? entonces que alg?n ministro del gobierno franc?s ofreci? al gobierno tunecino y a su dirigente supremo, Ben Al?, su ?savoir faire? polic?aco (es decir, c?mo reprimir con caricias y respeto) para acabar con esos mocosos que perturbaban la calle o se inmolaban. Por cierto, Ben Al? y su partido eran miembros de la Internacional Socialista; eran, pues, gente respetable. La maniobra, adem?s de burda, result? improcedente, y Ben Al?, a pesar de contar con valedores importantes en el gobierno franc?s, se vino abajo. Sarkozy, burlado por los acontecimientos, tuvo que hacer una remodelaci?n del gobierno, apartando a los m?s comprometidos y tratando de restaurar su dignidad.

Cuando le lleg? el turno a Gadafi en esta revuelta ?rabe que se extend?a como reguero de p?lvora, Sarkozy juzg? conveniente recobrar su prestigio (?y a su electorado!, pues, seg?n parece, ha perdido la mitad de ?ste, aunque no se prev? de momento que el desprestigio de Sarkozy redunde en favor de la izquierda...). Por ello reconoci? apresuradamente al comit? insurgente formado en Bengasi, al tiempo que solicitaba apoyo internacional para dicho comit?. Sin embargo, ni China ni Rusia manifestaron entusiasmo y, dentro de la Uni?n Europea, Alemania era a?n m?s reticente. La posici?n de la Liga ?rabe era ?ni s? ni no, sino todo lo contrario?, aunque luego, tras reflexionar, dej? ver su inquietud por aquello de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar... Verdad es que uno nunca sabe lo que puede llegar a ocurrir cuando el pueblo se revuelve.

Y ten?an raz?n, pues hay algo de subversivo en estos ?rabes revoltosos e inquietos, incluso cuando siguen gritando ?Alah-u-akbar!?, obedeciendo a sus atavismos (a ver qui?n no los tiene, aunque sean m?s modernos...). Efectivamente, la salida de Ben Al? de T?nez se ha visto acompa?ada de un impulso de las luchas reivindicativas de los asalariados que este dictador imped?a y conten?a con su autoridad, permitiendo a la vez beneficios exorbitantes para las empresas francesas all? deslocalizadas, en el marco de eso que se llama p?dicamente ?mundializaci?n?. Por no hablar ya del desacato hacia la autoridad que esos revoltosos inspiran en todas partes, hasta en la misma China.

El embrollo engendrado por la revuelta contra Gadafi deb?a l?gicamente afectar a la izquierda europea en sus diversas variantes. E incluso a las autoridades izquierdosas de ciertos pa?ses. De modo que Ch?vez, presidente de Venezuela, inquieto y alarmado, para nuestro desconcierto, se inclina por establecer una curiosa asimilaci?n que va de Ahmadineyad a Gadafi (incluy?ndose ?l mismo, para formar un tr?o) y proclama, poco m?s o menos: ??Petroleros de todos los pa?ses, un?os!?.

M?s penosa resulta a?n la actitud de una izquierda cuya buena voluntad antiimperialista desemboca en apadrinar un Pacto de No Intervenci?n que nos trae malos recuerdos, el de otro pacto que ya funcion? hace setenta y cinco a?os, en 1936, en favor del ej?rcito de Franco. Conviene recordar que aquella ?no intervenci?n? dej? las manos libres a una de las represiones m?s feroces y a una furia delictiva que asol? a nuestro pa?s durante cuarenta a?os. Gadafi, a su manera, hace lo que puede, y respetar su autoridad ser?a, mal que le pese a cierta izquierda, confortar su furia represiva, su paranoia destructiva.

Que la intervenci?n imperialista no tiene la intenci?n de dar el poder al pueblo es cosa evidente, pero no es menos evidente que Gadafi es el verdugo del pueblo libio. Los pactos de no intervenci?n podr?an, en definitiva, dejarle un margen de maniobra para negociar con las grandes potencias y permitirle salir indemne. Dej?monos de vanas disputas en el seno de la izquierda; pero hemos de lamentar, no obstante, que la izquierda europea no haya sido capaz de definir una posici?n m?s clara y contundente, sali?ndose del falso dilema entre el dejar en su sitio al s?trapa Gadafi y las maniobras imperialistas con tintes humanitarios. Por supuesto, si esto es as?, lo es a causa de su extrema debilidad y de su confusi?n ideol?gica, que la encierra en dicho dilema y le impide tener una actitud m?s contundente, marcando distancias respecto a los tejemanejes de las potencias y su verborrea hip?crita, al tiempo que se denuncian con vigor estas pr?cticas. Pero es preciso reconocer, a pesar de todo, que la ca?da de Gadafi, aunque la promuevan los occidentales con segundas intenciones, abre paso a una toma de conciencia del pueblo llano, de los asalariados que sacan el petr?leo para que luego se repartan los beneficios los s?trapas y las compa??as. Abrir?a un nuevo cap?tulo, como ocurre ya en T?nez.

Conviene recordar que la ca?da del sha en Ir?n fue saludada con alborozo, tanto por el partido Tudeh (o Partido de las Masas de Ir?n, esto es, el partido comunista iran?, fundado en 1941) como por el ayatol? Jomeini; pero fue ?ste el que se llev? el gato al agua. No sabemos qu? es lo que el futuro reserva al mundo ?rabe. Algunos ya disponen de una buena consigna: ??Dios dir?!?. Convendr?a que la izquierda europea, en vez de encerrarse en un antiimperialismo ingenuo, supiese suscitar una toma de conciencia para que al ??Dios dir?!? de algunos pueda el pueblo a?adir: ?Tambi?n nosotros tenemos algo que decir?.

Par?s, marzo de 2011

 

Cuaderno de crisis / 27

Albert Recio Andreu

Sol poniente: Fukujima, crisis econ?mica y ambiental

I

El desastre nuclear de Fukujima ya ha alcanzado un nivel de peligrosidad parecido al de Txernobil. Cuando aquello ocurri? los nucle?cratas se afanaron a argumentar que el problema no era debido a su peligrosa energ?a sino una muestra m?s de la ineficiencia del modelo sovi?tico. Aqu? no iba a pasar nunca, pues nuestra tecnolog?a era mejor, las empresas gestoras m?s eficientes, las regulaciones m?s estrictas. Olvidaban que poco tiempo antes de Txernobil ya hab?a ocurrido el ?incidente? de Three Mile Island, en el centro mismo del imperio. Y que los incidentes no han pasado de sucederse. Jap?n tiene una larga lista de importantes incidentes nucleares, varios de ellos como consecuencia de los frecuentes terremotos que asolan Jap?n: por citar los m?s importantes, el escape en la planta de enriquecimiento de Tokaimura (1999), el de la Central de Mihama (4 muertos) y el de la central de Kashiwazaki Kariwa (a ra?z de un terremoto en 2007). La misma central de Fukushima hab?a experimentado un importante escape a ra?z de un terremoto en 2003. No parece que Tepco (Tokyo Electric Power), la propietaria de las dos ?ltimas centrales citadas, haya aprendido nada de estos graves incidentes, ni que las rituales promesas de reforzamiento de la regulaci?n realizados tras cada uno de ellos haya servido para mucho. Simplemente se trata del mismo tipo de teatro pol?tico que ahora se ha puesto en marcha para minimizar la magnitud del desastre y tratar de evitar el p?nico. Posiblemente el retraso en la evacuaci?n de muchas m?s personas de las que era razonable con objeto de eludir el reconocimiento del problema va a generar m?s v?ctimas de las que se hubieran producido si desde el primer momento se hubiera reconocido lisa y llanamente la situaci?n.

No es nada nuevo para nosotros, tambi?n aqu? hemos tenido graves ?incidentes? y fugas diversas. Y tambi?n aqu? se han hecho esfuerzos para camuflar el problema, reducir la demanda de responsabilidades y mantener vivo el negocio nuclear. Y es que ?ste siempre ha sido un negocio en el que capital y pol?tica han ido de la mano. Donde los intereses cremat?sticos y los militares han sido aliados estrat?gicos y donde el poder de las oligarqu?as financieras ha importado m?s que los intereses sociales. Lo que no han podido evitar es que esta energ?a que siguen tratando de vender como limpia, segura y barata no pare de generar problemas, algunos como el actual de extrema gravedad. Y eso que hasta el momento solo contamos los problemas generados en las centrales y no hemos entrado en el an?lisis de que va a ocurrir con los residuos activos durante millones de a?os, donde las incertidumbres son mucho mayores.

II

Estamos ante un nuevo, inquietante desastre del capitalismo tecnocr?tico imperante. Jap?n, que lleva a?os con problemas econ?micos, se enfrenta ahora, a la vez, a un agravamiento de los mismos y a un grave problema sanitario. Es evidente que en el momento presente hay que subrayar con fuerza, una vez m?s, el peligro y la insensatez de la opci?n nuclear. Y recordarle a la poblaci?n que Fukujima no es un desastre inesperado, sino que se encuentra inscrito en una serie de ?accidentes? de mayor o menor gravedad pero que generan una sucesi?n de problemas en los que es previsible esperar que algunos alcancen la magnitud del actual. Unos incidentes en los que la combinaci?n de arrogancia tecnocr?tica, especulaci?n cremat?stica y oscurantismo se combinan para propiciar el desastre. Basta revisar cualquier hemeroteca de los ?ltimos a?os para visualizar la retah?la de expertos que negaban los riesgos. Los mismos que ahora tratar?n de justificar la situaci?n actual con justificaciones ad hoc del tipo ?la central estaba demasiado cerca de la orilla?, tratando de ignorar que precisamente estaba all? porque esto la hac?a m?s rentable. Y es precisamente el ahorro de costes, como el intento de alargar la vida de las centrales, lo que las hace m?s rentables. Los recortes de gastos forman parte intr?nseca del actual modelo de gesti?n empresarial y est?n presentes en todos los incidentes producidos. Y es que dejar?a de ser viable una tecnolog?a tan peligrosa si tuvieran que considerarse todos los riesgos.

