L’ètica institucional porta tricorni.

A escena! Hi ha fotògrafs! Fan pinya a l’hora de conculcar drets civils, socials, polítics. “Mocions ètiques”. Policies que reparteixen estopa s’intercanvien uniformes. Homenatge institucional als Tricornis, l’Ibarretxe solidari. España mana: de tortura, ni hablar. España mata, Ibarretxe solidari. Españoles todos! Arriba España!

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Martin Garitano Periodista

Una imagen, más que mil palabras

Fusilaron a Txiki. Un pelotón de desalmados. Y a
muchos miles antes. Llenaron de cadáveres las cunetas riberas de
Nafarroa. Los mataron por pobres, por republicanos, por vascos, por
socialistas… Mataron incluso a los más honrados de entre los suyos, a
los que se negaron a disparar contra la población civil. Y fueron
durante décadas el más sólido pilar en que descansó la dictadura.

Supieron administrar el odio que generaban en forma de miedo, de
terror. «Capote, charol y cuero. Paso corto, mirada larga y mala
intención».

Se intitularon beneméritos los que cultivaron el terror entre las
buenas gentes y ahogaron a Mikel Zabalza en una bacanal de tormento
medieval. A Lasa y Zabala les arrancaron las uñas antes de obligarles a
cavar su propia fosa. Ciñeron, en complicidad con los nuevos
socialistas, el fajín de general al sanguinario Galindo. Lograron la
impunidad para quien dirigió el asesinato de Santi Brouard. Se cuentan
por miles los vascos que han padecido su extrema brutalidad en los
cuarteles del miedo. En Intxaurrondo, en La Salve.

Hubo diputado vasco -del PNV, por más señas- que habló en el
Congreso español del escalofrío que le recorría el espinazo al pasar
frente a la taifa de Galindo. Y en Hernani abrasaron a dos insurrectos.
En Morlans acribillaron a otros tres. Gurutze Iantzi se les fue de un
infarto en medio del griterío de la tortura. Se vengaron de Etxabe en
la persona de un hermano indefenso. Falta papel para recontar los
hechos que están en la memoria de todos.

Ahora el Gobierno vasco los homenajea. Para escarnio de un pueblo
que aún los padece. Y hay que recurrir al «Romancero gitano» de García
Lorca -otra víctima- para que a nadie se le olvide que «tienen, por eso
no lloran, de plomo las calaveras. Con el alma de charol vienen por la
carretera. Jorobados y nocturnos, por donde animan ordenan silencios de
goma oscura y miedos de fina arena».

¿Hasta donde están algunos dispuestos a bajar en caída libre?

Gara

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