III

Mirado desde otra perspectiva, Fukujima es un drama parecido al de la crisis econ?mica mundial. En ambos casos el inicio del desastre ha mostrado la enorme fragilidad del aparentemente poderoso andamiaje t?cno-econ?mico mundial. Su facilidad para el desplome. En ambos, tambi?n est? claro el papel central jugado por los grandes grupos de poder econ?mico en el desencadenamiento del problema. En ambos, exist?a un altisonante coro de tecn?cratas que aseguraban que todo estaba controlado y no hab?a nada que temer: las nucleares eran seguras y el mercado, sobre todo el financiero, era un mecanismo eficiente. En ambos tambi?n, cuando los problemas aparecen, s?lo se han sabido adoptar medidas improvisadas, puntuales, que unas veces funcionan y otras no (o que producen efectos imprevistos, como el del agua utilizada para enfriar los reactores y los residuos que acaban por expandir la contaminaci?n), pero que en todo caso se muestran in?tiles para evitar los efectos m?s importantes. Y tambi?n en los dos casos los responsables de la crisis nos siguen diciendo que tengamos confianza en ellos, que sus soluciones son las correctas, que seamos pacientes, que todo se arreglar?.

Fukujima es, a una escala menor, un paradigma de la crisis civilizatoria a que nos ha llevado el neoliberalismo global, Un modelo social donde los intereses de una minor?a social se imponen a inmensas masas de poblaci?n. Donde la utop?a de una riqueza creciente va a darnos la felicidad a costa de soportar desigualdades intolerables. Y donde una casta de pseudo-cient?ficos, tecn?cratas y funcionarios al servicio del poder legitima, mixtifica, desinforma para evitar nuevas demandas democr?ticas.

Los japoneses, que llevan a?os padeciendo un modelo econ?mico en situaci?n err?tica, son los que van a convivir m?s directamente con este nuevo mal social. Pero gran parte de la experiencia vale para todo el mundo.

IV

Fukujima debe ser el principio del fin de la energ?a nuclear. Pero debe ser tambi?n motivo de reflexi?n para aquella parte de la izquierda que a?n hoy pensaba que las cuestiones ambientales eran secundarias respecto a la crisis social. Ambas forman parte del mismo problema, pues ambas afectan al bienestar de la gente, a sus condiciones materiales de vida. Desmontar el neoliberalismo no puede hacerse s?lo atacando a los mercados financieros. Exige pensar en un modelo social donde el desarrollo sea coherente con los condicionantes ambientales. Hoy m?s que nunca las respuestas a la crisis ecol?gica y ambiental exigen una soluci?n de conjunto, un cambio de modelo civilizatorio en el que se tenga en cuenta la voz de la mayor?a y la opini?n cient?fica fundamentada. El reto est? en combinar la compleja mara?a de relaciones que alargan el ocaso de un modelo social insostenible.

 

El 23 F en la reescritura de la transici?n

Juan-Ram?n Capella

En el treinta aniversario del golpe de Estado frustrado, prensa y radio se han afanado por reinterpretarlo, de la misma manera que se ha maquillado la transici?n, el cambio de r?gimen. Todos se han puesto de acuerdo en mutar la intervenci?n del rey en aquellos hechos ?con tal ?xito que el propio monarca puede afirmar que ya se sabe todo de ellos? y en dejar en la m?s estricta penumbra dos cuestiones: que el episodio consigui? sus principales objetivos pol?ticos, por una parte, y las acciones de EE.UU. para que as? fuera, por otra. Eso sin hablar de la tergiversaci?n del papel desempe?ado por Juan Carlos de Borb?n en el cambio de rumbo pol?tico para complacer a la administraci?n norteamericana.

El problema pol?tico que la transici?n deb?a resolver era doble. En el plano interior, el rey designado por Franco necesitaba instaurar un sistema de libertades para legitimarse, y la oposici?n democr?tica exig?a democracia, frente al inmovilismo franquista y de una parte sustancial del ej?rcito, erigido en tutor de la transici?n. En el plano exterior, los Estados Unidos exig?an la integraci?n de Espa?a en la Alianza Atl?ntica, sin veleidades neutralistas.

El primer problema se resolvi?, durante el mandato distensionista de Jimmy Carter, pact?ndose un r?gimen de libertades entre los representantes de la monarqu?a y la oposici?n democr?tica, aunque en forma de una partitocracia herm?tica a las demandas populares. Se hizo as? para contener a la izquierda social y dar garant?as a los tutores militares, que institucionalmente se erig?an nada menos que en custodios del orden constitucional mismo. Con id?ntico objeto se evit? la federalizaci?n de Espa?a, frente a las pretensiones perif?ricas. Con estas limitaciones y otras de las que no quiero acordarme aqu?, se puso en marcha un sistema pol?tico someramente democr?tico, de hecho un sistema partitocr?tico de bipartidismo imperfecto con libertades individuales.

El problema exterior, en cambio, se enquist?: en Washington se presion? para que Espa?a ingresara en la Otan desde el mism?simo d?a en que se anunci? la muerte de Franco, pero la izquierda se negaba a someterse a los USA y el presidente del gobierno y del partido de la monarqu?a, Adolfo Su?rez, de ideolog?a nacionalista espa?ola, se opon?a tambi?n al ingreso en la Alianza Atl?ntica, creyendo que Espa?a pod?a liderar con la India el neutralismo en el mundo, la pol?tica antibloques militares que practicaban los que entonces eran llamados ?pa?ses no alineados?.

El enquistamiento se agrav? en 1980 con la llegada de Reagan a la presidencia de los Estados Unidos, quien desmantel? la distensi?n de Carter con una pol?tica agresiva no s?lo hacia la Urss sino tambi?n respecto del neutralismo. Con eso qued? decidida la suerte de Su?rez.

A lo largo de 1980 y principios de 1981 se desarroll? una campa?a de acoso y derribo contar el presidente Su?rez. El rey ve?a al general Armada como el recambio de su ahora inc?modo presidente del gobierno, instando la promoci?n del general a segundo jefe del Estado Mayor. Armada obtuvo consensos del Psoe y de la derecha. La coalici?n de centro era ya una olla de grillos estimulada por el embajador norteamericano. Entretanto, el r?gimen auton?mico, inicialmente concebido para Euskadi, Catalu?a y Galicia, e imaginado al principio como mera autonom?a administrativa para las dem?s regiones, se hab?a consolidado y expandido con fuerza. La derecha pol?tica y social, am?n de una parte del ej?rcito, ve?a en esa consolidaci?n una amenaza de disgregaci?n del pa?s. La legislaci?n electoral, concebida para frenar al partido comunista, ten?a ?y tiene a?n? la consecuencia colateral de magnificar la representaci?n y la fuerza pol?tica del nacionalismo perif?rico. Tejero hab?a esbozado un principio de golpe de Estado (la frustrada Operaci?n Galaxia) en 1978, con la idea fija de que el gobierno pasara a manos de una Junta Militar ?que en realidad no querr?a nadie: ni Reagan, ni los generales, ni el rey, pues eso habr?a derribado su transici?n; pero todos estar?an de acuerdo en la ?soluci?n? Armada?. Los servicios de inteligencia orquestaron un ambiente de amenaza de golpe de Estado ya a finales de 1980, e incluso un an?nimo Colectivo Almendros lo anunciaba abiertamente para los primeros meses de 1981 en el diario de extrema derecha El Alc?zar. Tarradellas propuso tambi?n un ?golpe de tim?n? autoritario al temer que la situaci?n ?con la inestimable colaboraci?n de Eta? desbordara al gobierno y pusiera en peligro la autonom?a catalana. Y los medios de los servicios secretos, hoy el CNI, en consonancia con el rey y con los norteamericanos, extend?an el rumor de la inminencia de un golpe duro de generales ultraderechistas, para as? justificar el golpe blando que deb?a llevar a Armada al poder. Su?rez dimiti? al verlas venir, creyendo que su cese detendr?a el golpe. Pero ya estaba en marcha.

El 23 de febrero de 1981, las bases norteamericanas en Espa?a fueron puestas en estado de alerta antes del golpe. Los hijos de los americanos no fueron al colegio ese d?a. Hubo movimiento de la flota yanqui y en las telecomunicaciones. Cuando se produjo la intentona, el secretario de Estado americano, Alexander Haig, declar?: ?Seguimos la situaci?n de cerca. Es un tema interno de Espa?a. Es demasiado pronto para pronunciarse?. Si hubieran sido secuestrados el gobierno y el Parlamento franc?s, ?habr?a dicho lo mismo? Haig, unas semanas antes, hab?a emitido una declaraci?n muy precisa, en realidad una orden: ?Espa?a debe fijar un calendario para su integraci?n en la Otan?.

El golpe se estrope? gracias a su m?s esperp?ntico protagonista: Tejero. Los malos modos de ?ste al irrumpir en el Congreso alarmaron al rey, que, como es natural, no pod?a dar su consentimiento a algo que pareciera inconstitucional. Adem?s, dimitido Su?rez, ya ni era necesario. De modo que Armada s?lo fue autorizado a acudir al secuestrado Congreso de los Diputados a t?tulo personal (ese ?a t?tulo personal? lo dice todo: no en nombre del rey). Y ah?, de nuevo, el obtuso Tejero, a quien los cerebros de la operaci?n hab?an dejado creer que se rebelaba en favor de una Junta Militar, no permiti? que Armada, con su previsto gobierno de concentraci?n, negociara con los dirigentes pol?ticos y que se dirigiera a los diputados retenidos en el hemiciclo. Armada deb?a conseguir su placet pol?tico para que todo pareciera constitucional. Con el fracaso de Armada, el rey orden? emitir el mensaje grabado, que serv?a para todo lo que guardara las formas, neutraliz? a los capitanes generales m?s renuentes y obtuvo la revocaci?n del estado de sitio y la retirada de los tanques puestos en la calle por Milans del Bosch en Valencia.

En su aspecto de asonada, el golpe fracas?: Armada no pudo formar gobierno. Pero el gobierno que sustituy? a Su?rez cumpli? los objetivos centrales del golpe: el ingreso de Espa?a en la Otan ?el objetivo externo?, y puso freno mediante una ley (la Loapa) a las autonom?as, el objetivo interno de la intentona.

La transici?n no culminar?a hasta que el triunfador de las elecciones siguientes al golpe de Estado semifrustrado, el Psoe de Felipe Gonz?lez, ratificara el ingreso en la Otan forzando la voluntad de la poblaci?n espa?ola. Reagan contaba m?s que ?sta. Con eso se desactiv? pol?ticamente ?aunque no constitucionalmente? la tutela militar sobre el r?gimen espa?ol, tutela que pas? a manos de la Alianza Atl?ntica ?de la que de todos modos forma parte el ej?rcito de aqu?, que en cualquier caso ser?a el brazo ejecutor de sus eventuales decisiones?. La voluntad popular ha quedado supeditada a la Alianza Atl?ntica desde entonces. Eso ha determinado la participaci?n espa?ola en guerras inicuas y en aquellas en las que no se nos ha perdido nada: en Iraq, en los Balcanes y en Afganist?n.

La Constituci?n de la Segunda Rep?blica espa?ola dispon?a en su art. 6: ?Espa?a renuncia a la guerra como instrumento de pol?tica nacional?. Nada parecido se encontrar? en la constituci?n vigente.

Addenda: malicias

Hay muchas cosas oscuras en torno al 23 F. El embajador americano, Toddman, sali? de su embajada aquella noche y no se sabe d?nde par? mientras el Congreso y el gobierno estaban secuestrados.

Una unidad militar ocup? TVE, pero sali? de all? cuando el rey pidi? c?maras para grabar su mensaje. De esa unidad nunca se supo, jam?s: ni qui?nes eran, ni qui?n la mand? all? y orden? luego retirarla, ni cu?l era su misi?n. Ning?n militar fue juzgado por ocupar la televisi?n p?blica ?por lo dem?s, la ?nica existente entonces?. ?Ocurrir?a lo mismo ahora?

El 24 de febrero, en reuni?n de los dirigentes pol?ticos con el rey, Adolfo Su?rez, a?n presidente en funciones, se ofreci? a prolongar unas semanas su mandato para esclarecer qui?n hab?a estado detr?s del golpe. Felipe Gonz?lez se opuso terminantemente a eso. El gobierno de Calvo Sotelo, un pol?tico gris de hist?ricos apellidos, se adhiri? a la Otan. Luego hubo elecciones, que el Psoe gan? por abrumadora mayor?a.

Felipe Gonz?lez obtuvo la ratificaci?n en refer?ndum del ingreso de Espa?a en la Otan con la condici?n de que no se integrar?a en su estructura militar; y la obtuvo chantajeando a la ciudadan?a con la amenaza de no administrar el no a la Otan si triunfaba ese no, esto es, con la amenaza, el d?a anterior al refer?ndum, de dimitir. La mayor?a de la gente no supo ver que esta amenaza era un farol, ni que la no integraci?n en la estructura militar de la Alianza era puro camelo.

A?os atr?s, en la poblaci?n barcelonesa de Molins de Rei exist?a un hermoso puente de piedra rojiza, sobre el r?o Llobregat: el puente de Carlos III. Quisieron sustituirlo por un puente para autopista, pero la gente se opuso obstinadamente, tanto en Molins como sobre todo en Barcelona. Tan obstinadamente y con tanta fuerza que al final las autoridades anunciaron que s?lo lo desmontar?an para reponerlo en otro lugar; y para convencer a las gentes numeraron las piedras del puente, unas piedras numeradas cuyas fotos aparecieron en todos los diarios catalanes.

Del puente de Carlos III nunca m?s se supo. Como de la no integraci?n en la estructura militar de la Otan.

Marzo de 2011

 

Al compa?ero Taibo y otros anticapitalistas de buena voluntad

Armando Fern?ndez Steinko, Jorge Garc?a Casta?o, Carlos Mart?nez, Rafael Pillado, Juan Torres, Roberto Viciano

El compa?ero Carlos Taibo ha expresado su opini?n sobre la iniciativa de las mesas de convergencia ciudadana, una iniciativa de hondo calado que pretende aglutinar a sectores amplios de la poblaci?n en torno a un programa m?nimo antineoliberal. Sus opiniones no tienen un valor s?lo individual, sino que podr?an reflejar el estado de ?nimo de algunas personas potencialmente interesadas en este proceso. A nuestro amigo Carlos, pero sobre todo a estas ?ltimas, van destinadas las siguientes reflexiones:

1. Taibo argumenta que la propuesta program?tica vertida en la convocatoria tiene un ?cariz socialdem?crata?, lo cual se demuestra, por ejemplo, en la elecci?n del t?rmino excesivamente moderado de antineoliberal frente al de anticapitalista. En primer lugar, el llamamiento no es exactamente una propuesta program?tica como la que pudiera proponer un partido. Se trata, por el contrario, de una plataforma m?nima com?n destinada ?eso es lo esencial? a agrupar a gente de un espectro social y pol?tico relativamente amplio, gente que no s?lo est? verbalmente dispuesta a impugnar la salida neoliberal a la crisis, sino que adem?s ha tomado conciencia de que ?sta es un asunto pr?ctico y urgente. Ha tomado conciencia, en definitiva, de que es necesario movilizar no a un par de cientos o miles de ciudadanos muy conscientes, sino a unos cuantos cientos de miles o incluso a millones de ciudadanos para conseguirlo. Los que participan en este proceso probablemente tienen ideas distintas sobre muchas cosas, pero hay una importante que tienen/tenemos todos en com?n: sabemos que la historia la hacen las mayor?as sociales, y por eso no nos sorprende lo que est? sucediendo en el norte de ?frica. Y esto a pesar de que muchos seguramente no han le?do nunca un solo cl?sico de la izquierda alternativa ni probablemente lleguen a hacerlo en su vida. Esto no quita para que muchas de sus intuiciones est?n m?s pr?ximas a ellos que a las de algunos respetables eruditos. Aquella parte de la izquierda alternativa que no se conforma con las palabras, necesita operar con el material emp?rico de un capitalismo concreto y particular. Y ?ste se llama justamente ?neoliberalismo?, el trozo de capitalismo que nos ha tocando vivir a nosotros, un t?rmino consensuado por la mayor?a de los economistas y soci?logos cr?ticos que est? permitiendo formar grandes alianzas sociales y pol?ticas. No es casualidad: la palabra neoliberalismo explica muy bien la involuci?n social que se consigui? imponer en todo el mundo por medio de la financiarizaci?n y la desregulaci?n de la econom?a. Al hacer alusi?n a una realidad emp?rica, el t?rmino neoliberalismo da nombre a algo transformable en la realidad, mientras que el t?rmino capitalismo-en-general s?lo alude a un concepto que s?lo subsiste en el ambiente amable de los cicl?peos debates te?ricos y de las kilom?tricas escaramuzas nominalistas.

2. El argumento del contenido excesivamente ?socialdem?crata? del llamamiento se deriva de una vieja cuesti?n. En realidad, es la misma que surge una y otra vez en los ambientes de la izquierda alternativa cuando ?sta debate la relaci?n entre lucha contra el neoliberalismo y anticapitalismo, y que tiene que ver con la vieja relaci?n entre reformismo y rupturismo. Cuando el capitalismo se entiende como una cosa l?gico-conceptual, como ?capitalismo-en-general?, la pol?tica se reduce a revelarles a las mayor?as su modo de funcionamiento y a darles un par de buenas ideas con el fin de que un golpe revolucionario abra la puerta a una sociedad mejor. Si, por el contrario, el capitalismo se entiende como una realidad en la que se van creando las condiciones para una sociedad m?s justa y sostenible, se trata de rebuscar las semillas de ese futuro en las personas que compartimos este presente, de agruparlas con el objetivo de crear un bloque social alternativo dotado del poder suficiente para crear otra cosa. Las circunstancias son las que dictan si se debe hacer en sucesivos procesos de reforma o en avances m?s r?pidos y repentinos. En cualquier caso, tambi?n las semillas plantadas en los tiempos del capitalismo regulado, que consigui? darle una vida digna a las mayor?as en ciertos pa?ses, son eslabones perfectamente insertables en este largo y complejo proceso de lucha contra el neoliberalismo, por mucho que el proyecto socialdem?crata tuviera graves contradicciones e insuficiencias. Por tanto, no se trata de denostar a la socialdemocracia en extinci?n, sino todo lo contrario: se trata de resucitar sus semillas aprovechables, de la misma forma que hay que resucitar todas las semillas sembradas por los proyectos emancipatorios a lo largo de la historia, y tambi?n de desechar las inservibles. El sectarismo formar?a parte de este segundo lote.

3. No se trata, pues, de un problema de ?espasmos de (hiper)moderaci?n? frente a la solidez vanguardista de la ?(ultra)radicalidad?. Es algo mucho m?s profundo que todo eso. Se trata de optar individualmente entre dos posturas: o bien por ver las cosas desde el ?ngulo l?gico-te?rico o de hacerlo desde una visi?n hist?rico-pr?ctica, de ver hacinamientos, desempleo, falta de cr?dito para las pymes, destrucci?n ambiental y necesidad de empoderamiento de la ciudadan?a antes que definiciones y conceptos. Lo que reivindica este movimiento ciudadano no es la pol?tica de la l?gica, sino la pol?tica de la historia, no la vida de las palabras sino la vida de esas personas que viven, aman, sufren y trabajan en el Estado espa?ol hacia principios del a?o 2011. Este mismo razonamiento se puede aplicar a las cr?ticas vertidas por Taibo al uso de la palabra sostenible o de cualquier otra que pueda resultar sospechosa en el laboratorio de las ideas. Otra vez la tit?nica lucha mental por el concepto antes que la modesta, sufrida y capilar lucha real para dejar atr?s un sistema pol?tico que no deja opinar a los ciudadanos, para dejar atr?s una civilizaci?n que es social y ambientalmente ruinosa.

4. Sobre el tema sindical: no hay nada en el llamamiento que exculpe a los sindicatos y su posicionamiento en el tema de las pensiones; es claro y contundente en este asunto, sin por ello tener que entrar a valorar el acuerdo firmado por los sindicatos. Pero no lo hace, adem?s, primero porque el movimiento sindical ?y tambi?n ese local de su propiedad? es una parte sustancial de la izquierda de este pa?s, movimiento amplio y complejo que no se debe reducir en ning?n caso a un acuerdo firmado por sus direcciones en un momento determinado. En segundo lugar, porque antes de firmar el acuerdo, los sindicatos se hab?an sumado a esta iniciativa y no se puede descartar que acaben haci?ndolo reconociendo impl?cita o expl?citamente el error cometido con la firma del acuerdo. Y en tercer lugar porque s?lo es posible impugnar el neoliberalismo sumando actores, s?lo es posible sumar actores llegando a acuerdos parciales, y s?lo es posible llegar a acuerdos parciales si entiendes que la otra parte no es un enemigo esencial y definitivo de tu propia causa sino que, a pesar de las diferencias, sigue habiendo cosas importantes que te unen a ella. Hacerlo de otra forma es dejar que sea el est?mago el que piense y dise?e, y no la cabeza o el sentido de la perspectiva.

5. Por ?ltimo, nos gustar?a pedirle a Carlos ?y a todas las personas que, como ?l, abracen la causa de la justicia, la solidaridad y la sostenibilidad? respeto para con aquellos que estamos intentando cambiar el mundo aun con todas nuestras insuficiencias. La cr?tica de Taibo es de agradecer, nos obliga a pensar, a posicionarnos y a definir zonas a?n poco elaboradas de nuestro proyecto, que son seguramente muchas, y por eso le invitamos a que sea nuestro c?mplice desde la distancia que ?l tenga a bien. Pero no nos enga?emos: por una simple cuesti?n de econom?a del tiempo, a veces tenemos que prescindir de los placeres que procura la lectura de textos bellos y coherentes, llenos de chisposas met?foras y sutiles giros verbales, pero irremediablemente alejados de la realidad cotidiana de la mayor?a de los hombres y de las mujeres explotados, hacinados, angustiados y humillados de este pa?s, que son los que m?s nos preocupan e interesan. Algunas personas de buena voluntad tal vez no tengan esa aguda e intachable conciencia ?anticapitalista? que ser?a de desear. No es ninguna casualidad, pues el neoliberalismo es una aut?ntica trituradora de sensibilidad social e implicaci?n pol?tica. Pero muchos de los que estamos convencidos de la necesidad de una organizaci?n solidaria de la econom?a y de la sociedad, as? como de un sistema pol?tico mucho m?s participativo y pr?ximo a los ciudadanos, pensamos que al principio no est? el ?verbo? (anticapitalista), como dice el G?nesis, sino el ?hecho? (antineoliberal), como dijeron Goethe, Marx y gente as? de interesante. Respetamos los argumentos de Carlos y ser?a estupendo tenerlo entre nosotros. Pero te pedimos que entiendas que para nosotros todo esto es mucho m?s que un simple argumento, es m?s complicado, delicado y arriesgado. Aunque tambi?n mucho m?s divertido y enriquecedor: es una iniciativa pr?ctica para intentar cambiar efectivamente el mundo y no s?lo para interpretarlo. Te esperamos.

 

Sin permiso de (casi) nadie

Agust?n Moreno

Soy afiliado de CC.OO., hice la huelga del 29 de septiembre y me he manifestado en defensa de las pensiones. Como nadie me ha consultado sobre la firma del pacto de pensiones, decidida desde la direcci?n, pero sin debate con las bases ni en las estructuras, quiero expresar mi opini?n. El contenido del acuerdo se centra en aumentar la edad legal de jubilaci?n a 67 a?os, necesitando 37 de cotizaci?n para alcanzar el 100% de la base reguladora; en la exigencia de tres a?os y medio m?s de cotizaci?n (38,5) para poder jubilarse a los 65 a?os, y en ampliar los a?os de c?mputo para el c?lculo de la pensi?n de 15 a 25 a?os, lo que supone un recorte de hasta un punto menos por a?o (Zubiri), es decir, un 10%, aunque algunos se beneficien.

El contexto viene marcado por varios factores, como una crisis econ?mica fruto de la especulaci?n financiera del capitalismo de casino. Tras inyectar fondos p?blicos en el sistema financiero y algunas medidas neokeynesianas de reactivaci?n, los neoliberales desataron un vendaval a favor del ajuste y en contra de los derechos sociales y laborales. En Espa?a se concret? en el decretazo que recort? el gasto p?blico, en la reforma laboral y ahora en el acuerdo de pensiones. La percepci?n social es que la crisis la pagan los de siempre. Ya desde 1994, el Banco Mundial planteaba que hab?a que retrasar la edad de jubilaci?n y recortar el nivel de prestaciones para, despu?s, crear el pilar privado. En consecuencia, se puso en marcha una campa?a machacona a trav?s de los medios de persuasi?n masiva.

La huelga general del 29 de septiembre fue muy respetable; participaron millones de huelguistas y de manifestantes contra la reforma laboral y los recortes en pensiones. Que no se les haya pedido opini?n puede explicar por qu? tres de cada cuatro ciudadanos est?n en contra del acuerdo a pesar de la intensa propaganda a favor.

Por ?ltimo, la estrategia sindical de intentar ?limitar los da?os? ha sido equivocada al ponerse a negociar con un gobierno decidido a legislar a fecha fija con o sin acuerdo; con un planteamiento de aut?ntica huida hacia adelante al incluir todo tipo de materias, pero excluyendo la derogaci?n de la reforma laboral, y quemando las naves al no plantearse movilizaciones serias desde el 29-S, aboc?ndose a firmar lo que hubiera en la mesa.

En cuanto a las consecuencias, obliga a seguir trabajando hasta una elevada edad, pero millones de trabajadores no llegar?n activos a los 67 a?os (la tasa de ocupaci?n de 60 a 64 a?os es s?lo del 32%) porque ser?n despedidos, por problemas de salud, etc?tera, y se les aplicar?n los coeficientes reductores (un 7,5% por cada a?o que se jubile antes). Subir el per?odo de cotizaci?n a 38,5 a?os pone un list?n inalcanzable para muchos trabajadores con carreras laborales inestables a causa del desempleo y la precariedad, que ver?n disminuida notablemente su pensi?n.

A medio plazo, el debilitamiento del sistema de reparto producir? una importante segmentaci?n en la sociedad espa?ola: las pensiones p?blicas se aproximar?n cada vez m?s a las asistenciales y pocas personas podr?n acceder a los niveles m?ximos de pensi?n del sistema, invit?ndoseles a que suscriban planes privados.

Los sindicatos no debieron firmar. El grave compromiso asumido por CC.OO. y UGT les se?alar? como responsables del retroceso social durante mucho tiempo y con mayor fuerza que al gobierno Zapatero, instituci?n m?s ef?mera. La alarma social creada producir? una ruptura con amplios sectores laborales, de j?venes y mujeres, que les culpar?n de sus problemas para alcanzar una pensi?n digna.

Esta quiebra de la confianza har? muy dif?cil recurrir a la necesaria movilizaci?n ante los ataques a los convenios, a los salarios, a la sanidad. La credibilidad no depende de los programas, sino de las formas democr?ticas de hacer.

Pol?ticamente, el pacto no va a servir para que el PSOE salve los muebles en las elecciones dado el nivel de derechizaci?n e incumplimiento de su programa. Pero tampoco ayuda a las mesas de convergencia ciudadanas, si no extienden su ?Indignez-vous!? a estos ataques al Estado social.

En conclusi?n, el acuerdo es injusto porque s?lo se sacrifican los trabajadores y Espa?a tiene un gasto en pensiones inferior a la media europea. Es innecesario con un super?vit de 64.000 millones de euros y porque hasta 2030 no habr?a problemas en la Seguridad Social. Y est? equivocado porque s?lo incide en el gasto, no se preocupa de los ingresos ni de una pol?tica econ?mica orientada al empleo y al reparto del trabajo. ?No es preferible que trabajen los j?venes con 30 a?os a que lo hagan las personas de 66?

Entre las p?ginas de un libro, he encontrado un panfleto de 1976 de CC.OO. de la construcci?n de Madrid, en el que se exig?a la jubilaci?n a los 60 a?os. Es evidente que vivimos un momento dif?cil. Se necesita un giro estrat?gico y una resistencia inteligente de recuperaci?n de derechos. Ello pasa por mucha honestidad y coraje, un trabajo duro y m?s democracia participativa. La izquierda social y pol?tica tendr? que construir un pensamiento cr?tico y alternativas al neoliberalismo. De lo contrario nada est? asegurado, y derechos que cost? cien a?os conseguir se pueden perder en unos meses.

 

Caj?n Desastre

El Lobo Feroz

Medidas energ?ticas y Fukushima

El gobierno empieza a tomar medidas sobre el consumo de energ?a. Aunque sean de risa, superficiales. El problema ecol?gico-energ?tico es bastante grave en este pa?s. Tanto que, aunque s?lo fuera por eso, la gente tendr?a que prestar o?dos a la izquierda alternativa, la ?nica capaz de tomar al toro por los cuernos sin improvisaciones cosm?ticas.

Ahora, con las terribles noticias de Jap?n, hay que hablar de nuevo de la peligrosidad de la tecnolog?a nuclear. La cosa es sencilla: si fallan los sistemas de refrigeraci?n, siempre endebles, los reactores lo funden todo y la radioactividad se extiende sobre las poblaciones. En Chernobil fue de otro modo: error de un t?cnico en el manejo de la central, y generaci?n de c?nceres a cientos de miles de personas.

Se tardar? en saber qu? consecuencias han tenido realmente los accidentes japoneses. La falta de informaci?n y la informaci?n sesgada van a ser la t?nica.

No hay instalaci?n nuclear que no sea ontol?gicamente peligrosa, peligrosa en s? misma, por mucho que los empresarios nucleares, los gobiernos y los t?cnicos pagados para defender la energ?a de origen nuclear digan otra cosa.

Las nucleares tampoco son econ?micamente seguras. ?Qu? compa??a de seguros puede asumir el riesgo de compensar una cat?strofe nuclear? Los propietarios de las centrales, las grandes compa??as el?ctricas, se protegen tras sociedades-pantalla, due?as formales de las plantas, de limitado capital. De modo que al final, en caso de accidentes graves, terminar?an pagando los contribuyentes.

Es insoportable que quienes nos mandan ?democr?ticamente? jueguen con nuestra seguridad, con la vida y la salud de grandes masas de poblaci?n. Que nos impongan un riesgo grave evitable. En Europa, s?lo en Austria la energ?a nuclear est? constitucionalmente prohibida, como debe ser. En Dinamarca no hay centrales nucleares.

El Lobo cree, adem?s, que deber?a estar criminalizado mentir u ocultar hechos para defender la energ?a nuclear, como criminalizada est? la asociaci?n terrorista. El secretismo y la desinformaci?n que rodean todo lo nuclear son tan inmorales como legales. Para el Consejo de Seguridad Nuclear, que en teor?a es el organismo p?blico encargado de fiscalizar, hay incluso obligaciones de secreto. El movimiento antinuclear debe recomponerse r?pidamente y echar abajo el pronuclearismo de Rajoy y de Zapatero, del PP y del PSOE. Zapatero ha prolongado la vida ?t?cnica? de las centrales nucleares existentes en Espa?a; y Rajoy, la v?spera misma de los accidentes m?ltiples de Fukushima, propugnaba p?blicamente el incremento de las centrales nucleares. Hay que imponer legalmente el desmantelamiento de esta energ?a peligrosa. Y abordar un plan ecol?gico-energ?tico de sustituci?n y pol?ticas de ahorro energ?tico bien concebidas.

Nosotros podemos actuar ahora. Las v?ctimas japonesas ya no pueden hacerlo.

Estanflaci?n

Las medidas econ?micas de los gobiernos europeos ya han conseguido sus esperados resultados: no s?lo estancamiento econ?mico, sino tambi?n inflaci?n.

Los j?venes no saben lo que es la inflaci?n: es una espiral de aumento de los precios. Que si no se corrige con incrementos de los salarios, significa una p?rdida del valor adquisitivo de ?stos.

Hay inflaci?n por la necesidad que tienen los estados de pagar las enormes deudas contra?das para acudir al rescate de las entidades financieras en la crisis que estas entidades contribuyeron a agravar.

Y hay estancamiento porque las pol?ticas europeas de contenci?n y recorte del gasto p?blico frenan la actividad econ?mica.

La estanflaci?n, el estancamiento m?s inflaci?n, va a ser la muestra patente del fracaso social de las pol?ticas neoliberales en la crisis: no s?lo en su gestaci?n, sino tambi?n en la gesti?n de la crisis.

La inflaci?n les vendr? bien a los gobiernos, porque desinflar? sus deudas. Y mal a los trabajadores, porque reduce los salarios reales. La inflaci?n es tambi?n un mecanismo de acumulaci?n para los empleadores.

El estancamiento le ir? mal a todo el mundo. Pero es lo que han preferido los gobiernos europeos.

La gente, y principalmente los sindicatos, tienen que librar ahora una batalla para indexar los salarios a los precios, para impedir el deterioro de los salarios reales.

Los expertos neoliberales van a ponerse a gritar contra los salarios de los trabajadores. Exigir?n aumento de la productividad. El Lobo avisa. El tema importante es la indexaci?n de los salarios a los precios. (Y al enviar estas l?neas a la red, el Lobo comprueba que su temor se ha materializado incluso antes de que su aviso fuera publicado: hay un acuerdo de los gobiernos europeos para vincular los salarios a la productividad, esto es, a algo que no depende en absoluto de los trabajadores.)

Pues la verdad es que no puede haber aumento de la productividad sin inversiones y mejoras tecnol?gicas. Incrementar la productividad no est? en manos de los trabajadores, sino de las inversiones empresariales.

Y, tal como van las cosas, estas inversiones han de ser sustentables desde el punto de vista ecol?gico. En suma: ojo a la sustentabilidad, a la inflaci?n, y exigencia de inversiones productivas.

Empeora la sanidad p?blica y la privada

Si alguien ha pasado recientemente por consultorios m?dicos, tanto p?blicos como privados, habr? notado ya un empeoramiento de los servicios de salud debido a la crisis. M?s aglomeraciones, cuando menos. M?s tiempos de espera. Crucemos los dedos para que s?lo sea eso.

Aunque hay tambi?n otras cosas. En la sanidad p?blica hay recortes. En unas autonom?as m?s que en otras. En la medicina p?blica los m?dicos no cobran ciertos pluses si en vez de recetar gen?ricos recetan medicamentos de ?ltima generaci?n, m?s caros pero m?s eficaces, y en ciertos casos los ?nicos eficaces. En la medicina privada la cosa tambi?n empeora: son mayor?a los m?dicos que trabajan asociados a compa??as de seguros de salud (DKV, Asisa, Sanitas, etc.), y en ?stas los recortes han empezado ya.

Los asuntos sanitarios son muy delicados. En este pa?s donde la Seguridad social, pese a ser universal, no da muy brillantes prestaciones en muchos campos ?nada que ver con la Seguridad Social inglesa, incluso recortada como est??, los recortes pueden afectarnos no s?lo individual sino tambi?n colectivamente. Con la pobreza ciertas enfermedades pueden reaparecer.

La venda antes que la herida

Aprovechemos este interregno de notable mejora de la televisi?n p?blica. Los servicios informativos ya no son lo que eran cuando gobernaba el PP. Y la dicha de ver pel?culas sin cortes publicitarios ?aunque estropeadas por insertos publicitarios de la propia televisi?n? acaso no dure mucho. Adem?s, en este momento la cinematograf?a espa?ola es de lo mejor del mundo (el buen cine italiano, por ejemplo, casi ha desaparecido; y el cine norteamericano es buena muestra del declive de ese pa?s). Todo esto no durar?, seguramente. Los artistas que detenten el gobierno pueden cargarse en breve todo eso.

La iglesia y la sexualidad

La iglesia ni siquiera sabe educar en la decencia en las relaciones interpersonales, casi lo ?nico ?adem?s de informar? que hay que decir en este campo. Los obispos son como los cl?rigos iran?es. Los ayatol?s peninsulares lanzan gritos desesperados mientras se les vac?an los seminarios. Pero cuentan con las huestes residuales de la ultraderecha cat?lica: e-cristians, legionarios de Cristo, Opus Dei, etc., con sus colegios de pago, donde usan todas sus viejas artes para adoctrinar y conseguir personalidades frustradas, moralmente idiotas. Cuentan tambi?n con emisoras de radio, y con todos los locales y obras de arte acumulados durante siglos. Hoy, adem?s, con la ayuda de dinero p?blico que hace rentables sus negocios: desde las escuelas a los monumentos art?sticos visitables.

Ahora Ratzinger se empe?a en insistir en la resurrecci?n de un torturado y ajusticiado ide?logo de las gentes sencillas (tambi?n tendr?amos que creer, seg?n eso, que El?as subi? ?a los cielos? en un hermoso carro de fuego). La predicaci?n de Jes?s de Nazaret es tergiversada a diario por las jerarqu?as de la iglesia cat?lica. Pero el Serm?n de la Monta?a es uno de los textos inspiradores de la antigua lucha emancipatoria en su tradici?n europea.

Parece que lo ?ltimo de lo ?ltimo de la iglesia cat?lica espa?ola es una campa?a contra el derecho a morir dignamente. Cuando las t?midas normas de eutanasia empiezan a ser discutidas.

La verdad, si ellos no quieren la eutanasia, que vayan a su bola. Pero que dejen morirse en paz a los dem?s.

Marzo de 2011.

 

Las universidades y el apartheid israel?: acabemos con la complicidad

Como miembros de la comunidad universitaria, nos sumamos al llamamiento hecho desde el conjunto de la sociedad y de las universidades palestinas pidiendo a la sociedad civil internacional que adopte la campa?a para el Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel como la forma m?s pac?fica y efectiva de obligar a Israel a cumplir la legalidad internacional vigente (1). La campa?a del BDS a Israel se inici? en el a?o 2005 ante las constantes violaciones de los derechos humanos por parte de Israel y la reiterada falta de voluntad de los estados y actores internacionales para hacer que este Estado cumpla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas.

Esta campa?a, que se apoya en la exitosa experiencia del movimiento internacional de boicot al apartheid de Sud?frica y ha recibido el apoyo de destacados activistas como el premio Nobel de la Paz Desmond Tutu, de organizaciones jud?as como Jewish Voice for Peace y de un n?mero creciente de acad?micos israel?es, ha demostrado ser una v?a de creciente eficacia para que la sociedad civil internacional presione, mediante acciones no-violentas, a la comunidad internacional con el objetivo de hacer respetar los derechos de la poblaci?n palestina.

Dentro de la campa?a BDS, el boicot acad?mico nace como respuesta al apoyo institucional un?nime de las universidades israel?es a las pol?ticas de ocupaci?n y apartheid contra la poblaci?n palestina, que, entre otras cosas, se materializa en una estrecha cooperaci?n con el ej?rcito israel? y en pol?ticas discriminatorias contra los estudiantes palestinos.

Por todo ello pedimos que, mientras el Estado de Israel no cumpla con el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, se apliquen las siguientes medidas:

  • La Comisi?n Europea y los gobiernos de los pa?ses miembros de la Uni?n Europea deben establecer una suspensi?n temporal al actual acceso preferente que las universidades y los centros de investigaci?n israel?es tienen al Espacio Europeo de Investigaci?n en virtud del Acuerdo de Asociaci?n Euro-Mediterr?neo UE-Israel. Esta suspensi?n no ser?a m?s que el cumplimiento de la propia normativa de la UE, que establece que dicho acceso est? supeditado al respeto de los derechos humanos (art?culo 2 del Acuerdo de Asociaci?n).
  • Mientras la Comisi?n Europea no cumpla con su propia normativa, pedimos a los gobiernos auton?micos y central espa?oles, as? como a todos los partidos pol?ticos, que presionen a la CE para que as? lo haga y que tomen las medidas a su alcance para aplicar dicha moratoria.
  • En el ?mbito universitario, la mejor medida de presi?n a nuestro alcance es la misma que viene siendo utilizada por universitarios de todo el mundo comprometidos con una soluci?n justa para los pueblos de la regi?n: el boicot acad?mico. En consecuencia, pedimos la suspensi?n de las relaciones entre nuestras instituciones universitarias y las israel?es hasta que el Estado de Israel respete el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, al tiempo que nos declaramos solidarios con todas aquellas personas, universitarias o no, que en Israel luchan valientemente en defensa de los derechos humanos, sociales y pol?ticos del pueblo palestino.

Para firmar hay que ir a:
https://spreadsheets.google.com/viewform?formkey=dFZOTjJWeFRUUFVkbXBSN3dEQ0pqX1E6MQ

(1) El llamamiento tiene el apoyo de m?s de 170 organizaciones de la sociedad civil palestina, as? como de todas las universidades palestinas. Puede verse en http://bdsmovement.net y http://www.pacbi.org/

 

Contra la impunidad de quienes agreden, acosan y persiguen a quienes defienden el planeta

Ecologistas en Acci?n

Asistimos a tiempos en los que la violencia contra quienes disienten o plantean alternativas para lograr un mundo m?s justo, se recrudece.

Denunciamos que ?sta es la situaci?n que viven diferentes miembros de la sociedad civil espa?ola y, de manera m?s concreta, destacados miembros del movimiento ecologista. ?ste es el caso de Paca Blanco, miembro de Ecologistas en Acci?n, que desde hace a?os soporta, en la localidad extreme?a de El Gordo, un ataque continuo, un acoso constante y un sinf?n de agresiones. Todo ello por oponerse a los intereses especulativos de quienes quieren hacer negocio a golpe de ladrillo, arrebatando de este modo el patrimonio natural com?n.

Denunciamos a los agresores que la persiguen e insultan, que le arrojan piedras, que intentaron quemar su vivienda con ella dentro. Pero tambi?n denunciamos la falta de una respuesta clara y contundente por parte del delegado del gobierno y la inacci?n del alcalde de esa localidad, que durante a?os ha mirado hacia otro lado dejando hacer a la especulaci?n de las constructoras.

Denunciamos las palizas y otras brutales agresiones que vienen sufriendo desde hace a?os Rosa Andradas y su familia, vecinos de San Lorenzo de El Escorial, en Madrid, por oponerse a la construcci?n de m?s casas de lo legalmente permitido en unos terrenos anejos a su vivienda. La situaci?n de acoso sufrida por esta familia ha sido de tal brutalidad que, tras una terrible paliza a su hijo mayor y amenazas contra su hijo menor, el marido de Rosa Andradas sufri? un infarto que le produjo la muerte. El entonces arquitecto municipal fue finalmente condenado por esta operaci?n urban?stica contra la ordenaci?n del territorio. Sin embargo, el alcalde de esta localidad o la delegada del gobierno han sido incapaces de garantizar la seguridad y la serenidad de Rosa Andradas y su familia.

Denunciamos la persecuci?n, las amenazas y las agresiones contra el patrimonio de Concha Velasco, vecina de Pelayos de la Presa, en Madrid, que denunci? la ilegalidad de la M-501. El concejal que la amenaz? de muerte y la Comunidad de Madrid ayudaron a crear un ambiente de permanente hostigamiento hacia Concha Velasco. Denunciamos al alcalde de esta localidad, que no ha protegido a esta vecina de las agresiones sufridas. Igualmente, denunciamos la responsabilidad de la delegada del gobierno en la perpetuaci?n de esta situaci?n, ya que no ha hecho nada sustancial para que cese este contexto de miedo y violencia.

Por todo ello, y subrayando apenas algunos casos de los muchos que se extienden a lo largo y ancho de la geograf?a espa?ola:

Denunciamos la hipocres?a del Partido Popular, que se rasga las vestiduras ante la inaceptable agresi?n sufrida por uno de sus consejeros auton?micos, mientras mira hacia otro lado cuando son sus propios mun?cipes los que participan o guardan silencio ante las agresiones a vecinos y ecologistas que se oponen a intereses especulativos con las ?nicas armas de la palabra y la raz?n, como sucede en los tres casos mencionados. Exigimos al Partido Popular que condene la violencia contra estas personas y que depure responsabilidades de quienes han hecho de la complicidad y la agresi?n un retorno al bautismo pol?tico m?s ultramontano.

Exigimos que las delegaciones del gobierno, y el PSOE como su responsable ?ltimo, garanticen la integridad real de aquellas personas que, por su compromiso con un mundo mejor, son duramente perseguidas, y advertimos de los riesgos de deterioro democr?tico si se permite que en nuestros pueblos y ciudades concurran circunstancias de esta naturaleza.

http://www.ecologistasenaccion.org/article19665.html

 

Informaciones

Aparece La Voz de la Calle

Mientras tanto se congratula de la pr?xima aparici?n en los kioscos de un nuevo diario, LA VOZ DE LA CALLE, con una orientaci?n abierta a las ideas alternativas y a los movimientos sociales. Creemos que se debe hacer un esfuerzo para que este peri?dico se consolide y se convierta en un foro abierto a las necesidades reales de las gentes. Bienvenido sea.

Informaci?n actualizada y versi?n digital del diario en:
http://www.lavozdelacalle.es

Desaparecidos, de Gervasio S?nchez

Gervasio S?nchez, uno de los fotoperiodistas espa?oles m?s relevantes, ha organizado esta exposici?n. En Barcelona se puede ver hasta el 1 de mayo en el Centro de cultura contempor?nea http://www.cccb.org/ca/exposicio-desaparecidos-35374. Y hasta el 5 de junio en Le?n, en el museo de arte contempor?neo http://musac.es/index.php?ref=115300. En Madrid la exposici?n se pudo ver en la Casa Encendida.

Al montar estas exposiciones, Gervasio S?nchez ha revisado su trabajo para lanzar un doble mensaje: dejo constancia de lo que ha ocurrido y esto no se ha de olvidar. Habla de los desaparecidos forzosos en pa?ses como Chile, Argentina, Per?, Colombia, El Salvador, Guatemala, Iraq, Camboya, Bosnia-Herzegovina y tambi?n del caso espa?ol. Desaparecidos forzosos que lo han sido en situaciones de conflicto armado, de dictaduras y tambi?n con gobiernos supuestamente democr?ticos.

Ante el constante peligro de la instrumentalizaci?n de la memoria, ante el olvido del dolor de las v?ctimas, ante la ominosa ley del silencio, Desaparecidos constituye un contrapunto. Las fotograf?as seleccionadas narran el horror, sus protagonistas, sus lugares. Y entre estos lugares, las zanjas en las que miles de republicanos espa?oles fueron Desaparecidos. La exposici?n tambi?n plantea esta cuesti?n: las tremendas dificultades institucionales que todav?a existen a la hora de hallar los cuerpos de aquellos a los que se hizo desaparecer y las razones de estas dificultades.

[A.M.]

 

La biblioteca de Babel

Juan-Ram?n Capella
Sin ?taca. Memorias 1940-1975
Trotta, Madrid, 2011, 321 pp. 

Tengo entre las manos, a?n con olor a imprenta, un libro de memorias con poco que ver con el s?lito esfuerzo de autojustificaci?n que suele mover a quienes han practicado este g?nero. Aqu?, la motivaci?n es dar cuenta en primera persona de una experiencia de resistencia en un periodo de nuestra historia reciente profundamente tergiversado por quienes luego han sabido nadar a favor de corriente. No ha sido el caso del autor, que ordena sus recuerdos con intenci?n de dar perspectiva a los pelotaris dispuestos a seguir luchando en un front?n que seguir? escupiendo una y mil veces la bola. A trav?s de este relato, literariamente muy bello y con buenas dosis de humor, es posible comprender ?y ah? reside otra de sus bazas? c?mo es posible que la progresiva toma de conciencia de estar viviendo en un sistema profundamente clasista y violento se transforme finalmente en acci?n, en medio de unas condiciones tan adversas como las proporcionadas por una dictadura. Hay que agradecer a Capella sobre todo la sinceridad que recorre el libro, pero tambi?n la elaboraci?n de un exhaustivo y muy pr?ctico ?ndice onom?stico al final del libro. De lectura obligada.

[Antonio Gim?nez Merino]

lan Papp?
La limpieza ?tnica de Palestina

Cr?tica, Barcelona, 2011, 416 pp. (1? edici?n de 2008)

Acaba de aparecer en edici?n de bolsillo la obra m?s conocida de Ilan Papp?, el m?s consecuente de los denominados ?nuevos historiadores israel?es?, que a partir de los a?os ochenta comenzaron a revisar de forma cr?tica la mitolog?a en que se hab?a convertido la historiograf?a israel?.

La obra narra el per?odo de la partici?n de Palestina ??guerra de independencia? para los israel?es y ?Nakba? (?cat?strofe?) para los palestinos? rebatiendo el mito de que en 1948 los palestinos huyeron por voluntad propia de los territorios que hoy conforman Israel. Para ello Papp? ha buceado en los archivos israel?es y consultado memorias de l?deres sionistas y fuentes ?rabes, demostrando que la expulsi?n de los palestinos fue un proyecto (Plan Dalet) urdido todav?a bajo mandato brit?nico y un ?producto inevitable de la ideolog?a sionista, que abogaba por un Estado exclusivamente jud?o en Palestina?.

Los paramilitares sionistas y, desde su creaci?n, el ej?rcito israel? hicieron un uso premeditado de la violencia y del terror, con matanzas y desplazamientos forzados de poblaci?n, con el objetivo de ?desarabizar? el territorio. La misi?n se cumpli? en seis meses, al final de los cuales ?se hab?a desarraigado a m?s de la mitad de la poblaci?n nativa de Palestina (cerca de 800.000 personas), destruido 531 aldeas y vaciado once barrios urbanos?. Asimismo, Papp? aborda el memoricidio de la Nakba, el olvido en que cay? este crimen contra la humanidad.

Se trata de un libro documentado y bien argumentado, fundamental para conocer el expolio sufrido por los palestinos por parte de Israel y las ra?ces del conflicto que se vive en la regi?n.

[Jos? F. Mota Mu?oz]

Juanjo Compair? (coord.), Paco Abril y Miguel Salcedo
Chicos y chicas en relaci?n
Icaria Editorial, Barcelona, 2011 

La construcci?n de unas relaciones de g?nero m?s igualitarias dependen, ante todo, de un sector civil fuerte, organizado y lo m?s plural e interconectado posible. En este sentido, es fundamental la (a menudo inobservada) actividad antisexista impulsada desde grupos de hombres como los que componen la asociaci?n barcelonesa Hombres Igualitarios (http://www.homesigualitaris.cat/home/), vinculada a la estatal Asociaci?n de Hombres por la Igualdad de G?nero (http://www.ahige.org/). En su labor por crear instrumentos pedag?gicos dirigidos tanto a que los varones tomen conciencia de las numerosas ventajas que para s? mismos presentan comportamientos no regidos por la dominaci?n masculina, como a posibilitar espacios de di?logo fecundo con las mujeres, HI ofrece un ambicioso programa formativo en el que se incluyen publicaciones como la presente. Impulsada por miembros del grupo ?Orfeo. Coeducaci?n y masculinidades?, Chicos y chicas en relaci?n suministra al profesorado de educaci?n secundaria (y a quienes trabajan con adolescentes fuera del ?mbito de la educaci?n reglada) modelos de actividades de reflexi?n e interactivas con el alumnado.

[Antonio Gim?nez Merino]

Antonio Altarriba y Kim
El arte de volar
Edicions de ponent, Alicante, 2010, 219 pp.
 

En ocasiones, alg?n amigo te regala un libro de un g?nero muy distinto al que acostumbras a leer. Yo tengo uno de estos amigos que me regala c?mics. Hace un tiempo me obsequi? con El arte de volar, gui?n de Antonio Altarriba y dibujo de Kim (Joaquim Aubert). Me dijo que era muy bueno y la verdad es que lo es. Esta novela gr?fica, como la ha llamado alg?n cr?tico, explica la historia del padre de Altarriba y al hacerlo narra las vivencias de tantos miles de personas que se vieron arrastradas por la guerra civil y por sus consecuencias. Y entre estas consecuencias, la dificultad de muchos y muchas para llevar una vida digna en una sociedad que instaur? la represalia institucional y social. La degradaci?n moral, as? como la resistencia a sus efectos, aparece explicada y retratada a lo largo de la obra.

Dice Gervasio S?nchez que las guerras no se acaban hasta que se superan sus consecuencias. Este libro explica sin dramatismos innecesarios esta realidad.

[Antonio Madrid]

Mario Bunge
Las pseudociencias. ?Vaya timo!
Laetoli, Pamplona, 2010, 247 pp. (ed. de Alfonso L?pez Borgo?oz, trad. de Rafael Gonz?lez del Solar) 

Quienes se sienten agobiados por las oleadas de credulidad e irracionalismo que nos invaden encontrar?n en este libro un amplio surtido de argumentos para reforzar su escepticismo. En especial, los que est?n hartos de imposturas intelectuales, medicinas alternativas, ocurrencias disfrazadas de ?teor?as?, o filosof?as oscuras presentadas como saberes profundos, tienen aqu? una extensa sarta de buenas razones para descalificar la palabrer?a presuntuosa y estrafalaria que nos rodea. Por a?adidura, quienes opinan que la ciencia ?oficial? presta escasa atenci?n a los fen?menos paranormales, ser? oportuno que se enteren de que desde hace d?cadas hay una sustanciosa recompensa para el que demuestre fehacientemente que posee al menos una de las supuestas ?capacidades superm?nicas? (v?ase James Randi, Fraudes paranormales. Fen?menos ocultos, percepci?n extrasensorial y otros enga?os, introducci?n de Isaac Asimov, Tikal, Girona, 1994). Anotemos, de paso, que recientemente la James Randi Educational Foundation ha subido el reclamo: ahora ofrece un mill?n de d?lares para el superdotado que confirme sus supranormales atributos superando las pruebas convenidas.

El autor 

El libro que rese?amos est? escrito con estilo claro, abundantes referencias bibliogr?ficas y bien sistematizado. Encima, est? avalado por un destacado librepensador de nuestra ?poca, el polifac?tico Mario Bunge, incansable cultivador de la filosof?a y la historia de las ciencias, las t?cnicas y las ideolog?as. Advi?rtase que, adem?s de ser autor de un espl?ndido manual de filosof?a de la ciencia (La investigaci?n cient?fica, 1967) y de un ambicioso Treatise on Basic Philosophy (9 vol?menes, 1974-1989), ha escrito un gran n?mero de libros y monograf?as que cubren un vast?simo territorio del conocimiento. Como sugerencias de lecturas adicionales, dir? que me parecen excelentes: Causality, 1959 y 1979; Teor?a y realidad, 1972; La relaci?n entre la sociolog?a y la filosof?a, 2000; Emergencia y convergencia, 2003; A la caza de la realidad, 2006; Matter and Mind, 2010).

El libro y su circunstancia 

La Sociedad para el Avance del Pensamiento Cr?tico ha patrocinado esta obra, una colecci?n de art?culos muy bien vertebrados que tienen como objeto com?n de referencia la pseudociencia. Se trata de una excelente recopilaci?n, pero quiz? no logre el eco merecido. Acaso en m?s de una ocasi?n se traspapele un ejemplar por los rincones de alguna librer?a o del almac?n de alguna distribuidora; lo que ser?a una pena, porque es un libro digno de ser conocido y recomendado. En s?ntesis, es una diatriba razonada contra ciertos fraudes y estupideces intelectuales, al tiempo que una vindicaci?n entusiasta de la ciencia, la racionalidad, la solidaridad y la moralidad. Sin perderse en disquisiciones especulativas o ret?ricas, la l?nea argumental retoma el discurso racionalista ilustrado, centrado en torno a las elementales, viejas y b?sicas preguntas: ?Qu? significa exactamente eso? ?C?mo se puede probar esta afirmaci?n? ?Es posible medir o cuantificar este fen?meno? ?Puede ilustrarse eso con un ejemplo concreto y preciso? ?C?mo funciona de verdad este objeto? ?A qui?n beneficia de veras este proyecto o esta pr?ctica?

El libro est? formado por tres breves pr?logos (editor, colega y traductor) y once cap?tulos de muy desigual tama?o. A grandes rasgos, las principales materias examinadas son: definici?n de pseudociencia, dimensiones filos?ficas de este concepto, parapsicolog?a, conjeturas razonables y descabelladas, escepticismo relativo y absoluto, conexiones entre pseudociencia-filosof?a-pol?tica. Aunque todas las piezas tienen buen nivel, merece destacarse por su claridad y contundencia el cap?tulo 8 (??Qu? es la ciencia? ?Es importante distinguirla de la pseudociencia??, pp. 129-190). Se trata de la s?ntesis y recapitulaci?n que redact? Bunge sobre sus puntos de vista, con breves respuestas a las cr?ticas que suscit? su ensayo ?A skeptic?s beliefs and disbeliefs? (New Ideas in Psychology, 9, 2, 1991), publicado como cap?tulo 7 de la presente antolog?a, ?Creencias y dudas de un esc?ptico?. En esta r?plica global y pormenorizada, am?n de incorporar diversas puntualizaciones, resulta aleccionador que nuestro autor acepte enfrentarse, sin escurrir el bulto, al desaf?o de una docena de cr?ticos y contradictores de renombre, entre los que sobresalen Thom, Feyerabend, Blitz, Boudon, Perrez o Moscovici.

El asunto 

Cabe recordar que, hist?ricamente, los principios filos?ficos que adopt? la Ilustraci?n y que luego asumieron en buena medida las izquierdas pol?ticas, fueron el objetivismo, el naturalismo y el materialismo, en contraposici?n a la ideolog?a sustentada por las clases dominantes, que en general era un sistema de valores basado en ideas y creencias con altas dosis de subjetivismo, idealismo y supernaturalismo. Por descontado, a lo largo de la historia aparecieron de vez en cuando voces disonantes, a veces marginadas y toleradas, pero tambi?n a menudo perseguidas de forma miserable, e incluso con sa?a. Hay que se?alar asimismo que algunos ?ilustrados?, con el paso del tiempo, se metamorfosearon en ?aprovechados? y otras veces en ?iluminados?. 

Abordar estos asuntos no es un mero entretenimiento intelectual para ociosos. De hecho, elucidar estas cuestiones no s?lo es un objetivo importante por razones de ?higiene mental? de cada ciudadano en particular, sino tambi?n por motivos culturales y pol?ticos. En efecto, desde el punto de vista de la calidad democr?tica, no es lo mismo un vecindario cr?dulo y respetuoso seguidor de las creencias tradicionales que una ciudadan?a cultivada y con buen criterio. Y por el lado de las consideraciones pr?cticas, parece l?gico plantearse que, a la hora de consagrar esfuerzos colectivos al desarrollo, la convalidaci?n o el uso de determinadas actividades, hay que verificar previamente si satisfacen o no ciertos requisitos de calidad y eficacia.

Resultar?a bien escandaloso, por ejemplo, que las comunidades aut?nomas de nuestro pa?s tuvieran en plantilla a exorcistas diplomados, en tanto que funcionarios con plaza en propiedad (tras el pertinente concurso u oposici?n, por supuesto). O a expertos en dirigir rogativas, aun cuando de antemano se hubiera seleccionado a los m?s competentes (o ?competitivos?, como acostumbran a decir ahora los que han puesto al d?a su jerga ret?rica), en atenci?n a haber logrado mayor porcentaje de ?xitos en sus rituales para provocar lluvia. Pues bien, conviene no pasar por alto que algunas universidades espa?olas de relativo renombre han cedido espacios para capillas y tienen a sueldo (sin provocar, todo hay que decirlo, una indignaci?n colosal) a unos pocos cl?rigos para que satisfagan los deseos lit?rgicos y las demandas de cuidados espirituales de determinados grupos de estudiantes y profesores.

Algunas tesis sobre ciencia y m?todo 

Mario Bunge es, como ya hemos sugerido, todo un cl?sico. Para ?l, la investigaci?n cient?fica es, en suma, ?la b?squeda honrada del saber aut?ntico sobre el mundo real, concretamente sobre sus leyes, con la ayuda de medios tanto te?ricos como emp?ricos ?en concreto, el m?todo cient?fico?. Y a todo cuerpo del saber cient?fico se le supone una coherencia l?gica, y debe ser objeto de debate racional en el seno de una comunidad de investigadores? (46-47). No resulta complicado, por otra parte, resumir esquem?ticamente los ejes argumentales y las tesis del libro. El ?mbito problem?tico est? bien definido: poner en tela de juicio las creencias que no est?n avaladas por pruebas, como es el caso de los fantasmas, la reencarnaci?n, la telepat?a, la clarividencia, la telequinesia, la rabdomancia, la astrolog?a, la magia, la brujer?a, las ?abducciones? por ovnis, la cirug?a ps?quica, la homeopat?a, el psicoan?lisis. 

En el plano positivo, el punto de arranque se resume en que ?para producir conocimiento, el m?todo cient?fico tiene que estar acompa?ado de una cosmovisi?n cient?fica: materialista, realista, racionalista, empirista y sist?mica. ?ste es el n?cleo del credo del esc?ptico? (127). En breve, el credo cient?fico incluye el principio de que ?en la ciencia hay problemas no resueltos, no misterios? (173). Y no hay que llamar ?milagros? a los tratamientos o experiencias exitosas, cuando lo que hay en realidad es la combinaci?n de buenas pr?cticas, condiciones favorables, un entorno adecuado y m?s o menos chamba, cada uno de estos componentes en diferentes dosis, espec?ficas para cada caso. 

Desde luego, una de las ideas omnipresentes en todo el libro consiste en argumentar que una l?nea de demarcaci?n entre ciencia y no ciencia no es asunto extravagante. En verdad, hay que considerar obvio que no se puede enjuiciar algo cuya naturaleza se desconoce por completo, ni se puede evaluar ese algo si el examinador no es capaz de distinguir entre el objeto aut?ntico y los remedos sin valor o las copias fraudulentas de la cosa en cuesti?n. De todos modos, no se trata de temas que haya que descalificar sin m?s. Creer en la existencia real de ?ngeles y demonios es, seguramente, un error, pero es tambi?n, como hecho sociocultural, un fen?meno colectivo que merece ser conocido y estudiado. Bunge no reh?ye el desaf?o, sino que plantea la siguiente tesis: ?El surgimiento y la difusi?n de la superstici?n, la pseudociencia y la anticiencia son fen?menos psicosociales importantes, dignos de ser investigados de forma cient?fica y, tal vez, hasta de ser utilizados como indicadores del estado de salud de una cultura? (83).

Por ?ltimo, hay que advertir que Bunge soporta mal la arrogancia de los colegas que considera incompetentes, sobre todo cuando van arropados de charlataner?a, superficialidad o tendencias al pasteleo con el idealismo, el anticientificismo o la subordinaci?n a oligarqu?as opresoras (econ?micas, pol?ticas, ideol?gicas, clericales). Tambi?n afirma, sin reparos, que ?los profesores universitarios tienen el deber de estar a la altura de criterios de rigor intelectual cada vez m?s exigentes, as? como de abstenerse de ense?ar pseudociencia y anticiencia. La libertad acad?mica s?lo se refiere a la b?squeda y ense?anza de la verdad. No es una licencia para decir sandeces? (189). Y exige diferenciar bien los planos y las responsabilidades: ?La ciencia b?sica es moralmente neutral: lo que hace es explorar el mundo. Los tecn?logos s? que averiguan c?mo cambiarlo y lo hacen con ayuda de los descubrimientos cient?ficos. Pero estos tecn?logos s?lo proporcionan los planos para hacer los cambios, los cuales se quedan en forma de dise?os o programas, a menos que los industriales, los pol?ticos o los mandamases los hagan poner en pr?ctica? (174).

[Alfons Barcel?, 26 de marzo de 2011]

 

 

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La Insignia-
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Sin permiso
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Revista mientras tanto

N?mero 115

 mientras tanto
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Invierno 2010

115

OBAMA, LA IZQUIERDA Y LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA NORTEAMERICANA
Andreu Espasa

 

CONTINUIDAD Y CAMBIO EN LA POL?TICA EXTERIOR DE EEUU

Michael T. Klare

 

SOBRE EL PICO DEL PETR?LEO. ENTREVISTA A ROBERT H. HIRSCH

Matthieu Auzanneau

 

ESTATUTO JUR?DICO DEL SAHARA OCCIDENTAL

Jos? Antonio Yturriaga Barber?n

 

 

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

 

RELIGI?N Y FE HOY. UNA APORTACI?N AL FORO MUNDIAL DE TEOLOG?A Y LIBERACI?N

Jaume Botey

 

IGLESIA CAT?LICA Y ESTADO LAICO

Juan Jos? Tamayo

 

ATEISMO Y LAICIDAD

Joan Carles Marset

 

SOBRE LAICISMO Y EDUCACI?N

Jos? Manuel Barreal

 

CONTRA LA AUTONOM?A FEMENINA: EL ABORTO COMO MATERNIDAD NEGADA

Antonio Gim?nez Merino

 

 

 

CUESTI?N DE PALABRAS

 

?lvaro Salvador

 

CITA

 

Georges Sorel, Reflexiones sobre la violencia
 

mientras tanto bitartean mientras tanto mentrestant
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